Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

viernes, 22 de mayo de 2015

CENSO DE AVES ACUÁTICAS EN LA LAGUNA DEL CAÑIZAR

Con la primavera y el buen tiempo la mayoría de aves ya se han asentando en sus territorios de cría, como anteriores años en estas fechas toca evaluar como les está yendo a las que han elegido la Laguna del Cañizar. 

Por ello, vamos a realizar el Censo Coordinado de Aves Reproductoras de la Laguna del Cañizar 2015.

Quedaremos:

- Sábado, 23 de mayo.

- Hora: 8h

- Lugar: Bar Roma (Villarquemado)

- Materiales: Prismáticos, catalejo, guía de identificación y cuaderno de campo.

Serán necesarias como mínimo 7 personas, iremos por parejas para facilitar la tarea de recogida de datos. La metodología será similar a la de otras veces. 

Estáis todos invitados a colaborar en este estudio plurianual, que tanto necesita la laguna en estos momentos difíciles.

¡Animaos!

SEO-Teruel

martes, 19 de mayo de 2015

DOS ESPERAS EN LA MONTAÑA PALENTINA

Seis de la madrugada. Noche cerrada y cielo cubierto. Lleva lloviendo suavemente desde hace horas. Nos subimos al Defender  y, mientras recorremos pueblos y montes, Tino (Dos Aves) nos sitúa en la fenología de las dos especies más emblemáticas de la cordillera Cantábrica: el lobo y el oso pardo.
El oso pardo puede estar por cualquier parte. No es territorial y vaga por los montes. En estos días está comiendo herbáceas (lúzulas, cárices y gramíneas) en los prados de la media montaña, entre los 1.000 y los 1.500 metros de altitud. Precisamente a la altitud a la que nos encontramos ahora. Aprovecha estas hierbas antes de que se endurezcan. Después, siguiendo el ritmo de desarrollo de los prados, tendrá que ascender a zonas más altas. Paciendo, como si fuera una vaca. De hecho, no es raro observarlo alguna vez pastando junto a un rebaño de vacas entre las que pasa desapercibido con su pelaje pardo. Las (escasas) osas que parieron hace dos inviernos están a punto de dejar ya a sus jóvenes para que se independicen y entrarán en celo dentro de unas semanas. Las que lo hicieron el invierno pasado (igualmente escasas) van en compañía de sus oseznos. Las recién paridas están en sus oseras en las altas montañas. Los machos pueden estar por cualquier parte. Pero hay pocos, muy pocos. Los datos oficiales hablan de unos 30 ejemplares y cada año es noticia el número de hembras con cría. Un silencio espeso oculta el número de bajas. Es posible que la población no supere los veinte ejemplares. Una población que está en una situación muy difícil. Y que cada otoño e invierno queda a merced de la suerte en cada una de las docenas de batidas de jabalí que se realizan, en las que realas de perros baten los montes y en las que no siempre se sabe lo que ocurre en la soledad del monte.
Foto: Fundación Oso Pardo
El lobo ibérico es otro tema. En esta época del año comienza su celo en estas montañas. El otoño y el invierno son momentos difíciles. Este cánido sufre una intensa persecución. La Junta establece un cupo de lobos a matar por los celadores. En el sector central de la Montaña Palentina este año han sido doce ejemplares. Esta es la cifra oficial. La real nadie la sabe. Los grupos familiares, en general compuestos por pocos ejemplares, comienzan la temporada de cría muchas veces deshechos por la pérdida de alguno de los dos ejemplares reproductores o por la de individuos no reproductores, imprescindibles para mantener el funcionamiento de la manada. La desestructuración es permanente. La presión social es grande entre los ganaderos y, sobre todo, entre los cazadores. El método es conocido: abandonar una carroña de cérvido en un espacio abierto y esperar con el rifle apostado hasta que se acerque el lobo. Da igual que los lobos no causen daños al ganado. Da igual que exista una superpoblación de ciervos y que padezcan enfermedades. Da igual. El lobo dispone de mucho alimento en estos montes pero no tiene tregua. Es la paradoja. El lobo es impopular y los políticos gestionan el tema para mantener los votos.
Foto: Diario de Palencia (Hermanos Ruiz Díez)
Empresa difícil la de observar a estos magníficos animales, es el pensamiento que me viene a la cabeza mientras vamos viajando. 
Carreteras estrechas. Avanzamos despacio, a tiempo de evitar el atropello de sapos y erizos que dan sus últimos merodeos antes de que amanezca. Llegamos a un pequeño pueblo. Ni un alma. Seguimos por una mala pista que remonta poco a poco hasta ponernos en un collado. Estamos en la zona de reserva del parque natural de Fuentes Carrionas de acceso restringido.
