Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

martes, 24 de mayo de 2016

RECUERDO DE UNA NEVADA. ESQUÍ Y PAJAREO EN CALAMOCHA

Viernes 26 de febrero. Tras consultar el comportamiento de las aves ... y los mapas de satélites meteorológicos alemanes Fernando lo adelanta: la nevada de este finde puede ser histórica.

El cielo esta gris, como panza de burra.

A las cinco de la tarde he quedado con unos alumnos de 1º de Secundaria para poner en marcha el pequeño huerto escolar. En un momento sembramos los dientes de ajo y la simiente de borraja y plantamos el cebollino, el lechuguino, los puerros, unas planticas de acelga y otras de fresa. Con unos pozales, le damos una riego a las plantas. ¿Quién nos iba a decir lo poco que iba a hacer falta?

De vuelta para casa. Se termina de cerrar el cielo y comienza a nevar. Nieva con ganas. Te asomas a la ventana, temiendo que en cualquier momento deje de hacerlo. Como los niños, que cuando están disfrutando mucho con algo y temen que se acabe. No hay miedo. Nieve y nieva. ¡Qué gusto!

La Comarca del Jiloca celebra este fin de semana un concurso de tapas. Salimos a tomar algo por el pueblo. Buenas botas, buen abrigo y paraguas en mano. La calle está completamente cubierta de nieve. Nadie por las calles. Casi nadie en los bares. ¡Y sigue nevando!

Vuelta a casa. Por la noche ... todo sigue igual. Te asomas a la ventana a mitad de noche y siguen cayendo mansos copos de nieve. Te vuelves a la cama reconfortado.

Amanece. Nieva. Los tejados del Rabal y la huerta del Ajutar están completamente nevados. Los bandos de grullas bajan hacia la vega del Jiloca camino de los rastrojos de panizo de El Salobral. Hoy nadie las molesta. Nadie sale de casa.

Entras en internet. La gente ignora las noticias habituales de política y fútbol. La noticia está hoy en el pueblo. Cada cual sube a las redes sociales las fotos de su pueblo nevando. Hay que compartir la alegría con los demás, con los que lo están viviendo en directo, con los que residen en la ciudad pero tienen su corazón en la casa del padre ... o de abuelo.

Sigue nevando toda la mañana del sábado. Debe ser una nevada muy general, según las noticias. Y toda la tarde. Todo el día en casa. Trabajando frente al ordenador, cerca de la estufa y junto al ventanal. ¡Qué profunda alegría poder disfrutar de una nevada así!

Salimos por la noche al cine. Aún sigue nevando. Un paquete de palmo y medio de nieve descansa sobre los coches. Algunos comentan que en los pueblos de la sierra supera el medio metro. Te metes en la película ("Palmeras en la nieve") pero no te resistes a salir a mitad de sesión para ver el cielo. Ya ha parado. El cielo está plomizo, pero ya no nieva. ¡Todo nos parece poco! ¡¡¡Más de 24 horas seguidas nevando!!!

Te vuelves a la película pensando. Hay que hacer algo. Esto no se repite todos los años. Ya está. Mañana daré un paseo con las tablas de fondo y con los prismáticos. Esquí y pajareo.

Temprano me acerco con el cuatro latas al Río del Cubo a su paso por El Castillejo. Silencio en el campo. Una bisbita común descansa en la rama bajera de una noguera. El suelo está cubierto de nieve. Tardará tiempo en poder encontrar comida.

Hay tanta nieve que no tengo problema para esquiar sin pisar tierra. Me cruzo con un vecino que aún ha madrugado más para disfrutar la nevada dando un paseo con raquetas por la vega. La estación Calamocha Vega tiene un aire extraño.


Me acerco al río. La nevada ha cogido a los sargatillos comenzando su floración.


El río prácticamente no baja. Es un conjunto de tablas conectadas con un hilo de agua. Han cerrado la compuerta para limpiar de capitanas el cajero. Sin ganado que aproveche los rastrojos, las capitanas prosperan, sobre todo si se producen como este año tormentas estivales. Crecen y crecen. Y, en otoño ruedan hasta quedar atrapadas en ribazos, cunetas y ... en acequias. Tiempos de cambios, nuevos problemas.


