Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

domingo, 27 de noviembre de 2016

KÜHKOPF-KNOBLOCHSAUE: UN MEANDRO ABANDONADO DEL RIN

Puente de Todos los Santos. Escapada familiar a Heidelberg. Como no sabes nada de aquello empiezas a buscar en la Lonely Planet recién comprada. Entre bosques frondosos y las aguas del río Neckar, con su veterana universidad y su evocador castillo romántico es una de las ciudades más entrañables de Alemania. 

Estamos en la confluencia de tres estados. Renania-Palatinado, hacia el noroeste. Hesse, hacia el nordeste y Baden-Würtemberg (al que pertenece Heidelberg) al sur. Nos moveremos por la amplia llanura aluvial que recubre la fosa tectónica abierta por el rift abortado del Rin.

¿Y qué más podemos ver en estos tres día y medio? Cerca están Maguncia y Coblenza. También Francfort, pero lo dejamos para otra ocasión. También los estrechos del Rin, con sus viñedos y sus románticos castillos. 

Pero, ¿habrá algún paraje natural cerca? Parques nacionales, ninguno. Las montañas que asoman al valle del Rin por el este tienen un parque natural: el Geo-Naturpark Bergstrasse-Odenwald. Me pongo a buscar información y compruebo que se trata de un geoparque de 3.500 kilómetros cuadrados centrado en los paisajes graníticos y de arenisca levantados tras la orogenia Alpina y que corresponden al horst asociado a la citada fosa tectónica. Bosques caducifolios, arroyos de montañas, praderas y pueblos bonitos pero, sobre todo, ríos de piedra, rocas volcánicas, cuevas y otros lugares de interés geológico. Camufladas entre todas las imágenes que me servía Google encontré esta:


Y remite a un paraje de topónimo: Kühkopf-Knoblochsaue. Bueno, imagino que igual de difícil de pronunciar les resultará a los alemanes nombres como Villanueva del Rebollar y de la Sierra.

Me pongo a buscar. Es el principal espacio natural del estado de Hesse. Se trata de un meandro abandonado del río Rin y los prados y bosques de su entorno, en un territorio densamente poblado (430.000 habitantes) con agricultura intensiva y gran actividad industrial. Es una reserva natural de 2.440 hectáreas compuesta por praderas y bosques inundables situada junto al río, declarada reserva europea por su importancia ornitológica y que está dedicado a la conservación y al esparcimiento. Forma parte de la Red Natura 2000.


En Alemania son escasos los árboles trasmochos. Y en este espacio natural los hay y además es reconocido su interés. Habrá que ir a verlo.

El Rin, al discurrir plácidamente por esta amplia planicie, formó un gran meandro cerca de la ciudad de Darmstdat. 

Mapa histórico de 1829. Fuente: Wikiwand
Este meandro fue rectificado para ganar tierras agrícolas y mejorar la navegabilidad del Rin dejando un amplio brazo con varios canales y una isla central: Kühkopf.


Accedimos desde la localidad de Stockstadt (7.900 habitantes, 420 por km cuadrado). Desde el puente ya pudimos ver las aguas remansadas y en donde había varios grupos de ánades azulones, gansos del Nilo y garzas reales ....


mientras en sus orillas crecían sauces blancos, fresnos y chopos canadienses, muy afectados por el muérdago. Ningún árbol trasmocho. Un panel informaba del uso recreativo que tenía este brazo fluvial para las comunidades de obreros a principios del siglo XX en plena etapa del higienismo.

Nos acercamos al centro de interpretación. Realmente era un conjunto de edificios históricos. Alguno palaciego, al parecer residencia temporal de un zar ruso que emparentó con la familia del emperador alemán a finales del siglo XIX.  Otros eran casas de campo y granjas. 


Un cartel indicaba que esta reserva forma parte del Geo-Naturpark Bergstrasse-Odenwald, vamos Un Geoparque, como el del Maestrazgo.


Una amabilísima señora mayor nos ofreció información en inglés y abundante documentación en riguroso alemán. La lengua en la que encontramos todos los textos de los paneles.

