Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

viernes, 21 de junio de 2013

ALGAS VERDES FILAMENTOSAS EN LA RIERA, CRECIMIENTO BAJO PRESIÓN PERMANENTE

La sierra de Pelarda es una de las zonas menos secas de las comarcas del Jiloca y Campo de Daroca. Su clima, en cuanto a precipitaciones, puede considerarse casi subhúmedo, con valores medios de 550 mm., a pesar de su carácter mediterráneo y, por tanto, sus notables oscilaciones estacionales (máximos equinocciales) e interanuales.

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Imagen tomada de turismojiloca

El sustrato geológico está constituido por materiales detríticos silíceos (gravas y arenas) poco consolidados depositados durante el Cenozoico procedentes del desmantelamiento de macizos montañosos formados por cuarcitas y pizarras paleozoicas elevados durante la orogenia Alpina.

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Las aguas son recogidas hacia el sur de la sierra y se organizan en una red fluvial que vierte hacia el río Pancrudo a través de los términos de Olalla, Cutanda, Valverde, Collados, Godos, Nueros y Torrecilla del Rebollar. El caudal de estos arroyos depende estrictamente del régimen de precipitaciones, y su consideración puede pasar de riachuelos a ramblas. A nivel popular, y con un tratamiento algo optimista, son tratados como ríos. Me contaba Mariano Soguero que en Torrecilla, a mediados del siglo pasado y posiblemente tras la lluviosa década de los ‘50, los vecinos hablaban de la existencia de …. ¡siete ríos!.

Sean llamados ríos, riachuelos, arroyos, rieras o ramblas estos cursos de agua presentan importantes oscilaciones en sus caudales pudiendo en pocos meses presentar cerca de un metro cúbico por segundo a mostrar el cauce completamente seco.

La primavera y el verano pasado fueron muy secos. De nuevo hubo problemas de suministro de agua en algunos pueblos de la sierra de Pelarda.

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La rambla del Chorrillo de Nueros el pasado mes de julio.

Sin embargo, el otoño fue generoso en precipitaciones. Los montes fueron cargándose en humedad y los bosques hidratándose tras meses de sequía inclemente. El invierno continuó bajo el efecto de la inestabilidad y las borrascas entraron en la sierra, no tanto como en otras zonas del norte peninsular pero más que en otras próximas, como el Alto Jiloca. Las gravas y arenas de las rañas que conforman el sustrato litológico de la sierra comenzaron a recargar sus acuíferos, exhaustos tras varios años secos.

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El definitivo alumbramiento de del nivel freático se produjo tras un par de copiosas nevadas que dejaron sendos buenos mantos de nieve por todos los montes. Muchos de los arroyos comenzaron a funcionar a partir de marzo y en abril presentaban caudales tan cuantiosos como para activar los procesos erosivos en las zonas de depósito.

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Los cauces se han encontrado durante años como lechos secos. Los cantos y gravas serán ambientes difíciles por tratarse de terrenos demasiado permeables y por el recalentamiento al que están sometidos durante el periodo favorable para el desarrollo vegetativo de las plantas. Tan solo algunas gramíneas y otras plantas anuales de carácter xerofítico consiguieron colonizar estos sustratos. En los márgenes, espinos y zarzas acceden con problemas al freático e incluso son colonizados por tomillos y aliagas de las laderas próximas.

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Sin embargo entre las gravas y las arenas depositadas en estos cauces se han conservado las formas de resistencia de los organismos acuáticos que habitaban estos arroyos temporales. Huevos, propágulos, esporas, quistes, semillas ….. bien desnudas bien retenidas entre los filamentos de las algas llevan años soportando largos periodos de sequía y frío.

Uno de los productores más importantes en estos ecosistemas acuáticos son las algas filamentosas. Son clorófitos cuyas células se agrupan formando hilos de un color verdoso.

Algas verdes filamentosas. Foto: Universidad de León

En estos ambientes forman parte de la comunidad bentónica adhiriéndose a la superficie de las gravas y de los guijarros del lecho de los arroyos.

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Las clorofíceas filamentosas realizan tanto la reproducción sexual como la asexual. En esta última modalidad, los filamentos desprenden acinetos, unas células perdurables vegetativas dotadas de paredes gruesas que les permiten soportar las condiciones desfavorables. El cigoto resultante de la reproducción sexual almacena sustancias de reserva (almidón y aceites) y se protege por una gruesa pared celular transformándose en una forma de reposo capaz de resistir el frío y la sequía.