Las lavanderas blancas corretean cerca del camino

Joven de lavandera blanca en su primer invierno. Foto: C. Pérez
o descansan sobre las plantas acuáticas ...

Macho de lavandera blanca. Foto: C. Pérez
Los pajareles (pardillo común) bajan a beber tras picotear las resecas semillas de los armuelles de los ribazos.

Macho de pajarel. Foto: C. Pérez
Los petirrojos recorren la orilla buscando pequeñas presas entre las ovas varadas y las hierbas. Una pareja de patos azulones irrumpe sobre el río Jiloca, estos días con más caudal por llevar también el del río del Cubo. Es la hora de la llegada de los cormoranes grandes desde su dormidero en el embalse de Lechago. El picorelincho lleva de sonido el silencio de la nevada mañana.


El cielo sigue gris. No corre el aire pero hace frío. La vega está preciosa. Al fondo, Valdellosa.


En un tramo del río con el cajero encementado queda al aire el agua y las plantas acuáticas, sumergidas hasta hace unas semanas. Hay grandes posibilidades de encontrar comida, sobre todo invertebrados acuáticos que quedan a la merced de los pequeños predadores.

El acentor común hace incursiones desde las (escasas) zarzas de la orilla ...

Acentor común. Foto: C. Pérez
El cagamangos (tarabilla común) no para. De la punta del seco cardo al suelo. Del suelo a la ramica rota. ¡Qué bien puesto tiene el nombre!

Macho de tarabilla común. Foto: C. Pérez
El chichipán (carbonero común), algo parecido. Actividad en las primeras horas de la mañana y tras una larga noche. 

Chichipán sobre la nieve. Foto: C. Pérez
Sigo mi ruta. Voy por el límite de la huerta y el secano. Las capitanas han quedado retenidas en una valla de espinos que cierra un campo de frutales. 


Estas matas secas, tras rodar sobre las campos antes de pararse, aún contienen cientos de semillas dentro de sus frutos. 


Los gorriones molineros saben donde encontrar su desayuno. Sus pequeños bandos irrumpen ruidosos sobre las matas secas desde los árboles vecinos. Cifran en el grupo su defensa. Saben que el gavilán recorre paciente el río, buscando un descuido de sus presas.


Continúo por el camino de El Poyo. Encuentro las huellas de un grupo de ciclistas que han salido a hollar la nieve y que han tenido que volver sobre sus rodadas hasta Calamocha. Cada cual quiere disfrutar la nevada a su manera. 

El cielo sigue gris. La mañana fría. El silencio lo llena todo.


Bueno, hacia Las Lomas se escucha el recio trompeteo de las grullas. 

Dejo la vega y me encamino hacia el secano. 


Me encamino hacia las grullas. Sobre los rastrojos busca comida una treintena de ellas. Ruidosas y vigilantes ...

Grulla. Foto: C. Pérez
Levantan el vuelo dejando sus huellas sobre la nieve ...


A mi izquierda dejo el pantano ...


la paridera de Las Lomas ...


y unos campos que forman parte de nuestras vidas ...


En los cardos secos de los ribazos de estos secanos deambulan pequeños bandos de cardelinas ...


Una rayadica de sol, la primera de la mañana, me permite tomar una foto con algo más de luz. Giro la cabeza y veo la huella que voy dejando ...


Me cruzo con una pareja de mayores que van al caseto a llevarle comida a los perros. Cada cual, su afán.

Cerca del pueblo, sobre unos altos, cientos de alaúdidos y de fringílidos rebuscan comida sobre unos rastrojos. Predominan los nevateros (pinzón vulgar) ...

Macho de nevatero. Foto. C. Pérez

y las gollorías (alondra común) ...


Cuando llego al pueblo me encuentro a todo el mundo en plena actividad. Docenas de paseantes disfrutan de esta mañana, ahora ya soleada, que les ofrece un paisaje especial. En mi memoria queda grabada ese viejo grupo de cabeceros que, como peirones en el camino, señalan el desvío hacia Las Lomas.


Tardaremos años en ver algo igual.

sábado, 21 de mayo de 2016

VENTE AL SABINAR DE RUBIELOS CON EL CEJ

En la tercera excursión de Paseos Xiloca mañana domingo 22 de mayo nos vamos a conocer el Sabinar de Rubielos de la Cérida y los roquedos del Caño del Gato (Barranco de la Montona), en la vertiente de poniente de la sierra de Lidón.


