Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

martes, 19 de septiembre de 2017

IX FIESTA DEL CHOPO CABECERO. EL 21 DE OCTUBRE, EN ALLEPUZ Y JORCAS (ALTO ALFAMBRA)

Se acerca octubre. Se acerca el otoño. Se acerca la IX Fiesta del Chopo Cabecero. Este año volvemos al Alto Alfambra. A los orígenes. La celebraremos el próximo 21 de octubre entre Allepuz y Jorcas, entre la Comunidad de Teruel y el Maestrazgo.

En un marco muy especial. En el de la puesta en marcha de una ilusionante iniciativa. La próxima creación del Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra por el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón. Este proyecto, presentado hace casi una década por los ayuntamientos de Ababuj, Aguilar del Alfambra, Allepuz, Camarillas, Cedrillas, El Pobo, Galve, Gúdar, Jorcas y Monteagudo del Castillo, y respaldado por la Comarca Comunidad de Teruel, esta próximo a ver la luz. Por eso este año, el lema es "Un parque cultural". No podía ser otro.


Este es el programa:

9.50 h. Recepción, bienvenida y presentación de la IX Fiesta del Chopo Cabecero junto al cruce de la carretera Teruel-Allepuz (A-226) y Gúdar-Jorcas (A-228), cerca de la Venta Liara. 

10.00 h. Inicio de la excursión por la ribera del río Alfambra hasta la Masía de las Pupilas (2,5 km) paseando por un precioso bosque de ribera de chopos cabeceros enmarcado en un paisaje de cultivos, pastos y masías que caracteriza al Alto Alfambra. 

11.00 h. Cerca de la Masía de Las Pupilas habrá una demostración de escamonda de un chopo cabecero por el reconocido motosierrista Herminio Santafé. 

12.00 h. Retorno a Allepuz por la misma ruta. 

13.45 h. Desplazamiento en coches particulares hasta Jorcas. 

14.00 h. Inauguración de la exposición fotográfica del “IV Concurso de Fotografía sobre el Chopo Cabecero” en el pabellón de Jorcas. 

14.30 h. Comida popular, en el pabellón de Jorcas. 

16.00 h. Información sobre la tramitación del Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra por la Dirección General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón. 

Fallo del "IV Concurso de Fotografía sobre el Chopo Cabecero” 

Entrega del título Amigo del Chopo Cabecero 2017 y homenaje a Rob McBride, estudioso y divulgador inglés de los árboles viejos, por su trayectoria de promoción del chopo cabecero en Europa. 

Palabras de las asociaciones culturales y de las autoridades. 

La inscripción para la comida se formaliza con el ingreso de 12 euros (6 euros menores de 10 años) antes del 18 de octubre en la cuenta ES65 3080 0048 9023 7929 7217 indicando el nombre y apellidos. Para reducir residuos quien lo desee puede llevar su propio cubierto y vajilla. 

Organizan:

Ayuntamiento de Allepuz - Ayuntamiento de Jorcas - Centro de Estudios del Jiloca 

Colaboran: 

A.C. 4 Gatos- A.C. La Bruja Andarina - Comisión de Fiestas de Allepuz - Comisión de Fiestas de Jorcas - Parque Cultural del Maestrazgo- Candidatura Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra - C.E.A. Ítaca – Voluntarios- Ivvis 

Contactos: secretaria@xiloca.com / alcaldiadeallepuz@gmail.com 

Teléfono: 978730645 Más información: www.chopocabecero.com


Y a continuación … 

17.00 h. Desplazamiento en vehículos particulares a Allepuz para asistir al Festival Musical organizado por el Ayuntamiento de Allepuz con el siguiente programa

17.30 h. Concierto de Ni Zorra! (rock-punk, Galve) 

19.00 h. Concierto de La Monkiband (ska, Zaragoza) 

20.30 h. Concierto de Azero (rock rural, La Codoñera) 