Desde marzo el lecho de gravas estuvo empapándose. Las formas de resistencia de estas algas verdes comenzaron entonces su activación, bajo unas condiciones de bajas temperaturas (heladas nocturnas), de fotoperiodo creciente y de caudales también en crecimiento, sobre todo tras las nevadas de marzo y abril. Estos sistemas fluviales pasaron del nada al todo en unas pocas semanas.

A lo largo del mes de abril, las corrientes de estos arroyos presentaban una gran energía. El abundante caudal, la velocidad alcanzada en sus cabeceras, el dinamismo del lecho cuyas gravas y cantos estuvieron durante días en permanente remoción …. ofrecían unas condiciones inestables en las que se produciría simultáneamente el inicio del desarrollo de los filamentos y la migración de estas jóvenes algas fijadas en la superficie de las partículas detríticas.

En el mes de mayo, tras pasar el pico del deshielo, aumentar las temperaturas y, sobre todo, crecer el número de horas de luz diarias, comenzó un desarrollo explosivo de las algas verdes filamentosas en los arroyos.

En la Riera de Nueros cambió incluso el paisaje.

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Algunas algas verdes de menor desarrollo tapizan los cantos de los rabiones, las zonas de corriente más intensa….

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Otras aprovechan los remansos que se forman entre los cantos de mayor tamaño al frenarse la corriente…..

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Otras formas se fijan a los depósitos de limos de los márgenes ….

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Las más, a los guijarros laterales, donde la rugosidad del sustrato frena la velocidad del agua ….

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Los procesos reproductores de las algas verdes se aceleran durante estos días. Se desprenderán células vegetativas aisladas y fragmentos de los filamentos; en otras especies se producirán zoosporas, esporas flageladas obtenidas por mitosis, y en otras aplanósporas, esporas esféricas carentes de flagelos. Al tiempo, se producirán gametos, más o menos semejantes, más o menos móviles, formando nuevos cigotos, nuevos individuos genéticamente diferentes, que funcionarán como formas de resistencia ante un eventual estiaje.

Estos propágulos son arrastrados por la corriente y colonizarán nuevos territorios aguas abajo. Pero no cesa la incertidumbre. No quedan muchos sustratos adecuados sin ocupar por otras algas verdes. La competencia es intensa. Hay zonas donde el sombreado de los chopos es denso limitando así la fotosíntesis. El nivel puede reducirse si junio viene seco y el verano se adelanta. La vida de estas algas también está sometida a múltiples presiones ambientales.

Para que luego nos quejemos del estrés en la vida actual.

miércoles, 19 de junio de 2013

CHABIER DE JAIME LORÉN, PREMIO BATALLADOR 2013

El pasado día 7 de junio la Asociación Cultural y Recreativa Peña La Unión de Calamocha celebró la gala de los premios Batallador en el teatro auditorio de esta localidad.

Los galardonados de este año 2013 fueron Manuel Pizarro (categoría provincial), Teresa Perales (categoría regional) el Club 4x4 Calamocha (comarcal) y el profesor Chabier de Jaime Lorén (categoría local).




En un emotivo discurso Chabier hizo un repaso de sus años de juventud en Calamocha y de cómo el destino hizo que volviese, esta vez a desarrollar su carrera profesional como profesor de instituto.

Quiso mostrar su agradecimiento a Rodrigo Pérez "mi compañero de departamento y amigo desde hace 17 años", sin olvidarse del resto de compañeros "comprometidos con la educación pública y rural, con los que hemos formado unos equipos que nos estimulan a diario a dar lo mejor de cada uno para formar futuros ciudadanos".

Agradecimientos también al Centro de Estudios del Jiloca en su 25 aniversario, que "me ha ofrecido la amistad de un equipo de investigación de una calidad y de un calor humano que ya lo querrían para sí muchas universidades".

No se olvidó tampoco de sus alumnos y ex alumnos, ni de sus padres, "que no escatiman esfuerzos personales para su formación", así como de todos los habitantes que "se esfuerzan a diario en darle un futuro a esta tierra empujando desde ese ayuntamiento, desde aquella asociación, desde sus empresas o desde la cabina del tractor".

Palabras de agradecimiento también para el colectivo naturalista del Jiloca, aquellas personas que "han sido decisivas a la hora de sacar adelante buena parte de los estudios o trabajos que he podido realizar en estos años".

Por último Chabier quiso agradecer a su familia, cuatro grandes batalladores "sin los cuales nada de lo que me haya podido hacer merecedor de este reconocimiento hubiera sido posible", en referencia a su hermano José María, a sus padres Rita y José y a Mari Carmen, su esposa.

Desde Natura xilocae queremos dar nuestra más efusiva enhorabuena a nuestro amigo y colaborador por el galardón recibido. Es sin duda un bonito y merecido reconocimiento y un homenaje a la trayectoria profesional y al compromiso con nuestra tierra, de este "profesor de instituto de pueblo", como el mismo se define con orgullo.