Hemos quedado a las 9.00 horas en la iglesia de Rubielos de la Cérida. La ruta es de 7 km de longitud y se tiene previsto acabar sobre las 13.30. Muchos nos quedaremos a comer por allí pero quien lo desee puede partir al término. Para inscribirse solo hay que pulsar este enlace y rellenar con los datos.

Además del paseo dedicaremos un rato a conocer las trincheras de la Guerra Civil, la Balsa de Rubielos y la Falla Cuaternaria. Y habrá más de una sorpresa ...


Aquí os queremos contar algunos de los valores de este espacio natural. 

La sierra de Lidón es un conjunto de cabezos que se elevan sobre un altiplano situado a 1.200 m de altitud. En realidad, es una prolongación hacia el nordeste de la sierra de Palomera. Los montes de San Cristóbal (1.494 m), Cerro del Mas (1.454 m) o Lituelo (1.422 m) son relieves muy poco conocidos que se integran en el paisaje que se observa desde cualquier zona elevada de la comarca del Jiloca al mirar al mediodía, hacia el Campo de Visiedo.


Es un pequeño nudo hidrológico. Las aguas se encauzan hacia el Alfambra, el Pancrudo y el Jiloca a través de una serie de ramblas de caudal irregular. Las precipitaciones (500-600 mm anuales) son algo más elevadas que en el entorno aunque muy inferiores a lo esperable por su notable altitud. Las temperaturas medias (9 ºC), algo más bajas, pero sin padecer las inversiones térmicas del fondo del valle. Las rocas, calizas en su mayor parte, son muy permeables.

Rubielos es un topónimo que indica tierras royas. Son las arcillas y margas que se depositaron hace unos 210 millones de años (Triásico Superior) en ambiente de marismas salobres bajo clima árido acompañados de yesos procedentes de la precipitación de las sales de aquellas salinas naturales.


Un avance del mar durante el Jurásico Inferior y un prolongado periodo cálido de más de 10 millones de años permitió el depósito de fangos carbonatados en un ambiente de plataforma abierta y de los restos de una rica fauna marina con cefalópodos (ammonites y belemnites), equinodermos y braquiópodos (rinconelas y terebrátulas). Estos sedimentos (y otros posteriores que los sepultaron) emergieron mucho después (orogenia Alpina) formando parte ya de la cordillera Ibérica. Estas zonas elevadas, ya bien entrado el Terciario (Paleógeno) fueron desmanteladas por la erosión, arrasándose y enviando sedimentos detríticos gruesos (gravas y limos) hacia el oeste (monte de Monreal del Campo y de Bueña) y el norte (Bañón).


La creación reciente de la fosa del Jiloca (falla de Rubielos) reactiva la erosión en los altos y el depósito en glacis que conectan los montes con el recién formado valle.


El paisaje vegetal está dominado por el carrascal y el sabinar albar. Los carrascales prosperan en las zonas más bajas. Son tallares aprovechados como leñas y presentan una notable extensión. El sabinar, que ocupa las zonas más elevadas, ha tenido un uso como pastizal para los rebaños de ovino por su estructura más abierta. Flora rupícola de interés en los peñascos calizos que han funcionado como un refugio para plantas delicadas por la presión antrópica sobre los bosques originales.


Estos roquedos son igualmente uno de los escasos ambientes rupícolas en unos entornos en los que predominan los bosques y, en los últimos siglos, los pastos y los cultivos. Son apropiados para la nidificación de rapaces que tienen sus cazaderos en las zonas abiertas del entorno. Y para algunos mamíferos, como la cabra montés, que recupera territorios tras la despoblación humana.


Los sabinares tienen una gran importancia para la invernada de los zorzales y de otros túrdidos. Los conos femeninos de la sabina albar, negral y de los enebros son el alimento para estas aves que, al dispersas sus semillas, están acelerando la repoblación natural de estos montes.

En esta excursión podremos disfrutar del esplendor de la primavera en el sabinar. En plena floración, el erizo, el guillomo y la aliaga. Violeta, blanco y amarillo salpican los cabezos entre el verde del sabinar.


