Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

jueves, 31 de julio de 2014

ARAGONIENSE EN NAVARRETE

A lo largo del Terciario, en este sector de la actual península la colisión de la placa Africana contra la placa Ibérica va a ser la causa de la formación de la cordillera Ibérica. Esto ocurrió tras sucesivos episodios compresivos que comenzaron en el Eoceno inferior (50  millones de años) y concluyeron en el Mioceno inferior (18 M.a). Al mismo tiempo que se iba produciendo la formación de los relieves (Cordillera Ibérica) tendría lugar el desmantelamiento de los mismos por erosión mientras. Los sedimentos serían entonces evacuados por torrentes y ríos hacia las cuencas cercanas. En nuestro caso, en la gran cubeta del Ebro, así llamada por su situación y no por la existencia de dicho río, pues por entonces se trataba de una zona endorreica.

Al final del Mioceno inferior y durante el Mioceno medio (hace entre 18 y 14 M.a) este sector de la cordillera Ibérica se comportó siguiendo un régimen tectónico distensivo, proceso en el que la corteza se estiraría por fuerzas divergentes que actúan en la misma dirección, originándose fallas normales de gran salto de dirección NO-SE. La orografía regional sería diferente a la actual ya que todavía no se había formado el sistema fluvial actual del Jiloca ni la del Pancrudo, ni los respectivos valles. Una alargada depresión se extendería desde Calatayud hasta Teruel. La existencia de este relieve propició la erosión del bloque elevado y el relleno el relleno de la cubeta sepultando entonces al bloque hundido.

El marco climático estaba dominado por la sequedad y el entorno ecológico estaba constituido por un biotopo abierto y seco, formado por pequeños arbustos y herbáceas adaptadas. Vamos, un ambiente de sabana. Entonces  los torrentes procedentes del oeste y del suroeste fueron formando abanicos aluviales en donde se acumularían sedimentos detríticos silíceos procedentes del arrasamientos de los materiales paleozoicos (cuarcitas y pizarras) que emergían en los relieves vecinos. Así se formaron unos potentes depósitos de conglomerados, limolitas y arcillas rojas que ahora afloran extensamente desde Los Tollos (Navarrete del Río), Monte Pardo (Lechago) hasta Munébrega pasando por Daroca (El Pinar), Manchones, Murero, San Martín del Río o Villanueva de Jiloca.

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Hacia el interior de la cuenca, es decir, hacia el este este, el ambiente sedimentario cambiaría lateralmente de forma rápida al aumentar la profundidad. Entre las series detríticas finas de limolitas rojas y arcillas (ya no llegarían las gravas) comenzaron a intercalarse niveles de margas y después calizas que, al final, llegaron a ser dominantes. En episodios húmedos prolongados el se extendería lateralmente el lago que ocupaba el fondo de la cubeta favoreciendo la precipitación del carbonato de calcio con materiales terrígenos, formando margas, o sin ellos, formándose entonces calizas. En periodos prolongados secos, se retiraría la lámina de agua y proseguiría la llegada de limos y arcillas

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Barranco de la cuenca del arroyo del Ramblar (Navarrete del Río) en el que se aprecian unos materiales blanco rosáceos blandos (margas) y, sobre ellos, unos resaltes que corresponden a calizas, rocas más competentes.

Estos materiales detríticos y carbonatados son los que afloran en la cuenca del arroyo del Ramblar, pequeño afluente por la margen derecha del río Pancrudo a su paso por Navarrete del Río, a la altura del apeadero del tren.

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Todos estos materiales se depositaron durante el Aragoniense, superedad del Mioceno medio de 10,5 M.a de duración definida para ambientes continentales por la aparición en Europa del équido del género Anchitherium, caballo del tamaño de un poney.

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Manada de Anchitherium. Ilustración de M. Antón extraída de “Memoria de la Tierra. Vertebrados fósiles de la Península Ibérica”

La denominación Aragoniense fue propuesta en 1975 por el paleontólogo alemán V. Fahlbusch por la rica secuencia de yacimientos de mamíferos fósiles de esta edad en el área de Calatayud.

En Navarrete del Río en las calizas y en las margas no se han encontrado restos de équidos pero si de abundantísimos micromamíferos que fueron descubiertos por el paleontólogo mallorquín Rafael Adrover que estudió el Mioceno turolense en la década de los ‘70 durante su etapa como profesor en la Salle de Teruel.

