Los que hemos vivido en el “Barrio Arriba” de Calamocha (Santo Cristo y alrededores) siempre hemos oído hablar de la rambla de Bañón. Ya muchos de nuestros abuelos nos advertían del peligro que corría buena parte del pueblo, cuando a sus ojos vieron construir parte del sur de la localidad, situándose en los márgenes de lo que parecía ser una vaguada natural siempre seca, pero que de vez en cuando se llenaba de agua incluso con la mínima tronada: la calle del Mercado (Avenida David Lario) y alrededores.
En efecto, ha sido una zona conflictiva desde los inicios, desde que los primeros cimientos se clavasen en este terreno, pues no había manera de construir haciendo zanjas tradicionales, pues se llenaban de agua, sino que había que meter enormes vigas con máquinas percutoras, sobre las que se asentarían más tarde las viviendas. La existencia de una corriente subterránea asociada a un importante acuífero muy superficial es bastante patente.

Foto: Calamocha TV
Resulta curioso no obstante que en un vistazo a mapas topográficos no haya ni rastro de un curso de agua en la zona, ni continuo, ni discontinuo, ni siquiera un topónimo que haga referencia a “barranco”, “rambla” o “juan”. Una de las únicas pistas que tenemos es una antigua fuente, ya perdida, en lo que hoy es el campo verde.
Una de las causas probables es que el cauce se haya desdibujado en exceso en una zona totalmente agrícola y en apariencia muy llana. Pero hay varios ejemplos de cauces así y sin embargo siguen apareciendo en los mapas: el Arroyo de la Cañada, el Arroyo de la Calera o el Arroyo Corral Viejo son los tres principales, sobre los que convergen otros que bajan de los montes de la cara sur y suroeste de Bañón. Estos arroyos pasarían por debajo la autovía A-23, la carretera N-234 y finalmente se colarían por debajo del puente de San Antonio, cruzando la vía de ferrocarril, camino ya de las acequias del Jiloca y del propio río.


Sin embargo no hay ni rastro de cauces más al norte, ni siquiera se llega a apreciar el aluvial, como en el caso de las otras ramblas, cultivadas en forma de suaves bancales perpendiculares al sentido de las aguas:

Recuerdo que un día, intrigado por este tema, tras unas lluvias no especialmente intensas subí camino arriba. Ni que decir tiene que los relieves de esta zona se hayan completamente desprovistos de vegetación natural. Amplísimas superficies de cultivo se abren en esta altiplanicie, separadas en el mejor de los casos por pequeños ribazos de herbáceas y matorral de escaso porte. La capacidad de retención de agua en el suelo es muy limitada.
Estas son unas fotos del día 21 de agosto de la llegada del agua que baja por el camino de Bañón, junto a la gasolinera, cortando la N-234. El día 22 se volvería a repetir.

Esta otra es una vista del camino (o río) de Bañón…

¿De dónde sale tanta agua en tan poco tiempo?
En aquella ocasión toda esta agua discurría por dos zonas principalmente: un camino que sale a la izquierda al poco de entrar en el propio camino de Bañón (que recoge el agua en unas 20 ha de terreno en el que encontramos antiguas eras, granjas y pajares) y el propio camino de Bañón, por el que discurre abundante agua hasta aproximadamente el Campo de Aviación. De allí, una gran masa de agua fluía poco a poco, drenando hacia el propio camino.

Esta es una imagen de pendientes sacada de los datos LiDAR de la zona a partir del modelo digital de superficie:

En ella se observa con claridad cómo los cauces principales se desvían antes de llegar a la localidad, uniéndose al sur, tal y como aparecen marcados en los mapas topográficos.
Sin embargo, en la zona del Campo de Aviación a priori no se ven indicios de barrancos ni grandes desniveles. Pero sólo es una apariencia. Si analizamos con más precisión la altitud que nos ofrece la nube de puntos de superficie de los datos LiDAR nos encontramos con la siguiente imagen:

La zona marcada en rojo es una depresión en forma de embudo situada en el propio Campo de Aviación, junto al camino, separada de éste por una mota de tierra. Constituye una “cubeta” con un desnivel de 15 metros desde la zona sur-sureste a la zona norte de la misma en una distancia aproximada de 1 Km). Esto se aprecia bien en el siguiente corte altitudinal:

