Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

viernes, 22 de julio de 2016

CAXICOS ESCAMALADOS EN SIERRA GUARA

En la región submediterránea que se extiende desde el Prepirineo hasta las zonas de menor altitud del Pirineo prosperan Quercus faginea y Q. pubescens (Q. humilis) pero, sobre todo, una forma intermedia como es Quercus subpyrenaica (Q. cerrioides) popularmente conocidos en lengua aragonesa como caxicos.

Su manejo tradicional como árboles trasmochos es común en casi todo el Alto Aragón, desde las Altas Cinco Villas a la Ribagorza, descendiendo hasta el Somontano y La Galliguera. El desmoche, tenía como finalidad la producción de leña, carbón y bellota, aprovechamiento ganadero abandonado hace más de cincuenta años por lo que, igualmente, se han dejado de escamalar, término aragonés con el que se conoce dicha práctica, según nos informó Rafel Vidaller.


El pasado otoño nos escapamos José Antonio y yo a la sierra de Guara a conocerla de la mano de un viejo amigo y gran conocedor de esas montañas: Miguel Ortega. 

Miguel es un naturalista que participa activamente publicando libros, dando conferencias y talleres, organizando excursiones por todo el Alto Aragón y, recientemente, exposiciones. Fruto de su conocimiento del país y su buen hacer es el Espacio Salto de Roldán en Sabayés, que pudimos visitar y que os animamos vivamente a disfrutar.

Miguel está últimamente muy interesado en la información que atesoran los árboles viejos en su madera, en sus anillos y colabora con investigadores especializados. Vamos, que nos adentró en el mundo de la dendrocronología de los árboles de la sierra de Guara. Os recomendamos ver la presentación que se enlaza.

Nosotros le comentamos nuestro interés por conocer árboles viejos y, si es posible, trasmochos. Todo salió perfecto.

A primera hora del sábado nos adentramos en la Bal de Belsué, estrecho y pequeño valle encajado entre las sierras del Águila, Gabardiella y Belarre. Poco después de pasar el pueblo de Belsué, junto a la pista y colgado sobre el profundo valle ya pudimos ver los primeros ejemplares ...

 

con indicios de podas muy antiguas y cubiertos por abundantes musgos y helechos ...


El segundo grupo de caxicos escamalatos lo encontramos adentrándonos en dicho valle. Entre los campos situados al pie del monte del Romeral y situado casi sobre la cola del embalse de Santa María de Belsué, sobre un sustrato de margas ...


 los viejos robles mostraban evidentes rasgos de su manejo. Es un conjunto muy interesante.


Algunos tenían ramas numerosas y delgadas ...

 

Los más, gruesos y viejos camales ... 


Eran evidentes las señales de pérdida de suelo por la acción de las aguas superficiales ....


y el paso del tiempo en estos centenarios árboles con recias raíces ...


gruesos troncos ...


y complejas cabezas con múltiples grietas, huecos y gran cantidad de madera muerta ...


No llegamos a medirlos ni a censarlos. Íbamos de un árbol a otro ...


... sorprendiéndonos en cada caso ...


Seguimos por la pista, que coincide con el GR-1, y pasamos a otro valle, éste encajado entre las sierras de Guara (al sur, con la imponente mole del Puntón de Guara, 2.078 m) y la sierra de Aineto, algo menos inmediata.

Hacia el fondo del valle, a lo lejos, vimos uno que había sido desmochado recientemente y que no había rebrotado. Volver a descabezar robles trasmochos con el turno perdido, como bien saben los ingleses y los vascos, tiene mucho riesgo de fracaso.


Cerca del monasterio de San Urbez, en Nozito, aún encontramos el tercer grupo de robles trasmochos ...


con algunos ejemplares de diámetro notable y conformación imponente ...


Bajo la copa de uno de los caxicos escamalatos situados junto al camino  ...


nos llevamos un recuerdo de esta magnífica jornada por tierras poco conocidas para los tree hunters (cazataires de arbols) del Jiloca


 como le gusta llamarnos a nuestro amigo Rob McBride.

martes, 19 de julio de 2016

ANOTACIONES DE UN NATURALISTA DESPISTADO: LA BELLEZA DE VER DESVANECERSE UNA SOSPECHA

Se tenían sospechas de que criaban en el Jiloca, pero la ciencia no vive de sospechas sino de hechos (lo que no deja de ser, de vez en cuando, un incómodo engorro).  Lo que ni Deme, ni yo, pensábamos aquella mañana es que la confirmación iba a tener lugar... y a primera hora.


Habíamos estado ya de anillamiento el sábado por la mañana.  Si no sabes lo que es el anillamiento científico de aves, ya te lo explico yo, que llevo unas cuantas horas de vuelo. 