El centro de interpretación era enormemente didáctico. Le dedicamos tiempo. Merecía la pena. La información comenzaba fuera, dedicando un panel a comprender los materiales geológicos (arenas, limos y gravas) que forman el sustrato del terreno ...

Obsérvese la fosa tectónica central abierta por el rift del Rhin (graben) y los dos macizos tectónicos laterales.
y la muestra al lado, para comprobar sedimentos depositados da lo largo de distintas etapas ...


Empezábamos con droga dura. Por la raíz, la historia geológica. Como debe ser.

El interior era un despliegue de diseño creativo, en el que los antiguos establos habían sido transformados en un museo de lo más original. 


La historia del río es la historia de este espacio natural. Por eso dedicaba paneles a explicar su geografía, los materiales que acarrea, las cualidad del agua y, sobre todo, su dinámica. Las crecidas primaverales marcan el ritmo del ecosistema. Las grandes crecidas, episodios esporádicos, son los agentes que introducen las transformaciones ecológicas de mayor alcance. 

A ello dedicaba varias maquetas interactivas. Desde aquella construida a escala, y en la que se reproducían con todo detalle todos los elementos geográficos, que reflejaba la extensión de la inundación tras una gran crecida con agua real sobre el modelo ...

Era inevitable recordar las crecidas del Ebro y el estéril debate social generado en Aragón crecida tras crecida.
o aquella otra en la que se observaba la distribución en bandas de la vegetación de ribera en función del tiempo de permanencia de las aguas tras una inundación. En orden de proximidad al río, los auces, los chopos, los fresnos, los olmos y los robles. Esta se accionaba manualmente. Los ingenios mecánicos aquí triunfan ...


Y a los cambios producidos en las comunidades biológicas tras el ascenso prolongado del nivel del agua ... mediante sendos ¡rompecabezas!


La dinámica natural del río y la alta complejidad estructural son la explicación de la elevada diversidad biológica.

Bosques mixtos caducifolios en las zonas afectadas solo esporádicamente por las inundaciones ...


con robles, hayas, arces ...


trabados por plantas trepadoras, como la enreligadera (Clematis vitalba) o el lúpulo (Humulus lupulus) ...


y acompañados por toda suerte de arbustos, como la zarza (Rubus ulmifolius), la escalambrujera (Rosa canina), la gazpotera (Crataegus monogyna) o el bonetero (Euonymus europaeus) ...


En el museo se insistía en la importancia de los árboles viejos y de la madera muerta al ser la base de una compleja comunidad de organismos saproxílicos ...

 

entre los que destacaban a los hongos ...



a los numerosísimas especies de insectos asociados a estos ambientes (sobre todo coleópteros), a los pájaros carpinteros que se alimentan de su larvas y a las doce especies de murciélagos que los emplean como refugio.

Había mucha información de los invertebrados acuáticos y de los peces del Rin, con problemas unos y otros por la pérdida de hábitat y por la contaminación de las aguas, por el tráfico fluvial, la industria y la agricultura intensiva. 


Se trabaja desde la administración en recuperar las especies perdidas, sobre todo las migratorias, como el salmón..

Las extensas lagunas temporales que se forman tras las crecidas ofrecen el hábitat a una variada comunidad de anfibios (ranas, sapos y tritones) que realizan sus puestas sobre la vegetación inundada ...


y que se alimentan de la pléyade de pequeños insectos acuáticos, sobre todo mosquitos, que habitan en estos humedales. Eran unos de los protagonistas del centro de interpretación.


Hubiéramos podido dedicar una hora más a visitar este estupendo museo pero nos apetecía salir al campo y pasearlo.

La señora que atendía en la oficina nos regaló un mapa muy completo del citado espacio natural que además contenía información de los veinte paneles repartidos por el mismo. Adjuntamos enlace a dicho documento para ampliar información. Al interesarnos por el ciervo volante (Lucanus cervus) y el escarabajo Osmoderma eremita nos obsequió con un librito de 40 páginas dedicado a una especie de reserva integral situada en la isla de Karlswörth y que no pudimos visitar. Os la enlazamos igualmente pulsando en este otro nuevo enlace para su consulta aunque no se entienda el alemán. Merece la pena darle una ojeada. Pero, para aún apabullarnos más, nos regaló el programa de actividades (talleres, censos, excursiones guiadas, etc.) ofrecidas a todos públicos de este espacio natural para la temporada 2016.-2017 de una extensión de ... ¡70 páginas!

