Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)
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miércoles, 15 de febrero de 2017

DIVIÉRTETE CON LAS PLANTAS

Jugar es aprender. Manejar la semilla del latonero, hacer relojes con los frutos del geranio o jugar a soldaditos con los frutos de la sauquera ... acercan a un niño al mundo de las plantas. En su cabecica, raíces, tallos, hojas, flores, frutos y semillas se transforman en mil objetos con los que disfrutar. Mientras tanto, esas formas, colores y texturas vegetales quedarán impresas y formarán parte de sus vivencias infantiles, de aquellas que no se olvidan. 


Los niños de antaño, hoy padres o abuelos, fueron aprendiendo a jugar con las plantas de su entorno. Cada cual en su pueblo, forjando una cultura inmaterial tan variada como son las comunidades vegetales. Este saber, como el propio mundo rural , también está amenazado. Hoy los niños están en las ciudades, saben manejar mil ingenios complejos. Está bien. Pero, al tiempo, los hemos ido alejando de una Naturaleza que es ya un parque temático y no el escenario de sus vidas.

Libros como "Diviértete con la plantas" son muy necesarios. Son como ese abuelo o ese hermano mayor que coge entre sus manos esos trozos de tallo y los transforma en un cesto o en chiflo. Ahora, solo hace falta dedicarles ese tiempo. Es sembrar.

Más información sobre el libro en este enlace.

jueves, 5 de enero de 2017

UN AÑO EN LOS BOSQUES

El nature writting es un género literario con gran aceptación en la sociedad norteamericana. Sus escritores son herederos del filósofo e igualmente escritor norteamericano decimonónico Henry D. Thoreau y de una sociedad basada en la competitividad, el consumo y el alejamiento de la Naturaleza.

Estos días he terminado la novela "Un año en los bosques", de Sue Hubbell. Esta escritora nació en Kalamazoo (Michigan) en 1935, fue bióloga de formación y bibliotecaria en la Universidad de Brown de profesión hasta 1972 y es autora de media docenas de libros más.


Cuando en leí el prólogo, de forma rápida y prestando poco interés, me llamó la atención que su autor el premio nobel francés J.M.G. Le Clézio decía en el mismo:

 "A menudo he soñado con un libro completo en el que cupieran los pájaros, los insectos volando en la luz matinal, las gotas atrapadas en las telarañas, el cielo cambiante según la estación, el olor de la lluvia y el murmullo del viento, las voces de los animales; un libro que me hiciera experimentar el calor del sol, la caricia leve de las plantas, un libro que atesorase los secretos visibles e invisibles del mundo [ ... ]. Un libro que me hiciera tan feliz como cuando en otros tiempos leía a Virgilio, junto al mar, a la sombra de los olivos (hoy en día sustituidos por edificios). Un libro en el que la poesía fuera como una respiración, en el que el lenguaje nos acercara su música. Creo que el libro de Sue Hubbell es ese libro".

Yo no he leído a Virgilio junto al mar. No puedo comparar. Pero "Un año en los bosques" me ha gustado mucho.

Es el libro de las vivencias de una mujer que vive sola en una granja en las perdidas montañas Orzaks, en el medio oeste norteamericano, donde decide ir junto a su marido (que al poco le abandona) a rehacer su vida para alejarse de un estilo de vida que le hastía cada vez más y de una sociedad inmersa en la guerra de Vietnam.


Sue Hubbell era hija de un botánico al que acompañaba en sus excursiones por los montes, del que aprendió el nombre científico de las plantas y, lo que le resultaba más fascinante, las relaciones de parentesco entre ellas ... ¡a la edad de seis años!

Es un libro en el que selecciona temas de historia natural que desarrolla siguiendo el ciclo anual. Es un libro escrito por una naturalista, bien formada y gran observadora, que no pierde la sorpresa al descubrir nuevos detalles del funcionamiento de los ecosistemas en los que vive, que no deja de cuestionar sus ideas previas al contrastarla con la realidad, que comprende que no hay una única respuesta para cada pregunta relativa al complejo funcionamiento de la vida silvestre. Y, que hace trascender sus observaciones, a sus experiencias personales y a su estado de ánimo. Algo muy humano.


Los protagonistas son los seres vivos de su entorno. Son los pájaros, que conoce de forma precisa en cuanto a sus costumbres y querencias. Son los helechos de reproducción singular y distribución restringida. Son las termitas que se instalan en los cimientos de su granja. Son las historias de los ácaros, las polillas y los murciélagos. Son las bacterias descomponedoras del humus ("los millones de organismos que metabolizan con ferocidad la tierra"). Son las serpientes cabeza de cobre y las de boca de algodón, con las que convive con naturalidad, sabiendo que su granja ha ocupado los territorios de aquellas. Son las zarzamoras y los rosales multiflores que se expanden por los terrenos abiertos por el ser humano y abandonados. Son las ranas arbóreas, con sus ciclos explosivos que ocupan su vivienda. Son los pensamientos salvajes que crecen en los peñascos más templados del valle. O las cucarachas americanas, con sus ancestrales estrategias, o la zarigüeya americana que se alimentan en sus propias colmenas.


Pero también son protagonistas sus animales domésticos. Los perros, cada cuál con su genio, sus compañeros de aventuras en la soledad del bosque. Su gato, cauto e independiente. Sus gallinas y gallos, siempre en tensión por la presencia del coyote, siempre generosas ofreciéndole sus huevos.

Y, sobre todo, sus abejas. Sue tiene 300 colmenas que distribuye en grupos en los prados y campos de otras granjas. La venta de la miel es su medio de vida. Su difícil medio de vida, en unos tiempos en los que a Estados Unidos comienza a llegar miel sudamericana con precios que hacen inviables las explotaciones. Ella construye las cajas con tableros de palés. Ella recoge enjambres. Ella renueva las reinas. Envasa, etiqueta y lleva a vender a la miel a numerosos pequeños establecimientos repartidos por varios estados. Las abejas son el centro de su vida, son su ocupación y su tema de estudio. De hecho, publicó unos años después "A Book of Bees: And How to Keep Them". Sus dieciocho millones de colaboradoras distribuidas por las colinas de Misouri forman su invisible imperio del que ella se siente una sofisticada parásita. Este libro hará disfrutar a los aficionados a estos insectos.