Pues resulta que a los pajaricos pequeños, lo que en el mundo científico se denominan paseriformes (aunque aquí entra desde el reyezuelo hasta el cuervo, que pequeñico, lo que se dice pequeñico, no es y hay alguno que pequeñico es, pero que no es paseriforme, como el martín pescador), una forma de recabar información sobre ellos es capturarlos y colocarles una pequeña anilla de aluminio, con un número, en la pata.  Al tiempo que se les coloca la anilla, se miden una serie de parámetros como las longitudes del ala, de la tercera pluma primaria, la cola o el tarso y el peso y se determina si el invididuo es macho o hembra, la grasa que ha conseguido acumular de cara a disponer de reservas suficientes para su migración, así como el estado de su musculatura, que también será de importancia a la hora de migrar.  De este modo, si el ave es recapturada más tarde, o es recuperada la anilla tras su muerte, en otro lugar o en el mismo sitio en que se anilló, podremos saber qué movimientos realiza la especie, como le afecta ese desplazamiento o cuantos años puede llegar a vivir en libertad.


Los datos biométricos (las longitudes) no son difíciles de obtener una vez se ha capturado al sujeto en cuestión.  La cosa se complica, y a veces mucho, con la edad y el sexo.  Para la primera se utiliza, usualmente, un código númerico del 1 al 6.  Los números impares, el 1, 3 y 5 nos indican que sabemos exactamente el año de nacimiento del bicho en cuestión.  Los pares, el 2, el 4 y el 6, que no lo sabemos a ciencia cierta.


Para determinar la edad podemos guiarnos por el modo en que la especie muda el plumaje.  Por ejemplo, en algunas especies los adultos realizan una muda completa tras reproducirse mientras que los juveniles la realizan parcial.  Así, si entre manos (nunca mejor dicho) tenemos un individuo de una especie de estas características, con un plumaje sedoso y suelto y que ha realizado una muda parcial, podemos asegurar que estamos ante un pollo que ha nacido el año en curso y anotaremos un 3.  Si, por el contrario, lo tenemos que ha cambiado todas sus plumas, entonces no podremos saber con seguridad su año de nacimiento y anotaremos un 4, que quiere decir que no sabemos en qué momento ha nacido con exactitud pero que, seguro, no ha sido en el año en curso.  En efecto, esta quizá se la parte más enrevesada a la hora de recabar datos del individuo.  Como no es plan de convertir este artículo en una tesis doctoral, aquí lo dejo.

La determinación del sexo es, a priori, más sencilla.  En ciertas aves se da dimorfismo sexual, el macho y la hembra son morfológicamente dispares, es el caso, por ejemplo, del carbonero común, que al macho la corbata negra le baja por el pecho y aumenta su anchura conforme va aproximándose a la cloaca, cosa que con la hembra no ocurre.  Si la especie es de estas características, pues miel sobre hojuelas. Sin embargo, cuando hembra y macho son iguales, se debe atender a otras consideraciones.  Por ejemplo, la presencia de placa incubatriz en la hembra (se despeja las plumas del vientre para que el calor se transmita mejor a los huevos durante la incubación) o la evaginación prominente de la cloaca en el macho (sí, los hombres somos siempre así de simples). 

Para terminar, la grasa se va a almacenar entre las cláviculas y en el abdomen, es de color amarillo y según si no hay apreciable, o la hay en cantidad, anotaremos números del 0 al 8.  El estado de la musculatura se averigua observando los músculos pectorales, aquellos que están adheridos a la quilla y según si ésta es visible o no anotaremos desde un 0 a un 3.  En la quiniela... perdón, digo, en la ficha que rellenamos al anillar.


Pues a este noble arte de capturar pájaros, anillarlos, tomarles la medida y soltarlos libres como el sol cuando amanece nos dedicamos Deme (que es el que realmente sabe de esto) y yo (que hago de subalterno las más de las ocasiones) las mañanas del sábado y del domingo dentro de las actividades convocadas desde Ambientalia, la Feria de Medio Ambiente, Ornitología y Vida Saludable que tuvo lugar en Calamocha los días 2 y 3 de julio. 

El anillamiento hubiera transcurrido según lo previsto: muchísimo petirrojo, alguna cardelina y alguna curruca capirotada, los páridos habituales (carboneros y herrerillos), algún ruiseñor bastardo (más conocido ahora como cetia ruiseñor), el ruiseñor de toda la vida (un túrdido bastante aturdido) y algún mirlo y agateador común despistados.  Pero cayó él, sucedió lo que Deme y yo no nos hubiéramos imaginado ni en la más optimista de nuestras previsiones.  Bueno, cayó ella (era una chica), la fugaz turquesa, la gran pescadora tenaz del río  que se sabía allí, que se había visto en el río Jiloca y de la que se sospechaba que podría criar, reproducirse, sacar adelante a su pollada en el río turolense.  Pero es que además de ser chica, ¡alojaba un huevo en su interior!  Y la sospecha se desvaneció, ya no había que dar pie a suposiciones, ya quedaba confirmado que el martín pescador, que el alcedínido criaba en el Jiloca.  Y la sorpresa primera al ver la especie enreligada en la red, la alegría de poder disfrutar de sus formas magníficas y de sus tonos de ensueño, se transformó en enorme euforia en todos los que en el parque estábamos aquella mañana de domingo.  


