Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

jueves, 18 de diciembre de 2014

NUEVO TESTING EN GALLOCANTA

Nos llega información sobre ll próxima jornada de muestreo que organiza Biodiversidad Virtual en la cuenca de Gallocanta. Otra oportunidad de disfrutar y de aprender. En esta ocasión, celebrando la entrada del invierno.

martes, 16 de diciembre de 2014

¿MALA HIERBA NUNCA MUERE?

Ya ha pasado la época de siembra del cereal de invierno. Los agricultores desean que llueva a conveniencia del cultivo y que la cebada o el trigo aprovechen el agua, pero no las malas hierbas. Porque nacer, nacerán. Venga el año como venga, las malas hierbas vienen también. ¿Cómo puede ser que siempre queden? Veremos a continuación algunos de sus rasgos biológicos que lo explican.

Las plantas silvestres son especialistas en una cosa: en sobrevivir. Si queremos hacer germinar semillas de tomillo, de romero o de ababol, todas tienen en común que tendremos que sembrar muchas para que germinen unas pocas. ¿Es que acaso están podridas todas las semillas que no germinan? No, están vivas. Pero la gran mayoría de semillas silvestres lo que están es “dormidas”. Técnicamente a esto se le denomina que “están en estado de dormición”. Éste es un mecanismo muy útil para conseguir que sobreviva la especie. Funciona de la siguiente manera: si las condiciones de temperatura y humedad del suelo son las adecuadas para que la futura planta pueda crecer, lo propio sería que la semilla germinase. ¿Pero qué pasaría si todas las semillas de ababol germinasen de golpe?

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Ababol (Papaver rhoeas)

Si el año viniese con buenas condiciones, sería estupendo para la especie. Se reproducirían abundantemente y muchas semillas volverían a caer al suelo. Pero, ¿y si pasan por allí unas ovejas y las pisotean o se las comen? ¿O si un agricultor decide pasar el cultivador por ese campo yermo? No quedarían ababoles ni tampoco semillas en el suelo y se acabaría con la especie en ese sitio hasta que llegasen nuevas semillas de otro lado. Por eso son muy raras las especies silvestres que germinen de golpe aún teniendo condiciones climáticas muy favorables. Nuestros antepasados agricultores han ido seleccionando justo lo contrario. Les interesaban semillas que germinasen enseguida y por ello han buscado semillas de los ancestros del trigo, del tomate y de todas las especies cultivadas que justamente no tuviesen dormición. Así, hoy en día incluso exigimos porcentajes de germinación muy elevados en los lotes de semillas que se comercializan para garantizar una buena emergencia.

Una de las malas hierbas menos querida en los campos de cereal aragoneses actualmente es la ballueca o avena loca, Avena sterilis o Avena fatua, en latín.

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Infestación de Avena sterilis

Estas especies tienen una emergencia muy escalonada. Así, tras cada lluvia otoñal o invernal emerge una parte de las semillas que pacientemente están esperando en el suelo. Cada una de esas emergencias se denomina “cohorte”. Es frecuente poder tener 3 o 4 cohortes de ballueca en un año. Esto significa que el agricultor en realidad debe de intentar controlar cada una de esas cohortes. Y si no lo consigue, se le llena el campo de balluecas ¡aún habiendo eliminado muchas!

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Semillas de Avena ludoviciana-fatua

Otra de las técnicas que tienen las semillas “para estar siempre allí” es que una sola planta silvestre puede producir centenares de semillas.

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Una cápsula de ababol puede producir cientos de semillas

¡La supervivencia está asegurada!

Alicia Cirujeda

domingo, 14 de diciembre de 2014

AMANECE EN EL CODUJÓN

Esta noche ha estado lloviendo en Calamocha. No mucho, unos cinco litros. Lo hacía a las once y a las seis de la mañana y ha continuado una hora más. La mañana viene fresca (5 ºC) y el aire está saturado de vapor de agua.

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Los sabimbres y los chopos del río asoman como espectros entre los jirones de niebla.

Sobre el blanco de estas nubes bajas se dibuja el vuelo vigoroso de una pareja de azulones que termina su jornada de campeo y el vuelo divagante de un par de milanos reales que comienza la propia.

