Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

sábado, 11 de noviembre de 2017

EL DESCUBRIMIENTO DE UN PAISAJE. CONTRIBUCIONES AL ESTUDIO DE LA BIODIVERSIDAD DE PLANTAS AROMÁTICAS EN EL ENTORNO DE CALAMOCHA

Probablemente desconcierte al lector el hecho de comenzar un artículo dedicado a la biodiversidad hablando del descubrimiento de un paisaje. Ahora bien, en el contexto de establecer el profundo vínculo entre Aragón y Valencia, cobra sentido explicar brevemente cómo surgió la inquietud que vino a desembocar en los estudios que posteriormente describiré.

Aún a riesgo de caer en la digresión, me parece oportuno compartir con el lector, a modo de reflexión previa, qué representa para mí el paisaje y concretamente el aragonés. No entiendo por paisaje un decorado en el que transcurren los acontecimientos, ni siquiera tan solo una fuente de emociones más o menos gratas. Para mí el paisaje es el fruto de un diálogo íntimo y personal entre el individuo en su globalidad y el entorno. Solamente así puedo explicar el impacto en mí, acostumbrado a un entorno como el valenciano tan mediado por la mano del hombre y sus quehaceres, del paisaje turolense. El devenir de las estaciones del año, con sus rotundos cambios de luz y colorido, con sus aromas particulares…, no me dejó indiferente. Y sobre todo, esa soledad que transmite verdades que van más allá de nosotros mismos y de nuestras inquietudes cotidianas. Ese impacto tenía que arraigar de algún modo y lo hizo valiéndose de una tradición artística familiar que me impulsó a pintar con frenesí cada vez que estaba por estas tierras. Los ocres veraniegos, los grises invernales, el colorido explosivo de las choperas en otoño y los mil verdes de la primavera fueron para mí fuente de inspiración y felicidad. Sí, felicidad. Cuando la pintura es fruto de ese diálogo íntimo con el entorno al que me refería cobra una dimensión que va mucho más allá del puro deleite o entretenimiento. 

Pero mis avatares profesionales vinieron a completar, que no a sustituir, ese diálogo con el paisaje. Mi trabajo en el Instituto Agroforestal Mediterráneo, en la Universidad Politécnica de Valencia, me proporcionó la oportunidad de adentrarme en un mundo tan fascinante como el de las plantas aromáticas. Como químico de profesión, mi atención estaba dirigida hacia la composición química y ello podría haberme llevado a una visión reduccionista y consecuentemente pobre, centrada meramente en las posibles aplicaciones técnicas, a cuyo estudio, por otra parte, me debo por profesión. Pero no fue así. Aquí tengo que hablar necesariamente de la influencia de un entorno científico estimulante y positivo. Las buenas influencias no son cuestión de cantidad sino de calidad y este es un buen ejemplo. Unas pocas pero amenas y enjundiosas conversaciones me ayudaron a comprender que en definitiva, mis compuestos químicos, de nombres exóticos y a veces impronunciables, no eran, en definitiva, más que las palabras con que las plantas dialogan entre sí, con su entorno natural y con el resto de seres vivos. 


Y así comenzó el trabajo que quiero exponer. El punto de partida cabe situarlo en el interés existente entre algunos compañeros de la antigua Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Agrícola en torno al ajenjo común (Artemisia absinthium L.) y sus posibles aplicaciones. Unas primeras muestras procedentes de Gargallo (Teruel) constituyeron la base de un trabajo fin de carrera en el que por primera vez se llevó a cabo un análisis químico riguroso de su aceite esencial, obtenido mediante un método de hidrodestilación con equipo Clevenger, que era una de las prácticas habituales en nuestra asignatura de Fundamentos Químicos de la Ingeniería. La necesidad de disponer de cantidades suficientes de material vegetal para posteriores trabajos me llevó a explorar detenidamente los alrededores de Calamocha. De este modo, unos ruderales cercanos a las escuelas se convirtieron en un campo experimental en el que se realizaron diversos experimentos relacionados con la identificación de quimiotipos o “razas químicas” en la composición del aceite esencial, su variación estacional o la comparación entre raíces, hojas y flores. Estos experimentos dieron lugar a diversas comunicaciones en congresos internacionales y artículos en revistas especializadas. 

Población de ontina (Artemisia herba-alba Asso)
Una importante conclusión de estos trabajos fue la identificación de dos quimiotipos que comparten hábitat en Calamocha, caracterizados por la presencia de epoxiocimeno y acetato de crisantemilo como compuestos mayoritarios. Lo importante era, sin embargo, que carecían de tuyona, un compuesto neurotóxico que siempre había sido considerado problemático de cara a las posibles aplicaciones de la planta. Por otra parte, el estudio de los compuestos relativamente volátiles presentes en la raíz abrió una prometedora línea de investigación que contribuiría a explicar el carácter invasivo de esta y otras plantas del género Artemisia

La evolución posterior de estos trabajos abrió también las puertas a la colaboración con la Universidad de Corvinus (Budapest). Ello nos ha permitido estudiar la adaptación del ajenjo a diferentes condiciones edafológicas y bioclimáticas.