La ciencia, bien lo sabemos, no vive de sospechas.  Si bien, lo que nosotros percibimos entonces es que, en definitiva, tampoco nosotros queremos habitar en la incertidumbre.  Deseamos saber, conocer con la exactitud lo que nos rodea porque es hermoso y parte de lo que somos, al fin y al cabo, y puede que esa certeza contribuya a conocernos mejor a  nosotros mismos porque, sin duda, hay una belleza nítida en aprehender el modo en que nuestros compañeros de viaje viven y se comportan. 

Diago Colás

sábado, 16 de julio de 2016

ATARDECER INVERNAL EN EL PAÍS DE HERVE

Volvíamos aquella tarde de febrero de los páramos turbosos de Hautes Fagnes hacia Lovaina. Quedaba una hora y media de luz y nos animamos a introducirnos en una comarca de la que nada sabíamos y en donde, en el viaje de ida, nos había parecido ver a algunos árboles trasmochos. Nos perdimos por el Pays de Herve.


Es una zona situada en el extremo nororiental de Bélgica. Conecta el valle del Mosa con los las tierras altas de Hautes Fagnes y forma parte de la región natural de las Ardenas. Es un territorio pequeño, con una superficie que supone la cuarta parte de la de la comarca del Jiloca. Forma parte de Valonia, la región belga de habla francesa. Como suele ocurrir en buena parte de Europa es culturalmente complejo pues se encuentra muy cerca del pequeño sector belga de habla alemana y de la zona más oriental de habla flamenca. Esta complejidad se refleja en términos geográficos pues Pays de Herve es la única parte de Bélgica que tiene a un tiempo frontera con Alemania y con Holanda. 

De hecho, está en el centro del triángulo formado por tres importantes ciudades históricas. Lieja (en Bélgica, a cuya provincia pertenece), Maastricht (Holanda) y Aquisgrán (Alemania). Vamos, en el corazón del Imperio Carolingio.


El relieve de Pays de Herve corresponde a un conjunto de colinas que conectan con los pequeños altiplanos abiertos por el río Mosa y sus afluentes. Era un paisaje agrícola formado por prados cercados con setos arbolados (bocage) entre los que se repartían numerosas casas de campo, algunas con granja, las más residencia de personas con actividad no agraria, organizadas por pequeños pueblos.

Caía la tarde. Algunas nubes dispersas recorrían el cielo batidas por un viento frío. La gente volvía a sus casas del colegio y de los trabajos. Era una comarca viva. Gente en las casas, gente en los pueblos.

Y, efectivamente, ahí estaban los trasmochos. Eran los iconos de aquel viejo bocage.


Trasmochos de fresno (Fraxinus angustifolia), pero también de roble (Quercus robur) y de sauce (Salix alba). Árboles aprovechados desde hace décadas sin interrupción. Árboles que forman parte de un cultura rural aún viva. 


Algunos con la cabeza muy alta ... 


Otros con la toza más accesible ...


Muchos había sido descabezados este mismo invierno. Aún estaban los tarugos al pie de los árboles ...


Muchos de los prados estaban separados por setos de gazpotera (Crataegus monogyna) plantados y recortados ...

 

No había nadie en los campos a esa hora. Con la cámara fotográfica en mano entraba y salía por los prados. Un propietario, algo inquieto por mis andanzas por sus fincas, se acercó a preguntarme por mi interés. Me dijo que acababa de podar los árboles para obtener leña para el próximo invierno.


Eran árboles soberbios ...


Los árboles forman parte del paisaje vital de este pueblo. Esto es algo más que una cabañica ... es una prolongación del hogar.


Caía la tarde. Tráfico por la carretera. Uno de las últimas luces nos ofreció otra imagen espléndida de este país ...


Leímos después en internet que el paisaje con setos arbolados es su seña de identidad. Pero los paisajes que vemos, incluso los paisajes históricos como es el caso, han sufrido sus cambios. Por lo visto, durante el medievo era un paisaje abierto formado por campos de trigo salpicado de granjas. En el siglo XVI, el emperador Carlos V orientó la economía transformando el cultivo cerealista en prados para la cría de vaca y la producción de queso y mantequilla, de más fácil de transporte y mayor valor añadido. En estos prados se hicieron su hueco trasmochos como este precioso sauce.

  

Vimos un cartel indicador hacia la abadía de Val Dieu. Allá que nos fuimos, no teníamos prisa por volver ...