Hace tres días estuvimos recorriendo este barranco de Navarrete y nos impresionaron las formas erosivas de las calizas del Aragoniense.

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Socavadas las margas que las sustentan, los estratos de calizas forman unos pináculos tras su intensa gelifracción …

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y su posterior erosión.

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En primer plano, calizas y margas en Navarrete del Río. Al fondo, conglomerados silíceos y limolitas rojas en Lechago. 

Parecía un bloque elevado hasta la montaña por algún Sísifo.

Los afloramientos de las margas, una vez perdieron el rebollar que las cubría, debieron utilizarse, primero como pastizales y después como tierras de labor tras abancalar la ladera. Desde hace varias décadas, estos pequeñas parcelas han sido abandonadas y se han poblado por un aliagar que cicatriza la herida abierta por el hombre y comienza la lenta recuperación del bosque.

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En aquellas zonas en las que la incisión de las aguas salvajes ha sido más rápida que el desarrollo del aliagar se pueden ver cárcavas entre las margas.

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Rebollos, aliagas, margas y bancales. La larga historia de un paisaje.

En las partes bajas de la ladera, donde las parcelas son mayores y el acceso de la maquinaria más fácil, se mantiene el cultivo de cereal de secano como se aprecia en esta foto aérea de la zona…

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..en la que las manchas claras corresponden a las tierras de labor, las grises al aliagar y las blancas a los resaltes de las calizas del Aragoniense en Navarrete del Río.

lunes, 28 de julio de 2014

AÑO DE DOS CORTES

El pipirigallo o esparceta (Onobrychis viciifolia) es una leguminosa cultivada en las tierras altas de la cordillera Ibérica desde hace siglos por reunir una serie de cualidades agronómicas y productivas.

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Su forraje es muy nutritivo por su alto contenido en proteínas, además de muy saludable por evitar el meteorismo en el ganado y reducir la carga parasitaria. Su nombre en francés o inglés, “sainfoin” alude precisamente a este detalle. Heno sano.

Es una planta muy rústica. Crece sobre suelos poco profundos y pedregosos, soportando el frío y, sobre todo, la escasez de precipitaciones.

Es una planta mejorante. Su profunda raíz pivotante, que alcanza los dos metros de profundidad, extrae agua profunda y enriquecer en materia orgánica el suelo, además de airearlo. Además, como buena leguminosa, en sus raíces forma unos nódulos en los que viven en simbiosis con bacterias capaces de fijar nitrógeno atmosférico por lo que fertilizan el suelo. Por ello no requiere el aporte de purines ni de abonos de origen sintético.

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Es un cultivo plurianual que tampoco requiere laboreo alguno en los entre tres y cinco años que se mantiene. Ahorro de combustible y protección del suelo.

Por último, esta pradera sembrada mantiene hojas verdes durante más de medio año. Unas praderas que tampoco reciben herbicidas. Este forraje es alimento para diversos saltamontes, para variadas caracolas, para las liebres, para los corzos e, indirectamente, para los que se alimentan de aquellos.

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Estos días veíamos docenas de aguiluchos cenizos y laguneros -muchas crías- por la cuenca endorreica de Gallocanta. Este invierno nos sorprendió la abundancia de cernícalos vulgares. Las rapaces nocturnas han sacado adelante numerosos pollos. Incluso es posible que haya criado la lechuza mora. ¿Qué relación tienen estos hechos con nuestra leguminosa forrajera. La ausencia de laboreo en las parcelas durante varios años y la densa cobertura vegetal favorecen a los topillos que se instalan en estas praderas cultivadas e, indirectamente, a sus depredadores.

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Aguilucho cenizo macho. Foto: Rodrigo Pérez

Este conjunto de ventajas hicieron del pipirigallo un cultivo muy apropiado en la rotación tradicional de las tierras de secano de las zonas altas del cuadrante nororiental de la península Ibérica. Especialmente de las comarcas turolenses de montaña. De ahí el conocido dicho:

“Eres más de Teruel que el pipirigallo”

Entró en declive por carecer de subvención por la Política Agraria Comunitaria hasta casi desaparecer en el monocultivo cerealista. La aparición de problemas de contaminación por nitratos en los acuíferos por abuso de los fertilizantes industriales lo pusieron en escena al incluirse entre las medidas agroambientales en ciertas zonas del entorno de LICs y de ZEPAs. Como en Gallocanta y el Jiloca. Un buena medida que ha beneficiado a la calidad de las aguas subterráneas, a los suelos, al paisaje y a la vida silvestre. Eso sí, se obligaba a no segarlo, pensamos que para no interferir en la nidificación de algunas especies. Una exigencia que aleja al cultivo de su función productiva.