Tomamos un paseo entre el bosque. Como dicen las etiquetas de los reactivos de laboratorio, otoño en estado "químicamente puro" en pleno bosque caducifolio.


El camino estaba elevado sobre los bosques del entorno. Parecía una mota, pues no estábamos lejos del antiguo cauce. Como ya le habíamos mostrado por conocerlos, la guía nos orientó muy bien hacia ellos. Tras un desvío, dimos con este cartel ...


y, junto a él, allí estaban los "kopfweiden". Es decir, los sauces trasmochos o, como diríamos por el Jiloca, los sabimbres escabezados.


Estos sauces trasmochos formaban unas dehesas en zonas con el nivel freático muy alto. Estaban prácticamente encharcados. Bajo ellos crecían zarzas, carrizos y ortigas.


Estaban todos ellos desmochados hace un par de años. Y los ramas habían sido dejadas en la zona, posiblemente, para su aprovechamiento por hongos e insectos saproxílicos.


Estos árboles fueron plantados en el pasado para el aprovechamiento de los mimbres en cestería y por su capacidad de ofrecer estacas para los cercados agrícolas, ramas para formar paredes junto con barro y alimento para el ganado. Dichos usos se han perdido, sin embargo se mantiene su cuidado por fines paisajísticos, culturales y de conservación de la vida silvestre. Comprobamos el aprecio ya en el propio centro de interpretación, pues eran el motivo de uno de los paneles más destacados ...


Es más, esta era la imagen del folleto informativo de un taller de pintura y grabado en madera que se organizaba en dichas instalaciones ...


Había muchos. No los contamos. Posiblemente, más de dos cientos. En la foto aérea tomada de Google Maps, se les puede ver en la mitad derecha, todos con el mismo aspecto al haber sido desmochado al mismo tiempo. No nos acercamos a ver los que estaban en la parte izquierda, pero también parecían sauces trasmochos aunque parecían no haber sido cuidados en más tiempo.


Era como estar en el valle del Pancrudo, aunque con el suelo saturado de agua. La cultura de los árboles trasmochos se extendió por toda Europa, incluso en Alemania, país en el que la gestión forestal y la ganadera no siempre se integraba ...


En el resto del viaje los buscamos "kopfweiden" en las campiñas situadas de la llanura del Rin, entre Maguncia y Spyra. Sin éxito. Grandes campos, bosquetes, a veces algún lindero arbolado. Pero no dimos con árboles trasmochos. Solo los de Kühkopf. Eran magníficos ....


Después supimos que los sauces trasmochos se extienden desde el Báltico (Pomerania) hasta los Alpes (Baviera). Su cuidado depende más de iniciativas para la conservación de la vida silvestre (insectos, murciélagos y búhos) que de la rentabilidad económica.

Salimos de nuevo al brazo abandonado del Rin asomándonos a un puente que accedía a otro pueblo: Riedstadt.


Volvimos al espacio natural para terminar el paseo. Sobre el propio puente encontramos docenas y docenas de una especie de "santanica" (coccinélidos). Muchas posadas, las más volando mientras formaban verdaderas nubes de sobre el cielo. ¿Qué habrá ocurrido este verano para que se originen estas concentraciones de mariquitas?  

Volvimos saborean el sol tibio de otoño que quiso asomar. Padres con niños, ancianos, jóvenes ... muchas personas disfrutando de este privilegiado paraje. Integrando a la población local, suponemos que aún a riesgo de producir molestias en la vida silvestre. Con sesenta kilómetros de caminos para caminar o ir en bicicleta. Es otro modelo, como también vimos en Inglaterra, el permitir que las personas disfruten y vivan directamente los espacios protegidos. De ganarlos a la causa de la conservación, como sostiene el biólogo mallorquín Joan Mayol.