Con el paisaje de aquel tranquilo valle en la memoria ... 


nos fuimos acercando al monasterio cisterciense, destruido en cuatro guerras o revueltas y erigido otras tantas veces. La último hace siglo y medio, tras quedar asolado en la Revolución Francesa. Tras su abandono por los últimos monjes hace quince años, es empleado por una pequeña comunidad laica. 

Cuando ya íbamos a subirnos al coche. Descubrimos un pequeño tesoro. Bueno dos. Por un lado el bar que estaba alojado en la contigua y auténtica granja de la abadía, con un ambientazo de gente charrando y con un cocinero que hablaba perfectamente español con acento y gracejo traído de su aprendizaje en Málaga. Y dos, la fábrica de cervezas Val Dieu que estaba situada en las cuadras del monasterio y de la que degustamos unas estupendas brune con las que cerramos una jornada intensa. 

jueves, 14 de julio de 2016

EL CORRAL DE LABORATORIO (SEGUNDA PARTE)

¿Os acordáis de la experiencia de agroecología en el corral de hace un mes?

Han pasado varias semanas desde la última visita a los manzanos. En ella pudimos observar cómo sobre algunos ejemplares se libraba la batalla de los enemigos naturales, una lucha biológica entre pulgones y mariquitas. Decidí darle tiempo al asunto y dejar que la naturaleza siguiese su curso… recordemos en un par de fotos cómo estaba uno de los árboles en particular…

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Pues bien, hoy los árboles gozan de buena salud, las hojas lucen un verde claro con buen aspecto y no hay ni rastro de pulgones… ni de mariquitas. Observa estas fotos, son del mismo ejemplar fotografiado arriba…

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Las flores del suelo ya se han ido pasando, ni rastro de las amapolas y las malvas lucen ya sus semillas, con pocos ejemplares y pocas flores a la vista. Las herbáceas acusan la falta de agua propia de este tiempo y tan sólo las zonas que quedan en la sombra de la pequeña copa de los manzanos consiguen mantenerse verdes.

Es el momento de desbrozar, acelerar el efecto del calor del verano, eliminar la vegetación seca e incorporarla rápidamente al suelo…

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Y dejar sitio para una nueva generación de plantas que surgirán con las últimas tormentas veraniegas… que darán de nuevo cobijo a otros insectos, tan beneficiosos para la agricultura y componentes básicos de la biodiversidad de estos ambientes tan antrópicos…

El herbazal natural y su libre desarrollo sin intervención ha dado cobijo esta primavera a múltiples insectos, muchos de ellos han resultado claves en el control de plagas de estos pequeños frutales. Volveremos a repetir experiencia para evitar el uso de herbicidas y de productos químicos tan nocivos para el medio que nos rodea.

martes, 12 de julio de 2016

VENTE AL REBOLLAR DE BEA CON EL CEJ

Sierra de Pelarda, umbría, rebollar, orquídeas, sabina centenaria, vinagrera, corzo, río Huerva, chevron, marojal, conglomerados paleógenos, abejas, estepar, grillo de matorral, erizón, agallones, alcaudón dorsirrojo, cuscuta, gamón, la Abuela de Bea, rastrojos, peirón, ardacho, sabina negral, alfaces, cicindela, linos, codorniz, senderismo, buen ambiente, cerveza fresca e incluso ... ¡fábrica de pellet!


Todo esto y mucho buen ambiente te encontrarás el próximo domingo 17 de julio en la próxima actividad de Paseos Xiloca en la que recorreremos el Rebollar de Bea. A las 9 horas de la mañana, junto al bar de la carretera. Ya sabes, gorra, botas, agua y ganas de recorrer en compañía los 9 kilómetros del sendero circular.

Inscripción y más información en este enlace del Centro de Estudios del Jiloca.

lunes, 11 de julio de 2016

LA CLAVELINERA DE PORTUGAL EN EL CASTILLO DE PERACENSE

Hoy tampoco hablaremos de fútbol ... pero sí de Portugal.

Hoy traemos a este blog a una clavelinera. 

Es una clavelinera silvestre que crece en los peñascos silíceos del Mediterráneo occidental, tanto en el norte de África como en la península Ibérica. En Aragón se extiende por la cordillera Ibérica, tanto sobre las cuarcitas de las sierras paleozoicas como sobre las areniscas triásicas, teniendo su óptimo en los pisos supra y oromediterráneos. En las Tierras del Jiloca aparece tanto en las dos ramas de la cordillera, en la castellana (occidental) en sierra Menera y de la sierra de Santa Cruz, en la rama aragonesa (oriental) en las sierras de Peco, Herrera y Cucalón, como en el propio fondo de valle sobre sustratos apropiados (Burbáguena, Báguena). 


Nosotros la encontramos el pasado domingo en el mismo castillo de Peracense en plena floración, lo propio de la especie. Entre las grietas del rodeno, evitando el pisoteo de los visitantes, expuesta al sol, sus flores rosadas complementaban los tonos rojos y violáceos de esta fortaleza sin igual.