22.00 h Cena con la música de Paco Nogué (DJ, Teruel) 

23.00 h Balkan Paradise Orchestra (música balcánica, Barcelona) 

00.30 h. Y más música con Paco Nogué 


Alojamientos

Venta Liara (Allepuz) 978778261 

VTR - Albergue Las Santas (Allepuz) 699517019 

Hospedería Palacio de Allepuz (Allepuz) 978778327 

Apartamentos Turísticos (Jorcas) 978771339 

VTR Sierra de Gúdar (Gúdar) 978801208 

VTR Casa Rural El Olmo (Gúdar) 978801208 

VTR Aptos. Casa Gúdar (Gúdar) 618403060 

Hotel Palacio Iván Tarín (Monteagudo del Castillo) 978774466

¡Os esperamos!

jueves, 14 de septiembre de 2017

PAISAJES RURALES DE FLANDES OCCIDENTAL

Bélgica es un país de modesta extensión pero compleja organización territorial, consecuencia de su diversidad cultural y su dilatada historia. Se divide en tres regiones principales. Valonia, al sur, es la que incluye a las comunidades de habla francesa, aunque una pequeña parte habla alemán. Flandes, en la costa, es aquella en la que el idioma es el flamenco, variante del holandés. Entre una y otra, Bruselas, mantiene un estatus de capital con el bilingüismo como norma.


La región flamenca tiene cinco provincias. Dos de ellas reciben esa denominación de forma oficial. Flandes Oriental, la que linda con Brabante y con Amberes, tiene a Gante como capital, y un paisaje rural caracterizado por los sauces trasmochos. 

Hacia el oeste, se encuentra Flandes Occidental, tiene a Brujas como capital. Esta ciudad es el principal destino turístico de Bélgica, sin embargo, las campiñas son mucho menos conocidas, salvo por el turismo cervecero y el histórico. 

Queríamos visitar las playas belgas y francesas que se extienden hacia Dunkerque. Era una mañana gris plomiza de febrero, de las habituales en esta parte de la Europa atlántica. Antes de Ostende, nos desviamos dirección oeste por una carretera de interior que, paralela a la costa, atravesaba una campiña salpicada de campos, granjas, casas y pequeños pueblos. 

Cerca de Oudenburb estaban, otra vez, los viejos sauces trasmochos ...


Viejos, y jóvenes también, como los que habían plantado en el margen de la carretera, junto al drenaje. Impensable me resulta que en España se planten árboles en las carreteras. Se cortan los que ya había, en ocasiones, hermosos y veteranos, siguiendo la pasión arboricida, trufada en tiempos de modernidad, por argumentos de seguridad vial.


Bandos de avefrías picoteaban el barro del labrado. No queríamos detenernos mucho en el viaje de ida y decidimos sacar un rato en la vuelta para ver estos paisajes.

Aún estábamos en Bray-Dunes, el último pueblo costero de Francia en su frontera con Bélgica. No nos dimos cuenta al aparcar. Junto al coche, en una zona de jardines públicos los podíamos ver. 


Los sauces, tan propios de los paisajes flamencos, también se usan en la jardinería. No es sean las únicas especies arbóreas empleadas pero no se desdeñan. No se tiene esa visión que tanto se ha visto en nuestra tierra entre los gestores de abrazar lo nuevo y despreciar las especies propias del terreno. 

Así fue, caía la tarde y volvíamos hacia Bruselas por la autovía (E 40) a la altura de Veurne. Y volvíamos a encontrarnos con los sauces trasmochos. Se trataba de salir de esta vía rápida y tomar una de las carreteras secundarias, esas que te permiten tomar el pulso de los paisajes, esas que te permiten parar y tomar fotografías. Nos desviamos dirección Ypres. 

Grandes bandos de gaviotas sombrías se recogían a dormir. Los ánsares comunes aumentaban la actividad para forrajear en los prados. Estos campos ofrecen un ambiente apropiado para las aves invernantes. Pero no íbamos en modo pajarero. 