Ya estamos en el destino. A partir de ahora, ni una palabra.
Nos alejamos del coche para asomarnos a un valle que se intuye entre la penumbra del alba.
El suelo está mojado. Cada cual se instala donde puede y se pertrecha de ropa y óptica para permanecer en silencio durante varias horas. Tres catalejos y otros tantos prismáticos para las cuatro personas. Y los paraguas o las capas, que comienza a llover.
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Ocho ojos para batir los prados, matorrales y los claros del bosque de varios cientos de hectáreas. Buscar en el bosque no merece la pena.
La mañana va entrando despacio. El cielo está cubierto y jirones de nubes ascienden desde el valle hacia los montes.
El silencio y la espera es excitante.
Estoy en el extremo oeste del grupo. A mi izquierda, y en un primer plano, la parte alta de un monte parcialmente cubierto de brezos. A media distancia se extiende un amplio valle con prados y pequeños robledales que se extienden hacia el pueblecico que casi se intuye. La mole caliza cierra por el norte ofreciendo una superficie susceptible para la prospección. Al fondo, dos lejanas montañas y una pista que se interna entre ambas.
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Este es el hábitat del oso pardo y del lobo ibérico. El hábitat de estos dos grandes carnívoros. Un paisaje humanizado, cultural.
Rebaños de vacas pacen tranquilas en el prado. Suena lentamente algún esquilo que rompe la quietud del amanecer.
Algunas nubes ascienden por el fondo del valle.
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No hay otra opción que dirigir la atención a aquellos montes aún descubiertos. A nuestros pies, en lo alto de un cabezo, una mancha de paja nos llama la atención. Son los restos de una paca depositada por la Junta mediante helicóptero durante este invierno con el fin de aportar alimento para los ciervos tras la copiosa nevada. La presión de los grupos animalistas motivó este tipo de iniciativas orientadas a tranquilizar a dichos sectores sociales. Da igual que exista una superpoblación de ciervos. Da igual que la copiosa nevada sea un proceso natural. Da igual que después haya que realizar caza selectiva. Da igual el presupuesto. El tema es acallar a este creciente sector social. Hay que salvar a Bambi.
Un rebaño de ciervas cruza esta mancha. Pacen el fresco pasto que crece entre las rocas y ramonean el brote del brezo. Están preñadas y tienen que comer para dos. Tienen que engordar para producir abundante leche para su cervatillo. Nos ven a distancia, indiferentes.
La llovizna cesa algún rato. Pero no se escampa la neblina que tapiza el paisaje.
Pacientes, seguimos prospectando cada rincón del monte.
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Avanza la mañana. La escasa luz permite prolongar la espera.
Tino advierte un grupo de jabalíes que se mueve por una ladera poblada de robles y brezos. Yo no los llego a ver.
Enfrente hay un extenso monte con peñascos y prados en los que pastan otras vacas. Esta lejos y la visibilidad es difícil, pero hay que intentarlo.
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Al norte, a lo lejos, hay una docena de kilómetros de montañas sin pueblo alguno hasta La Liébana, comarca cántabra con un poblamiento más disperso, con una mayor impronta humana en el paisaje. Esta soledad ofrece una tranquilidad relativa, al menos para el oso.
Para el lobo no hay paz. El mismo día que llegamos a la Montaña Palentina tenía lugar una batida de lobo en la parte cántabra del Parque Nacional de Picos de Europa en la que participaron 30 personas (una de ellas un agente del SEPRONA imputado por un hecho relacionado con caza ilegal de lobo en 2013) y en plena temporada de reproducción en la que fueron cazados dos ejemplares. Fue noticia en la prensa de Cantabria.
Hacia el este José Antonio cubría como podía un sector más boscoso e igualmente cubierto de nubes bajas … aunque con interesantes collados en los que, en cualquier momento, puede pasar de todo.
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Como la nubosidad baja iba a más decidimos levantar la posición y dedicar el resto de la mañana a conocer nuevos rincones de la montaña. Antes de subir al coche ya pudimos darnos cuenta de la abundancia de ciervos.
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Había excrementos por doquier a pesar de las bajas producidas en la población por las prolongadas nevadas.
Muy cerca encontramos los restos de una cierva. Tino dedujo que había sido cazada por el lobo y que aún volvería a comerse la piel, donde queda siempre algo de grasa.