El pipirigallo se suele segar a finales de mayo o primeros de junio, tan pronto se forman los frutos y antes de que se sequen. Antaño a dalla, ahora con segadoras. Se dejaba secar y, a continuación, se empacaba para su consumo como heno.

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En años con veranos lluviosos, algo esporádico, el pipirigallo rebrota produciendo nuevos tallos y una nueva espiga de flores, esta vez de menor altura, que era segada de nuevo o aprovechada en verde por el ganado a finales del verano.

Este año el crecimiento primaveral acusó la falta de lluvias de abril y mayo. La floración fue pobre y la falta de agua permitió que se formaran pocos frutos en cada espiga. A primeros de junio, antes de hora, se veían muchas matas puntisecas.

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Sin embargo, las copiosas precipitaciones de las tormentas de junio y julio han permitido el rebrote de las matas de pipirigallo. Eso sí, ya no desde la corona, como hubiera ocurrido si se hubiera segado. Sino desde los propios tallos ya formados, invirtiendo los azúcares producidos por el follaje hacia la nueva floración y unas nuevas semillas. Esta vez la segunda de la temporada.

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Este hubiera permitido un segundo corte en el pipirigallo.

Se oyen inquietantes rumores que apuntan a que el cultivo de esta forrajera va dejar de ser incentivado para los agricultores. Desconocemos las razones de tal medida. Pero sí conocemos las consecuencias. Será una decisión lamentable

sábado, 26 de julio de 2014

ESTUDIANDO MURCIÉLAGOS EN LOS BOSQUES DEL PANCRUDO

Es bien conocida la estrecha relación existente entre algunas especies de murciélagos y los bosques maduros con árboles viejos. Los huecos y las grietas de los árboles ofrecen refugio y zona de cría para ciertos quirópteros: los murciélagos forestales.

En el sur de Aragón son escasos los bosques maduros. La deforestación histórica (roturaciones, pastoreo, leñas) y, en menor medida, la gestión forestal desarrollada durante las últimas décadas, han arrinconado el bosque autóctono a los enclaves más remotos, han reducido su extensión y han simplificado su estructura. Para colmo, los pocos viejos árboles han sido percibido por los ingenieros durante años como un foco de plagas y como árboles improductivos de madera por lo que han sido los primeros en ser señalados para su corta. No se consideraba su valor para la vida silvestre, para el verdadero equilibrio y salud del bosque.

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Montes de Badenas tras labores para plantación de pinos

El paisaje rural durante las últimas centurias se puede interpretar en los documentos históricos, en textos literarios y, más recientemente, a través de las fotografías antiguas. Una visita a la Fototeca del Jiloca nos muestra un territorio con amplios campos de secano deforestado allá donde pudiera entrar la reja del arado, con pastizales sin árboles aprovechados por los pequeños y numerosos ganados y con la superficie de monte necesaria para proveer de leña a los hogares y hornos de cada pueblo. Y, como decía Labordeta, donde hay agua … una huerta. Ahora si, con abundantes frutales. En zonas montañosas en donde había menos tierras de labor, había más monte con carrascal o rebollar que eran aprovechados para hacer leñas y carbón vegetal.

Pero en este paisaje había una excepción. Había un grupo de robustos y viejos árboles tan abundantes como repartidos por todos los ríos, arroyos y acequias que atravesaban campos y pastizales formando kilométricas dehesas lineales, desde al menos, hace varios siglos. Estamos hablando de los chopos cabeceros y de otros árboles trasmochos como los sauces y los fresnos que proveían de madera de obra, leña y forraje en entornos agrarios de alta presión ganadera.

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¿Han podido los chopos cabeceros ofrecer hábitat a los murciélagos forestales?

Para comprobarlo Luis Lorente ha emprendido una investigación en el valle del Pancrudo. Para ellos ha seleccionando tramos de ribera con grandes álamos trasmochos, que tuviera pequeñas láminas de agua en donde los murciélagos pudieran abrevar y que estuvieran próximos a bosques en los pudieran cazar.

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Hace unos días le acompañé una jornada de campo en la Riera de Nueros, entre el Pancrudo en Barrachina y los marojales y pinares de la sierra de Pelarda. Uno de mis rincones preferidos.