Kühkopf comenzó a tener un régimen de protección ya en 1952, si bien buena parte de sus tierras fueron dedicadas al cultivo de patata, remolacha, maíz y de chopo canadiense hasta la gran riada de 1982. A partir de 2005 se tiende claramente hacia un modelo de gestión que favorezca el desarrollo de los procesos naturales de sucesión ecológica, y se dedican a pastos buena parte de las tierras cultivadas.

Al terminar el paseo nos encontramos con la última sorpresa: una colección de variedades de manzanos.


Cada una con un cartel con el origen y las cualidades de la fruta ...

 

Nos quedamos con ganas de conocerla mejor, de recorrer el bosque de galería de Karlswörth, de indagar sobre la historia de aquellos árboles trasmochos, de pajarear con dedicación, de preguntar sobre los programas de seguimiento de los ciervos volantes ... ¡hay tanto por conocer!

jueves, 24 de noviembre de 2016

WILLIAM TURNER Y LA LAGUNA DE GALLOCANTA

Como volví tan contento de las última Fiesta de las Grullas, Carmen me insistió en subir a verlas una tarde, entre semana. Venga pues. Salimos tarde y, además, nos entretuvimos cogiendo un par de sacos piñas en el pinar de Tornos. Ya no vimos el sol al llegar a Tornos. 

¿A dónde ir a esas horas? Por estas fechas, nos dijo Antonio, entran por la ermita de la Virgen del Buen Acuerdo. Pero ya estábamos en el crepúsculo. Aquello quedaba demasiado lejos. Decidimos acercarnos al Balsón de Tobeñas, más a mano, desde el yacimiento celtíbero de El Castellar. Se veían pocas grullas. Mala suerte.

En Tobeñas nos encontramos un coche y a un par de ornitólogos con el catalejo plantado. José Miguel y Galina. Gente de casa. Estaban pajareando. Intentando localizar a un tarro canelo que había visto un ornitólogo inglés, según nos dijeron. No lo vimos. Pero, en cambio, pudimos disfrutar con un ciento largo de patos finos (azulones), tarros blancos y un grupo de chilladeros (ánades silbones), además de varios bandos de grullas, unas comiendo en los rastrojos de Gallocanta, otras entrando a dormir desde Tornos. Habría muchas más especies, pero no se veían bien.

Pero, con lo que verdaderamente disfrutamos fue con un atardecer gris en el que los jirones de las nubes dibujaban trazos que parecían un cuadro en aquella tarde fría. Así de precioso.


Entonces me acordé de Turner. José Miguel se pensó que hablaba de Tina. Nos reímos. Estaba pensando en William Turner, el pintor inglés que tan bien captó los paisajes costeros, la fuerza de la naturaleza  y las atmósferas efímeras en sus óleos y acuarelas. El pintor romántico que puso un pie en el impresionismo. Lo vimos en la National Gallery y nos encantó.

Al llegar a casa comencé a buscar imágenes de cuadros de Turner en internet  ...


y, a la vez, rebusqué entre mis fotos de la laguna como esta de los prados de Los Aguanares ...



los campos recién labrados cerca del Royo de Santed ...



Las playas de La Reguera (en los tiempos en los que te podías acercar) ....



Los árboles del Arriñalejo ...



Las playas de saliente ....



Y, llevándolo más lejos, un temporal que levantaba olas frente a los "acantilados" de la Loma de Berrueco ...
  

  en una noche oscura y borrascosa bien podría haber reflejado el tormentoso Mar del Norte ...


William Turner fue un gran viajero, pero no llegó a conocer la laguna de Gallocanta. Una lástima. 

Pero en nuestro "pequeño mar" hay algo de los grandes océanos. Solo hay que saber encontrarlo.

martes, 22 de noviembre de 2016

OLIVERAS APADRINADAS

Caía la tarde. Habíamos estado pajareando en la sima de San Pedro, disfrutando con la compañía de las chovas piquirrojas, las chillandras y los vencejos reales, y teníamos que llegar a buena hora para cenar y alojarnos en "La Ojinegra" de Alloza.