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Sobre una escoba de la cuneta un lobo había dejado recientemente un excremento. Bien visible. Marcando territorio.
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Al volver la vista, entre los jirones de la niebla, la monumental montaña ofrecía una imagen legendaria que inevitablemente te traía a la mente a estas dos espléndidas especies.
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Aún volvimos al atardecer por estos valles a probar suerte.Y no la hubo pues estuvo lloviendo casi todo el rato en que estuvimos de espera. Eso sí, hacia el oeste pudimos oír claramente un disparo.
A la mañana siguiente repetimos la experiencia. Ahora bien, en otro paraje. En otro valle aunque a una misma cota en la que hace tan solo tres semanas estaba la nieve.
De nuevo llegamos al alba y nos posicionamos en un lugar bien elevado y con perspectiva sobre una serie de valles.
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Era una repisa con brezo, escoba y sabina rastrera que estaba colgada sobre una inclinada ladera.
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Era una mañana de frío viento y … de fina lluvia. Por el cercano collado entraban nubes desde el norte que, de nuevo, nos cerraban la visibilidad. Hacía frío.
De frente, una serie de cordales calizos ofrecían zonas de pastos salpicados de escobas y sabinas que descendían hacia los hayedos. Al fondo aún quedaban pequeños rodales de nieve.
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A mi derecha, tenía una ladera de prados y peñascos que me ofrecía, cuando la niebla se esfumaba, una buena perspectiva. Y que nos proporcionó muy buenos ratos. Una piara de siete jabalíes, todos de similar tamaño, se instalaron a hozar en el prado de la ladera.
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Tranquilos, ajenos a nuestra presencia, estuvieron levantando con sus hocicos los prados. Algo habitual en la especie, sí. Pero pudimos disfrutarlo durante una larga hora. Al igual que sus trotes y correrías. Tenían el pelaje muy oscuro y una densa crin negra sobre el dorso.
Posiblemente se trataba de los hermanos nacidos de la segunda camada del año anterior, abandonados por sus padres que, por estas fechas, entran en los amoríos de su primera cría.
Hacia el saliente, José Antonio y Tino cubrían los montes que se levantaban sobre el fondo del valle …
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Prácticamente no nos comunicábamos. Orientando el catalejos hacia un prado abierto en el bosque …
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… me pareció un lobo. Subía tranquilo. No podía ser. Efectivamente, no lo era. Era un perro pastor alemán, un alsaciano, que venía seguido por dos personas.
Grupos de ciervas pacían tranquilas entre las repisas calcáreas. Aún pudimos ver un macho, algo raro, pues por estas fechas han perdido la cuerna y se refugian en el bosque para sobrellevar este periodo de forma tranquila.
De vez en cuando, algún pequeño grupo de vencejos comunes atravesaba las nubes sobre el collado. El cuco, como un poseso, no paraba de cantar marcando su territorio de cría. Un par de chovas piquigualdas trazaban sus volantines nupciales con trayectorias de un paralelismo perfecto. Sobre nuestras cabezas, un acentor común reclamaba sobre la ramilla de una escoba.
Apostado sobre el catalejos, bajo la lluvia serena, te das cuenta que es el mundo el que se mueve. Que el monte sigue su ritmo y que, esta vez eres tú el que observas, eres tú el que percibes los cambios. Algo poco habitual.
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Y en frente, cientos de hectáreas en las que, sigiloso puede moverse el lobo. Y vuelves a batir con la mirada puesta en el catalejo. Vuelves a escrutar en cada rincón de cada monte por si aparece alguno de estos escasos carnívoros.
El silencio de estas esperas, la grandiosidad de la montaña y el poder compartir con amigos estas vivencias tiene un gran valor.
En una sociedad en la que la observación de la fauna se trivializa como un objeto de consumo más y en la que no se duda en recurrir a atajos (cebaderos) que alteran el comportamiento de los carnívoros y la naturalidad de los procesos, una experiencia como la vivida con Tino García te llena de una íntima alegría y satisfacción. Te hace comprender mejor cómo funciona la vida silvestre en el monte más allá de los documentales-trampa a los que nos hemos familiarizado.
Merece la pena aunque al volver no puedas decir aquello de “he visto oso”.