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Era la primera hora de una noche cálida (24 ºC) y seca (40% de humedad relativa). Luis había dispuesto una red japonesa en el vado creado por los tractores en el arroyo de Pelarda, cerca de Nueros, entre campos de secano con linderos arbolados y pastizales abandonados. Tras una semana de bajas temperaturas y de ausencia de lluvias, estos puntos de agua son decisivos para los murciélagos. Cada noche, tras largas horas de descanso, acuden a beber antes de iniciar la jornada de caza.

Por la tarde Luis ya ha dispuesto una única red.

Cuando llego dos saquillos de tela cuelgan de una rama. De la red pende un murciélago enano (Pipistrellus pipistrellus) procedente del cercano pueblo de Nueros. Está muy enreligado y cuesta trabajo extraerlo. Un buen rato en el que la red no está operativa.

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Con la radiante alegría de desvelar una sorpresa, Luis saca otro murciélago de una bolsa. Se trata de un ejemplar de murciélago de bosque (Barbastella barbastellus).

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Me hace notar su tamaño medio y sus orejas grandes y cuadradas, muy diferentes de las del murciélago enano. Entre los pelos del pecho asoma un pequeño pezón blanco. Se trata de una hembra lactante. Es un dato valioso. Es la evidencia de la reproducción en la zona de esta especie.Y, confirma la presencia en el valle de, al menos, una colonia pues se trata de la segunda captura desde que comenzó el estudio hace un mes. Es, además, la primera cita de cría en la provincia de Teruel de una especie poco conocida, amenazada e incluida en la lista de la Directiva de Hábitats.

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Área de distribución del murciélago de bosque en España. Fuente: Atlas de los mamíferos terrestres de España

Hay registros previas en el sur de Aragón pero se trata de machos, individuos que se dispersan tras la cría y que no demuestran su reproducción en este territorio.

Me sorprenden sus ojicos negros, su pelambrera, sus diminutos dientes y su elástica y ligera membrana interdigital.

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Lo mide y anota los datos en su cuaderno de campo, donde están registradas las abundantes capturas de la noche anterior. Lo dejamos descansar y, al sentirse libre, retoma el vuelo hasta perderse en la oscuridad.

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Luis piensa que estos murciélagos crían durante el final de primavera y el verano en los estrechos huecos que quedan entre la gruesa corteza y el tronco de los chopos cabeceros. En los meses fríos realizan la hibernación en cuevas y en minas, a veces, compartiendo refugio con otras especies de quirópteros.

Nos acercamos hacia otro punto de agua. Otro vado del camino. Enciende un pequeño aparato que transforma los ultrasonidos que cruzan el aire en una señal sonora indicando, al tiempo, su frecuencia. Algunos proceden de saltamontes. Otros, los más, son emitidos por murciélagos. Ciertas especies emiten en rangos muy precisos y su señal puede ser indicadora de su presencia. En otros casos, la realidad es más compleja por solaparse la frecuencia de emisión de varias especies, sobre todo las más próximas.

Y entran en escena –o en la conversación, pues empiezo a perderme- el murciélago de borde claro, el murciélago ratonero ribereño, el murciélago de Nathusius, el murciélago montañero, el murciélago hortelano, los diversos nóctulos (grande mediano y pequeño, como el tallaje de las camisetas), el murciélago de cueva, el murciélago ratonero patudo, los dos orejudos … en fin, un follón de nombres nuevos en media hora. Me pongo en la piel de los alumnos noveles de los cursos de ornitología. Si una veintena de especies de murciélagos me puede desbordar que será de trescientas especies de aves …

Seguimos caminando. La luz de la linterna hace brillar unos punticos sobre el suelo. Son los ojicos de algunas arañas que cazan recorriendo el pasto seco. Levantas el haz de luz y acuden las polillas como un resorte y, tras ellas, entra en escena un murciélago que se aproxima atrevidamente. Entre los juncos y las mentas chapotea un mamífero … ¿una rata de agua? Entre el cercano rastrojo brillan los ojos de un joven zorrete que también, antes de iniciar sus andanzas, se acerca a abrevar a las pozas de la riera. Hay vida en el arroyo durante la noche. Es el alargado oasis al que acuden a beber –y a comer- animales desde los campos y montes próximos. El paseo nocturno te evoca las imágenes de los documentales de las últimas charcas en la sabana africana.