Los panizos del Codujón, empapados de agua, tardarán alguna semana más en ser cosechados. Este otoño aún viene húmedo. Tardaremos algo más en ver los bandos de grullas sobrevolando la vega.

sábado, 13 de diciembre de 2014

SOÑANDO GIRASOLES

“La agricultura y la ganadería como medio de vida en la Comarca del Jiloca” era el tema que este año se elegía para el II concurso de fotografía y relatos cortos. Presenté dos fotos y un relato “Soñando girasoles”.

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Sólo deciros antes de dejar sumergir vuestra imaginación en este cuento, que la agricultura representa gran parte de la economía de la comarca, representa nuestra sociedad rural, nuestro paisaje, nuestros ecosistemas y somos nosotros los ciudadanos los que debemos tener un compromiso por su cuidado y respeto y al igual que en el cuento podamos algún día traspasar fronteras con nuestro ejemplo y buen hacer.

“Soñando girasoles”

Basilio era un niño que vivía en Lagueruela con sus padres. Cuando apenas tenía 9 años, su madre cayó enferma y su padre debía cuidarla, así que Basilio tuvo que dejar el colegio y seguir con el trabajo familiar: las ovejas y el campo.

Rodrigo, el padre de Basilio, un hombre triste y solitario, era conocido en toda la comarca como el “zoquete” pues no era demasiado habilidoso en el campo. Los primeros años fueron muy duros para Basilio, ya conocido como “el hijo del zoquete”. No encontraba el porqué, pero sus campos no daban la producción esperada, las plagas causaban daños irreparables y no había dinero para plaguicidas y la maquinaria y la ayuda de los vecinos era inexistente. Apenas conseguía lo justo para comer.

A Basilio le gustaba subir con las ovejas a la Modorra de Cucalón, era su momento de paz, donde disfrutaba de las preciosas vistas de las tierras del Jiloca. En lo más alto, había un gran girasol, su abuela ya fallecida, le contó que tenía más de 200 años y nadie se explicaba que hacía ahí.

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Basilio había observado que el girasol tenía algo especial y misterioso, estaba continuamente rodeado de un ir y venir de pajarillos, grandes aves y mamíferos. Un buen día, como otros muchos se acercó a curiosear alrededor del girasol, pero ese día, fue diferente, inexplicablemente el girasol le preguntó que si necesitaba ayuda. Basilio tardó en contestar, quedó asustado de lo que estaba viviendo y cuando el girasol insistente le volvió a preguntar, Basilio respondió que sí, que su familia pasaba por un momento sentimental y económicamente muy difícil. El girasol después de una larga conversación le dijo que no se preocupara, él se encargaría de que “la sabia naturaleza se pusiese manos a la obra” y solucionase sus problemas.

Pasaron los meses y los poquitos campos de la familia de Basilio comenzaban a tener un aspecto envidiable, los vecinos curiosos le preguntaban que tratamientos estaba haciendo para que las patatas, la cebada, el trigo y el centeno tuviesen ese aspecto tan saludable. Basilio, siempre contestaba lo que el girasol le había dicho “yo sólo espero a que la sabia naturaleza actúe”.

Un día, tras la insistencia de Basilio, el girasol le contó el secreto. Había mandado una pareja de águilas a inspeccionar los campos de Basilio, observaron que la tierra estaba demasiado compacta, que había roedores en los campos de patatas y una plaga de saltamontes en el cereal. Organizaron a cernícalos, aguiluchos y halcones para que durante un tiempo cazasen ratones, los abejarucos y alcaudones se encargarían de los saltamontes y una población de lombrices removería la tierra para que se oxigenase, consiguiendo así un equilibrio natural en el ecosistema y una calidad en la cosecha que jamás podrían conseguir los agricultores que utilizaban plaguicidas.

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Con la ayuda del girasol centenario, Basilio se convirtió en un referente en la agricultura ecológica, consiguió que toda la comarca del Jiloca fuese conocida por la calidad de sus productos y la conservación del medio natural.

Desgraciadamente, la madre de Basilio murió, pero murió feliz por su hijo, murió, soñando girasoles.

