Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

jueves, 2 de marzo de 2017

LECCIONES DE ECOLOGÍA EN UN GATO MONTÉS

Sábado 7 de enero. Al cabo de una comida casera con gentes del Centro de Estudios del Jiloca, se presentan en casa Antonio Torrijo y Diago Colás animándonos a subir a la laguna de Gallocanta a grullear. Nos sumamos Pilar Edo y yo, por rematar la jornada y por despejarnos un rato. Han quedado con Sabi en los arenales de La Dula. Subimos el puerto y dejamos a un lado el pueblo de Tornos. En frente, al final de la larga recta, el sol va cayendo sobre los páramos molineses. Mientras, el coche circula rápido entre los cultivos cerealistas. En mitad de la carretera hay un bulto oscuro. Al pasar, una mirada fugaz, nos deja ver una cola gorda y con anillos negros y anchos. Está claro. Se trata de un gato montés.


Frena Antonio y damos media vuelta. Confirmamos que se trata de un gato montés. Recién atropellado. Aún está caliente. Pienso en la clase del lunes. Aún haremos algo con él. Al maletero. Llegamos al lugar de encuentro. Saludamos a Sabi. Nos cuenta que cuando hace un cuarto de hora pasó por la misma carretera el gato no estaba.  

Lo extendemos sobre el prado corto del majadal de la paridera de La Dula. Es un ejemplar robusto. Diago prepara un espléndido reportaje fotográfico.


Con la última luz de la tarde nos vamos fijando en los detalles. La cabeza, compacta, muestra su cerrado pelaje, los grandes ojos, los bigotes y los pelos frontales, sensores táctiles para quien se mueve por la noche entre el herbazal ...


las piezas dentales, con los pequeños incisivos, los robustos y largos caninos y las muelas carniceras ...

Nos llama la atención el color negro del pelaje de la parte inferior de las patas ...


y la robusta cola, con sus tres anillos oscuros y el largo extremo negro ...


Antonio, que tiene todo tipo de útiles en su coche, saca un dinamómetro y lo pesa ... 


Cinco kilos y medio. Algo mayor que los machos adultos estudiados en los Montes de Toledo y Sierra Morena, cuyo peso medio 4,65 kg.

Pasamos la tarde, charroteando y viendo pasar grullas sobre nuestras cabezas. Pero en la mía, solo está el gato. Solemos tener al felino por una especie montaraz, asociada a los bosques y peñascos. Lo hemos encontrado entre los campos de cultivo. En pleno secano. ¿Qué hacía aquí este macho?

Una primera hipótesis nos lleva a pensar que, al haber comenzado el celo, podría tratarse de un gato venido de los montes cercanos (¿los de Tornos?) en busca de alguna hembra.

Cae la noche. En casa subo el gato a la terraza del tercer piso. Lo atamos de las patas traseras a la barandilla dejándolo cabeza abajo. Me preocupa que el frío de la noche y el rigor mortis lo dejen tieso. Lo metemos en su saco. Algo aislará. Y nos vamos a cenar. Hemos quedado con la gente de la peña. Se lo comento a Reinaldo, amigo, natural de Tornos y muy cazador. Me comenta que en toda su vida se ha encontrado un gato montés por el término municipal. ¡Qué mala suerte ha tenido este! Y me da una pista. En los arenales de Tornos, donde se extraía grava y arena, ahora colonizados por junqueras, herbazales y algunos chopos, son comunes los conejos. Estos arenales están muy cerca de donde hemos encontrado al gato atropellado. Es posible que ofrezca hábitat apropiado para el felino.

Lunes 9 de enero. 8.30 horas. Clase de Biología y Geología con 1º de Bachillerato, un grupo de alumnas entusiastas de la anatomía comparada. Me ven venir con el saco. Y les digo, hoy hay sorpresa. En el primer trimestre ya habíamos diseccionado una liebre y un lechón. Hoy toca un carnívoro.

Expectación. Extendemos el gato sobre varios pliegos de papel de filtro. No cabe en la cubeta de disección. Doce cabezas encima del cadáver.


Vamos fijándonos en la anatomía externa. Cuerpo largo con patas cortas. Es muy parecido a un gato doméstico tipo "tabby". La cola cilíndrica, se extiende algo más que la mitad del cuerpo. Orejas redondeadas. Línea dorsal oscura. Rayas transversales negras sobre el fondo gris parduzco. Manos con cinco dedos y pies con cuatro, todos con uñas retráctiles. Palmas con unas almohadillas que parecen caucho suave ...
  

Seguimos por la boca. La lengua se ha quedado fuera tras la colisión. Se reconoce la fórmula dental 3.1.3.1/3.1.2.1. Los incisivos, bien patentes, aunque eclipsados por los caninos. Los superiores más internos, mayores que el resto.


 Separando sus brazos, comenzamos a descubrir el tórax con ayuda del bisturí ...


... y empezamos a despelletarlo hacia los lados.


Al seguir incidiendo con el corte encontramos unos músculos pectorales bien desarrollados ...


El gato empezaba a oler. Echamos mano al alcohol rociando el interior. Había que amortiguar el olor a carne en descomposición. Las alumnas y alumnos, valientes.

Con las tijeras de disección cortamos las costillas para acceder al interior de la caja torácica.


Y empezamos a sacar vísceras. Vamos, la casquería. Extrajimos el corazón y los libianos. Rápidamente, los alumnos observaron que uno y otros eran, en proporción, mucho más pequeños que los de la liebre que habíamos diseccionado unas semanas antes. Y, rápidamente, dieron con la explicación. La estrategia vital del gato montés no requiere esfuerzos intensos y prolongados como los de la liebre. El felino caza al acecho. La liebre debe realizar largas, rápidas e intensas carreras para huir de sus depredadores.