Todas estas impresiones se multiplican al levantar la vista sobre el cielo. Miles de estrellas brillan en un cielo limpio y raso, iluminado tan solo por una luna menguante –aún baja- que asoma por los montes de la sierra. Y contra el cielo se dibujan las siluetas de las vigas y ramillas de los viejos chopos al tiempo que la brisa mece las hojas creando un sonido que recuerda a las olas de un mar, de un mar de árboles..

miércoles, 23 de julio de 2014

TREINTA Y DOS CENTÍMETROS

Si bien las precipitaciones de otoño e invierno estuvieron por encima de la media, este año la primavera ha sido seca. Especialmente durante mayo, el mes decisivo para salvar la cosecha. Durante el curso de ornitología de la UVT el vaso del Lagunazo de Gallocanta era una superficie de limo empapado y la escasa lámina de agua había que buscarla en el fondo del Lagunazo Grande. El fondo de la “bandeja”.

A principio de junio seguíamos en esta situación y la tarde del día 10 se produjo la sorpresa. Una tormenta vespertina descargó entre Odón y El Pobo de Dueñas recogiéndose 120 L/m2 en aquella localidad. Fue noticia meteorológica. La Rambla de los Pozuelos evacuó este volumen durante unos días, pocos pues el karst de las calizas cretácicas de Odón y Bello se engulló buena parte del caudal. En el resto de la cuenca la precipitación recogida fue menor pero lo suficiente para empapar cajeros y refrescar los prados salinos, los pastizales y las lomas pedregosas. La laguna recibió desde el suroeste una inyección que permitió cubrir extensamente buena parte de fondo del vaso. Unos días después, Antonio y Sabi registraron un nivel de 20 cm. en la regleta situada frente al Balsón de Tobeñas, en Berrueco. Algo tarde para la cría de las limícolas pero un nuevo volver a empezar para todos las algas, crustáceos, anélidos y un sinfín de organismos acuáticos, tras la hidratación del tapete de algas y la dilución de la salmuera en la que se habían convertido los últimos charcos.

Esta lluvia retrasó la que iba a ser una cosecha adelantada aunque los granos engordaron ya poco. Así fue pasando junio cuando en la primera semana de julio se produjo una segunda tormenta. Esta vez por la parte de saliente. Si en Tornos fueron 60 L/m2 en Gallocanta fueron 80 L/m2. Desperfectos en caminos, campos inundados y … nueva inyección para el humedal.

El martes 10 me acerqué a la laguna. Los prados de Las Cuerlas ofrecían esta fresca estampa. Algo raro para un mes de julio.

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La lámina de agua, aún modestamente, cubría una buena parte del vaso permitiendo tomar la clásica foto del pueblo de Gallocanta. Con su querida laguna.

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Hacia Berrueco el Lagunazo Grande mostraba esta otra imagen …

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Sobre el 15 julio Antonio Torrijo leyó un registro de 32 cm en el nivel de Tobeñas.

Avanza el nivel del agua en las amplias playas a modo de transgresión de nuestro pequeño mar. Para beneficio de muchos organismos. De los chorlitejos patinegros que recorrían el limo de los ojos. De los carrizales que encañan con fuerza. De las arañuelas y pulgones que alimentarán a los carriceros y carricerines que descansarán en su paso postnupcial. De las pagazas y gaviotas reidoras que terminan de criar a sus pequeños.

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Uno de los rasgos ecológicos más singulares y valiosos de Gallocanta, es, precisamente, su funcionamiento prácticamente natural por proceder sus aguas de la propia cuenca. Es decir, su nivel de agua no recibe caudales externos, a diferencia de otras lagunas endorreicas aragonesas como la de Sariñena. Esta fluctuación natural, en la que insistía el profesor Francisco Comín es otra de sus grandezas. Otra más.

Estos procesos naturales y otros muchos más asociados a la vida silvestre se pueden disfrutar el próximo domingo día 27 de julio en el III Testing Fotográfico en Gallocanta que organizan Biodiversidad Virtual y el albergue Allucant. En esta ocasión se pondrá el acento en la laguna de la Zaida y en el navajo de Gallocanta, otros humedales que enriquecen la variedad de ecosistemas acuáticos del conjunto de la cuenca.

lunes, 21 de julio de 2014

DESVENTURAS DE UN POLLO DE CERNÍCALO

Primeros de julio. Cae la tarde de un viernes. Me llaman desde la residencia de ancianos. Me dicen que hay un “gavilán” en su jardín, que no puede volar, que han llamado al cuartel y no les dan solución, que qué se puede hacer… Me acerco. Un pollo bien plumado de cernícalo vulgar reposa en el suelo junto a unas migas de galleta. El plumaje está perfecto, no aparenta herida alguna … pero no vuela.