Cogiendo el desvío, al dar una curva y por el rabillo del ojo vi algo que me sorprendió. Un cartelico blanco colgaba de una olivera. Paramos.


De una no, de cada una de las oliveras de aquel campo. Algo tan raro, en Oliete, solo podía tratarse de ...

 

... la famosa y mediática iniciativa "Apadrina un olivo".

Eran oliveras viejas, pero no muy gordas. Era primeros de junio. Estaban en plena floración.


Todas ellas mostraban los cortes de una reciente poda ...

 

y tenían la base de los troncos bien limpios de chitos.

Sin embargo, el campo llevaba varios años sin labrar.


 Manzanilla, linos y siemprevivas prosperaban cubriendo el pedregoso suelo ...


Es posible que esta parcela haya entrado recientemente bajo la custodia del proyecto y no haya podido ser laboreada. Nos sorprendió.

Una vez en casa visité con curiosidad la web de "Apadrina un olivo". El segundo lema, el objetivo en realidad, no puede ser más claro: "Transformamos el estado de abandono del medio rural de manera sostenible". Os invitamos a conocerlo. Es un magnífico producto de comunicación.


Tiene varios apartados. "El proyecto" define las líneas de la iniciativa. La recuperación del olivar, el proyecto social, el pueblo, medio ambiente, el aceite y la tecnología. Está bordado, aúna la tradición con la innovación, la cultura popular con la acción social o los problemas del planeta.

Otro apartado describe los colaboradores, entre los que se incluyen importantes empresas o instituciones, como Teléfonica, New Hollande o Gobierno de Aragón, entre otras muchas. El blog, con noticias periódicas del proyecto. Y los enlaces de contacto, el acceso personalizado al árbol apadrinado por cada persona colaboradora y, lógicamente, el enlace para que el lector pueda "Apadrinar un olivo".


Los testimonios del Tío Miguel, el alma del proyecto. Comenzamos un nuevo reto, la construcción de una almazara. Y la propuesta ¿Buscas un regalo original? 

Oliete tiene abandonado el 70% de la superficie dedicada a olivar. Es decir, cien mil olivos funcionan a su suerte, sin ningún tipo de cuidado. Son longevos, no morirán a corto plazo, pero no mejoran, sino todo lo contrario.

En cuatro años "Apadrina un olivo" ha implicado a más de mil padrinos que financian el cuidado de 4.500 oliveras. Se han creado tres puestos de trabajo fijos y varios temporales, contratándose a personas con discapacidad intelectual (ATADI) y, sobre todo, ha puesto sobre la mesa el problema del abandono del mundo rural.

Si hay que ponerle algún pero sería el exceso de urbanitismo que rezuman algunos de los padrinos. Es importante el compromiso con el árbol pero también lo es el desplegar empatía hacia la cultura rural que ha creado estos árboles y por la grave situación actual: la supervivencia de los pueblos. 


De hecho, cuando pasamos por el pueblo aquel viernes, nos llamó la atención lo lleno que estaba el bar de la carretera. ¿Será cierto lo que dicen los mayores de las generaciones más jóvenes? Que no queremos trabajar en el campo. Los ancianos están cargados de desencanto y frustración con los hijos y nietos al abandonar estos los proyectos personales de sus antepadados. 

Recuerdo una conversación con nuestro amigo Gaspar Ferrer, de Andorra. Nos contaba con dolor los efectos de una pedregada en el olivar de su familia. Le comentamos que siempre nos había sorprendido el cuidado que se le profesa a este cultivo en el Bajo Aragón. Nos decía "A los olivos no se les cuida, se les malcría". Estos árboles son parte de "la casa".

Es evidente que estas oliveras centenarias, con la recolección a mano y con el precio de los jornales como está, tienen una rentabilidad más que dudosa para sus propietarios. Y que, en estas tierras, el éxodo rural ha sido durísimo. mantener a estos árboles viviendo en Zaragoza o Barcelona es más un ejercicio de romanticismo y de compromiso personal.

Pero aún así, tiene que resultar muy doloroso para los ancianos ver abandonados la mayor parte de las oliveras de sus pueblo. Bueno, igual de doloroso que ver perder los huertos, ver caer las paredes de los ribazos o ver hundir a las parideras.