Un estudio similar está comenzando actualmente en relación a otra planta muy familiar en nuestro entorno calamochino: la ontina o Artemisia herba-alba Asso. Se trata también de otra planta que invade terrenos yermos y ruderales, siendo muy común en zonas muy próximas al casco urbano, tal como se puede apreciar en la figura 1. Los primeros datos sobre la composición de su esencia indican un elevado contenido en las neurotóxicas tuyonas (estoy hablando de la esencia, no de la infusión. También la salvia contiene tuyona en su esencia y su infusión además de beneficiosa es bien agradable). También se aprecian proporciones importantes del alcanfor y eucaliptol, no observándose diferencias importantes con respecto a los datos referidos desde otros países de la cuenca mediterránea como Argelia o Túnez.


Otro conjunto de trabajos que han tenido como protagonistas plantas aromáticas de nuestro entorno es el relacionado con Thymus vulgaris L. Muestras procedentes de tres zonas (Santa Bárbara, los terrenos yesíferos cercanos a Navarrete y los alrededores de Lechago) fueron recolectadas a principios de mayo, en plena floración y tras un comienzo de primavera relativamente húmedo, y en pleno agosto, tras un importante periodo de sequía. El objetivo era estudiar la influencia en la composición del aceite esencial del stress hídrico y los resultados fueron bien claros: un aumento muy llamativo de la concentración de su principal componente, el eucaliptol.

Tomillares cercanos a Navarrete, uno de los puntos de muestreo en las investigaciones sobre stress hídrico en Thymus vulgaris L.
Y dejamos para el final las mentas. Sobre la Mentha suaveolens Ehrh., representada en una población situada en la rambla de la Cirugeda, hemos llevado a cabo diferentes estudios comparativos entre esta población y otras emplazadas en entornos bioclimáticos muy diferentes. 


La situada en Calamocha registra una proporción extremadamente alta, no observada en la numerosa bibliografía al respecto, de un compuesto, el óxido de piperitenona, de gran interés tanto por su diversa e intensa actividad biológica como por ser el punto de partida para determinadas síntesis químicas. Es muy probable que esta elevada especificidad en la composición de la esencia (en algunas muestras se ha llegado al 90 % del citado compuesto) sea una respuesta a las particularidades bioclimáticas de la zona, correspondientes a un clima supramediterráneo. 

Población de Mentha longifolia L junto al cauce del río Pancrudo, cerca de Navarrete.
Por último tenemos una especie que es particularmente abundante en las riberas del Jiloca y Pancrudo, así como en los márgenes de sus acequias: la Mentha longifolia L., popularmente conocida como “mentastro”. Su composición es rica en cetonas monoterpénicas, características por su actividad biológica. A lo largo de estos últimos años estudiamos varias poblaciones situadas en parajes muy conocidos y cercanos a Calamocha: el río Pancrudo, cerca de donde parte la carretera que lleva a Cutanda y Olalla, “El Salto” y otras zonas a orillas del Jiloca camino ya de la Virgen del Rosario. La esencia obtenida de estas plantas muestra una muy acusada variabilidad química: cetonas como la carvona, pulegona y mentona; derivados del mentol y terpineol, etc., se hallan irregularmente distribuidos en plantas que muchas veces distan pocos metros entre sí. Por otra parte, no es extraño conociendo la facilidad con que las diferentes especies del género Mentha son capaces de hibridarse espontáneamente. De hecho, la taxonomía de este género es conocida por su complejidad, no exenta muchas veces de puntos de vista contradictorios. Entre los múltiples perfiles químicos hallados en estas plantas destaca uno, cuya presencia es relativamente mayoritaria y característica de esta zona: el constituido por acetato de alfa-terpineol y acetato de carvona, compuesto este último de interés por su actividad repelente de insectos. Entre todos los estudios realizados acerca de la M. longifolia cabría destacar, sin embargo, el realizado en una población situada en la confluencia de los ríos Jiloca y Pancrudo, en el bello paraje de Entrambasaguas. Hasta cinco perfiles químicos claramente distintos han sido identificados en las esencias obtenidas de dicha población, constituyendo un valioso ejemplo de biodiversidad.

Un aspecto especialmente interesante y novedoso de las investigaciones que hemos realizado en torno a la M. longifolia es la variación a lo largo del día de la naturaleza y proporción de los componentes volátiles presentes en hojas e inflorescencias. Las flores muestran ritmos circadianos en su composición adaptados a la necesidad de ser polinizadas por determinados insectos, cuya presencia en torno a las flores, también presenta ritmos regulares condicionados también por los vaivenes meteorológicos del día: humedad, insolación, viento, etc. Sin embargo, el resto de la planta, cuyo papel ecológico es diferente, muestra una composición diferente a la de las inflorescencias, siendo además más estable a lo largo del día. Volviendo al comienzo de este artículo, ésta sería una clara manifestación de ese diálogo cuyas palabras son moléculas orgánicas con sus correspondientes grupos funcionales.


Pues hemos llegado al final de esta breve descripción de unos trabajos que en definitiva han sido fruto de la convergencia entre los objetivos profesionales, la vinculación familiar y afectiva a un territorio y su paisaje. Invito ahora, al lector interesado, a acudir a cualquiera de los trabajos referidos en el anexo a este artículo para profundizar y conocer con mayor detalle los objetivos, metodología y conclusiones de estos estudios.

Juan Antonio Llorens Molina
Instituto Agroforestal Mediterráneo
Universidad Politécnica de Valencia

2 comentarios:

Anchel de Jaime dijo...

Muy buen trabajo Juan!! A seguir reblando!


Anchel de Jaime.

Jilocano dijo...

Mejor sin reblar. Buen artículo