Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

jueves, 5 de enero de 2017

UN AÑO EN LOS BOSQUES

El nature writting es un género literario con gran aceptación en la sociedad norteamericana. Sus escritores son herederos del filósofo e igualmente escritor norteamericano decimonónico Henry D. Thoreau y de una sociedad basada en la competitividad, el consumo y el alejamiento de la Naturaleza.

Estos días he terminado la novela "Un año en los bosques", de Sue Hubbell. Esta escritora nació en Kalamazoo (Michigan) en 1935, fue bióloga de formación y bibliotecaria en la Universidad de Brown de profesión hasta 1972 y es autora de media docenas de libros más.


Cuando en leí el prólogo, de forma rápida y prestando poco interés, me llamó la atención que su autor el premio nobel francés J.M.G. Le Clézio decía en el mismo:

 "A menudo he soñado con un libro completo en el que cupieran los pájaros, los insectos volando en la luz matinal, las gotas atrapadas en las telarañas, el cielo cambiante según la estación, el olor de la lluvia y el murmullo del viento, las voces de los animales; un libro que me hiciera experimentar el calor del sol, la caricia leve de las plantas, un libro que atesorase los secretos visibles e invisibles del mundo [ ... ]. Un libro que me hiciera tan feliz como cuando en otros tiempos leía a Virgilio, junto al mar, a la sombra de los olivos (hoy en día sustituidos por edificios). Un libro en el que la poesía fuera como una respiración, en el que el lenguaje nos acercara su música. Creo que el libro de Sue Hubbell es ese libro".

Yo no he leído a Virgilio junto al mar. No puedo comparar. Pero "Un año en los bosques" me ha gustado mucho.

Es el libro de las vivencias de una mujer que vive sola en una granja en las perdidas montañas Orzaks, en el medio oeste norteamericano, donde decide ir junto a su marido (que al poco le abandona) a rehacer su vida para alejarse de un estilo de vida que le hastía cada vez más y de una sociedad inmersa en la guerra de Vietnam.


Sue Hubbell era hija de un botánico al que acompañaba en sus excursiones por los montes, del que aprendió el nombre científico de las plantas y, lo que le resultaba más fascinante, las relaciones de parentesco entre ellas ... ¡a la edad de seis años!

Es un libro en el que selecciona temas de historia natural que desarrolla siguiendo el ciclo anual. Es un libro escrito por una naturalista, bien formada y gran observadora, que no pierde la sorpresa al descubrir nuevos detalles del funcionamiento de los ecosistemas en los que vive, que no deja de cuestionar sus ideas previas al contrastarla con la realidad, que comprende que no hay una única respuesta para cada pregunta relativa al complejo funcionamiento de la vida silvestre. Y, que hace trascender sus observaciones, a sus experiencias personales y a su estado de ánimo. Algo muy humano.


Los protagonistas son los seres vivos de su entorno. Son los pájaros, que conoce de forma precisa en cuanto a sus costumbres y querencias. Son los helechos de reproducción singular y distribución restringida. Son las termitas que se instalan en los cimientos de su granja. Son las historias de los ácaros, las polillas y los murciélagos. Son las bacterias descomponedoras del humus ("los millones de organismos que metabolizan con ferocidad la tierra"). Son las serpientes cabeza de cobre y las de boca de algodón, con las que convive con naturalidad, sabiendo que su granja ha ocupado los territorios de aquellas. Son las zarzamoras y los rosales multiflores que se expanden por los terrenos abiertos por el ser humano y abandonados. Son las ranas arbóreas, con sus ciclos explosivos que ocupan su vivienda. Son los pensamientos salvajes que crecen en los peñascos más templados del valle. O las cucarachas americanas, con sus ancestrales estrategias, o la zarigüeya americana que se alimentan en sus propias colmenas.


Pero también son protagonistas sus animales domésticos. Los perros, cada cuál con su genio, sus compañeros de aventuras en la soledad del bosque. Su gato, cauto e independiente. Sus gallinas y gallos, siempre en tensión por la presencia del coyote, siempre generosas ofreciéndole sus huevos.

Y, sobre todo, sus abejas. Sue tiene 300 colmenas que distribuye en grupos en los prados y campos de otras granjas. La venta de la miel es su medio de vida. Su difícil medio de vida, en unos tiempos en los que a Estados Unidos comienza a llegar miel sudamericana con precios que hacen inviables las explotaciones. Ella construye las cajas con tableros de palés. Ella recoge enjambres. Ella renueva las reinas. Envasa, etiqueta y lleva a vender a la miel a numerosos pequeños establecimientos repartidos por varios estados. Las abejas son el centro de su vida, son su ocupación y su tema de estudio. De hecho, publicó unos años después "A Book of Bees: And How to Keep Them". Sus dieciocho millones de colaboradoras distribuidas por las colinas de Misouri forman su invisible imperio del que ella se siente una sofisticada parásita. Este libro hará disfrutar a los aficionados a estos insectos.


Pero también refleja con una naturalidad, resultado de la adaptación al medio, las dificultades y adversidades que presenta vivir en el bosque. Evitar las filtraciones la cubierta de la casa, manejar la motosierra para cortar árboles que le sirvan como leña, conducir sobre pistas que el barro hace impracticables, defender a sus gallinas del coyote o del cárabo, arreglar su vieja camioneta en sus múltiples averías y ... mil problemas más. La imprescindible cooperación con sus granjeros vecinos, los ozarkers entre los que se van lentamente integrando, a los que cada vez comprende mejor sin perder la perspectiva de quien se crió en una ciudad y que contó con una amplia visión del mundo y de la vida.