La sociedad agraria tradicional y la urbana actual son agua y aceite, dos mundos con cada vez menos conexión. Este proyecto, es fruto de la segunda, sí. No sabemos cuántas oliveras llegarán a recuperarse, pero sí sabemos que esta iniciativa ha puesto el problema del desplome rural sobre la mesa.

¡Enhorabuena! 

sábado, 19 de noviembre de 2016

SON DEL PUERTO: MOLINO, CHOPERAS Y ... TRANQUILIDAD

"Por la tranquilidad se vive en los pueblos". Hace unos años escuché esta frase a un vecino de Calamocha para justificar el detenerse con su coche en mitad de una calle en la que, evidentemente, no cabían dos vehículos. Me hizo pensar.

Paseábamos una mañana de este otoño por Son del Puerto. Para quien no lo conozca, se trata de un pequeño pueblo situado entre las localidades de Pancrudo y de Rillo, al norte de la Comunidad de Teruel. 


Administrativamente vinculado a Rillo, es un pueblo pequeñico pero habitado durante todo el año. Y con casi todas sus casas arregladas por descendientes de antiguos vecinos que, seguramente, ocupan durante los periodos de vacaciones. Se veían casas con las ventanas abiertas, puertas con macetas y gallinas en los corrales. El pueblo aún latía.

Al poco de bajar del coche ya nos encontramos a un señor mayor que iba a sus quehaceres. Se lamentaba de lo seco que venía el otoño. Iba a preparar el aladro para ponerse a labrar unas tierras, aunque no tuvieran tempero. Muy agradable, nos indicó la dirección del molino bajo.

Y hacia allá que nos encaminamos.

Son del Puerto se encuentra en un nudo hidrológico. En su término, las aguas pueden dirigirse hacia el río Alfambra, hacia el Pancrudo o hacia el Martín. Hacia los dos primeros valles, las suaves vertientes forman cañadas y definen un paisaje en mosaico, en el que predominan los secanos cerealistas y los páramos, ambos dos salpicados por arboledas (junto a las fuentes) y por escombreras de las abandonadas minas de lignito. Hacia el Martín, la mayor diferencia de altura con el nivel base del río, propicia la formación de una suerte de arroyos que se abren paso con energía entre cabezos y peñascos. Como el río Hornero, el que queríamos conocer.

El camino bajaba desde el pueblo hasta el río entre campos que aún mantenían los rastrojos de cereal. El estrecho valle queda encerrado entre cerros. Sobre uno, a la derecha en la imagen, se levantaban los muros de la ermita de San Salvador que ya perdió su cubierta ...


 otros estaban sembrados de pipas ...


y otros, más estrechos, ya directamente  abandonados ... 


Llegamos a la confluencia de varios arroyos. Por nuestra derecha, la Cañada Honda que bajaba desde el pueblo. De frente, el barranco del Pozo, que recoge aguas del término de la Clocha del Zapo (cuidado con el topónimo), ya en el término de Valdeconejos.


Remontamos este último. Una preciosidad. Perdí las fotos por un problema con la tarjeta y no las podemos mostrar. Dehesas de chopos cabeceros con un notable grado de naturalidad. Setos arbustivos de endrinos, escalambrujeras y endrineras orlando los campos de cereal y un arroyo modesto, pero con sus pozas, a pesar de la larga sequía. Un cazador con su perro intentaba levantar alguna perdiz. Hábitat muy apropiado: laderas de monte y bancales de cereal. Y ribazos. 

La foto áerea muestra muy bien el paisaje. Casi parece un cuadro de pintura de arte moderno.


Desandamos el camino volviendo a la confluencia de arroyos. Y, ahora sí, nos dejamos llevar río Hornero abajo dando enseguida con el Molino Bajo, al que llegamos por un precioso camino.


El molino es una verdadera joya. Por fuera está bastante bien conservado ...


con detalles que muestran la sobria elegancia de algunos de los artesanos de antaño ...

 

aunque ya se hunde alguna dependencia auxiliar ...