No es raro observar al corzo, la liebre o el zorro. Con más suerte y algo de nocturnidad, al gato montés, el jabalí o el tejón. O los murciélagos rupícolas. Las horas centrales del día son el momento de los reptiles como el ardacho, la culebra verde (bastarda) y la lagartija colilarga. Y de las águilas forestales, como la culebrera o la calzada.



Estos montes de Bañón, Bueña, Caminreal, Monreal del Campo, Rubielos de la Cérida y Torrijo del Campo están catalogados como Lugar de Interés Comunitario "Sierra de Palomera" y  forman parte de la Red Natura 2000. 

Más información en este otro enlace de la página del Centro de Estudios del Jiloca.

¡Te esperamos!

jueves, 19 de mayo de 2016

LAS HIGHLANDS DEL JILOCA

Altos del Corbatón. A 1.300 m de altitud. Nueve de una mañana de mediados de mayo. El frío no afloja por la noche. Tan pronto vuelve el tiempo bueno, ya se sabe, calor intenso de día, frío -y hielo- de madrugada. Oscilaciones térmicas de vértigo.

Las cebadas crecen tomándose su tiempo. Hay sazón en la tierra pero aún está fría. Venimos de días nublos. Tan pronto se arrase el cielo se les lucirá ...


De momento ni rastro de espiga, aún están encañando ...


Amplísimas extensiones monocolores tapizan las hoyas y los altos ....


A veces tapizados del verde oscuro del pipirigallo, que aún está formando las flores bajeras de su espiga. Se reserva para junio el apoteosis púrpura de su floración, justo antes de que empiece a asomar el amarillo del cereal ...


Verdes diversos. 

Verdes cruzados de labores frescas, abiertas en los barbechos para preparar la sementera de octubre ...


Azules, verdes, royos ... 


son los colores de mayo en estas tierras altas.

Las lluvias del invierno y, sobre todo, de abril mantienen algo de agua en la balsa ...


En donde asoma la cantera, prospera el pasto corto salpicado de enebros ...


En el cielo hay una sinfonía de alondras comunes y de calandrias. En los ribazos de las mieses asoman las boyericas, en las zarzas o espinos el clujidor (triguero). Sobre la piedra que se eleva en la loma, la zurribalba (collalba gris) luciendo sus plumaje nuevo. Los machos de perdiz se retan y desgañitan desde sus oteaderos mientras marcan territorio.

Tierras altas, paisajes rocosos, suaves relieves ... páramos. Ofreciendo el efímero verdor de la efímera primavera. La sierra de Lidón son los Highlands de la comarca del Jiloca. Como en Escocia, nosotros también tenemos nuestro particular gallo lira. Igualmente escaso, igualmente retraído, igualmente amenazado. El sisón.

Macho de sisón. Foto: R. Pérez
Barro el horizonte con los prismáticos por ver si asoma su negra corbata. Escruto las lindes del páramo y de la labor. Afino el oído por si escucho el corto, seco y agudo "trrrrr". No lo consigo. Igual no es el sitio cerca de la pista. Igual también acusa la pérdida de hábitat. Igual.


Cuando enfilo hacia Lidón cruza la carretera el auténtico escultor de este paisaje ...


Como ese viejo artesano que se resiste a abandonar su oficio, el pastor no se resigna a dejar de hacer lo que tan bien conoce. Su saber y su vida. 

Emocionan estos páramos. El frescor de la mañana, el sol que todo lo inunda, la voz de las alondras, los horizontes infinitos. 

Me encantan las Highlands del Jiloca.

lunes, 16 de mayo de 2016

PRIMERAS HORAS DE PRIMAVERA POR LA IBERICA ZARAGOZANA

Sábado 20 de marzo, por la mañana. Apenas han pasado unas horas y oficialmente ya es primavera. Por Zaragoza intenso cielo azul con viento flojo del sureste. Algunas nubes dispersas y ambiente fresco pero agradable, cercano a los 15 grados.

Con la perspectiva de un buen día improvisamos una pequeña excursión incluyendo un pequeño picnic, que con suerte será al calor del sol primaveral.

Esta vez el destino está bien cercano, apenas 1 hora. Pero las nubes y las cortinas de lluvia ya se atisban a lo lejos, en nuestro camino hacia las montañas de la Ibérica Zaragozana, hacia los carrascales del Campo de Daroca.