Pero también refleja con una naturalidad, resultado de la adaptación al medio, las dificultades y adversidades que presenta vivir en el bosque. Evitar las filtraciones la cubierta de la casa, manejar la motosierra para cortar árboles que le sirvan como leña, conducir sobre pistas que el barro hace impracticables, defender a sus gallinas del coyote o del cárabo, arreglar su vieja camioneta en sus múltiples averías y ... mil problemas más. La imprescindible cooperación con sus granjeros vecinos, los ozarkers entre los que se van lentamente integrando, a los que cada vez comprende mejor sin perder la perspectiva de quien se crió en una ciudad y que contó con una amplia visión del mundo y de la vida.

Que se integra en la singular comunidad de granjeros pero que toma partido por las luchas que van surgiendo. Como cuando se suma al movimiento "Ciudadanos por un Río que Fluya Libre" que intenta -y consigue- detener la construcción de una inútil presa en el río que pasa junto a su finca. Sus reflexiones no tienen desperdicio.

"Desde el principio, tanto los defensores como los detractores de la presa eran víctimas inocentes de una realidad mugrienta. nadie sabía cómo o por qué se construyen las presas, ningún bando disponía de cifras o hechos fidedignos. Pero no pasaba nada, pues la polémica giraba en torno a cuál era el valor de esta zona de los Ozarks y sus expectativas de futuro: cuestiones que poco tienen que ver con la realidad, los hechos, las cifras o incluso la presa, dicho sea de paso. Quienes querían la presa eran los que pensaban que sería bueno convertir el pueblo el pueblo en uno de esos situios donde hay un McDonald's. Quienes se oponían pensaban que eso no traería nada bueno. La presa era, desde luego, lo de menos ..."

Es un libro escrito por una mujer en una edad de madurez creativa, en un estado de soledad y tras cicatrizar las heridas causadas por la vida. En uno de los capítulos, intercalado en la actividad de los pavos salvajes, de los gorriones de garganta blanca y de su deseo de dormir al aire libre, se pregunta por el papel de las mujeres maduras en el diseño de las cosas y, entre otras ideas, comenta:

"Como nuestra cultura no nos ha asignado ningún papel real, podemos crearlo nosotras mismas. Ésta es una buena época para ser una mujer madura con personalidad, fuerza y agallas. Somos increíblemente libres. Vivimos mucho tiempo. Nuestros hijos son ya los adultos independientes en los que los ayudamos a convertirse, y aunque puede que sigan queriendo nuestro amor, no necesitan nuestros cuidados. Las normas sociales son tan flexibles hoy en día que nada de lo que hagamos resulta chocante. ya no tenemos barreras políticas. Siempre y cuando conservemos la salud y dispongamos de los medios para tirar adelante, podemos hacer cualquier cosa, tener cualquier cosa e invertir nuestro talento como nos plazca".

La arribada invernal de un ejemplar de una gaviota de Kamchatka al río Misisipi le permite dar su visión sobre el devenir de la afición a observación de aves:

"Que concedan títulos por el avistamiento de aves raras es un indicador de los que le ha pasado a la observación de aves [...] Es un asunto competitivo. Se organizan torneos donde un as de la ornitología pone a prueba sus conocimientos frente a otro, y gana quien ha visto más especies de aves en un periodo de veinticuatro horas, con la ayuda de casetes con el canto grabado de los pájaros [...]. Es un enfoque de la historia natural como trofeo".


También aborda la cuestión de la corriente del retorno al campo, al fin y al cabo, es su propia historia personal. En los Estados Unidos, este movimiento neorural es mucho más antiguo y está motivado por razones muy variadas, más allá de las que conocemos en la Europa postindustrial. De hecho, desde 1930 oleadas de personas cansadas de la vida urbana se han ido instalando en granjas para llevar una vida más sencilla. Sobre las mismas comenta:

"Lo que aún no han descubierto es que una vida es tan sencilla o complicada como la persona que la vive, y que si a una persona le parece abrumador vivir en la ciudad, se lo parecerá aún más vivir aquí, donde es mucho más difícil ganarse la vida. [...]. Los urbanitas ruralizados idealizan a la gente de aquí mientras aún viven en las ciudades; pero aquí la gente no es gente sencilla, ni por asomo. Los ozarkers tienen vidas igual de complicadas que las de todo el mundo. Sin embargo, poseen habilidades y recursos para vivir en estas colinas; aunque se lo tienen callado, de ahí que parezca fácil ... y sencillo [...]. Los buscadores de vidas sencillas siempre traen una o dos teorías que exponen sin cortarse un pelo que difieren en los detalles pero que se resumen en saber mejor que los campesinos cómo vivir en el campo. Como cabría esperar, eso suele ofender a los lugareños. Por otro lado, con el paso de los años los buscadores de vidas sencillas han acabado representando una cosecha de dinero sin igual: llegan con un montón de ahorros para respaldar sus teorías, y se van tan rápido que no conviene dejar tralucir demasiado la animadversión. Más vale aprovecharse de ellos antes de regresen con sus sueños hechos añicos, a sus ciudades y sus cheques"

Ella goza de la doble experiencia y tiene empatía por ambos grupos humanos y se muestra amable, pero realista, ante los numerosos buscadores de vidas sencillas que le piden orientación.

Sus observaciones de la vida silvestre le sugieren reflexiones en las que rezuma una sabia ironía. Debatiendo por teléfono con un entomólogo sobre el comportamiento de las orugas procesionarias, éste le comentó:

"Si alguna vez descubres lo que hace desfilar a las orugas procesionaria, por favor, ilústrame. A lo mejor es lo mismo que hace que la gente coja el coche para meterse en atascos los domingos, vea la televisión o vote al Partido Republicano".


Con la madurez de quien saber leer la historia de su vida y lo difícil que es cambiar las cosas, a resultas de su experiencia en la lucha contra la presa, concluye:

"En una ocasión intenté parar una guerra, y en otra ocasión colaboré activamente en el nacimiento de un sindicato laboral en la biblioteca donde trabajaba. Pero, en líneas generales, podría decirse que el mundo ha resistido con alegría y astucia, a mis intentos por salvarlo".