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Desde pequeños nos enseñan a que lo importante es participar y son sabias estas palabras porque serán muchas las veces que participemos y probablemente pocas las que ganemos. Aquí os dejo el enlace de los ganadores de las fotos y de los relatos, enhorabuena a todos ellos.

¡Por una agricultura sostenible ¡

Que no tengan que venir a decirnos, ¡el Jiloca también es bonito¡

Carmen Alijarde

miércoles, 10 de diciembre de 2014

DE ÁRBOLES Y MEDIDAS AGROAMBIENTALES EN INGLATERRA: PARA APRENDER

Son conocidos las funciones ecológicas que ejercen los árboles trasmochos en los agrosistemas de los que forman parte.

Ofrecen hábitat a una compleja comunidad biológica. Cianobacterias, clorofíceas, diatomeas, musgos, plantas vasculares, líquenes, hongos, nemátodos, artrópodos, moluscos o vertebrados dependen, de forma directa o indirecta, de estos árboles que crecen en los linderos de los campos.

Es el caso de las aves forestales. Algunas tan vistosas como la oropéndola …

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Macho de oropéndola (Oriolus oriolus) y sunido en horquilla de chopo cabecero en Anento. Foto: Rodrigo

O el recién descubierto caso de reproducción del murciélago de bosque (Barbastella barbastellus), el primero para la provincia de Teruel, en las choperas de cabeceros del valle del Pancrudo …

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Adulto de murciélago de bosque capturado en red vertical en la rambla de Nueros

… demostrando la dependencia que presentan estos murciélagos forestales con los trasmochos, capaces de ofrecer multitud de grietas y huecos en su seno, que emplean como refugio o paridera. A veces son los únicos ambientes apropiados en muchos kilómetros a la redonda.

O los coleópteros que se alimentan de la madera muerta y en descomposición, algunos escasos y amenazados en estos territorios como Aegostoma scabricorne o Lucanus cervus

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Macho de ciervo volante sobre tronco de chopo cabecero en Calamocha

Un reciente estudio realizado por el equipo de entomólogos de la Universidad del Sur de Bohemia (República Checa) y que ha estado dirigido por el profesor Pavel Sebek ha demostrado la dependencia de los insectos saproxílicos amenazados con los huecos presentes en los sauces trasmochos en las campiñas centroeuropeas. De hecho, el título del artículo en el que se describen los resultados de su estudio es muy claro: “¿Es la gestión activa la clave de la conservación de la biodiversidad en saproxílicos? Promoción del desmoche en la formación de huecos en los árboles”. No se puede ser más claro.

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Sauces trasmochos en el valle del Sollavientos (Allepuz)

Podríamos seguir hablando sobre otras funciones ecológicas que desempeñan los árboles trasmochos en los ecosistemas agrarios. Crean ecotonos entre los ambientes abiertos de los cultivos y los forestales que conforman ellos mismos. Los setos arbolados y las propias riberas, en el caso de los chopos cabeceros y los sauces trasmochos, hacen de corredores ecológicos para los organismos que dependen de los ambientes boscosos. Mejoran la calidad de las aguas de los arroyos al tiempo que crean ecosistemas diversificados en el interior de los cauces. Crean microclimas de mayor humedad relativa y menores oscilaciones térmicas. Aportan materia orgánica al suelo al que retienen con su desarrollado sistema radicular. Nada nuevo.

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Chopos cabeceros en Aguilar del Alfambra. Foto: Chusé Lois Hernando

También es conocido que los sauces, fresnos y chopos trasmochos dependen del mantenimiento de su gestión en el tiempo, es decir, de su  a turnos de su periódico desmoche. Así los árboles mantienen su capacidad de crecimiento, rebrote y vitalidad.

Y que la falta de rentabilidad y otras causas asociadas a la crisis en el medio rural han abocado al abandono de estos árboles estando seriamente comprometido su futuro y el de los ecosistemas agrarios de los que forman parte.