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Lo habían cogido por la tarde del suelo, en el pequeño parque de una zona residencial muy próxima un polígono industrial, a la huerta y a los campos de secano. Vamos en El Gazapón. Un amigo que pasea con su madre a diario por la zona me dice que lo lleva viendo desde hace un par de días. Lo recojo en una caja de cartón y lo llevo a casa.

En la nevera hay un filete de pechuga de pavo. Le acerco un trocico y lo picotea con gana. Picotea y picotea hasta comerse la mitad. Esto marcha.

Tengo que salir de viaje. Vuelvo a la noche, dos horas después. El pollo de cernícalo no quiere comer.

Sábado por la mañana, sigue igual. Está activo pero no come. Ya veremos.

Dos opciones hay. Una llevarlo a Paco, el APN, pero me dice que hasta el lunes no podrá enviarlo al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de La Alfranca. Otra, llevarlo cerca de su nido. José Miguel me dice que no conoce ningún nido cerca de la zona en la que fue recogido. Yo, tampoco. De hecho, en esta época del año no suele verse ningún cernícalo por el barrio ni por la huerta próxima donde es común en la invernada.

Decido sacarlo de su encierro en la caja de cartón y llevarlo a un espacio abierto y seguro. Lo subo a la terraza. Esta tiene una pared lo bastante alta como para no caerse andando pero lo suficientemente baja como para impulsarse si pudiera volar. Le da el sol y el aire. Y se mueve, recorriéndola. Chabi está encantado con el pollo.

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Carmen ha comprado pechuga  fresca de pollo. Le ofrezco una tira cerca del pico. La coge con la pata y se la lleva al pico. Con decisión. Le ofrezco más hasta que se harta. No insisto.

Sigue en la terraza. Recorriéndola pero no se atreve a levantar el vuelo. Comienzo a pensar que tiene una lesión interna que no se percibe. No debe poder.

Me dice Rodrigo, que ha venido a verlo para que Carlitos lo fotografiara, que le ofrezca saltamontes. Cogemos unos cuantos saltamontes pequeños por el descampado y el jardín. Los coge con las garras y se los lleva a la boca. Le gustan. Se come cuatro saltamontes. Y se queda tranquilo.

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Por la tarde no quiere comer nada. Está pasivo y al rato regurgita los saltamontes y parte de la pechuga prácticamente sin digerir. Estamos igual que ayer. Tan majo y sin gana. Así no saldrá adelante pues tiene poco músculo y menos grasa. Por la noche se lo llevo a Paco dentro de la caja para su traslado a Zaragoza.

El domingo tampoco comió, me dijo el guarda. El lunes de mañana falleció. No llegó a tiempo para ser transportado al hospital de fauna.

Este jovenzano posiblemente era el más crecido de la nidada. Debió saltó del nido antes de hora y se alejó peligrosamente del entorno de sus padres. Introducirse en un entorno tan humanizado como lo es una urbanización, resultó fatal. El crecimiento urbano se produce a costa de reducir el hábitat de la vida silvestre, beneficiando a algunas especies, perjudicando a las más.

Nuestro empeño en alimentarlo perseguía aumentar su fortaleza y adquirir la capacidad de vuelo. Pero quedaba otra etapa igual de importante para el futuro del animal y en la que no solemos caer los voluntariosos humanos por ocurrir fuera de nuestra vista. La de aprender a cazar y a llevar una vida autónoma. Al pequeño cernícalo recogido en la urbanización del Gazapón le quedaban dos semanas decisivas que no llegó a comenzar.

Estos sucesos ocurren de forma cotidiana en la naturaleza. En las aves, incluso entre las pequeñas rapaces, la mortalidad juvenil es muy alta y se compensa con un elevado potencial reproductor. La muerte y la vida se entrecruzan a diario. En silencio y sin testigos. En las del pequeño cernícalo se nos puso delante.

sábado, 19 de julio de 2014

JULIO EN LOS CAMPOS DE BELLO Y USED

Una vez han cesado las tormentas de los primeros días de julio las máquinas cosechadoras han entrado en tromba en las ya secas mieses del Campo de Used y del Campo de Bello. Con urgencia. Con premura por recoger la –menguada- cosecha ante el riesgo del pedrisco que pudiera acompañar a futuras tormentas.