En resumen, una lectura muy grata.

viernes, 29 de julio de 2016

EN LOS LIBROS DE TEXTO

La difusión del conocimiento suele seguir una trayectoria bien definida. En una primera fase, los investigadores muestran sus aportaciones entre la comunidad científica mediante artículos en revistas científicas y comunicaciones en congresos. En una segunda etapa, se extiende entre sectores más amplios de la sociedad a través de publicaciones divulgativas y los medios de comunicación, éstos últimos cada vez más eficaces. En una tercera etapa, los conocimientos se incorporan al sistema educativo de forma que se accede a amplios sectores sociales que se encuentran en plena formación, generalmente en su infancia o juventud.

Conocer una singularidad como es el chopo cabecero, a pesar de su singularidad, ha seguido el mismo recorrido. 


Alrededor de este aprovechamiento agrosilvoganadero tradicional casi exclusivo de la cordillera Ibérica convergen diferentes aspectos que multiplican su interés: cultura popular, ecología, paisajismo, arte, historia, gestión de los recursos naturales y muchos otros. Pero, por su distribución territorial tan específica (cordillera Ibérica), por el escaso peso social de esta región geográfica y, sobre todo, por el completo desconocimiento existente hasta hace bien poco, el chopo cabecero ha pasado desapercibido en la sociedad. 

Pues bien. El camino no ha resultado fácil pero podemos decir que ya levamos mucho andado. Ya hemos llegado a la tercera etapa. El chopo cabecero ya ha entrado en el ámbito de la Educación en Primaria y, sobre todo, en Secundaria. El Aula de la Naturaleza de Aguilar del Alfambra (con sus materiales didácticos específicos bien diferenciados por niveles), las cartillas didácticas para salidas de campo (IES Pablo Serrano, Comarca Comunidad de Teruel) y páginas web (IES Valle del Jiloca, Centro de Estudios del Jiloca) se ven completadas con la aparición en los libros de texto. Os contamos.


La Editorial Edelvives ha incluido una actividad didáctica destinada a pautar y explicar cómo trabajar una fuente de información tan singular como Internet. En concreto lo ha hecho en el libro de texto de la asignatura Geografía e Historia de 3º ESO en la edición de 2015 dentro de la unidad didáctica "El sector primario". Mediante un sencillo proyecto de investigación sobre el chopo cabecero se persigue que el alumno aprenda a buscar, extraer y organizar la información ofrecida por una fuente tan singular como Internet al tiempo que se profundiza en los contenidos del sector primario (silvicultura) con un tema novedoso por ser poco conocido.


Como un tema de interés para adquirir destrezas metodológicas, pero el chopo cabecero ya ha entrado en muchas de las aulas de Secundaria de institutos y colegios de todas las comunidades autónomas españolas. 

¡Enhorabuena a los responsables por su trabajo!

martes, 5 de abril de 2016

UN SELLO POSTAL PARA CELEBRAR LOS MIL ARTICULOS DE NATURA XILOCAE

Hace casi ocho años que nos embarcamos en la andadura de poner en marcha Natura Xilocae. Un blog donde recoger las observaciones naturalistas realizadas en las comarcas del Jiloca y del Campo de Daroca. En el que difundir las cada vez más abundantes iniciativas medioambientales. Y con el que promocionar los valores ecológicos y paisajísticos de este rincón de la cordillera Ibérica. Siempre con el objetivo de favorecer su conservación. 

Contamos con un espacio natural de enorme interés científico y ecológico aunque no suficientemente comprendido y valorado por nuestras gentes (las lagunas de la cuenca de Gallocanta). Contamos también con un ramillete de espacios naturales igualmente valiosos pero mucho menos conocidos y todavía menos estudiados que están incluidos entre los Lugares de Interés Comunitario o las Zonas de Especial Importacia para las Aves (Red Natura 2000). Y, además, una amplia superficie de agrosistemas y otros ambientes gestionados por el ser humano desde hace milenios que mantienen comunidades biológicas valiosas, donde se desarrollan procesos naturales de interés y donde habitamos varios miles de ciudadanos que disfrutamos a diario de todo ello.  

Y aquí estamos, semana a semana, publicando vivencias, reflexiones o noticias. Poniendo en el mapa a estas tierras tradicionalmente de paso, estos parajes austeros y hermosos, estos campos y montes que merecen respeto y aprecio, no solo por lo que nos aportan sino, sobre todo, por ser el hábitat de numerosos seres vivos. Animales, plantas, hongos, algas ... casi siempre discretos a nuestros ojos. Pero que están aquí, entre nosotros.

Hay una idea que nos anima en esta tarea. Acabar con la opinión de que estos parajes carecen de valor por tratarse de secarrales, por su escasa naturalidad, por no ser paisajes espectaculares ... Hay que acabar con ella por tres razones. Una por que no es cierta. Dos por que este es el argumento para acometer desmanes ambientales que nadie osaría realizarlos dentro de los espacios protegidos. Y tres por que conocer es el camino para proteger. Y en ello estamos.

Año a año, nos estamos aproximando a la edición del artículo número 1000. Un número redondo. Estamos muy contentos y queremos celebrarlo editando un recuerdo: un sello postal.

Para ello, Ricardo Polo, nuestro diseñador, ha preparado una preciosa ilustración con el logotipo de la bitácora, muestro querido mochuelo, sobre la X de Xiloca, la publicación de referencia del Centro de Estudios del Jiloca. El árbol del que crece esta bitácora.

Borrador del sello postal

Correos posibilita editar sellos postales a entidades o particulares. Sellos que pueden emplearse en envíos postales convencionales, como los que se adquieren en sus oficinas o en los estancos. El precio de estos sellos promovidos lógicamente debe incluir el valor facial y los gastos de edición. Tienen interés para coleccionistas y, sobre todo, valor afectivo o como recuerdo.