Volvíamos saboreando cada minuto de luz, sabiendo que se nos iba poco a poco. 


Junto a las granjas antiguas ...


Pero también conservados en aquellas parcelas en las que se habían levantado nuevas viviendas ...


resultado de ese concepto de paisaje, como un patrimonio a conservar, que se extiende por este país ...


Aún nos desviamos más. Orlaban las carreteras locales, sujetando taludes junto a los drenajes ...


Árboles bien cuidados. Con gestión activa. Con ese concepto de que el patrimonio, aunque sea vegetal, hay que cuidarlo aunque ya nos sea rentable.


Seguía el cielo plomizo mientras caía la tarde. Nos despedimos con un gran sabor de boca de estas campiñas flamencas. Y con ideas.

martes, 12 de septiembre de 2017

LAS MIMBRERAS DE LA ALCARRIA, TALLARES EN REGADÍO

Mañana de marzo. Excursión entre la Serranía y La Alcarria. Del valle del río Trabaque pasamos al del río Escabas por La Frontera. Uno y otro recogen aguas de la Serranía de Cuenca hacia el río Guadiela, que se represará en el enorme embalse de Buendía, inundando un extenso valle de la cordillera Ibérica para regar tierras murcianas a través del trasvase Tajo-Segura. 

Es día laborable y la gente está en sus faenas. La primavera se asoma muy tímidamente a pesar de que estos días no hay heladas. Nos acercamos a Cañamares. Una vega abierta nos hace pensar en la importancia pasada del cultivo y de la industria de esta fibra textil. Bueno, los nietos de los nietos, muestran actualmente interés por otra variedad de cáñamo. Otros tiempos, otros objetivos, otros fines.

En las eras descansan unos ordenados apilamientos de fajos de largas varas de idéntica longitud. Verdes por la base, rojizas en su fino extremo. Son mimbres.


Tan bien atados, tan regulares. Dispuestos para tocar lo mínimo el suelo y para escurrir el agua de la posible lluvia. Es un material delicado en fresco.


Cerca estaban los mimbres desordenados. Eso sí todos de la misma longitud. Parejos. Preparados para formar nuevos fajos.


Nos acercamos a ver una planta en la que los estaban preparando. 



Un trabajador nos explicó muy amablemente cómo los clasificaban ...



 por longitudes ...

Muy cerca, docenas de fajos permanecían sumergidos  en el agua de una pequeña balsa.


Cámara en ristre, tanta pinta de turistas debíamos tener que, un tractor con remolque que venía deprisa por la inmediata carretera, al pasar junto a nosotros, paró en seco. De la cabina bajó un dinámico señor que y nos preguntó si teníamos interés en comprar algún cesto como recuerdo. Que nos los pondría bien de precio. Lo cierto es que no necesitábamos cesto alguno. Tenemos un par para coger setas, otro grande para subir la leña y, como caracolera, una especie de caja de las que antaño se empleaban para llevar la merienda.

Resultaba tan agradable D. José Bermejo, que así se llamaba el propietario, y nos pareció tan interesante el tema, que nos dejamos seducir por su propuesta. Nos llevó al almacén donde guardaba y clasificaba el mimbre, y donde tenía los productos elaborados para su venta.


Allí había mimbres de varios colores y longitudes. Unos eran claros. Es el mimbre blanco. Es el que, tras su corta a principio de otoño, se mantiene sumergido en agua durante varios meses y en primavera se le retira la corteza dejándolo secar al sol.

 

El mimbre cocido era de un color marrón rojizo. Nos contó D. José que se introducen en agua hirviendo para facilitar la retirada de la corteza, dejándolo a secar al sol durante varios días.