La clavelinera, otra de las joyas del castillo.

viernes, 8 de julio de 2016

MIRADA ATRÁS HACIA EL VII CURSO DE ORNITOLOGÍA PRÁCTICA DE GALLOCANTA Y LAS TIERRAS DEL JILOCA

Viernes 29 de abril. Media tarde. Centro de Interpretación de la Laguna, en Gallocanta. Comienza la séptima edición del curso de Ornitología Práctica de la Universidad de Verano de Teruel. Muchas caras conocidas, otras tantas nuevas. Muchas ganas de comenzar una nueva singladura en la que nos embarcamos una cuarentena larga de personas entre alumnos, profesores, colaboradores y organizadores que, durante tres días, estaremos todos revueltos, prismáticos en ristre y guía de aves a mano. Otra nueva aventura.

Barbechos, el hábitat de los últimos ánades rastrojeros (sisones)  de la cuenca de Gallocanta
Arrancamos sin el director. Javier Lucientes se retrasa. Lucía presenta el curso. Y me toca comenzar describiendo los principales rasgos del medio físico de las comarcas del Jiloca y Campo de Daroca, relacionándolos con los ambientes y sus aves. 

Conferencias de la primera jornada. Foto: L. Sevilla
Continúa Manuel Alcántara con una conferencia sobre la observación de aves y su conservación. José Luis Rivas siguió con otra sobre cómo poner en práctica la Ornitología, útil para tanto para principiantes como para iniciadosY, por último, Javier Ferreres cerró la intensa jornada  dando a conocer un portal en el que compartir las observaciones de aves y que tiene una reciente implantación, un enorme crecimiento y grandes posibilidades.

Llegó el sábado. Teníamos programado madrugar para aprovechar las pocas horas de tiempo fresco y la actividad de las aves en la paramera de Blancas. Partimos en los respectivos coches con la atención puesta en las aves y registrando toda aquella que vemos. Llegamos a la loma. Los tres grupos nos hemos separado y convergeremos en la zona donde se han dispuesto las redes y los cepos-malla para intentar capturar algún pájaro. El cielo está gris y hace frío, mucho frío. Pero la visibilidad es buena. De repente vemos subir desde el valle a una extraña nube y pensamos que va a descargar una tormenta.  


No es así. Se instala una espesísima niebla. Una niebla de mayo. Algo inusual por estas tierras altas. Una niebla que no se disipará en el resto de la mañana. De una mañana heladora.

Ponemos la atención en los cantos. Escuchamos los primeros rocines (alondra ricotí). Si ya es difícil verlos, hoy es imposible.

Pero también nos fijamos en las plantas. como el toyago (Genista mugronensis), el narciso (Narcissus assoanus), la meleagria (Fritillaria lusitanica) o el tomillo (Thymus vulgaris) ... todos ellos retrasados en su floración en esta fría primavera.

Obervando aves dentro de la niebla. Foto: B. Leránoz
Muchas charretas (terrera común), el aláudido más abundante, en plena actividad. Oímos y vemos a lo lejos, entre jirones de niebla, a una bandada de grajas (chovas piquirrojas). En los muros de piedra de las cerradas asoma un mochuelo o una buburica (abubilla). En una zona concreta escuchamos, al menos, a tres individuos de rocín cantar muy próximos entre sí.

Hablando de las diferencias y semejanzas entre el toyago y la aliaga, encontramos agonizando a un alacrán cebollero empalado tal vez por algún alcaudón común que no llegamos a ver.


Ni rastro de chorlito aliaguero (alacaraván) ni de ánade rastrojero (sisón), pero sí vemos varios grupos de turras (ganga ortega), siempre tan fugaces, siempre tan enérgicas.

No es un buen día. Alcanzamos la paridera en la que hemos quedado en encontrarnos. Nos esperan Demetrio y Jesús. Algunos se refugian junto a los viejos muros para refugiarse del frío, los más se arremolinan en torno a Deme que, como un mago con su chistera, va sacando de los saquicos una alondra común, una collalba rubia, una terrera ...

Macho de collalba rubia. Foto: L. Sevilla
Es una ocasión para introducir conceptos de identificación en mano, de datado, de fisiología reproductora ... Los cepos y las redes han trabajado a primera hora. Después hubo que levantar los primeros con la llegada de la espesa niebla.

Poco a poco ésta se va difuminando.


Hay que cambiar de ambiente. Camino de vuelta algunos afortunados contemplan un halcón peregrino y otros a la poderosa águila real sobrevolando su territorio muy atenta a los movimientos de algún conejo o liebre.

Vuelo raso tras la niebla para sorprender a su presa. Foto: L. Sabater
Tras un cafecico en Monreal del Campo para entonar el cuerpo, volvemos a la faena pajarera encaminándonos a los Ojos del Jiloca, el nacedero del río, un soto con viejos árboles y manantiales con vegetación helófita.