Seguimos río Hornero abajo. Otra maravilla. Una continua arboleda de viejos y sanos chopos cabeceros flanqueados por peñascos ...


Una alargada dehesa en la que el silencioso paseo otoñal es todo un lujo. Para los que disfrutan observando la vida silvestre o para los que tan solo desean caminar ...


Os recomendamos conocer este paraje.

Volvimos al pueblo saboreando el sol de otoño. Aún buscamos alguna seta. Pero no, la docena de litros de la semana anterior no fueron suficientes para activar los micelios.

Antes de llegar al pueblo escuchamos como el ruido de una moto rompía el silencio que nos había acompañado. No iba demasiado rápida cuando nos cruzamos con ella. Era domingo, día de ocio. Cada cual escoge el suyo.

Cuando entramos en el pueblo, caímos en un detalle del que no habíamos parado cuenta. Una señal de tráfico no homologada, artesana. A alguno no le había importado que le pintaran en la pared de su casa.


A alguno no, al menos a dos ...


Ambas pintadas estaban en la entrada del camino que lleva a Valdeconejos. Por este camino llegan pocos coches, más bien motos o quads, suponemos que de las Cuencas Mineras. Imaginamos la preocupación y el hartazgo de los vecinos de Son del Puerto por el paso veloz de estas máquinas por el núcleo urbano, en el que viven o en el que veranean. 

Y es que, por la tranquilidad se vive en los pueblos.

domingo, 13 de noviembre de 2016

LAS BICICLETAS SON PARA GALLOCANTA ...

... y para el Jiloca, el Huerva, el Pancrudo o para el Aguasvivas.

La bicicleta tiene múltiples usos en nuestra sociedad. Juguete infantil, deporte, transporte diario y, recientemente, turismo. Es un medio de transporte sano, ecológico, sostenible y económico.

A pesar de la hegemonía del automóvil, con un gran retraso con respecto a los países del centro y norte de Europa, algo está cambiando en la sociedad española. Al margen de su creciente uso deportivo, tanto en carretera como por el monte, comienza a tener peso como medio de transporte real en el medio urbano. La bicicleta ha llegado para quedarse en las ciudades, como no podía ser de otra manera, a pesar de la gran resistencia de los lobbys automovilistas, del diseño urbano pensado para el coche y de la inercia social.

Pero, en paralelo y de un modo incipiente, está comenzando su uso turístico tanto en largas rutas (Camino de Santiago) como en territorios con atractivos para el viajero y con un relieve accesible a la mayor parte del público. Es común ver bicicletas en los coches o en las caravanas de los turistas europeos que vienen de vacaciones por España. Pero, también está siendo cada vez más común la combinación de la bicicleta con el tren, y más que lo sería si la política ferroviaria de RENFE no fuera la que es.

Las comarcas del Jiloca y de Daroca tienen grandes posibilidades para el cicloturismo campestre. Especialmente, aquellas zonas con relieve suave, una densa red de caminos y paisajes hermosos. El Campo Romanos y, especialmente, la cuenca de Gallocanta son las zonas más propicias.


También existen otros muchos lugares apropiados, como el valle del Jiloca, aprovechando la ruta del Cid, pues integra los paisajes de secano, con la vega y los sotos fluviales. 

En otros territorios ya resulta más difícil evitar las carreteras, con poco tráfico pero muy veloz, o las zonas de mayor relieve. Aunque siempre hay viajeros intrépidos y animosos que buscan superar estos retos.

Por eso considero un acierto la iniciativa de los gestores de la Reserva Dirigida de la Laguna de Gallocanta o en algunos establecimientos turísticos (Allucant) de ofertar el alquiler de bicicletas en este espacio natural. 

Así como la propuesta de las últimas ediciones de la Fiesta de las Grullas de incluir una ruta en bicicleta: el bicipajareo.


Y no tanto por ser el mejor medio para la observación de las aves, pues todo el mundo sabe que lo mejor es quedarse quieto y esperar a que ellas se acerquen a uno, sino para disfrutar de un conjunto de sensaciones, entre las que también se encuentra el poder ver fauna silvestre, el contemplar paisajes a un ritmo humano y el hacer un ejercicio suave dando un un paseo sobre una bicicleta. 

