Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

lunes, 26 de septiembre de 2016

FUENTES CALIENTES 1938

Algún día de enero o febrero de 1938. La Guerra Civil Española se juega su destino entre el Campo Visiedo y el Jiloca. La XV Brigada Internacional prepara en Fuentes Calientes un gran convoy de camiones. Soldados norteamericanos del batallón (Lincoln-Washington), británicos y canadienses (MacKenzie-Papinou) están en la retaguardia de la Batalla de Teruel, recuperándose de la durísima Batalla de Belchite. Desarrollan misiones de apoyo, como ésta, en la que probablemente transportan armas, víveres o ropas al frente. O soldados. Teruel es, esos días, el centro de interés internacional en un mundo convulso.


El convoy parece estar estacionado cerca del pueblo. En el camino de La Vega. Y la foto tomada desde las eras. Ahí están, tras los camiones, los chopos cabeceros. Los árboles que daban las vigas para la construcción de casas o parideras. Formaban -y aún lo hacen- junto con la huerta, un pequeño oasis forestal entre el mar de secanos y parameras de la cuenca del río Alfambra. Estos chopos agrietados son como las palmeras de los oasis saharianos. 

La foto es un testimonio del severo rigor de aquel invierno. Y de un conflicto que marcó al mundo. Pero también lo es de un paisaje histórico que ha llegado hasta nuestros días. 

Fue tomada por Harry Randall, fotógrafo oficial de la XV Brigada Internacional (Tamiment Library, University of New York) y recuperada felizmente por Vicente Aupí durante su investigación para la elaboración de su último libro "El General Invierno y la Batalla de Teruel" en la que ilustra la contraportada. Gracias, Vicente.

jueves, 22 de septiembre de 2016

EN EL TALUD DEL ALJEZAR

Descenso del río Cosa. Animada excursión entre amigos disfrutando de los valores naturales y culturales de este rincón del valle del Pancrudo. La mañana ya va avanzada y el sol está alto. Hemos almorzado a la sombra de los viejos chopos del Mas de El Villarejo. Y, mover tras comer, cuesta más. Aunque sea caminar cuesta abajo. Aunque ya se vea el destino del paseo: el río Pancrudo.

Estamos en la Solana del río Cosa. Término de Barrachina. Afloran unas margas blancas con yesos que se deshacen con la mirada. Blanquísimas. Es el dominio de la flora gipsícola, de las plantas amantes de los yesos, del aljezar. Una flora muy especial. Tanto que su presencia determina que estos parajes estén incluidos en la Red Natura 2000 al estar calificados como Lugar de Interés Comunitario "Yesos de Barrachina y Cutanda".

Plantas como Agropyron cristatum con su espiga aplicada y airosa...


La elevada concentración de sulfato de calcio limita el desarrollo de muchas plantas. Y, por otro lado, las notables pendientes de estos montes dificultan el cultivo. Son terrenos de aptitud ganadera. Con una moderada carga para no exacerbar la erosión, lo que no ocurrió y se pone de manifiesto por la presencia de cárcavas y barranqueras. 

Son plantas de aspecto discreto. Presentan diversas soluciones para poder crecer en un medio tan difícil. Colonizar un sustrato tan inestable como son las arcillas con yesos y sobre superficies de acusada pendiente no es algo sencillo. Aquí entran en escena unas profundas raíces. Y lo pudimos comprobar.

Plantas como la hierba de sapo (Herniaria fruticosa) resistían asidas por una única raíz sobre el mismo talud ...


o, en compañía con Agropyron cristatum, conseguían trabar el terreno llegando a formar un pináculo...


El arnacho (Ononis tridentata) también mantenía idéntica pugna con la erosión pudiendo encontrarse diferentes etapas de su desmoronamiento por la pérdida de sustrato. Creciendo sobre el escarpe ...


o quedando acantonado ...