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Riera de Nueros (Valle del Pancrudo)

La Política Agraria Comunitaria, consciente de la importancia que supone la conservación de unas prácticas agrarias para la conservación de los ecosistemas, hace décadas que creó unas ayudas económicas para compensar la pérdida en renta agraria  que implican ciertas prácticas con efectos beneficiosos para la conservación de la vida silvestre. Son las conocidas como “medidas agroambientales” y son definidas por cada territorio. En España, por cada comunidad autónoma.

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Prados y setos arbolados en Allepuz (Maestrazgo)

Los chopos cabeceros, como los fresnos o los sabimbres trasmochos son realmente cultivos agrosilvopastorales mantenidos durante siglos en los ribazos y acequias de las tierras altas de la cordillera Ibérica. Es un ejemplo “de libro” de cultivo con efectos beneficiosos para el medio ambiente. Y tan nuestro.

Pensamos que esa evidencia sería fácilmente comprendida por la Administración. Pues no. Nunca han sido incluidos entre las medidas agroambientales desarrolladas por el Gobierno de Aragón. No deja de sorprendernos.

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Paisaje invernal en el valle del río Lanzuela (Comarca del Jiloca)

Hace unos años propusimos a los responsables de Agricultura que estudiaran la posibilidad de crear una medida agroambiental que incentivara económicamente el desmoche de los trasmochos entre los agricultores que los tienen entre sus campos. Podía ser un pago único por árbol que compensara el coste de los trabajos, que algunos campesinos ya mayores no se animan a acometer por su edad y por el coste que suponen. Nos dirigieron hacia el entonces Departamento de Medio Ambiente donde tampoco encontramos mucha receptividad.

Ahora ambos departamentos están integrados. En estos meses se están definiendo las medidas agroambientales que estarán en vigor durante los próximos años. Es el momento oportuno. Se ha expuesto ante responsables políticos la necesidad de crear una medida agroambiental específica para favorecer la conservación de los trasmochos en entornos agrícolas.

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Grupos de chopos cabeceros en los secanos cerealistas de Camarillas (Comunidad de Teruel)

Se ha insistido ante los sindicatos agrícolas para que incluyan estas ideas en sus mesas sectoriales ante la administración. Igualmente sin éxito. Tampoco muestran interés. Miran para otro lado.

Mucho nos tememos que los árboles trasmochos tampoco vayan a ser considerados entre las nuevas medidas agroambientales que estudia el Gobierno de Aragón. Puede haber razones económicas pues, al parecer, los recortes y el elevado coste que supone la compensación de daños de algunas especies no amenazadas que están vinculadas a espacios de gestión conflictiva, restan posibilidades a la hora de crear partidas económicas para el fomento de la escamonda de los chopos cabeceros. Pero nos cabe la duda de si no existen otras razones, como la dificultad técnica que encuentra la administración en gestionar estas ayudas o el tema de la propiedad del suelo donde crecen. Aspectos burocráticos, vamos.

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Fresno trasmochos con poda reciente en Hamsted Marshall (Inglaterra)

Sin embargo, esto no está ocurriendo en otras regiones de Europa. En concreto, en el vigente sistema de medidas agroambientales de Inglaterra el agricultor puede conseguir 25 libras esterlinas (32 euros) por año y árbol añoso que crezca en campos de cultivo o en praderas intensivas para compensar la pérdida de producción que supone la protección del área en la que se extienden las raíces. Por otro lado, el propietario del árbol puede recibir 43 libras (54,6 euros) para realizar podas a pequeña escala y 89 libras (113 euros) para trabajos de poda mayores, como el desmoche completo de un árbol.

Si estas medidas se aplicaran en Aragón mejoraría la situación de estos árboles añosos, en un momento en el que comienza a ser urgente no perder más tiempo en el turno de poda.

Y nos preguntamos …¿por qué lo que funciona en Inglaterra no puede funcionar en Aragón?

sábado, 6 de diciembre de 2014

… LA DE BLANCAS

Juan Carlos es mi amigo. Regenta una carnicería en Blancas. Además, tiene una furgoneta acondicionada para la venta ambulante con la que recorre, a lo largo de la semana y en varias rutas, muchos pequeños pueblos de Teruel y Guadalajara ofreciendo carne y elaborados. Es una de estas profesiones que han surgido con la despoblación rural y el cierre de los pequeños comercios locales. Conoce a gentes de muchos lugares, sus problemas y sus gustos. Son gentes mayores que cubren sus necesidades con este –sacrificado- servicio que ofrece Juan Carlos.