El Centro de Estudios del Jiloca va a editar este sello. Y lo va a hacer sobre pedido pues Correos solicita el número de ejemplares a editar antes de su elaboración. Una vez impresos ya no tendrá lugar una nueva reedición. El precio de cada sello va a ser de 1,50 €. Y se van a editar en pliegos de 25 sellos.

Por ello, quien desee quedarse algún pliego o algunos sellos como recuerdo personal, para su envío o para regalo conviene que se ponga en contacto con el Centro de Estudios del Jiloca (978730645 o secretaria@xiloca.com) indicando los ejemplares que encarga. Una vez sean editados su recogida y pago tendrá lugar en la sede del CEJ en Calamocha.

A por el nº 1000 ...

domingo, 28 de febrero de 2016

EN UN METRO DE BOSQUE

Un mandala (o mándala) es para los budistas e hinduistas una forma simbólica de representar el macrocosmos o el microcosmos . Mandala es también la denominación que David G. Haskell da a un pequeño rincón de un bosque primario del estado Tennesse (Estados Unidos) que estuvo visitando  y observando con profundo detalle y reflexión, como científico y como humanista, a lo largo de un año. El fruto de todo ello es En un metro de bosque. Un ensayo de divulgación científica, yo añadiría y naturalista, que se ha revelado en todo un éxito editorial.


Contiene cuarenta y tres capítulos. Comienza cada uno de ellos con algún detalle captado durante su observación en silencio y reposo. La súbita irrupción de un esparvero chico. El paso de una babosa sobre el musgo. El frío gélido de enero. Una vibración de la montaña. La apertura de un pedo de lobo. La caída de un fruto de arce. Y así hasta cuarenta y tres.

En cada caso, comienza a conectar la observación con el funcionamiento de las aves en relación al vuelo. Con la evolución de los gasterópodos terrestres. Con las adaptaciones de los mamíferos al frío. Con el significado del tiempo geológico. Con el papel de los hongos en el bosque.O con las estrategias de dispersión de las semillas de los árboles en los bosques. Y así hasta cuarenta y tres.


Pero, en cada caso, no ofrece un discurso lineal. Desde una idea, deriva a otras relacionadas, como las hifas anastomosadas que penetran en el mantillo del rebollar. Comienzas a comprender la compleja, casi infinita interrelación, entre los componentes de un ecosistema.

Y redactado con una delicadeza que, en ocasiones, más que un ensayo científico parece un texto de prosa poética. Y con la sensibilidad que sensibilidad de un monje budista. Con el rigor de un científico.

Disponer cerca de casa de un reducto de bosque primario no está al acceso de todo el mundo. Sin embargo esto no es obstáculo para que cualquiera pueda disfrutar del funcionamiento de los seres vivos y del planeta allá donde viva. Haskell añade en el epílogo:

" ... me he dado cuenta de que creamos lugares maravillosos al prestarles atención, no al descubrir lugares inmaculados que nos maravillen. Jardines, árboles urbanos, el cielo, campos, bosques jóvenes, una bandada de gorriones de las afueras de una ciudad ... todos ellos son mandalas. Observarlos atentamente es tan provechoso como observar un árbol antiguo".

Es un libro de lectura recomendada para cualquier persona que disfrute observando la Naturaleza. Un libro que te nutre de ideas sugerentes, que te ayuda a entender tus propias observaciones. Una verdadera joya.

Un consejo. Hazte con él.

martes, 15 de septiembre de 2015

ÁRBOLES VIEJOS. GUÍA PARA UNA BUENA GESTIÓN

Los ingleses saben mucho de árboles. En particular les atraen los árboles notables, los de interés histórico, los que definen a un paisaje o los que albergan mucha vida silvestre. O todo esto a la vez. Muchos de ellos son árboles viejos. Árboles que llevan creciendo, sobreviviendo o  apagándose lentamente durante décadas, a veces siglos.

Lejos de tener una connotación negativa, el término “árbol viejo” allí está cargado de valores. Y llevan mucho tiempo repensando cómo darle más vida a los árboles viejos, partiendo del conocimiento de cómo funcionan y comprendiendo todo aquello que les afecta. Y, además, llevan décadas gestionándolos, bajo el único principio posible: el del “ensayo y error”. Avanzando así en el aprendizaje.

Tipología árboles

Fruto de esta larga trayectoria de experiencias resultó la publicación Veteran Trees. A guide to good management elaborada por Helen Read y editada por English Nature en 2000. Pudimos conocer a esta investigadora en la VI Fiesta del Chopo Cabecero a la que acudió a recibir un merecido homenaje.

Esta obra ha sido traducida al castellano con el título Árboles viejos: Guía para una buena gestión. Desde unas semanas puede consultarse en la página de la asociación Ancient Tree Forum en el siguiente enlace.

Libro Helen (portada)

Es muy práctica y muy directa. Es técnica pero de lectura fácil y atractiva.

Es cierto que recoge experiencias sobre el cuidado de árboles viejos en un ambiente atlántico, bajo unas condiciones ecológicas muy diferentes a las de los montes mediterráneos. Sin embargo, muchas de las ideas son perfectamente trasladables al sur de Aragón.

Será de una gran utilidad para propietarios particulares, arboristas, gestores de espacios naturales, naturalistas y aficionados a los árboles en general.

Muy recomendable.

domingo, 19 de julio de 2015

TERUEL POR SÍ MISMO

Hace unos días vio su luz el libro “Teruel por sí mismo. Sollavientos en la opinión pública aragonesa (2007-2014)”. Es una compilación de artículos, de reflexiones puestas sobre el papel, dedicados a analizar el presente y el futuro de las tierras del Teruel interior escritos por las gentes del Colectivo Sollavientos y que ha sido editado por la Fundación Cultural del Bajo Martín y Comuniter Editorial.

Pero, ¿Que es el Teruel interior? Asignan ese topónimo a las cuencas altas del Pancrudo, Martín, Guadalope, Alfambra y Mijares. Pero, perfectamente, podría añadirse, el Aguasvivas. Considerado para sus autores como una unidad geográfica, paisajística, cultural y humana.

