Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

viernes, 27 de noviembre de 2015

UNA INUSUAL TEMPORADA DE REBOLLÓN

En los corrillos de los seteros del Jiloca el ánimo no podía ser mejor a finales de agosto. En la sierra de Fonfría se habían producido tormentas con precipitaciones muy copiosas a primeros de mes que permitían activar el micelio de los hongos y, dos semanas después, se extendían las lluvias hacia otras zonas del valle del Pancrudo y alguna del Jiloca. Pero eran tormentas muy localizadas, y de gran variabilidad espacial en los volúmenes recogidos. Mientras tanto, hacia poniente, en la cuenca de Gallocanta y sierra Menera, las lluvias fueron inapreciables y la laguna se mostraba casi seca.

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Inundación de un campo cercano a la desembocadura del barranco del Regajo, en Navarrete del Río. Foto. F. Herrero

Así, los últimos veraneantes disfrutaron recogiendo rebollones por Torrecilla del Rebollar, Godos, Fonfría y Nueros. Recuerdo el plato de estos hongos que mostraban en el bar de Fuentes Claras a modo de trofeo. Nos gusta coger y que se sepa. El veraneo en los pueblos, además de verbenas y de tertulias con amigos, también tiene estos alicientes.

Incluso nosotros nos animamos a buscar una tarde por Godos acompañando a Rodrigo y familia. Como no pudimos acceder al pinar de Godos, terminamos dando una vuelta por el pinar de Fonfría. Se trataba de dar un paseo.

Al llegar a Olalla vimos montones de cajas de frutas en una casa. Posiblemente el almacén temporal de algún intermediario comprador procedente de la Comunidad Valenciana o de Cataluña. Pintaba bien.

Poco antes de llegar terminaba de caer un granizo.

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La lluvia recién caída creaba una agradable sensación de humedad. Apetecía pasear. Tranquilos nos movimos despacio por una ladera cercana a la carretera de Olalla a Fonfría.

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Se veían diversas especies de hongos, hidratados y lustrosos, tras la tormenta …

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… pero pocos rebollones. Estábamos en territorio muy buscado. Creo que Carmen aún encontró un par.

Como no veía ninguno, me entretuve en observar en cómo ha quedado el pinar, tras los trabajos de aclarado que realizados hace un par de años. Le hacía falta.

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Sobre el suelo han quedado las ramillas finas que en pocos años se descompondrán al tomar la humedad de la tierra.

Ahora entra mucha más luz. El suelo se secará antes. Sin embargo, a medio plazo, va a favorecer el desarrollo de los arbustos, como ya estaba ocurriendo con las estepas que se salvaron del movimiento de las máquinas …

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con los rodales de gayubera …

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ofreciendo la oportunidad de crecer a plántulas que estaban ahogadas por el follaje del cerrado pinar o a las que han germinado a partir del banco de semillas …

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como se aprecia en esta imagen donde ejemplares jóvenes de pino royo, enebro y estepa, cada uno siguiendo su estrategia de desarrollo, pugnan por hacerse con su espacio vital tanto en superficie como bajo tierra.

Pero también es la oportunidad para los rebollos y los marojos, los robles autóctonos de la mayor parte de esta sierra. Los que deberían volver a recuperar su territorio una vez el pinar ha creado condiciones favorables. No debe olvidarse este objetivo en la gestión forestal.

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Volvimos aquella tarde ajenos a los drásticos cambios profesionales que se cernían.

Fuimos entrando en septiembre, que vino muy seco. El tempero del humus se iba perdiendo por falta de lluvias. Los micelios, esperando la llegada de algún frente o de alguna tormenta generosa en precipitaciones. Las hubo, pero parcas en estas sierras. Las hifas, quietas bajo tierra.

Y pasó septiembre. Y el largo octubre, igualmente seco. En La garita del Jiloca se recogieron 6,9 L/m2. Octubre, antaño el mes más húmedo por estas tierras, volvía a alejarse de su patrón. Estaba siendo un otoño seco. Desconsuelo entre los aficionados. Se estaba perdiendo la oportunidad de disfrutar de lo que parecía iba a ser una gran temporada.

Y cuando ya se daba todo por perdido, a primeros de noviembre se preparó un episodio de gota fría en la fachada mediterránea de la península Ibérica. A pesar del efecto Fohen producido por los Puertos de Beceite y las sierras de Javalambre, Gúdar y del Maestrazgo (donde descargaron lluvias superiores a 100 L/m2), aún cayeron precipitaciones mínimas de 30 L/m2, eso sí, bien repartidas por la comarca del Jiloca.

Y volvió la ilusión en el mundillo setero. Suelo húmedo y ausencia de heladas severas en noviembre. Y comenzaron a salir. Esta vez ya en las sierras de la margen izquierda del Jiloca. La semana pasada empezaron a coger por Torralba de los Sisones.

Rebollón

Rodrigo se puso en canción otra vez. El jueves, al terminar las clases, dimos una vuelta por el pinar de rodeno del puerto de Tornos mientras dábamos cuenta de un bocadillo. Se veían hongos recién formados y cortes de tallo de rebollón. Aún cogimos varias docenas de rebollones y alguna babosa en una hora. Había que volver pronto. Lo mejor, la tertulia y el paseo por el monte a una hora inusual.

Me sorprendió el trajín de coches por las pistas. Los más de gentes ajenas a la zona. Se les veía con prisa. Cambiando de un sitio a otro. De trabajo. Al negocio, no al ocio. Personas en desempleo que, bien informados, recorren cientos de kilómetros para recoger rebollones allá donde van saliendo.

El aprovechamiento micológico en las comarcas serranas del sur de Aragón va avanzando paso a paso para evitar esta nueva evasión de recursos económicos. Nuestros montes, menos seteros, todavía están ajenos a este debate. Pero, antes o después, habrá que ir dando pasos.

Al día siguiente, ya por la tarde, Rodrigo, Carlos y Eva volvieron al monte, esta vez a ICONA. Esa vez me quedé en casa. A media tarde paró su furgoneta en casa. Carlitos, radiante, mostraba dos cestas colmadas de rebollones.

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El domingo nos pusimos en canción. Se trataba tan solo de dar un paseo por el campo después de comer. De tomar el fresco tras la lluvia del sábado. Fue una delicia. En un pinar de pino rodeno con algo de laricio de Austria disfrutamos cogiendo rebollones sobre un terreno pobre en humus. Tan majicos cuando asoman su sombrero naranja, tan vigorosos al emerger, tan tiernos al cortarlos…

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Cuando estaba a punto de llegar el frío intenso, en el último momento, la temperie nos ha ofrecido una última alegría a los rebolloneros. Una temporada floja … con final feliz.

2 comentarios:

José Antonio. dijo...

Lo mejor de la entrada :
Es la oportunidad para los rebollos y los marojos, los robles autóctonos de la mayor parte de esta sierra. Los que deberían volver a recuperar su territorio una vez el pinar ha creado condiciones favorables. No debe olvidarse este objetivo en la gestión forestal.

Eva Naval dijo...

Pasamos buenos ratos! Lo que dices, lo mejor la excusa para pasear por el monte en buena compañía. Y si no que se lo digan a la abuela Conchita! El mejor fin de semana del año, según ella.