Que se integra en la singular comunidad de granjeros pero que toma partido por las luchas que van surgiendo. Como cuando se suma al movimiento "Ciudadanos por un Río que Fluya Libre" que intenta -y consigue- detener la construcción de una inútil presa en el río que pasa junto a su finca. Sus reflexiones no tienen desperdicio.

"Desde el principio, tanto los defensores como los detractores de la presa eran víctimas inocentes de una realidad mugrienta. nadie sabía cómo o por qué se construyen las presas, ningún bando disponía de cifras o hechos fidedignos. Pero no pasaba nada, pues la polémica giraba en torno a cuál era el valor de esta zona de los Ozarks y sus expectativas de futuro: cuestiones que poco tienen que ver con la realidad, los hechos, las cifras o incluso la presa, dicho sea de paso. Quienes querían la presa eran los que pensaban que sería bueno convertir el pueblo el pueblo en uno de esos situios donde hay un McDonald's. Quienes se oponían pensaban que eso no traería nada bueno. La presa era, desde luego, lo de menos ..."

Es un libro escrito por una mujer en una edad de madurez creativa, en un estado de soledad y tras cicatrizar las heridas causadas por la vida. En uno de los capítulos, intercalado en la actividad de los pavos salvajes, de los gorriones de garganta blanca y de su deseo de dormir al aire libre, se pregunta por el papel de las mujeres maduras en el diseño de las cosas y, entre otras ideas, comenta:

"Como nuestra cultura no nos ha asignado ningún papel real, podemos crearlo nosotras mismas. Ésta es una buena época para ser una mujer madura con personalidad, fuerza y agallas. Somos increíblemente libres. Vivimos mucho tiempo. Nuestros hijos son ya los adultos independientes en los que los ayudamos a convertirse, y aunque puede que sigan queriendo nuestro amor, no necesitan nuestros cuidados. Las normas sociales son tan flexibles hoy en día que nada de lo que hagamos resulta chocante. ya no tenemos barreras políticas. Siempre y cuando conservemos la salud y dispongamos de los medios para tirar adelante, podemos hacer cualquier cosa, tener cualquier cosa e invertir nuestro talento como nos plazca".

La arribada invernal de un ejemplar de una gaviota de Kamchatka al río Misisipi le permite dar su visión sobre el devenir de la afición a observación de aves:

"Que concedan títulos por el avistamiento de aves raras es un indicador de los que le ha pasado a la observación de aves [...] Es un asunto competitivo. Se organizan torneos donde un as de la ornitología pone a prueba sus conocimientos frente a otro, y gana quien ha visto más especies de aves en un periodo de veinticuatro horas, con la ayuda de casetes con el canto grabado de los pájaros [...]. Es un enfoque de la historia natural como trofeo".


También aborda la cuestión de la corriente del retorno al campo, al fin y al cabo, es su propia historia personal. En los Estados Unidos, este movimiento neorural es mucho más antiguo y está motivado por razones muy variadas, más allá de las que conocemos en la Europa postindustrial. De hecho, desde 1930 oleadas de personas cansadas de la vida urbana se han ido instalando en granjas para llevar una vida más sencilla. Sobre las mismas comenta:

"Lo que aún no han descubierto es que una vida es tan sencilla o complicada como la persona que la vive, y que si a una persona le parece abrumador vivir en la ciudad, se lo parecerá aún más vivir aquí, donde es mucho más difícil ganarse la vida. [...]. Los urbanitas ruralizados idealizan a la gente de aquí mientras aún viven en las ciudades; pero aquí la gente no es gente sencilla, ni por asomo. Los ozarkers tienen vidas igual de complicadas que las de todo el mundo. Sin embargo, poseen habilidades y recursos para vivir en estas colinas; aunque se lo tienen callado, de ahí que parezca fácil ... y sencillo [...]. Los buscadores de vidas sencillas siempre traen una o dos teorías que exponen sin cortarse un pelo que difieren en los detalles pero que se resumen en saber mejor que los campesinos cómo vivir en el campo. Como cabría esperar, eso suele ofender a los lugareños. Por otro lado, con el paso de los años los buscadores de vidas sencillas han acabado representando una cosecha de dinero sin igual: llegan con un montón de ahorros para respaldar sus teorías, y se van tan rápido que no conviene dejar tralucir demasiado la animadversión. Más vale aprovecharse de ellos antes de regresen con sus sueños hechos añicos, a sus ciudades y sus cheques"

Ella goza de la doble experiencia y tiene empatía por ambos grupos humanos y se muestra amable, pero realista, ante los numerosos buscadores de vidas sencillas que le piden orientación.

Sus observaciones de la vida silvestre le sugieren reflexiones en las que rezuma una sabia ironía. Debatiendo por teléfono con un entomólogo sobre el comportamiento de las orugas procesionarias, éste le comentó:

"Si alguna vez descubres lo que hace desfilar a las orugas procesionaria, por favor, ilústrame. A lo mejor es lo mismo que hace que la gente coja el coche para meterse en atascos los domingos, vea la televisión o vote al Partido Republicano".


Con la madurez de quien saber leer la historia de su vida y lo difícil que es cambiar las cosas, a resultas de su experiencia en la lucha contra la presa, concluye:

"En una ocasión intenté parar una guerra, y en otra ocasión colaboré activamente en el nacimiento de un sindicato laboral en la biblioteca donde trabajaba. Pero, en líneas generales, podría decirse que el mundo ha resistido con alegría y astucia, a mis intentos por salvarlo".

En resumen, una lectura muy grata.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Seguro que los Reyes Magos me traen este prometedor libro...
Mil gracias!!!

Fer dijo...

Me ha recordado a una película que vimos hace poco y que nos encantó: Captain Fantastic. 100% recomendable

Fer dijo...

Por cierto, la banda sonora igualmente excepcional