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Ermita de Santa Isabel y valle del Sollavientos (Allepuz)

Y, ¿qué es eso de Colectivo Sollavientos? Es una asociación libre, espontánea y desinteresada, sin personalidad jurídica, formada por personas preocupadas por la protección del patrimonio cultural y natural, así como por el desarrollo racional y sostenible de ese Teruel interior. El Colectivo ha servido, además, para trabajar codo con codo con otros grupos y plataformas preocupadas por el futuro del sur de Aragón. Con altibajos, como todos los grupos humanos, ha sido capaz de crear algo de conciencia en una provincia despoblada. En una provincia donde es más que difícil hacerse eco aunque el eco lo inunde todo.

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Secanos de Camañas

Un territorio que, como comenta Eloy Fernández Clemente en el prólogo del libro, “[es duro pero muy hermoso. Víctima de cambios estructurales que le han ido marginando (comunicaciones, recursos mineros, y problemas medioambientales, despoblación, incendios forestales, y otros. Un territorio lleno de problemas y, pero siempre también de gentes luchadoras y esperanzadas]”.

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Casa en Jorcas

Sigue el viejo profesor bajoaragonés “[Su objetivo, crear opinión sobre esos asuntos, adoptar actitudes informadoras, difusoras, negociadoras, para resolver lo mejor posible esas dificultades …].

El libro contiene  252 páginas correspondientes a 59 artículos que, en su momento, fueron publicados entre 2008 y 2012 en las páginas de Diario de Teruel y en La Comarca del Bajo Aragón. Son artículos breves y directos. Se estructuran en los siguientes apartados:

- El paisaje como identidad

- Miradas críticas sobre el territorio

- Recursos mineros y desarrollo

- Incendios forestales: levantarse tras la tragedia

- El chopo cabecero y el alto Alfambra

- Adiós a los que se quedan … Despoblación poética

- Paisanaje. Dignidad

- Teruel por sí mismo

- Sollavientos en red

- Anexos

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Paisajes de Aliaga. Foto J.L. Simón

En los próximos meses se presentará esta obra en distintas localidades y ciudades. Pueden hacerse con un ejemplar solicitándolo en su librería habitual o enviando un correo a:
victorguiu@gmail.com

Estos son los datos.

TERUEL POR SÍ MISMO, Sollavientos en la opinión pública aragonesa (2007-2014)
Autor: Colectivo Sollavientos.
Edita: Fundación Cultural del Bajo Martín-Editorial Comuniter

Una lectura para repensar el futuro de esta tierra. Una lectura que os recomendamos.

viernes, 10 de octubre de 2014

ESTE AÑO …. SI HAY ALMENDRA

Hemos consultado la serie de datos meteorológicos de La Garita del Jiloca que metódicamente recoge Agustín Alijarde. De los veintiún años registrados, en tan solo tres(2007, 2011 y 2014), no se han producido heladas a lo largo del mes de abril. Estas heladas caen en un momento en el que ya ha cuajado la flor del almendro y el ovario comienza a hincharse acumulando agua en sus tejidos. El efecto es fulminante. Un par de grados bajo cero (incluso menos frío) es suficiente para que se hiele, se ennegrezca y se acabe la expectativa de almendras.

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Este año no hubo heladas severas en abril y aunque si hubo una muy ligera en mayo, fue de casi 0 ºC. Este era un año de almendra.

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Semilla y fruto de almendro. Dibujo: Dominique Mansion.

Hace unos veinte años planté una docena de almendros en una antigua era y en un cornejal yermo que hay junto al huerto del Ventorrillo, en lo que en Calamocha llamamos La Serrana. Ayudándoles los primeros veranos con algún pozal de agua, la mayoría de los almendricos salieron adelante y fueron medrando, despacio eso sí, hasta que sus raíces alcanzaron el nivel del freático de la acequia. Después, se esporrinaron. En todos estos años no habíamos cogido cosecha. Este era el año.

Nos acercamos una tarde con unas viejas mantas y, tras varearlas, fuimos recogiendo las almendras.

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Aún les faltaba un poco, pues muchas conservaban la coscarana. Todas al saco.

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Otro día, ya en casa, nos pusimos a escoscarlas al sol de la tarde. Como los abuelos. Saboreando esas tardes dulces del primer otoño …

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Y salió casi un saco de almendra limpia. Para tostarlas con sal, para añadir al cardo, para algún guirlache. Quién sabe.

Ahí están. Tan majas. ¡Qué gusto da verlas tan limpias!

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En una época como la actual en la que los snacks de cacahuete y maíz americano y la bollería industrial inunda el entorno de los niños y adolescentes, reivindicar el consumo de los frutos secos, y más si son de la tierra, es otro pequeño acto de rebeldía al sistema que nos engulle. Ayudar a recogerlas a los padres, si es el caso, aún es mejor. Es un buen gimnasio tirar de vara.

Ayer veía pasar por el pueblo un tractor con un remolque lleno de coscaranas de almendra. No es país de almendros, decíamos hace unos días. Pero, como en todos los ambientes naturales, ocasionalmente hay excepciones. Y este año, tras la sequía de California, por lo que dicen, a mejor precio que en temporadas anteriores.

El año pasado nos acompañó Dominique Mansion por estas fechas. Le sorprendió encontrar almendros en unas tierras tan altas y secas como las del Jiloca. Y se llevó un saquillo de almendras a su tierra, la extensa llanura del Loira. Nuestro amigo publica cada año la Agenda Nature (Editions Ouest-France) y la del año 2015 está dedicada a las plantas cultivadas. Y en la primera semana de febrero dedica una página a estos frutos.

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Traducimos el comentario que acompaña a estas preciosos dibujos:

Cultivado en Irán desde más de cinco mil años, Prunus dulcis, el almendro, es un árbol de la familia de las Rosáceas, originario de Asia occidental. Sus flores aparecen al final del invierno antes del follaje. Extendido en los países mediterráneos, los almendros son muy resistentes a la sequía y está bien adaptados a suelos pobres y calcáreos. En España, sobre los páramos de Aragón con inviernos largos, es frecuente que las heladas de marzo dañen la floración.