Hace unos días me obsequió con dos vueltas de embutido curado. Una de chorizo y otra de longaniza de Aragón. Venían envasadas al vacío. Y llevaban unas pequeñas etiquetas. En letras blancas aparecía el nombre comercial: “… la de Blancas”. Me llamó la atención pero entonces no le di más importancia.

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A la hora de guardarlas en la despensa me fijé en ellas. Había algo especial …

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La de Blancas era … “la Sabina”. La famosa y centenaria Sabina de Blancas.

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Es la monumental Sabina de Blancas. El árbol más singular de la comarca del Jiloca que ya fue el motivo de la portada del segundo cuaderno de Xiloca. Y uno de los primeros en ser incluidos en el Catálogo de Árboles Monumentales de Aragón. 

Con sus 125 cm de diámetro (DAP) …

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con sus 7,5 m de altura y sus 15 m de diámetro.

Tan chaparra, tan adaptada a su soledad en el amplio llano del alto Jiloca.

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Soledad que aún es mayor tras los trabajos de concentración parcelaria que hace pocos años fueron ejecutados, nunca mejor dicho, en el término de Blancas por el Departamento de Agricultura del Gobierno de Aragón. Trabajos en los que además de reordenar la propiedad de las parcelas, fueron arrancados cientos y cientos de rebollos y carrascas que crecían en los campos o entre los lindes.

Iniciativas como “… la de Blancas” representan a una nueva manera de promocionar los productos elaborados en territorios con alto valor ambiental y, si es posible, que contribuyen a la conservación de su patrimonio natural.

No son muchos pero ya comienzan a surgir iniciativas similares. Iniciativas como “Puccinellia”, la pasta elaborada por la empresa Romero (Daroca) con trigo de producción integrada de la cuenca de Gallocanta que se promociona con el nombre genérico de una gramínea endémica de los prados salobres de la laguna de Gallocanta.

Los magníficos vinos de la bodega Vinae Mureri (Murero) llevan al trilobites del yacimiento paleozoico de Valdemiedes como embajador en la etiqueta …

Vincular un monumento natural tan notable como es este árbol centenario con un alimento de artesano y de calidad me parece una estupenda iniciativa. Esa es la idea: promocionar a un tiempo los productos de la comarcas del Jiloca y Campo de Daroca y su valioso patrimonio natural.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

DOS SEGUNDOS DE AZUL BRILLANTE

El pasado domingo, sobre las tres de la tarde, salí a dar un paseo a orillas del río Jiloca con las perras. Era un día perezoso, de esos grises y lluviosos que son la escusa perfecta para no levantarse del sofá y no dejar de mirar por la ventana.

La agitación y nerviosismo de las perras, esa alegría desbordarte que sienten cuando saben que vas abrir la puerta y van a salir al campo, es una energía “que pone las pilas a cualquiera” incluso en días como este. Con el paraguas en la mano y una sensación extraña al salir de casa a finales de noviembre y no sentir nada de frío me dirijo a los lavaderos de lanas. Antes de que me de tiempo a pasar el primer sauco del camino, a dar un vistazo al río o a vigilar a las perras, ….inesperadamente y ¡tan fugaz como mágico¡ pasa algo volando por la orilla, un martín pescador (Alcedo atthis).

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Martín pescador en la laguna del Cañizar

Calculo que el tiempo que pude verlo no llegó a los dos segundos. Su increíble velocidad en vuelo no pudo camuflar ese color azul metálico reflectante que dejaría hipnotizado incluso a cualquiera que no le gustasen las aves.

Tan sólo dos segundos, dos segundos que se han alargado a minutos, horas y días de euforia. Hoy analizo la situación, sin duda me resulta graciosa y supongo comparable a cualquier momento de alegría y subidón de adrenalina que se pueda tener por cualquiera que sean vuestros ídolos o hobbys. Miles de ejemplos: ver una estrella fugaz tan sólo unos segundos y tratar de que tu amigo gire rápidamente la cabeza para poder compartir ese momento. Ir a ver un concierto de un grupo que llevas escuchando toda tu vida o ver el triunfo de tu equipo….supongo son sensaciones que sólo si las sientes puedes describir.

