Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

domingo, 4 de noviembre de 2012

TIEMPO DE AZAROLLAS

En el huerto tengo un par de azarollos. Los planté hace diez años y su tronco ya empieza a tener grosor mostrando una corteza arrugada, característica de esta especie arbórea cuando alcanza la madurez. De hecho hace un par de años comenzó a producir unos ramilletes de flores blancas pero no ha sido hasta este año cuando han dado sus primeros frutos: las azarollas.

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Durante el mes de julio hemos visto crecer unos pequeños frutos verdosos unidos por su largo pedúnculo a unas ramillas que se insertaban en las jóvenes ramas. A lo largo de agosto comenzaron a virar su color hacia un amarillo intenso y, para entonces, se produjo una esporga. El árbol se deshizo de una buena parte de los frutos, en general aquellos mal formados, que cayeron al suelo sin llegar ni a madurar ni a adquirir el sabor dulce tan singular.

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A lo largo de septiembre, el resto de los frutos ha continuado creciendo y madurando. Algunos azarollas tenían forma esférica, otras más bien forma de pera; unas llegaron a adquirir un color rojizo, otros continuaron con el amarillo.

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Azarollas sobre el árbol en Torre los Negros. Foto: P. Sarto

En esta época se suelen recoger las azarollas aunque todavía no se puedan comer pues todavía tienen un sabor muy astringente. De hecho hay un dicho popular que afirma que “si un chico (o chica) se come siete azarollas sin madurar se convierte en chica (o viceversa)” queriendo exponer que esto es algo completamente imposible por lo desagradable que resulta. Es necesario que completen su maduración iniciando una suerte de pudrición que le confiere su delicado sabor y aroma.

Nuestros mayores, cuando eran niños, solían guardar las azarollas escondidas en los montones de trigo de los graneros, lejos de la vista de sus hermanos o amigos, para recogerlos y comerlos al cabo de unas semanas.

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Azarollas emberando sobre el trigo. Foto: J.A. Sánchez

Era una fruta que llegaba algo antes que las manzanas y las peras, y que aún de modo marginal, formaba parte de la economía rural.

En otras casas, se cortaban longitudinalmente las azarollas y se ensartaban con un hilo formando un “rosario” que se colgaba en las vigas del granero hasta que se secara por completo.

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Rosarios de azarollas. Foto: J.A. Sánchez

Cuando se quería comer, se introducía en una tinaja de vino y se hidroalcoholizaba con el mismo, enriqueciéndose en esta bebida las frutas y tomando este a la vez el aroma de la azarolla.

Este año no lo he hecho, dejando los frutos sobre la hierbas para comérmelas tras su maduración. El que viene, a ver si preparo vino de azarollas.

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Frutos y semillas. Foto: J.A. Sánchez

El azarollo es un arbolillo de la familia Rosáceas fácil de reconocer por su joven corteza pardo-anaranjada y sus hojas compuestas por 5-8 pares de foliolos (con uno terminal) algo dentado y muy pubescentes cuando jóvenes. Dentro de unas semanas, cuando pierda la hoja, ofrecerá en sus ramas unas yemas lampiñas y viscosas.

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Es propia de la Europa mediterránea, localizándose en la península Ibérica de modo natural en las montañas del nordeste dentro de carrascales, robledales y pinares, sobre sustrato preferentemente calcáreo. El ser humano lo ha extendido en las proximidades de campos de cultivo y casas de campo próximas al monte donde se ha naturalizado. En esta imagen tomada en Loscos, se le ve acompañando a unos almendros en el linde de un campo de secano.

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En esta otra, en el margen de una antigua viña de Calamocha. Puede apreciarse la falta de vigor de los árboles que se hayan puntisecos seguramente por haberse abandonado las labores en su entorno que le evitaban la competencia con la vegetación espontánea.

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Este arbolillo ofrece una madera, de un duramen rojizo, muy apreciada en ebanistería y escultura, más incluso que la de noguera. En los pueblos, se empleaba su tronco para hacer trajones, las piezas en las que se corta la carne o la leña.

Estos primeros días de otoño, el azarollo, como los grandes artistas se despide adquiriendo su abierto follaje un color amarillo intenso que, en algunos casos se hace rojo púrpura.

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Un lujo entre los tonos pardos y pajizos de nuestros montes y secanos.

7 comentarios:

Carmen S. dijo...

¡Qué color toman los azarollos en esta época! Yo tengo mi particular recuerdo de estos frutos. Lo primero que escuché del querido Labordeta,, siendo una niña de 9 ó 10 años, fueron esos versos "No cojas las azarollas, déjalas para el verano..."
Entonces no sabía lo que eran. Hoy tengo dos árboles en casa.

JASS dijo...

Si comes muchas muchas no puedes cagar,pero estan buenisimas.

Anónimo dijo...

El dicho (Estan buenas que te cagas.)con las azarollas no procede,porque no te cagas,

Lali. dijo...

No conocía este arbol, ni sus frutos, Gracias Jass, contigo siempre aprendo algo :).
Un Abrazo.

Lali.

antonio dijo...

las azarollas verdes es la cosa mas rica y exquisita. ¡ Pero ojo pal que le gustan¡

REBECA dijo...

Me encantan las azarollas!!!Se podria hacer algún portre???

JASS-Bañón. dijo...

Rebeca puedes hacer mermelada.