Es un lugar pequeño y nos desplegamos.

Javierr Ferreres y Marco Escudero buscando un buen puesto para observar. Foto: B. Leránoz
Entre el claro abierto en el carrizal. Foto: B. Leránoz
Los rayos de sol entibian el ambiente. Las primeras hojas de los chopos se están abriendo. Los insectos mueven y los pequeños pájaros insectívoros se afanan en conseguir alimento para sus crías o para reponer energía en su migración. Estos días coinciden los reproductores locales y los que se encuentran en plena migración.

Curruca mosquitera. Foto: L. Sabater
Nada más llegar levanta un martinete que, seguramente, se ha quedado a descansar durante su migración hacia el norte. Ahora sí estamos de suerte.

Los ojos de Monreal son un lugar querencioso para esta ardeida durante su paso migratorio prenupcial. Foto: L Sabater
Abejaruco, lavandera boyera, andarríos chico, pico picapino, pito real, búho chico, curruca capirotada, chochín, avión y golondrina común, tarabilla y mirlo común pero, sobre todo, zarcero y carricero común, bien cercanos entre sí pero bien separados por ambientes. Sobre el cielo, milano negro (cada vez más común en la redolada) y el aguilucho lagunero, fiel a su territorio de cría.

El aguilucho lagunero sobrevuela su lugar de cría. Foto: L. Sabater
Son las dos. Hay que marchar a comer a Calamocha. Al salir de Monreal del Campo veo los primeros oncejos (vencejo común) del año en el Jiloca, siempre una alegría confirmar la llegada de la primavera.

Por la tarde nos acercamos al valle del Pancrudo. Unas palabras rápidas para interpretar el ambiente.

Miles de viejos álamos negros, el hábitat de las aves forestales en un valle deforestado. Foto: B. Leránoz
Un valle abierto por un modesto río de montaña sobre margas, yesos y calizas. Los montes están poblados por amplios pastizales con aliaga, tomillo, espliego, sabina negral y espino negro pero poblándose de sabinares albares y rebollares al desaparecer la ganadería extensiva de ovino. La vega, no muy ancha, antaño cultivada por remolacha y panizo, hoy lo es por trigo y chopo canadiense. Prados húmedos en zonas de difícil drenaje y una colección de viejos chopos cabeceros que se extiende por el espacio y el tiempo creando unas dehesas fluviales completamente originales como agrosistema.

Y a observar ...

Atentos a todo lo que se mueve ..... Foto: B. Leránoz
Culebrera europea, alcotán, turcazo (paloma torcaz), barreno (pito real), curruca carrasqueña, cagamangos (tarabilla común), zarcero común, zurribalba (collalba gris), ruiseñor bastardo, mito, escribecartas (escribano montesino), mosquitero papialbo, alcaudón común .... Dos citas a destacar. El bisbita arbóreo, que tiene en las dehesas de chopo cabecero del Pancrudo una de sus escasas poblaciones en este sector de la cordillera Ibérica aragonesa. Y los volanderos de verdecillo, precoz registro fenológico en estas tierras altas.

Macho de papamoscas cerrojillo durante su breve paso migratorio prenupcial. Foto: L. Sabater 
Mientras tanto, los anilladores habían dispuesto las redes en la cola del embalse de Lechago. Y allí que fuimos para desplegar prismáticos y catalejos.

Con tantos ojos ... no se escapa uno. Foto: B. Leránoz
Este pantano funciona como un punto caliente para las aves. En estas fechas, todavía más. Pueden encontrarse los últimos invernantes, como el cormorán grande. Especies en pleno paso migratorio hacia sus territorios septentrionales de cría, como ocurre correlimos común, archibebe común o águila pescadora. Especies estivales que nidificarán en esta comarca, como la sartenera (cigüeñuela común), el carricero tordal o el común ...

Carricero común marcado tras su captura en la masa de cañicillo. Foto: L. Sabater
o la oropéndola recién llegada que tuvo a bien posar sobre una aliaga ...

Macho de oropéndola en un lastonar con aliaga, un ambiente poco habitual para la transahariana. Foto: L. Sabater
Entre las aves estivales merece la pena comentar la variedad de hirundínidos. Avión zapador, avión roquero, avión común, golondrina común y golondrina daúrica. Los más recalados en plena migración aunque con ejemplares ya en plena cría en las cuatro últimas especies. 

Golondrina común. Foto: C. Pérez Naval
Y, sobre todo, especies que suelen verse casi todo el año y que en buena parte están en plena reproducción como el ánade fino (azulón), la viuda (focha común), la garza real, la pollica (gallineta común), los capucetes (somormujo lavanco y zampullín chico) o el rascón europeo. 

Volvimos a Gallocanta para, entre todos, hacer balance.