El mimbre ha sido empleado tradicionalmente en la confección de productos de cestería. Sin embargo, la expansión de las viviendas unifamiliares con jardín y el deseo de cercar estos espacios ha ofrecido una segunda oportunidad a los cultivadores de estos sauces. A los asiáticos y también a los castellanos.


Algunas varas gruesas y cortas son dirigidas a la industria de los lapiceros para transformarlos en caboncillo. En la mina de los lápices.


Y el resto del material se emplea en la confección de recipientes y de muebles. La emigración rural ha causado estragos en estas tierras castellanas. En estas comarcas conquenses es la artesanía del mimbre tiene poco peso, habiéndose reservado la función de producción de la materia prima. De gran calidad, eso sí. Los mimbres preparados se envían en camiones a Los Villares (Jaén) y a Villoruela (Salamanca) donde todavía se mantienen importantes comunidades de artesanos. Compiten con dificultad con los productores chinos, con precios imbatibles pero muy inferior calidad.

El propietario vende mimbre y compra productos manufacturados. Como buen vendedor, nos ofreció -a muy buen precio- toda una gama de sillones, silletas, arcas, cestas, cesticos, caracoleras, capazos que tenía amontonados en un cuarto.


Nos llevamos dos cestas de igual forma y diferente tamaño. Algún centro de flor seca se puede preparar para decorar la casa. Nos hizo un barato y nos llevamos una tercera de la serie algo más pequeña. Y aún nos regaló un cestico para huevera. ¡Qué bien sabía vender!

Nos fuimos metiendo los cestos en el coche y con el recuerdo de una grata experiencia personal. Da alegría comprobar cómo se resisten a desaparecer los productores y los artesanos, cómo se adaptan a los nuevos tiempos, cómo se mantiene una agradable relación comercial con el cliente ...

Pasamos por Cañamares dirección hacia la Sierra. En la vega del Escabas se extendían hectáreas y hectáreas de plantaciones de mimbre. Muchas aún por recoger ... ¡y ya iba bueno marzo!


Comentan que, justo al inicio de la temporada de recolección y ya ha caído la hoja, este valle tiene un paisaje verdaderamente único, por el color rojizo que muestran los extremos de las mimbreras. Un paisaje, entre agrícola y forestal, comparable en su belleza al de los cerezos del Jerte o al de los melocotoneros de Murcia.

Actualmente la recolección se realiza de forma mecanizada. Se cortan anualmente todos los mimbres de cada mata prácticamente a la misma altura y se recogen al mismo tiempo.


Cada mata es un tallar. Lo que los británicos llaman coppicing. El sistema de gestión forestal consistente en cortar a ras de suelo todos los rebrotes de un árbol o arbusto planifolio para obtener sus ramas y emmplearlas, generalmente, como combustible (leña o carbón vegetal, tras su transformación mediante carboneo). Aunque, como vemos, también otros productos.


Seguimos ruta con la alegría de saber que estos aprovechamientos tradicionales aún encuentran su hueco en el mercado y se adaptan a los tiempos, conservando culturas y paisajes muy singulares.


Toda esta historia está detrás de un sencillo cesto. 

viernes, 8 de septiembre de 2017

LA PLAYA LA PANNE: ENTRE DUNKERQUE Y OSTENDE, ENTRE BÉLGICA Y FRANCIA

Bélgica es un país costero que se asoma al mar del Norte. Pero poco. Para su superficie (30.528 km cuadrados) su línea de costa es tan solo de 66,5 km. 


En su práctica totalidad se trata de playas abiertas. Hacia el interior, a veces separadas por dunas, en otros casos sin tal límite, se extiende una amplísima planicie costera dedicada al cultivo agrícola o al pastoreo. 