Sin embargo, viejos campesinos siempre han plantado en el borde de los campos aún cuando la cosecha de almendras solo tuviera lugar uno de cada cuatro o cinco años. El guirlache es, en Aragón, un postre preparado con almendras tostadas y caramelo propio de la cena de Navidad en todas las familias. Desde hace más de cien años los ancianos pensaban en la fiesta de Navidad cuando plantaban los almendros. California es el primer productor mundial de almendras. Inútil precisar que los almendros de cultivo intensivo no tienen nada en común con los bellos árboles que aún pude descubrir a lo largo de los campos en España, o más raramente, en los viñedos de Anjou.

Guardaremos almendras para otros cinco años …

martes, 15 de julio de 2014

EL BAJO CÁMARAS: UNA GRANDIOSA RAMBLA

Hace un año y medio, recorriendo el valle del río Cámaras en busca de chopos cabeceros, dimos con un singular ecosistema que nos sorprendió notablemente: el ginestral de comprendido entre Villar de los Navarros y Azuara. Una formación arbustiva de ginestra o retama (Retama sphaerocarpa)  densa, continua y kilométrica. Y le dedicamos un artículo en esta bitácora.

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También nos llamaron la atención los escarpes de arcillas y conglomerados, el potente depósito de gravas y la anchura del cauce, con tramos de hasta 400 m. No toda la llanura de inundación está poblada por ginestral, ya que los cultivos de cereal y de chopos canadienses ocupan buena parte de la misma, sobre todo hacia Azuara, donde se aminoran las avenidas que aporta el río Herrera, muy perjudiciales para los cultivos y para los campo por su aporte de gravas.

Vista aérea

Hace unos días leyendo el capítulo dedicado al Aguasvivas del libro  “Atlas de los ríos de Aragón” escrito por los profesores Javier del Valle, Alfredo Ollero y Miguel Sánchez, en concreto el referente a su afluente principal, el río Cámaras, encontre´este texto que me limito a reproducir:

El Cámaras nace también en El Colladico, cerca del valioso avellanar de la umbría de Cucalón, y se dirige decididamente hacia el N. Su recorrido inicial es variado, y su corredor poco continuo, suavemente ameandrado entre Santa Cruz y Nogueras. Lo más valioso comienza en Villar de los Navarros, un cauce trenzado y sinuoso amplio, único en la margen derecha del Ebro, de 15 km de longitud y 1,2% de pendiente media, una grandiosa rambla que supera en bastantes puntos los 200 m de anchura, con barras semicolonizadas por la vegetación. Está salpicada por sectores semicanalizados con abundantes movimientos de material en el lecho”.

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Esta perspectiva hidrológica, tan propia de los geógrafos, es algo que se nos escapa habitualmente a los naturalistas, más atentos a los seres vivos. Es una visión necesaria para entender mejor los procesos naturales que determinan el funcionamiento de los ecosistemas. 

jueves, 24 de abril de 2014

MONREAL DEL CAMPO, EN LA VANGUARDIA DEL AGROFORESTALISMO

El agroforestalismo es un sistema de producción agraria en el que se combina el cultivo de plantas leñosas y herbáceas y que, en muchos casos, incluye también el aprovechamiento ganadero.

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Ofrece una amplia variedad de formaciones vegetales que se diferencian en la organización de los árboles y el resto de las plantas. Así, pueden ir desde las alineaciones de árboles, a los setos arbustivos, los huertos arbolados, los sotos fluviales, los campos con árboles dispersos o las mismas dehesas. Pueden tratarse de cultivos de especies autóctonas o foráneas, tanto las leñosas como las herbáceas. Y los árboles pueden ser tanto bravíos, como tallares o incluso trasmochos.

Incluye la regeneración natural de la vegetación espontánea …

… como la plantación activa en los lindes o en el interior de la parcela ….

Este conjunto de sistemas incluye prácticas agrícolas y ganaderas ancestrales, que probablemente se remonten al neolítico, habiendo llegado en vigencia hasta mediados del siglo XX, momento histórico en el que comenzó en el occidente europeo la agricultura intensiva tras la irrupción del petróleo y la mecanización.

El agroforestalismo persigue alcanzar en el medio agrario una serie de objetivos desde una perspectiva global.

Por un lado intenta mejorar la producción agrícola optimizando el uso del agua, los minerales del suelo y la luz. La superposición de varios cultivos permite que las raíces accedan a diferentes profundidades al tiempo que consiguen una ocupación permanente del suelo por plantas cultivadas. El bombeo de sales minerales de niveles profundos, inaccesibles para las herbáceas,  por las raíces de los árboles y, su transformación en humus en superficie, fertiliza los suelos y mejora las cosechas de cultivos herbáceos. La redistribución hídrica, mecanismo pasivo mediante el cual el agua asciende a través de las raíces y sin gasto metabólica para la planta desde las capas más profundas y húmedas a las más superficiales y secas, permite mejorar la producción de las plantas herbáceas en ambientes semiáridos.

La presencia de árboles y arbustos  permite crear microclimas favorables para los cultivos herbáceos, mitigando el efecto desecante del viento y manteniendo una mayor humedad relativa en el aire, lo que reduce el estrés hídrico y térmico. Permite, además, diversificar la producción agraria. A las cosechas de semillas u hojas, se añade las de maderas, frutos y, en ocasiones, ganado.

 

Resuelve un problema creciente de la agricultura intensiva: la pérdida en materia orgánica de los suelos. El incremento en el aporte de hojas y de raíces en el suelo y su descomposición mediante la humificación aportan mantillo que mejora las propiedades de la tierra de cultivo: porosidad, permeabilidad, textura, retención hídrica, fertilidad y diversidad biológica.

La retención de dióxido de carbono como madera y como humus en el suelo reducen a corto plazo su presencia en la atmósfera en contenido de este gas con efecto invernadero.

A su vez, la presencia intercalada de árboles o arbustos entre los cultivos herbáceos mejora la calidad de las aguas. Por un lado, reduce la escorrentía superficial y mejora el suministro hídrico de la planta en ambientes secos. Por otra parte, la absorción de nitratos y otros abonos de alta solubilidad reduce su lixiviación y, por consiguiente, la contaminación de los acuíferos, problema extendido en amplias comarcas de Aragón.