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La temperatura por aquí ya es más fresca, pero ventanas de luz que se abren entre las nubes dejan entrever un paisaje primaveral precioso repleto de agua que discurre por los arroyos. Las últimas lluvias y nieves tardías se notan este año en el campo.

Bajamos el puerto del Huerva tras cruzar el alto Paniza y entramos en la estrecha carretera que nos lleva hasta Cerveruela. El río Huerva serpentea en el fondo del valle, baja con bastante agua de aspecto marrón, resultado de las lluvias en las cabeceras de los múltiples barrancos que se abren paso entre montes y cultivos.

Los árboles de la ribera lucen desnudos. Falta un mes largo aún para que chopos y sauces luzcan sus primeras hojas al viento de estas tierras. La ribera es, pues, gris corteza de chopo.

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Cruzamos Cerveruela, pequeño pueblo a orillas del Huerva. Su preciosa huerta, aún entre dormida y abandonada. Las nubes vuelven a tapar el cielo y el valle se llena de sombras, pese a ello se recorta la silueta de chimeneas que humean levemente ya de mañana. En las umbrías brilla el verdín, que con las lluvias y la temperatura más templada comienza a cubrir rinconadas y cunetas.

En Cerveruela hay una granja escuela y un albergue rural (El Tío Carrascón). Una buena iniciativa para dar a conocer la naturaleza a los más pequeños, que acuden en su mayoría de la urbe, con escaso contacto con el medio natural , agrícola y ganadero.

Seguimos ruta en coche y entramos en los estrechos del Huerva. Iniciamos una caminata por el barranco de Valdelacebo, en busca de la Fuente del Tío Carrascón.

Entramos en un estrecho barranco entre el carrascal por el que discurre el arroyo. Llama la atención la sinfonía de pajarillos, entre los que destacan un par de petirrojos distanciados entre sí e igualmente escondidos entre el carrascal.

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Seguimos una estrecha senda suave, serpenteante, cruzando el barranco en algún punto y alternando prados encharcados con aguas remansadas con roquedales de roca cuarcita y pizarras por los que corre alegremente el agua. Llegado un punto nos sentamos en las rocas, junto a la pequeña cascada, disfrutando del concierto de aves y agua, de la tranquilidad y belleza del campo, lejos del mundanal ruido de la ciudad. La fuente ya ha quedado atrás, disimulada, discreta… nada de grandes chorros.

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Hacemos unas fotos y recogemos los bártulos. Desandamos camino y nos dirigimos a pie, carretera abajo, hacia un enorme paredón rocoso por donde trepan enormes hiedras, alcanzando alturas superiores a los 20 metros. La ladera es umbría, crecen helechos y ombligo de Venus (Umbilicus rupestris, su nombre ya lo dice todo), unas bonitas trompetillas verdes que asoman de las rocas humedecidas.

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Cuando acaba el paredón rocoso se abre un extenso carrascal, en una ladera igualmente húmeda, donde reconocemos por sus curiosos frutillos al rusco (Ruscus aculeatus), que salen directamente de lo que parece ser la hoja, aunque realmente es un tallo modificado. Sus hojas son de verde vivo, duras y con la punta bien afilada. En cierto sentido esas "hojas" me recuerdan al mirto mediterráneo, una de las plantas que tuve que clasificar en el visu de botánica de la carrera. Pero no huele ni mucho menos igual. El mirto olía fantásticamente, pura colonia, una dulzura de los montes y ramblas de la costa mediterránea que acompaña a la colorida y también olorosa adelfa.

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Aquí el monte huele a tomillo, al de toda la vida. Y se mezcla con el olor a río revuelto, una mezcla de agua y barro que se desprende junto al frescor de las aguas de la lluvia y el deshielo en los páramos y altos de estas sierras…

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Comemos por el monte y volvemos a Cerveruela. Disfrutamos de un cafecito al sol primaveral en la terraza del albergue. Un paseo por allí y vemos como las primeras flores ya han florecido entre los roquedos y las eras del entorno, como las vistosas caléndulas…

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Y nos maravillamos nuevamente del ombligo de Venus, mucho más accesible que en los grandes paredones rocosos de la mañana…

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Nos damos una vuelta por el pueblo, saludamos a sus moradores más fieles…

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Y volvemos a casa al caer la tarde, habiendo disfrutado del campo en este primer día de primavera.