 

Una jornada intensa. Una paramera, unos manantiales, un bosque de ribera abierto con sabinar albar y un embalse. Lo que empezó difícil, acabó como una tarde amable. En total, 98 especies.

El domingo nos dirigimos a las Hoces del río Piedra en Torralba de los Frailes. Un cañon fluvial entre carrascales, cultivos herbáceos y páramo rocoso. Un día luminoso pero azotado por un viento frío. De nuevo empezamos en condiciones adversas ... y así seguimos toda la mañana.

Nos sorprendieron los túrdidos de zonas abiertas. Las zurribalbas (collabas grises y rubias) estaban activas en las lomas con tomillo y ajedrea evitando el viento ...

Macho de collalba gris en su posadero. Foto: L. Sabater
Macho de collalba rubia sobre aliaga. Foto: L. Sabater
... o el culirroyo (colirrojo tizón)

Macho de colirrojo tizón. Foto: L. Sabater
No era buen día para cazar insectos, pero allí estaban ...

Vamos llegando al punto de inicio. Junto al azud y el viejo molino. Bajo el viejo chopo cabecero recién escamondado en la jornada cultural organizada por la A.C. El Chismarrako de Torralba aún no despierto. Bajo los singulares monolitos calizos.


Unos por lo alto de los cantiles. Otros por el fondo del cañón. Seguimos el curso del río que, como en otros años, encontramos seco.

Descendiendo hacia el fondo del cañón. Foto: B. Leránoz
A pesar del frío, no decepcionaron las hoces del Piedra. Estaban casi todas las rupícolas. Alimoche, halcón peregrino, avión roquero, cernícalo vulgar, paloma bravía, vencejo real, chova piquirroja, roquero rojo y solitario y ... ¡cómo no! el espléndido buitre leonado ...

Tomando vuelo desde el peñasco. Foto: L. Sabater
Algún afortunado pudo ver (y fotografiar) al abejero europeo ...

Camino los bosques eurosiberianos ... Foto: L. Sabater 
Pero lo que todos pudimos disfrutar fue de la observación cercana de las aves del soto fluvial ...
  


Deme mostrando un mirlo común, Tamara midiéndolo y Diago llenando la quiniela ...perdón, el cuaderno de anillamiento. Fotos: B. Leránoz  
Hora de comer. Vuelta hacia Bello. Volvemos los últimos pues me entretengo tomando fotos de los campos de pipirigallo aún sin atisbo de flor en esta fría primavera. 


Algo antes de pasar por la laguna de la Zaida encontramos un atasco en plena carretera. Algo pasa. En seguida lo entendemos. A una veintena de metros un águila real descansa sobre una cerrada de piedras sujetando firmemente una presa, seguramente una liebre. Nos observa inquieta hasta que levanta el vuelo hasta un lindero más tranquilo. Otro de los grandes momentos de esta edición del curso. 

Algo de descanso y buen ambiente en la sobremesa. Con el codillo en plena digestión nos dirigimos hacia la laguna de Guialguerrero. Para no colapsar aquello nuestro grupo se toma el viaje con calma y nos desviamos hacia los prados de Bello, por si suena la flauta y podemos ver a la aucas (avutardas). Caloracho pero viento. Sin éxito. Sin embargo disfrutamos con las pagazas piconegras que aprovechan para cazar incluso a estas horas. Hacia saliente, se intuye algo de agua en los Lagunazos de Tornos entre una reverberación tremenda. Dsifrutamos en el viaje escuchando a Ricardo Serrano sus vivencias cuando era guarda de este espacio natural. 

Otros tuvieron más suerte. Es lo que tiene este curso tan descentralizado.

Machos de auca sobre labrado. Mieses y labores, esta es la situación de los campos en esta primavera entrada. Foto: L. Sabater
Parada en el observatorio de La Reguera. La laguna con un nivel bajísimo de agua. Grupos de tarros blancos, varios patos finos (azulón) y alguno friso, judías (avefrías) aquí y allá, bandos de inquietas gaviotas reidoras que van de un sitio a otro. Una gaviota patiamarilla. Y limícolas correteando las playas en donde desemboca el arroyo, como los chorlitejos patinegro y grande, los correlimos tridáctilo y zarapitín, el combatiente o el archibebe común. Pero lejos, todo muy lejos.

Ahora sí, nos vamos a la laguna de Guialguerrero dejando a un lado la laguna de La Zaida, este año en cultivo. Al llegar a la ermita, con la tarde ya cayendo, vemos como revolotea una águila calzada entre a los chopos. Las tórtolas comunes comunes ya han llegado. El macho de codorniz reclama entre los trigos ya encañanados. Y, a media altura, pasa raudo un alcótán ...

La tardada es buen momento para ver cazar al alcotán. Foto: L. Sabater
Y raso a los trigos,  el macho de aguilucho cenizo intentando sorprender a alguna de las calandrias que crían en los ribazos ...