A: es la mota que separa el campo de aviación del camino. B: es la cubeta existente, con 1 metro de profundidad aproximado que se va atenuando hacia el sur y unos 100 metros de anchura media. C: es un relieve superior que separa dentro del propio campo una cubeta de menor profundidad. D: es una cubeta de menor profundidad, situada aproximadamente en el centro del campo.
La mota que separa la cubeta del camino tiene algo más de 1 metro de altura. Esto evita que el campo vierta sobre el propio camino en una longitud aproximada de 900 metros hacia el norte, puede intuirse en esta imagen de sombras, junto al camino:

Pero hay un problema. Al final del todo está abierta, dando acceso al propio campo, de manera que el agua que se va embalsando se vierte toda al camino, como aparece en esta imagen que ha circulado por internet:

Como hemos visto esta zona tiene una superficie de unas 25,52 ha. Si multiplicamos esta superficie por una media de unos 40 litros/m2 nos salen 10.208.000 litros (es decir, 10.208 m3). Esto vendrían a ser como 4 piscinas olímpicas de agua. ¿Qué capacidad de infiltración y retención tienen estos suelos? Pues parece que muy poca. Pese a constituir materiales sueltos (gravas, limos y conglomerados, e incluso en algunas zonas tobas, altamente porosas) la existencia de arcillas en límites inferiores limita la capacidad de infiltración del suelo, y esto se traduce en una abundantísima escorrentía superficial.
Esto, ayudado por la pendiente del camino (una media de un 2% hasta llegar a los puentes) que se incrementa aguas abajo por un resalte de tobas y conglomerados, hace que el agua llegue rápidamente a las inmediaciones del pueblo.

Este problema no tiene una solución muy sencilla, y mucho menos inmediata. La extensión de la zona es evidente, aunque podrían plantearse distintas soluciones, todas ellas encaminadas a disminuir la escorrentía superficial. Una de ellas podría ser la creación de bancales que limitasen la pendiente, la velocidad de las aguas y aumentase con ello el tiempo de infiltración. Esta medida si viniese acompañada además de una repoblación forestal densa, con especies de crecimiento rápido, mejoraría también la interceptación de la lluvia una vez que el arbolado se fuese desarrollando.
Otra opción es desviar el agua. Pero quizá el problema lo trasladamos de lugar. De una forma u otra este inusitado “embalse” al sur del pueblo que termina evacuando y cruzando por su mitad constituye un serio problema y un riesgo claro ante fuertes precipitaciones.
Hay que señalar que todos estos problemas derivan de una acuciante deforestación que comenzó hace siglos y aun sigue. En efecto, el paisaje forestal se fue reduciendo a la mínima expresión, quedando tan sólo retazos en franjas de monte y ribazos. Hoy en día, esos campos de cultivo se amplían y unen eliminando también esa franjas de vegetación y uniformizando el terreno. Entre tanto terreno desprovisto de cobertura vegetal, ante intensas precipitaciones, el agua campa a sus anchas y busca las líneas de máxima pendiente.
Urge la necesidad de dar cabida en nuestros campos a franjas de bosque. No sólo para romper la monotonía del paisaje agrario, también para dar soluciones a los problemas de biodiversidad actual que hemos creado con estas enormes superficies. Urge dar soluciones a los cambios hidrológicos que hemos introducido, a la eliminación y ocupación de cursos fluviales discontinuos como ramblas y arroyos. Urge tomar medidas ya ante los problemas que tenemos y que se nos avecinan con las futuras concentraciones parcelarias, si no se tienen criterios mucho más amplios que los de la simple unión de amplias superficies de cultivo.
Ya en 2009 hablamos en este blog de las lluvias de agosto de ese año, que descargaron con fuerza y volvieron a hacer crecer esta rambla. Hicimos lo propio también analizando la situación de gota fría en octubre de 2008. Las inundaciones son una constante en el tiempo, que con los cambios en el clima prometen repetirse mucho más a menudo, provocando daños y pérdidas económicas y humanas.