No se si son casualidades del momento pero hace poco le dije a un amigo que esperaba que pronto le hiciese una foto a un martín pescador para que me la regalase. Es uno de mis pájaros favoritos, no se si sólo por su belleza o porque lo veo poco y cuando lo veo me produce una tonta alegría en el cuerpo que me hace sentir bien.

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Martín pescador en su posadero en un manantial de El Poyo. Foto: Rodrigo Pérez

En esos dos segundos de vuelo, al mismo tiempo que mi cabeza asimilaba un martín pescador, lo trataba de perseguir con la mirada, sentía algo en la tripa, inspiraba aire, sonreía y abría los ojos más de la cuenta, fue un auténtico momento de creer estar descubriendo el mundo y en el que sabes que tu cara ha sido todo un poema de expresión aunque no la hayas visto. Desaparecido el pajarillo, tuve una reacción extraña, en vez de ir a tratar de volverlo a ver, los nervios o la sensación de querer compartir ese momento hizo que instantáneamente llamase a mi padre para contarle semejante avistamiento y mandase un mensaje a un buen amigo. Durante esa tarde seguía emocionada y a los días cuando vi a mi amigo Chabi, sin decirle hola, ¿qué tal?, le dije lo que había visto.

Ahora, sólo espero que Chabi se equivocase en eso que me dijo de que probablemente el martín pescador sólo estuviese de invernando y podamos verlo recorriendo el río Jiloca durante todo el año.

¡Para reflexionar:¡¡

Mi padre hombre aficionado y curioso donde los haya, me cuenta que todos los inviernos veía martín pescador en el Jiloca y ahora rara vez lo ve.

Esa tarde, tan emocionado como yo, se fue con la cámara en busca de este esquivo pajarillo. No hubo suerte.

El martín pescador, especie catalogada como ave de “interés especial” en el Catalogo Nacional de Especies Amenazadas, y “casi amenazado” en el Libro Rojo de Aves de España, no es una especie demasiado exigente a la hora de establecerse pero precisa cierta calidad en las aguas, vegetación palustre, posaderos, pesca abundante y taludes arenosos para su reproducción. Las poblaciones se desplazan en los inviernos a zonas más hacia el sur, concentrándose en los tramos medios de los ríos.

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Con su presa recién pescada. Foto: Rodrigo Pérez

La destrucción del hábitat, disminución de las poblaciones de pequeños peces autóctonos, anfibios e invertebrados que le sirven de alimento, infraestructuras, regulación de ríos, urbanizaciones… son factores que están provocando la disminución de las poblaciones. Curiosamente, parte de nuestro río está canalizado, los pescadores dicen que cada vez hay menos peces, tenemos el concepto cambiado de que lo salvaje y natural como es el carrizo o las zarzas es estar sucio y mal cuidado y lo eliminamos…¿os habéis fijado que hacemos todo al revés?, ¿no creéis que ya son suficientes avisos de la naturaleza para que tomemos medidas y actuemos en consecuencia?

El patrimonio natural del Jiloca nos hace ricos en biodiversidad, demos prioridad a lo que tiene valor y no a lo que tiene precio. Conservar este patrimonio no es cosa de unos pocos, todos los municipios a orillas del Jiloca debemos luchar porque especies como el Martín Pescador vuelvan a invernar en nuestro río.

Por la biodiversidad de nuestro río,

que no tengan que venir a decirnos ¡el Jiloca también es bonito¡

Carmen Alijarde

domingo, 30 de noviembre de 2014

LOS MAROJALES DE LA SIERRA SANTA CRUZ Y UNA CURIOSIDAD FORESTAL

La sierra de Santa Cruz es la que, por el nordeste, separa la cuenca del Gallocanta y el valle del Jiloca, aguas abajo de Daroca. Es el macizo cuarcítico responsable de los suelos arenosos y ligeramente ácidos de los campos de Used, Santed y Gallocanta. En definitiva, es la causa de que predominen las plantas silicícolas propias de otras sierras de la Ibérica, como la dedalera, el cantueso o el marojo.