En la última edición de la Fiesta de las Grullas me animé a participar en el bicipajareo. Los días previos los informativos meteorológicos pronosticaban lluvias para aquel sábado. De hecho, el viernes por la noche ya llovió. Esto frenó a afluencia del público a la jornada y, especialmente, a la participación en la ruta ciclista. Aún así, me animé, cargué la bici de los chicos sobre la baca del R-4, y me presenté en Las Cuerlas. Se había preparado para la ocasión una decena de bicicletas para ofrecerlas a los participantes. Tras la estupenda charla sobre aves esteparias que impartió Antonio Torrijo en la Sala de la Avutarda comenzamos nuestro paseo.

Tan solo lo hicimos cuatro personas. Dos expertos, los Diegos (Bayona y Colás) y dos aficionados (Ángel y un servidor). Fue una lástima esta escasa asistencia. Pero para mí fue una vivencia  preciosa. Se trataba de recorrer el camino que conduce desde Las Cuerlas hasta Gallocanta, dejando a un lado los prados de La Reguera y pasando junto a la ermita de la Virgen del Buen Acuerdo. 


Amena conversación entre amigos pedaleando por caminos. De los rastrojos salían pequeños bandos de alondras comunes y algún que otro bisbita común recién llegado para invernar. Frente al viento del suroeste se colgaba sereno un cernícalo que no perdía ojo de lo que se movía en el herbazal de la cuneta.

Con el viento a favor llegamos en un momento al pueblo de Gallocanta, asomado a su lagunazo, por estas fechas completamente seco. Aquí terminaba la ruta y aquí se quedaron mis compañeros, pero yo tenía el coche en Las Cuerlas y tenía que recogerlo. Y hacia allá que me fui.

Ya, en soledad, puse mi atención en el paisaje y en las sensaciones y pensamientos que me sugería. Era un día nublo, con viento (ahora en contra) y con alguna rayada de sol. Me acerqué al observatorio de Los Aguanares. Allí me esperaban el prado de Puccinellia, corto y seco, las junqueras, resistentes, y los tamarices, mostrando su dorado follaje otoñal al reflejar una luz filtrada entre jirones de nubes grises nubes. Al fondo, como un faro, la ermita románica erguida sobre la loma. 


Bandos de grullas pasaron por encima dibujando círculos fugaces ante el embate del viento de poniente ...


La mayor parte de los campos eran rastrojos, pues las lluvias se han retrasado este otoño, pero había labores  de primavera, casi todas por sembrar ....


Crucé los secos cauces de los arroyos de Santed y de la Cañada. Y, para evitar la subida a la ermita, me desvié hacia el lagunazo de Gallocanta ...


Una familia de perdices que estaba enriscada en las peñas de la loma, levantaron vuelo a poca distancia. Parecen saber la ausencia de escopetas en estos parajes por estas fechas. Aquí y allá, las tarabillas comunes y trigueros posados sobre las hierbas secas o las zarzas solitarias sobrellevaban el poniente.

Entre la Loma de la Virgen y los Prados de la Reguera, el Arriñalejo, con su solitario sargatillo y una chopera venida a menos hace de ecotono entre el páramo calizo y los secanos frescos ...


Contra el viento había que redoblar el pedaleo. Un tractor sembraba a buen ritmo cuando comenzó la lluvia. Una sensación de esfuerzo, frescor, silencio y soledad me acompañó hasta los huertos de Las Cuerlas. Tan pronto llegué al coche dejó de llover. 

Me dirigía a Gallocanta de nuevo para sumarme a los talleres, encontrarme con amigos y disfrutar de la exposición. Aún no había tomado la carretera, cuando un rayo de sol se abrió paso entre las nubes iluminando la ermita y el cerro de San Pedro. Fue un momento, pero muy especial.


Gallocanta ofrece sensaciones únicas. La bici te permite vivirlas con intensidad.

Texto: Chabier de Jaime
Fotos: Sabi Martínez, Pilar Edo, Diago Colás y Chabier de Jaime