La primera vez que Carmen y yo viajamos a Bélgica, hace un año y medio, tras visitar Brujas, intentamos acercarnos con nuestro coche de alquiler a la costa en Zeebrugge. Era una tarde fría y gris de febrero. Y con marea baja. Al intentar aproximarnos al mar, a través de praderas infinitas ganadas al mismo (polders), nos encontramos con una planicie arenosa de más de un kilómetro y medio de longitud tras la cual se adivinaba dificilmente aquel, con un agua de un tono pardo claro. Siguiendo la costa dimos con el enorme puerto de Brujas (Zeebrugge) en el que nos llamó la atención la extensión de las campas donde se almacenaban miles coches transportados por los buques desde países exportadores para su venta en Europa. Imaginamos que este puerto se ha especializado en esta mercancía. Impresionaba.

Cuando un año después volvimos a Bélgica decidimos volver a la costa belga, pero esta vez a la zona oeste, en el límite con Francia. Es la más conocida y turística. Pero esta vez, dedicaríamos la mañana.

Este parte de Europa occidental reúne pueblos y ciudades de resonancia histórica. Gravelinas, Ostende, Kortrijk, Calais, Dunkerque, Ypres ... nos vienen a la memoria y nos recuerdan la historia aprendida en el colegio, en las novelas y en las películas. De hecho, buena parte de los viajeros que acuden a esta parte de Bélgica hacen turismo histórico, sobre todo para recorrer los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, los monumentos, museos y cementerios. Un dato. Tan solo en Ypres (Ieper) murieron 300.000 soldados de los ejércitos aliados. 

No teníamos ese objetivo. Queríamos ver paisajes y, sobre todo, la costa de La Panne. 

Lo primero que nos llamó la atención fue el desarrollo urbanístico de esta antigua localidad pesquera, hoy un complejo turístico formado por docenas y docenas de bloques de apartamentos. Parecía la playa de Gandía. Eso sí, se había respetado una estrecha banda del sistema dunar, al construir el paseo marítimo.


Como no conoces la historia del país, las sorpresas van surgiendo. Junto a la playa nos encontramos una enorme estatua dedicada a Leopoldo I, el primer rey de Bélgica, por ser este el lugar donde por primera vez pisó el suelo belga en 1831 para ser coronado tras su viaje desde Inglaterra.

 

Pero nosotros íbamos a lo nuestro. A la playa. Y allí estaba. Extensa y enorme. Aquel también era un día gris, frío y con marea baja. En mar estaba lejos, pero ya solo eran unos cientos de metros. Había que atravesar la amplia y plana zona intermareal.


Era una oportunidad para observar múltiples pequeños detalles de este ecosistema fronterizo.

Las acumulaciones de conchas la parte más interna de la playa ...


o de fragmentos de estos caparazones tras romperse por el oleaje ...


trozos que serán la materia prima de las futuras lumaquelas.

Cientos de conchas de navajas se acumulaban unas junto a otras, paralelas entre sí. ¡Era impresionante! 


Las deyecciones que dejan los anélidos (gusanas marinas) al ascender a la superficie ...


o las construcciones que se fabrican con restos de plantas y trozos de concha para defenderse ...


Y alguna que otra alga, más bien pocas para la inmensidad del mar del Norte ...


La playa era muy muy ancha. Nos costaba llegar al agua. Las gaviotas sombrías y los ostreros iban de una parte a otra conforme los molestaban los paseante. El oleaje formaba las características ondulaciones (ripples) en la superficie de la arena.


Por fin, y tras evitar charcas y chapotear algún rato, llegamos al mar. Un mar con oleaje suave pero con una gran turbidez. Al menos, en los primeros metros.


Paseamos un buen rato. Al volver la vista observabas la magnitud del desarrollo urbanístico  del litoral belga. Con un clima lluvioso y de pocos días de sol, el valor ecológico de las dunas no había resultado suficiente, en esta educada y sensible parte de Europa, para salvaguardarla de la expansión urbanística. En todos los lados cuecen habas ....