lunes, 18 de mayo de 2015

BROTAN LAS CEPAS EN EL PUERTO DE VILLAFELICHE

El Campo de Romanos está sometido a la erosión remontante desde una serie de barrancos y ramblas que inciden desde el valle del Jiloca, desde Cuencabuena hasta más allá de Langa. La disposición horizontal de los estratos y la alternancia entre calizas y margas permite la formación de un relieve con abundancia de muelas. En cada una de ellas, los materiales más competentes (calizas) protegen a los más blandos (margas) hasta que la erosión de estos últimos provocan el desprendimiento de los que los cubren.

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Este es el paisaje de Anento, un pueblo que día a día se hace más conocido. Pero también es el paisaje de Retascón, del pueblo de mis abuelos, el lugar donde pasé muchos veranos de mi infancia.

Retascón desde la carretera que sube al Campo Romanos. Foto: Aragón Televisión

Estas margas no son tierras muy feraces en comparación con las arcillas rojas de decalcificación (limolitas rojas 2) que se extienden entre Retascón y Mainar. Son pedregosas y afloran en laderas inclinadas de menor aptitud agrícola. En las inmediaciones del valle, en el contacto con los conglomerados silíceos que se extienden entre Villafeliche y Anento, algunos campos aún mantienen el cultivo de viejas viñas, generalmente de garnachas.

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Al cruzar el puerto de Villafeliche podían vérseles brotar tímidamente a las cepas. Recién podadas, con el aspecto de trasmocho enano, cada cepa se despereza produciendo pequeños brotes que pintaban de verde el tono crema de la tierra y el pardo de la despellejada cepa.

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En los ribazos se acumulan los sarmientos. Se secarán al resol de agosto y servirán para alimentar las brasas de alguna comida familiar o de alguna cuadrilla de amigos. Ay ese aroma que deja el sarmiento en la carne de cordero …

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Mientras tanto, frenará la erosión en la cabecera del barranco y, tal vez, ofrezca refugio a alguna culebra o ardacho.

Este paisaje en mosaico con cereal, viñas, almendros, pinares, lastonares y barranqueras arcillosas forman parte de la identidad del Bajo Jiloca. Un paisaje de colores intensos y cambiantes en el tiempo. Estos días dominan los verdes y pardos.

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A disfrutarlos.

viernes, 15 de mayo de 2015

RÉCORD DE CALOR EN MAYO EN LA ESTACIÓN METEOROLÓGICA DE CALAMOCHA

Calamocha, ocho de la mañana de un 13 de mayo de 2015. Despertamos a 12,8ºC de temperatura mínima. Como días atrás, el día apunta a ser muy caluroso.

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Los ruiseñores no han parado de cantar en toda la noche, quizá el asfixiante calor de estos días hace que prefieran la nocturnidad.

Conforme pasa el día la temperatura sube y sube. Se levanta un viento desagradable, es demasiado caliente, ¿a cuántos grados estamos?, estamos en mayo, ¿cómo hace este calor?. Son las cuatro de la tarde, el termómetro marca la máxima del día 35,6ºC.

A eso de las ocho de la tarde, mi padre me dice: ¡hemos batido record¡, enseguida contesto: no me extraña ha hecho mucho calor, seguro es el día más caluroso del 2015.

Efectivamente por el momento es el día más caluros de todo el mes de mayo y todo el 2015, pero el record era otro. Desde 1993, el año que se comienzan a tomar datos en la estación meteorológica del Puento Romano, hoy ha sido el día más caluroso registrado en todos los meses de mayo.

Ahora sólo queda esperar a que este calor y la sequía que conlleva en nuestros campos y ríos se compensen con las lluvias primaverales.