Algunas plantas no es que estén en el borde del abismo. Es que prácticamente están despeñándose. Se agarran al sustrato de manera tenaz. En condiciones imposibles sobreviven, como este lino de flor blanca (Linum sufruticosum) ....


que es propio del matorral mediterráneo y de sustratos calizos y que presentaba su raíz medio descubierta. O la mata es muy antigua o la erosión es muy activa. Tal vez las dos ideas sean ciertas.

lunes, 19 de septiembre de 2016

VISCRI. UNA PÁGINA DE LA HISTORIA DE EUROPA

Transilvania es un territorio con una rica y compleja historia en la que rumanos (valacos y moldavos), húngaros, székelys, alemanes, gitanos y judíos han convivido juntos, pero no demasiado revueltos, desde hace ocho siglos. Muy vinculada al reino de Hungría y, posteriormente al imperio austro-húngaro. Transilvania fue integrada en Rumanía en 1919, tras la Primera Guerra Mundial. 


Mapa de los grupos lingüísticos en el Imperio Austrohúngaro en 1910. Fuente: Wikipedia

En Transilvania los principales puntos de interés turístico son la cordillera de los Cárpatos (o Alpes Transilvanos) y las siete ciudades sajonas, alguno de cuyos conjuntos urbanos ha sido declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por su valor histórico y artístico.

Habíamos dejado esa mañana una de ellas, Sighisoara (Schäßburg en alemán)y viajábamos hacia el sur para conocer Brasov (Kronstadt), la más importante y más conocida. Habíamos leído que, además de estos siete burgos, doscientas cincuenta aldeas sajonas se repartían por el sur de Transilvania teniendo muchas de ellas iglesias fortificadas para la defensa ante las invasiones de los tártaros y los mongoles. Siete de estos pueblos tenían unos conjuntos históricos tan interesantes que igualmente habían sido declaradas Patrimonio de la Humanidad bajo la denominación "Aldeas con iglesias fortificadas de Transilvania". Nos acercaríamos a visitar uno de ellos: Viscri.


Nos desviamos de la ruta Sighisoara-Brasov tomando una estrecha carretera de un firme muy irregular. Casi parecía un camino asfaltado y poco cuidado. El paisaje estaba compuesto por un conjunto de prados, tierras de labor y bosquetes caducifolios. Recordaba al de los valles de Gúdar (Aragón) o de las Tierras Altas de Soria (Castilla).


Era el centro del día. Un rebaño de ovejas descansaba bajo la sombra de unos árboles ...


Tras unos kilómetros sorteando baches y coches (había tráfico) alcanzamos nuestro destino. 

El origen de las ciudades y aldeas sajonas en Transilvania se remonta a los siglos XII y XIII. Los reyes de Hungría favorecieron el poblamiento de esta región, primero con gentes venidas del corazón del Sacro Imperio Romano occidental (Luxemburgo) y después con caballeros teutónicos. El propósito inicial era el de colaborar, junto a los székely, en la defensa de la frontera oriental del Reino de Hungría de los ataques de los tártaros y mongoles que, por entonces, asolaban la Europa oriental y central. Estos colonos alemanes contaban con condiciones ventajosas para su instalación y conservaron sus costumbres (lengua, derecho, organización religiosa) debiendo obediencia a los monarcas magiares.

Los alemanes transilvanos formaron una minoría étnica que gozaba de una situación privilegiada. En 1438 crearon junto a los székelys y a los húngaros la Unión de las Tres Naciones que concedía privilegios políticos a estos tres pueblos frente a los rumanos que constituían la mayor parte del campesinado de Transilvania.

Conocidos como sajones por los monarcas húngaros, los alemanes prosperaron en el comercio, el artesanado, la minería y la agricultura favoreciendo el desarrollo de Transilvania. Tras la Reforma Protestante, los sajones acogieron las ideas de Lutero pero convivieron con otras doctrinas cristianas (unitarios, ortodoxos y católicos) debido a la tolerancia religiosa que se produjo en esta región entre los siglos XVI y XVIII, periodo en el que el Principado de Transilvania estaba bajo la influencia del imperio otomano.

Tras la Revolución de 1849, en pleno auge de los nacionalismos europeos y tras la creación de Rumanía (1866) por la unión de Moldavia y Valaquia, los sajones apoyaron a la mayoría rumana en su reivindicación de derechos políticos frente a la minoría húngara cuya nobleza detentaba el poder desde hacía setecientos años. Sin embargo Transilvania continuó vinculada a Hungría a través del imperio austro-húngaro. En la Primera Guerra Mundial, los ciudadanos transilvanos (y los sajones, por consiguiente) lucharon junto a las tropas del eje alemán-austriaco-otomano. Esta guerra tuvo efectos terribles entre la población. Solo en Viscri fallecieron 31 habitantes.