Al mismo tiempo, mejora notablemente a la vida silvestre de los agrosistemas. Los hongos que forman micorrizas prosperan en los campos mejorando las cosechas, la fauna encuentra hábitat en los árboles y arbustos, las plantas herbáceas silvestres albergan especies animales que limitan el desarrollo de plagas agrícolas, las especies cinegéticas encuentran refugio y alimento como bien saben los cazadores.

Experiencias realizadas por el Institute National de la Recherche Agronomique (INRA) de cultivo de trigo y de nuez realizados en Restinclières sobre cien hectáreas cultivadas de cultivo mixto produjeron tantos productos agrícolas y madera como en 136 hectáreas de monocultivo por separado.

En Francia el agroforestalismo muestra un pujante crecimiento existiendo 45.000 agricultores que cultivan una superficie de 170.000 hectáreas. Cada año se incorporan 3.000 nuevas hectáreas y 400 agricultores. Cuentan con una potente asociación en la que convergen el ministerio de Agricultura, el INRA, las cámaras agrarias, el Instituto de Desarrollo Forestal y asociación que trabajan por el medio ambiente en los agrosistemas. Puede disponerse de más información en este enlace.  

Mientras tanto, en el estado español la agricultura intensiva continúa con su inercia bajo el mantra de “la modernización agrícola y la competitividad” causando una pérdida en la fertilidad del suelo, la contaminación de las aguas y la pérdida de la biodiversidad. Sin embargo, hay excepciones. Algunas muy próximas.

El proyecto de creación de una red de linderos arbolados entre las parcelas agrícolas que el Ayuntamiento de Monreal del  Campo lleva en marcha desde hace veinte años con el apoyo de los agricultores, ganaderos, cazadores, ecologistas y resto de los vecinos es una experiencia ejemplar de mejora ambiental con implicación social del que ya hemos hablado.

Sus resultados se perciben tanto a nivel de paisaje como en cuanto a la abundancia y riqueza de la fauna silvestre.

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El pasado mes de marzo nos juntamos un centenar de personas a plantar sabinas albares y rebollos en el interior de una parcela que después iba a ser sembrada de forrajeras (pipirigallo o alfaz). Fue todo una fiesta.

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Un tractor había abierto surcos previamente. Cada diez metros se plantaba un árbol. Buen hoyo con la azada …

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poner la planta, cubrir de tierra las raíces y compactarla, hincar una varilla de hierro, cubrir la hoya con piedras para reducir la pérdida de agua y aplicar dos bridas entre la varilla y la parte aérea del arbolillo.

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Otras personas plantaban sabinas y arbustos entorno a las isletas de vegetación espontánea o alrededor de baldíos. Pudimos ver los resultados de la plantación de otros años alrededor de los soportes metálicos de las líneas de conducción eléctrica.

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El caso de Monreal del Campo es un ejemplo de una iniciativa municipal y vecinal muy singular. Todavía falta mucho para que sean los propios agricultores los que lleven la iniciativa en sus explotaciones. Es una cuestión de tiempo. Mientras tanto felicitemos a las personas que, adelantadas a su tiempo, han visto que la agricultura y el medio ambiente han de ir de la mano.

domingo, 23 de marzo de 2014

POR EL CORAZÓN DE LA SIERRA DE BAZA

La sierra de Baza forma parte de la cordillera Bética. Entre Sierra Nevada y la sierra de los Filabres, asomando sobre las Hoyas de Guadix y de Baza, emergen unas montañas que culminan en el monte Santa Bárbara (2.271 m.). Está situada en la provincia de Granada aunque linda con la de Almería.

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Eclipsadas para el público por las cercanas y espectaculares cumbres del Mulhacén y del Veleta, alejadas además de la turística ciudad de Granada, estas sierras interiores son poco conocidas. Sin embargo, albergan unos valores ambientales que las han hecho merecedoras de su declaración como parque natural por la Junta de Andalucía en 1989 en una extensión de 53.649 hectáreas.

La sierra de Baza desde la Depresión de Guadix-Baza. Foto: Junta de Andalucía

Especialmente destacado es el conjunto de comunidades vegetales organizados en pisos de vegetación entre los que sobresalen los pinares de montaña (albar y negral), los bosquetes de arces y los prados de alta montaña.

Pinares albares en el piso oromediterráneo. Foto: Junta de Andalucía

Este territorio, antiquísimamente poblado por el ser humano, ofrece múltiples huellas de su actividad integrándose los valores culturales y los ambientales, a pesar de la desaparición de las comunidades rurales de montaña tras el éxodo de los años 60.

Este invierno hicimos una incursión a esta sierra. Accedimos por su vertiente norte, desde la depresión de Guadix y de Baza. Se trata de un territorio en el que encontramos rasgos que nos recordaron a ciertas comarcas del sur de Aragón. Un altiplano situado a más de 800 m. de altitud y rodeado de elevadas montañas. Una cubeta sedimentaria –antigua laguna endorreica- con potentes depósitos de arcillas. Un clima frío y seco, afectado por el efecto Fohen de la potentes sierras próximas. Un paisaje agrícola de cereal y almendro, con la singularidad del olivo que asciende hasta los 900 m. por efecto de la latitud, y unas vegas dedicadas mayormente al cultivo de los chopos híbridos. Como si estuviéramos en el Alfambra. Como veremos más adelante, no fue lo único que encontramos en común.

Desde Caniles nos dirigimos hacia el sur atravesando primero campos de cereal, de almendros y de cultivos de plantas aromáticas…

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pero, conforme comenzamos a ascender, asomó un paisaje muy diferente.

A pesar de la notable altitud y de la relativa proximidad al mar, estas vertientes están afectadas por la sombra pluviométrica que ejercen las potentes sierras del entorno. Era un antiguo paisaje ganadero, pastizales ralos en su día, en proceso de recuperación tras el retroceso de la cabaña ovina y caprina de las últimas décadas. Un paisaje que nos hablaba también de erosión por las acusadas pendientes, por los materiales deleznables y por la deforestación histórica. Era un paisaje muy bello.