Carmen Alijarde

martes, 12 de mayo de 2015

LA TEJEDA DE TOSANDE: EL DILEMA ENTRE DIVULGAR O NO DIVULGAR

La Montaña Palentina es una amplia comarca que incluye la parte de la vertiente sur de la cordillera Cantábrica situada dentro de la provincia de Palencia. Este amplio territorio queda enmarcado por un cordel de cumbres con altitudes comprendidas entre los 2.000 y los 2.500 m. y las llanuras que se extienden por el sur hacia la Depresión del Duero (Meseta Castellana). Estas cimas recogen las copiosas precipitaciones que originan los frentes que entran desde el próximo mar Cantábrico, situado a tan solo 40 km., que llegan a alcanzar los 2.000 L/m2. Las lluvias y el deshielo organizan una red fluvial que se recoge hacia la cuenca del Duero, a través del río Carrión (oeste) y el Pisuerga (este).
Mapa general
En su mayor parte y durante siglos la Montaña Palentina basó su economía en la ganadería extensiva aunque en el sector meridional la agricultura de secano tuvo su importancia. A finales del siglo XIX la expansión de la minería de carbón (hullas y antracitas paleozoicas) rompió completamente el modelo económico y social tradicional, evolucionando desde una fase expansiva hasta el declive asociado al cierre de las minas al cesar la subvención estatal por las directrices de la Unión Europea. Mientras tanto una red de embalses ocupó los mejores prados y bosques de los fondos de valle inundando, al tiempo, numerosas aldeas.
En la actualidad, mantiene su población en Aguilar de Campoo, por la importancia la industria galletera, pero la está perdiendo en los otros dos grandes núcleos urbanos, Guardo y Cervera de Pisuerga, y sobre todo, en los numerosos pequeños pueblos. En las últimas décadas ha ido adquiriendo auge el turismo basado en el interés ambiental de sus espacios naturales, incluidos mayormente en el Parque Natural de Fuentes Carrionas, y en su rico patrimonio histórico y artístico (arquitectura románica), aunque se encuentra parcialmente eclipsado por la fama de los próximos Picos de Europa.
El pasado puente del primero de mayo decidimos hacer una incursión a estas tierras. Y comenzamos con un paseo que nos acercó a las montañas de sus estribaciones meridionales donde se alberga una de las joyas botánicas: el valle de Tosande.
Encajado entre las moles calizas de Peña Horadada (1.818 m.) y el Pico de las Cruces (1.516 m.) el arroyo de Tosande desciende suavemente desde el noroeste entre prados y bosques en su recorrido hacia el río Pisuerga.
mapa 2
El parque natural de Fuentes Carrionas viene muy determinado por la presencia de dos especies de gran interés social y al mismo tiempo de complicada gestión: el oso pardo y el lobo. Especialmente el primero, que presenta aquí una pequeña y amenazada población. Y de unas abundantes poblaciones de ciervo, corzo y rebeco que tienen un intenso aprovechamiento cinegético. Por eso los gestores de la Junta de Castilla y León han realizado una organización del territorio orientando a los turistas hacia unos pocos lugares muy bien preparados para la visita y así evitar su presencia en lugares sensibles o en los que hay interferencia con la caza, actividad que mueve mucho dinero y alrededor de la que orbita buena parte de la gestión ambiental.
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El valle de Tosande es uno de esos selectos espacios naturales promocionados para su visita por el público general. Y allí nos encaminamos Carmen, José Antonio y yo, tras recomendación de Tino García, nuestro amigo y contacto en la Montaña Palentina, a quien recordarán los participantes en algunas de las últimas ediciones del Curso de Ornitología Práctica de la Universidad de Verano de Teruel por haber participado como profesor.
Comienza la ruta en el estacionamiento situado junto a la carretera CL-626 a la altura de Dehesa de Montejo.
Desde el primer momento ya observamos la doble naturaleza litológica. Materiales carbonatados y silíceos que tenían su expresión en el paisaje vegetal: encinares y robledales.
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La influencia del sustrato es superior a la del clima. Así, las zonas más elevadas, en las que se recogen precipitaciones algo mayores y que deberían albergar a los caducifolios, son el hábitat de la encina, mejor preparada para la sequedad edáfica por la intensa infiltración del agua a través de sus fisuras; en cambio, en la partes bajas, los materiales detríticos silíceos retienen el agua permitiendo el desarrollo de quercíneas caducifolias a pesar de que las precipitaciones pueden ser inferiores.
En los espinos que orlan el bosque y en los pastizales dos aves nos llamaron la atención. Ambas son comunes como nidificantes en la cordillera Cantábrica pero su presencia es escasa en la parte de la Ibérica de la zona del Jiloca. Uno es el escribano cerillo (Emberiza citrinella) …
Escribano cerillo. Fuente: SIOC
y el otro el acentor común (Prunella modularis) …
Acentor común. Fuente SIOC