Y también trajo grandes cambios geopolíticos, pues Transilvania se incorporó a Rumanía. Ahora era la mayoría rumana la que ostentaba el gobierno. Las minorías húngara y alemana empezaron a acusarlo. 

Si dramática fue la primera aún resultó peor la segunda gran guerra. En 1941, en Rumanía era muy influyente la Guardia de Hierro, movimiento fascista y nacionalista que promovió la alianza con Hitler cuando sus tropas entraron en Checoeslovaquia, Hungría y Polonia. Rumanía se sumó a la invasión de la Unión Soviética (Operación Barbarroja). Miles de judíos murieron en los campos de exterminio a manos del estado rumano. Los sajones se encuadraron en divisiones propias del ejército alemán, como ocurrió con los ciudadanos de origen alemán de otros países del este de Europa. Las bajas durante la Segunda Guerra Mundial fueron terribles. Solo en Viscri hubo 42 fallecidos, 38 varones y 4 mujeres.


Unos cien mil sajones huyeron de Rumanía ante la llegada de las tropas soviéticas. Tras la guerra, el gobierno comunista no promovió su expulsión, como ocurrió en otros países del este europeo. La Unión Soviética presionó para que ochenta mil alemanes transilvanos fueran acusados de colaborar con los nazis y condenados a cinco años de trabajos forzados en Ucrania o Siberia. Miles de ellos murieron. Los que volvieron encontraron que el gobierno comunista les había expropiado sus tierras y propiedades. Todos ellos se vieron perseguidos y perdieron sus derechos políticos como minoría étnica. Estas tristes vivencias fueron recogidas en sus novelas por la escritora Herta Müller, Premio Nobel de Literatura.

Su consideración como alemanes étnicos por el gobierno de la Alemania Occidental les permitió acceder a la ciudadanía alemana por lo que muchos decidieron marchar. En la etapa comunista la salida de los ciudadanos rumanos no era libre. Durante el régimen de Ceacescu para poder marcharse se tenía que pagar una fuerte suma (8.000 marcos si la persona carecía de formación superior, 12.000 si la tenía) al gobierno rumano. En la década de los '80 lo hicieron cerca de 70.000 personas.

Pero hablar de cifras cuando tratamos de personas es tan frío como impersonal. Sobrecoge la lectura con los testimonios de la Sra. Fernolend, vecina de Viscri, en aquellos años tristes y oscuros de posguerra. 

Pero volvamos a lo que íbamos. Viscri tiene un urbanismo organizado en torno a un amplia calle que hace de eje.


Las casas tenían un aspecto muy similar. Tres alturas (incluyendo la falsa). La planta rectangular, con el eje mayor perpendicular a la calle. Tejado a cuatro vertientes. El frontal, como el corte de pelo de las nekanes, comentaba Carmen. Dos ventanucos bajo el tejado que vierte a la calle y, en ocasiones, un escudo o una fecha conmemorativa de la construcción de la casa. La mayor parte, del primer tercio del siglo XIX.


Viviendas, establos, graneros, pajares y corralizas formaban cada una de las propiedades. 


Algunas habían sido restauradas o lo estaban siendo. Las más mostraban el paso del tiempo y, especialmente, de la falta de mantenimiento durante las últimas décadas.

Era el centro del día y hacía mucho calor. Dimos con una tienda que ofrecía bebidas. Nos tomamos dos "Ursus" bien frías (500 ml a 1€ al cambio) sentados bajo una sombrilla mientras compatíamos mesa con un par de chavalicos gitanos que no levantaban la mirada de su teléfono móvil. Y pensabas en la historia del pueblo. En la historia de los que se fueron. En la historia de los que llegaron después. De los 450 vecinos actuales, no más de 25 son sajones.

Nos acercamos a conocer la iglesia fortificada, la luterana. Entramos atravesando el cementerio alemán, con las tumbas cubiertas por la hierba, con sus flores silvestres, tan natural y hermoso ...



La iglesia fortificada fue iniciada por los székely en 1100. La llegada en 1185 de los sajones provocó su marcha. El asentamiento aparece por primera vez en los documentos asociado a la denominación latina "Alba Ecclesia", en alemán "Weißkirch", de donde evolucionó a Viscri. Las torres se añadieron en 1525 ....


  y en el XVIII lo hizo el segundo muro defensivo y el pasillo cubierto ...