Salió el esófago, el hígado, el bazo ... y cortamos el estómago. Y en su interior había sorpresa. Bueno sorpresas, por que eran varias. Unas bolas carnosas y mucosas, independientes unas de otras. ¡Eran presas!


Aún se apreciaban los pelicos y las colas de los micromamíferos. Ratones y/o topillos, pero también musarañas. En el estómago salieron varios. Estaban ya bastante desfigurados por la digestión. Habían sido cazados hacía un buen rato. Tal vez hace más de una hora. Esto nos hizo pensar que los cazó en pleno día, lo que no resulta habitual en la especie.

En el estómago nos encontramos una segunda sorpresa. Bueno, realmente, varias. Cinco filamentos carnosos y blanquecinos, ya inmóviles, estaban mezclados con el contenido gástrico. Eran cinco nemátodos, un filum formado por gusanos cilíndricos no anillados, en el que son muy comunes las especies de forma de vida parásita.


Aún recogimos otro nemátodo más algo más grueso y corto. Unos y otros los fuimos recogiendo con la pinza metálica y colocando en una placa Petri. Los cubrimos, de momento, con alcohol.


Pero esto no iba a acabar aquí. Faltaba la joya de la corona. Y no tardó en aparecer. Una tenia (o solitaria). Un cestodo, para los zoólogos. Este animal pertenece al fílum Platelmintos, el de los gusanos planos.


Impresionante. Hacía años que no encontraba una. Los alumnos se sorprendían de mi alegría. De mi interés en un bichejo blanquecino y blando. Era un deja vu de mis años de estudiante de Farmacia.

Y seguimos con lo nuestro. Ahora comenzamos con el intestino delgado. En su interior seguimos encontrando más presas. Por cierto, no mucho más deshechas que las presentes en el estómago.


Entre el olor y la textura, la parroquia empezaba a desfallecer. La cosa empezaba a subir de tono. Cualquiera se ponía a intentar identificar las presas. Las cogimos también.


Otra sorpresa. Ninguna presa grande. Ningún conejo. En los Arenales de La Dula el gato se estaba alimentando de ... ¡ratones, topillos y musarañas! Presas pequeñas. Pero muchas presas. Cazadas a cualquier hora.

Pero la cosa no acababa aquí. Nos quedaba el intestino grueso. Más corto, más oscuro. Varios bultos independientes sobresalían en su trazado. Supusimos que serían bolos fecales que contendrían, posiblemente, más presas. Presas capturadas por la noche. En total, el gato perfectamente podía contener restos de una docenas de ellos.

Las caricas de mis alumnas eran ya un poema. Ya no podían aguantar mucho más. Desistimos de abrir el interior del intestino grueso.

Al día siguiente, se habían quedado rígidos los parásitos. El alcohol tiene un efecto deshidratante. Colocamos las placas Petri con los gusanos bajo lupas binoculares. Y las alumnas tomaron fotos con las cámaras de los teléfonos móviles.


A simple vista ya se apreciaba la característica morfología del cestodo.


Y, ya con la lupa, pudimos ver apreciar mejor sus detalles. El pequeño escólex con una coronilla de ganchos, los estróbilos de tamaño creciente ....

 

Enviamos las fotos a nuestro amigo Javier Lucientes, profesor de Parasitología en la Facultad de Veterinaria de Zaragoza. Aunque las imágenes no eran muy precisas, el cestodo fue determinado como Teania teaniaerhynchus por el desarrollo del escólex y por el hospedador de que se trataba.

Los nemátodos eran ascáridos, una de las familias más habituales entre los parásitos en los animales domésticos.


Javier nos comentó que podían tratarse de Toxocara cati o Toxocara mystax, siendo necesaria para su determinación una buena observación del extremo anterior.

Sobre el tercer parásito no hubo noticias.



Estos endoparásitos tienen complejos ciclos biológicos y sofisticadas adaptaciones a sus medios de vida, tan fascinante -o más- que la del gato montés. ¡Qué también tiene lo suyo!

Como muy bien dijo Fernando Herrero, cuando le comenté los hallazgos, "lucha por fuera (la del gato montés), lucha por dentro (la de los gusanos)".

Imposible más sorpresas. Imposible más asombro. 

3 comentarios:

Jesus Lechon dijo...

A mediados de los cuarenta mi Tío Víctor vivió unos años en Navarrete y entre las muchas historias que siempre conto, había una verdaderamente sorprendente, que no era otra que la del Gato Montés.

Aquel gato silvestre, enorme, que un día se perdió por el corral de casa, y al cual le dieron de comer, y agradecido el animal decidió quedarse y poco a poco ser uno más de la familia, del corral a la casa…

De vez en cuando el gato, de maullo, desaparecía unos días para volver al cabo del tiempo, a lamerse las heridas, en busca de comida, tranquilidad y descanso…

Un día, a mi Tío le dieron otro destino, y la familia se marchó de Navarrete, el gato estaba de maullo, no se pudieron despedir, el animal volvería, y se encontraría con la casa cerrada, seguro que pensaría, ¡vaya unos desustanciados, se han ido sin mí!

Recuerdos

JOSE MARIA DE JAIME dijo...

Una buena lección práctica para los alumnos y para los aficionados a las ciencias naturales. Mi felicitación.

Antonio dijo...

En la naturaleza todo se aprovecha, incluso la muerte da vida.
Gracias por esta practica.