Echamos de menos al alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio) que todavía no había llegado desde sus cuarteles de invernada africanos a estas frías tierras castellanas.
Cruzamos por un túnel la vía ferroviaria La Robla-Bilbao. Esta línea de vía estrecha, la más larga de Europa occidental, fue construida para transportar el carbón castellano y leonés hacia la industria siderúrgica vizcaína siendo, además, la vía de salida de la emigración de estas tierras montañosas en la década de los ‘60 hacia el País Vasco. En la actualidad languidece tras el cierre de las minas y el declive demográfico, aunque la Junta de Castilla y León financia su uso para pasajeros por el interés social e incluso se intenta potenciar su uso turístico.
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El sendero no tiene pérdida pues está muy bien señalizado como un PR …
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Al descender hasta el fondo del valle ya dimos con un afloramiento de pizarras fracturadas por la gelifracción en afiladas astillas y acumuladas en ladera a modo de un microcanchal.
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Y nos internamos en el robledal. Era una masa de marojo (Quercus pyrenaica) formada por pies jóvenes y coetáneos, tal vez resultante de un antiguo tallar….
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Uno de los aspectos que antes nos llamaron la atención fue la abundancia de líquenes arborícolas sobre los troncos de los jóvenes robles. Entre ellos, la competencia por el espacio era tremenda.
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La primavera llega tarde a estas tierras y los marojos todavía no han producido sus nuevas hojas. Este es el momento oportuno para la floración de un elenco de herbáceas que tapizaba el sotobosque. Plantas como la anémona (Anemone nemorosa) …
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o la violeta ….
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Entre las lutitas y areniscas silíceas del Carbonífero Superior encontramos una pequeña escombrera de carbón y restos de una explotación no hace mucho abandonada, con sus raíles para las vagonetas y con la estación de carga, posiblemente vinculada a la cercana mina de Felipe Villanueva …
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En su entorno, prados y espinares …
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en donde abundaban el petirrojo, la curruca capirotada y el cuco, incansable en estos días en los que afianza su territorio de cría.
En sus ramas aún era más impresionante el desarrollo de los líquenes epífitos ….
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¡Qué humedad debe mantener de continuo el aire en estos montes!
Nos internamos en un estrecho abierto por el arroyo entre las calizas. La superficie del peñasco estaba tapizada igualmente por musgos y por saxífragas (Saxifraga cananiculata) …
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asomando nuestro conocido eléboro (Helleborus phoetidus) en la repisa.
Junto al sendero encontramos los restos de una cierva. Bueno faltaban la cabeza y las patas ….
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José Antonio advirtió que los extremos de las costillas estaban astillados, muy posiblemente por el diente del lobo …
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Algo apartados estaban los huesos de una pata con restos de pellejo …
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y, al menos, dos especies de coleópteros necrófagos en plena actividad reproductora …
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El más grande, en plena reproducción, era Necrophila rufithorax, cuya foto en Biodiversidad Virtual es la primera cita en España.
Nos internamos en el carrascal, algo aclarado para intentar mejorar el porte de los árboles …
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La niebla cerraba la parte alta del valle. A ratos caía una suave lluvia. José Antonio, mientras tanto, recopilaba docenas de imágenes para incorporarlas a Biodiversidad Virtual. ¡Qué ferrete!
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En las zonas de pendiente más suave las calizas carboníferas mostraban indicios de modelado kárstico producido por las abundantes precipitaciones. Era un incipiente lapiaz…
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que en donde aparecían rocallas por las arcillas de descalcificación retenidas entre sus grietas …
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Entre los peñascos encontramos un eléboro que nos resultó nuevo. Con flores escasas y verdes. Se trataba de Helleborus viridis
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una especie propia de los claros y linderos del bosque caducifolio.
Al ascender, frente al carrascal (bien establecido en la solana) comenzó a aparecer el hayedo, prácticamente puro, por la desaparición del marojal, incapaz de tolerar el carácter básico del sustrato carbonatado. Sobre los peñascos desprendidos encontramos a un narciso igualmente nuevo para nosotros: Narcissus triandrus.