Las tejas artesanas es una especialidad tradicional de esta localidad ...


se encajaban primorosamente en los travesaños que apoyaban sobre las vigas de roble ...


Trabajo bien hecho pero también deseo de buscar lo bello ...

 

dejando huella en la obra ....


El cubierto servía de almacén de maquinaria agrícola y de otros enseres ...


... que todavía no han caído bajo la mirada de los anticuarios occidentales ...


No tardarán mucho.

Aún estaban las palancas en las que colgar los perniles y las longanizas ...


... en la cubierta del pasadizo cubierto.

Entramos en el interior de la iglesia. Sobre el altar, solemne, el órgano ...


y a sus pies el cuadro de la "Bendición de los niños". En un margen, el púlpito, y en el otro lado, el tablón con los números de los salmos. Posiblemente aún mantenga culto. Ensimismados estábamos en el silencio y en imaginar cómo vivirían estas gentes en el siglo XVIII cuando, de repente, entró un grupo de turistas japonesas que nos devolvió rápidamente al siglo XXI.

Viscri empieza a ser turístico. Aún no llegan los autobuses. Todavía no hay restaurantes. Pero los habrá y pronto. Ganará fama, mejorará la economía, aunque perderá su magia ... y también su abandono.

Ascendimos a la torre, primero a través de una lóbrega escalera de piedra y, después por otra de madera que chirriaba al pisar cada escalón. Nos resultaron admirables las estructuras de la cubierta de la nave ...

y de la torre ...


 Desde el mirador, la vista de la iglesia fortificada era espléndida ...


Así como la del pueblo. Hacia el oeste, se levantaba la iglesia ortodoxa, mucho más discreta. En el siglo XVIII se instalaron un grupo de pastores rumanos creando su propio templo y abriendo su propio cementerio. Dos comunidades conviviendo en una misma aldea. Compleja la historia de Europa.

En primer término iglesia y cementerio sajones. Al fondo, antes del bosque, iglesia ortodoxa de la comunidad rumana.
Y, más allá, entre torre y torre, las abiertas panorámicas de los extensos campos, pastos y bosques de Viscri atravesados por un arroyo...


en donde pacía otro pequeño rebaño de ovejas ...


Al bajar de la torre no terminaron las sorpresas. Encontramos un pequeño y sencillo museo etnológico. Como los que se prodigan en nuestros pueblos. Más que un museo, era una colección de enseres, con los consabidos aladros ...


colmenas ...


recipientes, herramientas de todo tipo, aperos agrícolas, prendas de vestir, muebles (entre ellos, las famosas camas sajonas), libros, pequeñas industrias como los telares ...

 

No sabemos cuando se realizó este bordado.


Nuestra amiga Alicia Cirujeda nos tradujo después el texto. Es un fiel reflejo del sentimiento de aquellas gentes en momentos difíciles:

"Wer im Frieden leben will
der schweige still
und dulde viel"

"El que quiera vivir en paz
que calle en silencio
y aguante mucho"...

De entre todo ello, lo que más me impresionó fue encontrar un mapa del municipio de Viscri elaborado sobre 1870, con sus curvas de nivel y con las parcelas definidas a la perfección. No creo que la cartografía agronómica española estuviera tan adelantada por aquellas fechas.

Volvimos hacia el coche. La amplia calle, sin asfaltar, estaba más concurrida. Gremios de la construcción y viajeros sofocados por el calor.


Los árboles ornamentales eran frutales, nogueras y perales ...

 

Una economía práctica. Paisajismo, sombra y fruta. 

Llegaba un microbús con nuevos turistas. Calor. Pedimos otras "Ursus" a la dueña de la tienda, que seguía tricotando peduques de lana para su venta. Y nos las bebimos compartiendo mesa y bancos con viajeros que estaban en las mismas. ¡Qué frescas!