Avanzaba la mañana. Cada vez veíamos a más personas disfrutar de la playa. Los más iban, íbamos, paseando por la orilla o por el paseo marítimo. Algunos hacían deporte corriendo. Los había que paseaban con caballos ...


o volaban cometas ...


Volvimos al paseo marítimo conectado a través de una suave rampa de cemento que hacía las veces de escollera o de espigón y que estaba colonizado por las algas clorofíceas ....


También había espacio, como no nos sorprendió, dedicado al senderismo. La red GRs de Flandes Occidental era muy densa y resultaba muy sugerente ... 


E, inmediatamente, encontramos un cercado. Era el límite de la Reserva Natural de Westhoek, un espacio de 345 hectáreas que fue declarado en 1957 para proteger la mayor extensión de dunas de la costa de Bélgica. Se promociona turísticamente como el "Sahara belga". 


El acceso estaba prohibido para no interferir en la dinámica de las dunas, el desarrollo de la vegetación y la protección de la fauna.


Nos llamó la atención el desarrollo de los musgos sobre la propia arena.


En un ambiente tan próximo al mar, en el que el aerosol de agua salada aportará abundante tierra adentro, los musgos, suponemos que tolerantes al cloruro de sodio, deben de ser muy abundantes las precipitaciones para lavar el suelo y la arena de dicha sal y permitir estas alfombras de briófitos. 


Fuera de la reserva las plantas ammófilas colonizaban las primeras avanzadillas de dunas en las menos transitadas ...


Aquí estaba la doble vertiente de este hermoso rincón de la costa belga. Entre el interés ecológico y paisajístico del litoral y el urbanismo depredador ...


entre los valores científicos ...  


y la especulación inmobiliaria ...


Aquel día no sabíamos que la reserva natural era accesible. Lástima. 

Cogimos el auto y decidimos cruzar la frontera y pasar a Francia. Bueno al Flandes francés. La vecina localidad de Bray-Dunes (Nords, Haut de France) se diferenciaba bastante de La Panne. Pequeñas casas (lugares de vacaciones) alineadas junto a la carreteras, ausencia de bloques de apartamentos, carretera litoral salpicada de bosquetes ... nos recordaba a aquellos pequeños pueblos costeros con alojamientos familiares de la España de los '70. Eso sí, mucha bandera francesa. 

La gran sorpresa fue descubrir la Duna de Perroquet. Otro espacio natural que protege desde 1985 un sector del litoral del Departamento Norte.


Realmente no es una única duna, sino un sistema de dunas que se caracteriza por presentar depresiones postdunares o interdunares (conocidas como pannes, en la zona, de ahí el nombre de la vecina localidad belga) en los que la proximidad del nivel freático crea pequeños humedales en que son el hábitat de carrizales, junqueras y masegares. Son propios del dominio biogeográfico atlántico. 


Sobre las dunas, de nuevo observamos alfombras musgosas y los finas hojas de plantas propias del dinámico arenal. Pero también plantas como la enreligadera (Clematis vitalba), en rigor una liana forestal que colonizaba la duna. 


Comimos sobre lo alto de una de ellas. El viento intenso azotaba la vegetación y nuestra bolsa de plástico. Seguía el frío y el cielo gris. Al internarnos un poco encontramos una serie de abandonadas construcciones de cemento, alguna con cubierta y otras abiertas. Se trataba de un conjunto de bunkers y de posiciones antiaéreas construidas en el marco de la Segunda Guerra Mundial.


Eran posiciones defensivas que formaban parte de la Muralla del Atlántico.

Imagen de la Muralla del Atlántico. Fuente: Wikipedia
Una serie de construcciones levantadas por el III Reich desde las landas de Aquitania hasta el norte de Noruega con el fin de evitar la invasión por los ejércitos aliados desde las Islas Británicas.

 


Ni aún intentándolo podíamos perder de vista la larga historia de guerras en este parte de Europa.


Al final, lo que nos llevamos en el recuerdo, fue el sendero entre las dunas.