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… que formaba unos macizos singulares.
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Al mismo tiempo, los musgos no dejaban un centímetro de roca a la intemperie …
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El bosque se fue abriendo y alcanzamos un amplio prado donde pacían docenas de vacas …
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Los terneros se agrupaban unos con otros. Parecía una guardería.
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Las vacas y tres mastines vigilaban muy de cerca al grupo. Es tierra de lobo y de oso.
Este PR es un sendero muy conocido. Nos fuimos encontrando con grupos familiares, senderistas de edad madura e incluso con corredores de montaña. Sobre el peñasco del mirador unos niños voceaban ruidosamente para provocar el eco rompiendo el silencio del bosque. Al rato, nos alcanzó un grupo de caminantes que había venido en un mismo autobús, al parecer, de Valladolid.
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Es el precio de la fama.
Una baliza dirige el sendero hacia la ladera de la umbría en donde se encuentra la tejeda de Tosande, la joya de la corona.
Primero nos internamos en un joven hayedo, aún sin hojas, que fuimos recorriendo mientras ganábamos altura…
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y en el que florecían algunas plantas propias de estos ambientes nemorales, como la ranunculácea (Anemone ranunculoides) y la lechetrezna (Euphorbia hiberna).
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Y, tras varias lazadas por la ladera del monte Tosande, comenzamos a ver los primeros tejos. Primero, algunos dispersos, aportando su verde oscuro al rojizo de las ramas desnudas de las hayas. Conforme cogíamos altura, eran cada vez más frecuentes …
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… y de mayor diámetro de tronco.
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Troncos rojizos, lustrosos bajo la lluvia y con alineaciones de abultamientos horizontales …
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Esta tejeda es famosa por la gran concentración (743 ejemplares) y por las notables dimensiones de los árboles, pues cuenta con ejemplares de 150 cm. de diámetro.
El paseo, afortunadamente en soledad y silencio, fue muy agradable ofreciendo la oportunidad de observar los detalles de estos árboles centenarios, algunos cercanos al milenio.
Troncos retorcidos …
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con grandes huecos …
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con abundante madera muerta …
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y árboles caídos desarrollando su lenta descomposición por los organismos saproxílicos …
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e incluso árboles fénix ….
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La Junta ha apostado por facilitar el acceso del público a a tejeda. Debió de ser un dilema: divulgar o no divulgar.
En su contra, el acceso de miles de personas cada año. Posiblemente varias decenas de miles. Personas sin control que se mueven libremente en un ecosistema muy sensible. Pisoteo de raíces y brinzales, basuras, ruido …
En su favor, el favorecer el conocimiento, el aprecio por el bosque maduro, el valorar el lento ritmo de la naturaleza y su fragilidad.
Para ello, la Junta ha diseñado un sendero muy bien acondicionado. Carteles informativos y orientativos …
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escaleras y pasillos para evitar la compactación del suelo por el pisoteo …
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No encontramos basura alguna. Tal vez la idea de que el tejo es un árbol asociado a la religiosidad de las culturas precristianas haya podido inculcar entre los excursionistas la idea de que esta tejeda tiene algo de santuario.
El pujante y joven hayedo vecino parece amenazar a los tejos centenarios. Otro dilema para el gestor. Vimos algunas hayas anilladas, suponemos que para favorecer la iluminación de los tejos en esta ladera en umbría y con las hayas en expansión.
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Debatíamos con Tino sobre el modelo de manejo de este bosque. Sobre si podía haberse reservado a las visitas con guías de naturaleza para evitar la masificación favoreciendo a un tiempo a las pequeñas empresas locales. O si la situación actual, que permite un fácil y libre acceso, permite que más personas conozcan este tesoro natural y se consiga la concienciación por la vivencia directa.
Cada vez me acerco más al punto de vista de los gestores anglosajones que, asumiendo el riesgo del impacto ambiental, favorecen el que las personas disfruten en el medio natural para, en definitiva, ganar adeptos a la conservación.
Como en todo, hay que analizar caso a caso.
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En Tosande, pienso que se ha acertado.