Se notaba un fuerte impulso en la restauración de las viviendas. Viscri forma parte de un proyecto de recuperación urbanística que desarrolla la fundación Mihai Eminescu Trust (MET). Esta fundación, constituida actualmente por diversas entidades, empresas y universidades de diversos países pero con fuerte influencia británica (entre ellos una impulsada por Carlos, el Príncipe de Gales), fue creada en la década de los '80 por  académicos disidentes al régimen. Primeramente para favorecer el acceso a libros y revistas occidentales y, poco después para intentar salvar de los bulldozers al patrimonio urbanístico de los pequeños pueblos de Transilvania y Maramures de la ejecución del programa de sistematización en la etapa de Ceacescu. Este tenía por objeto demoler unos 8.000 pueblos para trasladar y realojar a sus vecinos en las ciudades recién construidas junto a las grandes y nuevas industrias, con vistas igualmente de homogeneizar a sus poblaciones que procedían de diferentes minorías étnicas, especialmente la húngara. Se inició pero afortunadamente no llegó a término. 

Con la caída del muro y la muerte de Ceacescu las posibilidades de la MET se incrementaron pues hasta entonces sus actividades estaban fuertemente vigiladas por la Securitate. En paralelo se produjo el éxodo masivo de los sajones hacia Alemania abandonando sus ciudades y pueblos. Los 250.000 existentes en 1988 pasaron a 37.000 en 2011, siendo los que permanecieron casi todos mayores. El abandono de una cultura mantenida desde hacía ochocientos años se venía abajo en pocas décadas. Y ello se materializaba, entre otros ámbitos, en las viviendas.


La fundación MET impulsa un ambicioso proyecto de reconstrucción, de fomento de la artesanía y del aprovechamiento turístico de Viscri, pero también de mejora de las comunicaciones o de la educación entre las poblaciones que se han reasentado en dichos pueblos, rumanos y gitanos mayormente. Han investigado en las técnicas de construcción, agricultura y artesanía empleadas por sus antiguos pobladores para dotarle de una coherencia.

Es como si estas entidades occidentales hubieran encontrado en Transilvania una muestra de la cultura y el paisaje europeo preindustrial que se ha perdido en el resto del continente y trabajan para evitar su desmoronamiento con la perspectiva del turismo cultural y ecológico.

Al parecer, el Príncipe de Gales adquirió una de las casas. Su implicación en la fundación MET es muy conocida. Nos sorprende y admira la inversión de dinero de la fundación del  heredero de la corona británica (Prince's Foundation for Building Community) en preservar la cultura alemana en Rumanía. Y nos trae a la memoria el trato peyorativo que ha recibido por la prensa, especialmente la española, por su falta de carácter o, directamente, por su imagen personal. Y no podemos dejar de recordar que la vinculación más conocida de nuestro monarca, Juan Carlos de Borbón, con Rumanía no ha sido otra que participar en una cacería de osos (en la que mató cinco ejemplares) y de lobos en los Cárpatos y que fue motivo de una fuerte polémica en aquel país. Esto es lo que hay. 

Dejamos Viscri a través de una campiña bañada con la luz de una tarde con nubes de tormenta.


Y nos fuimos pensando en la larga y compleja historia de Europa. En su riqueza cultural. Y en su incierto futuro.

La comunidad sajona de Viscri ha desaparecido. Detrás ha dejado toda una forma de entender la vida. También desaparecieron los székelys a los que reemplazaron los sajones en el siglo XII. Ahora bien, entonces no estuvimos allí. Nosotros teníamos la sensación de estar asistiendo a uno de estos grandes cambios sociales y culturales.

Algo así como lo que hubiéramos encontrado en el año 1620 en pueblos como Burbáguena, Huesa del Común o Gea de Albarracín tras la expulsión de los moriscos. 

sábado, 17 de septiembre de 2016

PASEOS EN AGOSTO POR CALAMOCHA (II): EL PASEO DE LOS CORPORALES DE DAROCA

También en solitario realizo el que, para mí, es el paseo más bonito de toda la comarca, el que va bordeando siempre el río Jiloca desde Calamocha a Daroca. El día anterior había estado ya en esta ciudad con mi esposa, en el concierto de Santo Domingo en la Semana de Música Antigua de Daroca y cenando luego en los Cien Balcones. Daroca está estos días preciosa, casas rehabilitadas, calles limpias y con gente, en fin, que son un éxito estos conciertos.

Salgo esta vez temprano. Las 7 y media de la mañana. La lluvia de la tarde anterior ha hecho refrescar mucho el ambiente y me pongo una camisa de manga larga encima de una camiseta de algodón, pantalón largo fresco y zapatillas de deporte. Con un palo para apoyarme y una bolsa para el almuerzo y el agua, es todo lo que llevo en mis excursiones calamochinas.