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formado predominantemente por esparto …

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y retama …

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Plantas xerófilas y heliófilas, así como tolerantes a las heladas, con adaptaciones para sobrellevar la tremenda presión ambiental.

Al remontar de nuevo cambió el paisaje. Entramos en el pinar.

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Pinares negrales (salgareños, dicen allí) plantados en los años 70 sobre abruptos montes de sustrato silíceo (esquistos y gneises) y sobre el dominio del carrascal, aunque también del propio pino negral. Estas plantaciones fueron realizadas en un contexto histórico del desarrollismo franquista y en un marco social de abandono de la población rural hacia los polos industriales españoles. Seguramente no debieron estar exentos de conflicto por ser afectar a un territorio extensísimo, casi inabarcable con la vista.

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Sin embargo, aún encontramos actividad ganadera, fundamentalmente rebaños de ovejas que pacían en los claros de los pinares …

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Subimos por la carretera que lleva a Escúllar hasta la cota de los 1.900 metros donde encontramos nieve sobre el firme en alguna umbría. Y dimos con nuestro objetivo. El acceso al sendero de los álamos centenarios.

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Descendimos entre el pinar por el barranco del Aguardentero en busca del Arroyo Bodurria.

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Un valle alto que estaba enmarcado por cimas de casi 2.000 metros.

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En el fondo fuimos encontrando algunas tierras de labor, las más abandonadas y cubiertas de herbáceas aprovechadas como pastos. Cerca de los campos encontramos los primeros álamos negros.

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Árboles de troncos gruesos y huecos, con corteza agrietada  y con abultamientos laterales. Árboles de porte tortuoso, con ramas dispuestas desordenadamente y que parecían descansar sobre un soporte más antiguo. Algo extraño y familiar a un tiempo para nosotros.

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Al poco alcanzamos el propio arroyo Bodurria. La notable altitud y las fechas invernales permitían la presencia de hielo a pesar de lo avanzado de la mañana …

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Avanzamos un poco más y dimos con los álamos centenarios.

Viejos chopos con troncos huecos ..

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…. de cuyos extremos surgían gruesas ramas.

Troncos con la cruz a escasa altura …

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En ocasiones las ramas crecían rectas …

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pero las más de las veces curvadas …

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A veces surgían las ramas desde otras curvadas ….

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Eran ejemplares muy veteranos …

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Parecían trasmochos. Pero nos costó confirmarlo ya que el turno de escamonda debió perderse hace muchas décadas. Nos acercamos a un cortijo que estaba siendo recuperado por sus antiguos pobladores. Rondaban los setenta años y habían vivido en la sierra hasta los quince años. No conocían el aprovechamiento de las ramas mediante la escamonda.

Y seguimos estudiando los árboles. Al cabo, dimos con una grupo en el que eran evidentes las superficies de corte en la base de las ramas, en la misma cruz. 

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Un corte que debió realizarse desde el propio suelo…

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.. y que dejaría a los brotes al acceso del diente de las entonces abundantes cabras. Algo raro.

Pero evidencia de que se trataba de álamos negros trasmochos como se observa en este ejemplar muerto.

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Tal vez hubiera un par de cientos de ellos en la ribera del arroyo Bodurria. También los había bravíos. Más jóvenes, generalmente …

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… siendo todos ellos objeto de interés entre los gestores de este espacio natural protegido.

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Aguas abajo encontramos un bosquete de álamo temblón (Populus tremula), con ejemplares en buen estado y de gran interés biogeográfico por encontrarse en su límite meridional ya que esta especie es más propia del ámbito eurosiberiano.

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Muy cerca de la aldea de Los Mellizos, abandonada desde hace más de cuarenta años. Esta cortijada es un testimonio de la vida serrana en estos montes previa a la emigración y a la plantación de pinos.

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Hoy en ruinas, recorrer el caserío te hace trae a la mente las voces de las gentes y de los ganados, los huertos cultivados …

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y el olor del humo de las chimeneas y de los hornos, por entonces en pleno uso ...

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Volviendo a pensar en el uso de los viejos álamos trasmochos llegamos al pequeño cementerio, cuya puerta estaba recién restaurada. En el suelo se habían dejado las antiguas vigas del antiguo pórtico. Eran ramas curvadas, como las de los chopos del arroyo.

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Lo que confirmamos entre los edificios que aún quedaban en pie. 

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Las vigas eran también de álamo negro…

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Es posible que la ausencia de arbolado en estos montes sobrepastoreados obligase a los paisanos a aprovechar las ramas de los chopos de la ribera  mediante su escamonda. Aunque también pudieron ser fustes obtenidos de tallares o de jóvenes bravíos.

Tenemos constancia de la existencia de chopos cabeceros en la sierras interiores de la Región de Murcia, territorio repoblado por aragoneses tras su conquista por los cristianos. La sierra de Baza está a menos de menos de 100 km. de Sierra Espuña, una de estas sierras murcianas. Es solo una hipótesis.

En cualquier caso, estos árboles tienen una notable singularidad y su gestión tradicional incluye aspectos que se nos escapan.

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Junto a la cortijada de Los Mellizos afloran unos peñascos que angostan el valle y encajan el arroyo.

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Aguas abajo, pero muy cerca del pueblo, encontramos otra de las joyas naturales de esta excursión: el castaño monumental.

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cuyas castañas debieron aprovechar muchas generaciones de serranos, tal como nosotros hicimos pues estaban recién caídas ….

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Y, al volver, también cerca de la aldea, encontramos este pino negral centenario ….

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testigo de los primitivos bosques que poblaron estas sierras.

Una sola jornada invernal por la sierra de Baza nos descubrió alguno de sus numerosísimos valores ambientales. Es un territorio que merece la pena conocer, que en muchos aspectos evoca a las sierras del sur de la Ibérica. Pero también con notables diferencias. También la población de chopo cabecero más meridional en la península Ibérica que conocemos, una verdadera singularidad cultural.

Este espacio natural dispone de una interesante y actualizada publicación on-line que recomendamos para quien desee conocer más. Se trata de la revista digital Proyecto Sierra de Baza.