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Tractores y remolques yendo y viviendo. Del campo al almacén. Del almacén al campo. Las máquinas, con sus grandes peines despachándose los campos. Uno tras otro.

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Cosechando el trigo duro …

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Cosechando el triticale, este híbrido de trigo y centeno, un cultivo en auge en la zona …

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Cosechando la cebada cervecera …

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En pocos días cambiará la fisonomía del paisaje. La enorme planicie cerealista, ese extenso mar de mieses, se convertirá en un continuo rastrojo.

Las copiosas precipitaciones han llegado tarde para engordar los granos de cereal. Sin embargo, han sido muy beneficiosas para el resto de los cultivos.

Los girasoles han formado unos gruesos tallos que soportan unas hojas enormes. El agua acumulada en el subsuelo garantizará su crecimiento y floración en las siguientes semanas. Pinta ser un buen año para las pipas.

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En las praderas de alfaz crecen las matas espesas y altivas. Ya podría hacerse otro corte.

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Los pipirigallos han vuelto a florecer. Como si estuviésemos en mayo.

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Incluso aquellos pastizales, donde hace meses se pasó el cultivador, dan otra oportunidad a ababoles y a otras arvenses anuales capaces de completar su ciclo biológico en menos de un mes.

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Por último, los pozos de Bello amplían la gama de cultivos de la zona. Permiten la producción de una patata de gran calidad …

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Y, más recientemente, se ha introducido el cultivo intensivo de panizo. Como si nos encontráramos en la vega del Jiloca.

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Son días de disfrutar el paisaje. Especialmente con la luz de la tarde. Cuando se vence el sol.

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El contraste cromático entre el verde del girasol, el rojo de la desnuda tierra, el amarillo de los rastrojos, los tonos oscuros del lejano carrascal y el profundo azul de los cielos de estas tierras altas conforman otro de los rasgos del bellísimo paisaje de Gallocanta.

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Otro más de sus valores ambientales.

martes, 15 de julio de 2014

EL BAJO CÁMARAS: UNA GRANDIOSA RAMBLA

Hace un año y medio, recorriendo el valle del río Cámaras en busca de chopos cabeceros, dimos con un singular ecosistema que nos sorprendió notablemente: el ginestral de comprendido entre Villar de los Navarros y Azuara. Una formación arbustiva de ginestra o retama (Retama sphaerocarpa)  densa, continua y kilométrica. Y le dedicamos un artículo en esta bitácora.

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También nos llamaron la atención los escarpes de arcillas y conglomerados, el potente depósito de gravas y la anchura del cauce, con tramos de hasta 400 m. No toda la llanura de inundación está poblada por ginestral, ya que los cultivos de cereal y de chopos canadienses ocupan buena parte de la misma, sobre todo hacia Azuara, donde se aminoran las avenidas que aporta el río Herrera, muy perjudiciales para los cultivos y para los campo por su aporte de gravas.

Vista aérea

Hace unos días leyendo el capítulo dedicado al Aguasvivas del libro  “Atlas de los ríos de Aragón” escrito por los profesores Javier del Valle, Alfredo Ollero y Miguel Sánchez, en concreto el referente a su afluente principal, el río Cámaras, encontre´este texto que me limito a reproducir:

El Cámaras nace también en El Colladico, cerca del valioso avellanar de la umbría de Cucalón, y se dirige decididamente hacia el N. Su recorrido inicial es variado, y su corredor poco continuo, suavemente ameandrado entre Santa Cruz y Nogueras. Lo más valioso comienza en Villar de los Navarros, un cauce trenzado y sinuoso amplio, único en la margen derecha del Ebro, de 15 km de longitud y 1,2% de pendiente media, una grandiosa rambla que supera en bastantes puntos los 200 m de anchura, con barras semicolonizadas por la vegetación. Está salpicada por sectores semicanalizados con abundantes movimientos de material en el lecho”.

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Esta perspectiva hidrológica, tan propia de los geógrafos, es algo que se nos escapa habitualmente a los naturalistas, más atentos a los seres vivos. Es una visión necesaria para entender mejor los procesos naturales que determinan el funcionamiento de los ecosistemas.