Enfilo por La Serrana y me encuentro a varios caracoleros de paso que andan a lo suyo, se quejan de que los caracoles no salen al camino como es lo habitual. ¡Miau!, pasado el Tormo que es hasta donde llegan en sus paseos, el camino aparece alfombrado de estos moluscos gasterópodos. Los dejo en paz y sigo a lo mío. Voy a buen paso pensando en mis cosas, y decido rezar el Rosario. Por la señal, etc.


Un poco antes de El Salobral me pasa un tractorista que se detiene para preguntarme si hay cerca algún puente que le permita pasar al otro lado del río. Como no lo hay hasta la Virgen del Rosario, le digo que casi vale la pena que de la vuelta, como así hace. Es forastero.


A partir de Entrambasaguas el camino no se separa del río. Es sin duda la parte más bonita del paseo. Así hasta Burbáguena. Paso el molino y enfilo ya Báguena. Llevo almuerzo, pero pienso que me estoy ganando un par de huevos fritos en el bar de esta localidad, tal como hacía otros años. Así lo hago. El bar está bastante lleno con muchas personas tomando el café de mitad de la mañana. Pido dos huevos fritos con una tajada de papada, vino y gaseosa. Me traen al poco rato los huevos pedidos, pero con dos buenas magras fritas, cuatro piezas de conserva, dos pimientos y patatas fritas hasta salirse del plato. Si me zampo todo eso, medito, luego no habrá quien haga el resto del camino. Me como los huevos, una magra, una pieza de costilla de cerdo, los pimientos y las patatas, que ya está bien, el resto me lo llevo envuelto en papel de aluminio. Con un cortado, pago al final 7’20 euros. No está mal el almuerzo, media hora justa para reponer fuerzas.

Algo pesado de cuerpo, con el sol que empieza a calentar, salgo disparado pasando frente al convento de San Valentín. En Báguena sigue el cartel que ofrece “Vivienda-chollo”. Ya lleva allí varios años, luego no será tan chollo como se anuncia. También sigue en la localidad la escultura que recuerda la anécdota de “la mielga de la torre de Báguena”, y han colocado de forma decorativa una aventadora, una segadora y otros aperos agrícolas del pasado en diversos rincones de la villa. Buena idea.

No lo he dicho aun, pero la vega está toda sembrada de maíz. Por todos los sitios. Paso por San Martín del Río y su Museo del Vino, por Villanueva de Jiloca que sigue reivindicando que allí están los orígenes del gran médico bajomedieval Arnau de Vilanova, cuya naturalidad reclaman también en Valencia y, cómo no, Cataluña. Esta vez no dudo y sigo sin perderme el camino de Daroca, no como otras veces. Es la etapa final del paseo que siempre se me hace la más pesada. Este año la supero mejor que otros y llego a la ciudad de los Corporales a la 1 en punto de la tarde, después de cinco horas de andar y media del almuerzo.


Allí mismo en la Puerta Baja espero la llegada de mi hijo Pablo con el coche para volver a Calamocha. Si otros años por la tarde no estaba para nada, este año me encuentro muy bien después de la andada. ¿Estaré mejorando mi condición física a estas alturas? Creo que es el sexto o séptimo Paseo de los Corporales que hago de forma consecutiva. Me sigue pareciendo el más bonito de todos.

José Mª de Jaime Lorén

miércoles, 14 de septiembre de 2016

EL ALMA DE LOS ÁRBOLES

Exponer siempre es un gusto. Cariñosamente para muchos de los que somos asiduos, el GAIRE es "el mejor festival del mundo", asÍ que en esta ocasión, el gusto y la responsabilidad es mucho mayor todavía. Durante los días 17 y 18 de Septiembre habrá actuaciones de todo tipo, a cual mas sorprendente. Puedes consultar el programa en http://www.gaire.es/.

En el Horno se puede ver mi exposición El alma de los árboles.


Todo árbol tiene una historia grabada en sus ramas, en su tronco y raíces; una forma de crecer amoldándose al suelo que lo sustenta, una resistencia extrema a las inclemencias. Han escuchado y vivido cientos de historias y son un pilar indispensable en nuestra cultura. A través de la fotografía he intentado acercarme a su interior... a su alma.

Uge Fuertes