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De hecho, en los enclaves con suelo profundo y menor exposición el marojo formaría densos bosques. Hoy, tras muchos siglos de historia de talar y quemar … y tras las tres últimas décadas sin hacer leña ni fuegos, comienzan a levantar cabeza estos marojales creciendo desde sus viejos tocones hincados en la roca …

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Estos montes, y todos los de la cuenca del Jiloca, debieron quedar muy trasquilados a finales del siglo XIX y primeros del XX. hacían falta más tierra para labrar. Hacía falta leña en pueblos con las casas llenas. Hacían falta más pasto. Y el monte no daba más de sí.

Montes pelados, laderas encosteradas, lluvias torrenciales. Crecidas en el Jiloca y el Pancrudo.

Noguera soterrada por arrastres. Villanueva de Jiloca

Noguera soterrada por los arrastres del Jiloca

Los ingenieros de montes, que comenzaban a adquirir influencia en la gestión de los montes, comprendieron que había que hacer algo en esta cuenca. Y empezaron plantando el pinar de Daroca. Y siguieron por las abruptas laderas que descienden desde la sierra Santa Cruz hasta el Jiloca. Probando y ensayando. Era el año 1914. Hace justo un siglo.

En los piedemontes, cerca del pueblo, la reserva de leña. El carrascal bien a mano.

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Y plantaron pino rodeno. Y laricio de Austria. Y carrasco. Y también pino royo.

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Tantos pinos que las parideras ya no hacían falta. Los pastos habían desaparecido.

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Incluso los huecos entre el carrascal …

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Miles y miles de pinos. En todos los rincones de la vertientes del puerto de Used.

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¡Cómo quedarían de reventados los pobres bueyes que abrían los surcos!

Solo quedaron sin plantar los peñascos de la cima y los canchales del fondo de vaguada, donde se han formado preciosos marojos tan redondicos …

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Y por probar, probaron a plantar pinsapo. El abeto propio de las montañas del confín de la cordillera Bética y del Rif marroquí. Un abeto exigente en humedad, que solo crece en la sierra con mayor precipitación de la península Ibérica. Por aquel entonces, no se le concedía tanta atención al pinsapo. Era otra posibilidad más para repoblar.

Y prosperó en El Orcajo.

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Formando un bosquete de entre 10 y 15 hectáreas. Con aspecto naturalizado. Con altivos ejemplares …

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cuyas semillas germinan con facilidad …

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No es un relicto botánico. Es una exitosa plantación. Una curiosidad. 

Es una ladera umbrosa orientada hacia el nordeste. Eso es condición necesaria pero no suficiente. Las repisas rocosas están colmadas de musgos …

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de musgos muy, muy largos …

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que fueron volteados por la jeta del jabalí en su búsqueda de hongos …

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Es muy probable que las pizarras que afloran favorezcan la retención del agua e incluso su surgencia. Esto puede explicar la prosperidad del pinsapo, tan higrófilo, en un clima tan seco como el de esta sierra.

Un hecho nos llamó la atención. Los únicos rebollones que vimos en nuestro paseo por esos montes crecían en la misma ladera que los pinsapos.

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Recorriendo la ladera pudimos ver el plegamiento sufrido por las pizarras …

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Y unas areniscas con anillos de Liesegang … como en el rodeno de Albarracín.

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Y una muestra de cómo debería ser la vegetación de estas laderas si no se hubiera plantado de pinos …

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Y restos sin recoger de la penúltima carrera ciclista …

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José Antonio buscaba invertebrados para fotografiar y remitir a Biodiversidad Virtual. Nada. Era una mañana fría y estábamos en la umbría. Todo cambió cuando traspusimos la ladera. Hacia la solana descendían las estepas y los biércoles, en plena floración …

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y los saltamontes ….

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para alegría del naturalista bañonensis

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… que no los dejó tranquilos en todo el rato.

En suma. Interesante el pinsapar, pero no menos los marojos, los gayubares, los estepares y los prados.

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Aunque no los haya plantado nadie.