Toda la atención está puesta en lo que se mueve entre las cañas. Foto: L. Sabater
En Guialguerrero ... viento. Allí nos reunimos los tres grupos, nos comentamos (si no lo hemos hecho antes por whatsapp) por dónde hemos ido o qué hemos visto. Esta dinámica de separarnos y volvernos a encontrar otra vez tiene algo de las aventuras de los hobbits en "El Señor de los Anillos" en la Tierra Media. Y nos ponemos a prospectar ...

El cierzo forma olas que empuja hacia el sur. Foto: B. Leránoz
Las viudas (fochas comunes), los capucetes (zampullín chico y somormujo lavanco), los patos finos (ánade azulón) y algún friso descansan sobre la lámina de agua mientras duermen o se alimentan. En los cañizos del fondo un grupo de garzas reales se echan hasta ocultarse en lo que suponemos que son más que probables nidos. Sobre el cielo pasan raudos mientras cazan los oncejos (vencejos comunes) que crían en los pueblos de la contornada. En los prados y los ribazos son comunes las boyericas (lavandera boyera), estos días con plumajes lustrosos y nuevos. En la orilla sorprendemos a algún limícola rezagado en su paso, como el andarríos chico ...

Entre las cañas el oleaje mueve pequeñas presas para el pequeños andarríos. Foto: L. Sabater.
o el archibebe común ...

Aprovechando un momento de calma. Foto: L. Sabater
Camino de vuelta aún lo intentamos con el ánade rastrojero (sisón). Nos acercamos a un cantadero que hay en una loma rocosa entre campos de cereal. Ya es algo tarde en el calendario. Pero aún así, el intenso viento no nos deja escuchar. Ni el fino oído de Javier Ruiz, ni la atenta mirada de Agustín Catalán...

Batiendo los ribazos con el catalejo. Foto: B. Leránoz.
Volvemos a Allucant para hacer balance. Un cañón fluvial, estepas cerealistas y parameras, toda suerte de humedales grandes y pequeños ... nos han rendido 103 especies siendo 19 de ellas diferentes a las del sábado. Tres grupos de pajareros prospectando dan mucho de sí. Agotados algunos nos retiramos. Otros se apuntan a la charrada con cervezas. Sigue el ambiente incluso sin ATP.

Lunes festivo. A por la última jornada. Las redes se han instalado cerca del Ojo del Pollo. La idea es ir pasando por turnos en las primeras horas conforme los pájaros capturados se van sacando. Algunos comienzan con el Lagunazo de Gallocanta ....

 
Observatorio de Gallocanta. Fotos: J. A. Alfaro y B. Leránoz

Otros recorremos despacio los caminos, parando para ver detalles de cada pájaro. El alcaudón común, el clujidor (triguero) ....

 
Sobre las ramas y con la luz de la mañana. Fotos.: L. Sabater

Boyerica macho sobre junquera. Foto: L. Sabater
Mochuelo sobre la cerrada de piedra seca y mucha reverberación conforme avanza la mañana. Foto: L. Sabater
El molinero en su tejado. Foto: L. Sabater
La perdiz se expone en días de calma y dentro del refugio. Foto: L. Sabater
Pareja de corzos entre los trigos aún sin espiga. Foto: L. Sabater
Nuestra amiga Marta, perseverante ella, nos anima a buscar a las aucas (avutardas) por la parte de Bello. El sol ya está alto. Continuamos con interesantes tertulias dentro del coche, cada día con alumnos nuevos, cada día nuevos amigos. Bajamos a revisar por La Pardina. Nos acercamos a la laguna. Entre las junqueras asoma el chorlito aliaguero (alcaraván común). 

Buscando alimento cerca del refugio. Foto: L. Sabater
Por fin damos con las avutardas. Y como no nos dábamos por rendidos, aún nos acercamos a buscar al anade rastrojero (sisón) a los últimos barbechos de Gallocanta y Las Cuerlas. Esta vez no hubo suerte aunque nos fuimos con un paisaje en la retina cada vez más escaso y, como siempre, cada vez más preciso de conservar ...


Nos acercamos a Tornos para hacer el balance final y para realizar la entrega de diplomas. En tan solo una mañana se han visto 91 especies de aves, 11 diferentes a las de los dos días anteriores. En suma, 133 especies en dos días y medio. 

Agotados por la intensidad y felices por las vivencias, por reencontrar amigos, por hacer otros nuevos. Este rincón singular de la cordillera Ibérica alberga una laguna especial para las aves (acuáticas, esteparias y forestales) y variados y valiosos ecosistemas, muy antropizados eso sí, capaces de albergar una avifauna sorprendente como comprueban personas que la desconocían.

Arco iris en el Campo de Used. Foto: L. Sevilla
¡Hasta el año que viene con la octava edición!