Estudios, publicaciones, proyectos de investigación... Multitud de aspectos relacionados con la naturaleza de nuestra comarca y de buena parte del sur de Aragón, y es que nuestro paisano es sin duda uno de los mayores referentes del naturalismo aragonés de los últimos tiempos.

domingo, 16 de junio de 2013

PRIMAVERAS HÚMEDAS …. ESPECTACULARES ORQUÍDEAS EN EL JILOCA

Muchas veces pensamos que tenemos que hacer muchos kilómetros para poder acceder a la naturaleza “salvaje” y así poder descubrir especies vegetales o animales que consideramos muy interesantes. Sin embargo, también debemos aprender a apreciar lo que tenemos muy cerca de nuestra casa…

Estamos en primavera (aunque este año, por las temperaturas, cualquiera lo diría), y es el tiempo en que empiezan a florecer numerosas especies de orquídeas. La contemplación de las orquídeas me parece todo un espectáculo, no sólo por las complejas y variadas formas que adoptan estas plantas, sino también por las vivas y llamativas coloraciones que presentan, y por lo “fascinante” que me resulta encontrarlas en estado silvestre.

El término orquídea, “orchis” en griego, hace referencia a la palabra testículos y le fue dado por un alumno de Platón tras su observación; y es que las orquídeas presentan en su base, bajo la tierra, un par de tubérculos redondeados que al observador le recordaron… pues eso, a unos testículos. En todo caso, fue Linneo quien adoptó la denominación de Orchidaceae para una familia de plantas muy numerosa, comprendiendo unos 600 géneros y unas 30.000 especies distribuidas por todo el planeta. En España se han registrado unas 62 especies (número parecido al de las que tenemos en Aragón), y muchas son las comunidades autónomas, territorios o provincias que cuentan con estupendos catálogos de orquídeas.

En el Jiloca recuerdo aquel “tímido” proyecto del año 2008 lanzado por Tomás Sanz (a través de Natura Xilocae precisamente), en el que proponía realizar un catálogo de fotografías de orquídeas del Jiloca. Desconozco exactamente si esta iniciativa ha cuajado, se ha desarrollado (si quiera por parte del autor),… o cual es el estado actual de la propuesta. En todo caso, propongo retomar la idea de Tomás y que esta primavera tan inusualmente húmeda de la que gozamos, salgamos al campo con nuestra cámara “a la captura” de estas preciosas flores que, a buen seguro, a todos nos cautivarán.

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Y es que ver de cerca orquídeas silvestres es como contemplar pequeñas obras de arte de la naturaleza. Sus flores son cigomorfas, es decir no simétricas, algunas de ellas tienen labios o labelos con una sorprendente forma de insecto (que sirven precisamente para atraer a los polinizadores), y unos espolones estilizados donde se acumula el rico néctar… No es raro que, con todos estos atractivos elementos en la flor, uno “se enganche” a fotografiarlas y contemplarlas con suma facilidad.

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En un reciente paseo por los Ojos de Monreal del Campo, me sorprendió una pequeña pradera bajo una chopera de plantación con muchas y vistosas florecillas de color amarillento que enseguida me figuré que eran orquídeas. Lo cierto es que no estaban en todo su esplendor, pues aún no se habían abierto las flores completamente, pero ya destacaban entre el herbazal y llamaban la atención, sobre todo, por su gran altura.

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Luego, revisando bibliografía, comprobé que se trataba de la especie Cephalanthera damasonium. (Mill.) Druce.

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Se trata de una orquídea que vive en el interior de bosques o formaciones boscosas cerradas, preferentemente en robledales y pinares, pero vemos que también en bosques riparios, en general en zonas sombreadas y húmedas, con herbazales.

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Puede alcanzar cerca de medio metro de altura, y tiene las hojas dispuestas helicoidalmente; morfológicamente se parece a Cephalantera rubra aunque se diferencian porque el tallo de C. damasonium es más erecto y glabro, y principalmente porque los tépalos de las flores de C. rubra son de color blanco marfil, cortos y nunca llegan a abrirse completamente. Tampoco hay que confundir C. damasonium con C. longifolia, que tiene flores más numerosas y de color blanco puro en su espiga floral.

Pilar Edo

viernes, 14 de junio de 2013

LOS VUELVEPIEDRAS … ¡SIN PLUMAS!

La llegada de la primavera viene acompañada de buenas noticias para los naturalistas, y más aún un año tan húmedo como el que estamos viviendo. Las primeras golondrinas cantando sin parar en los cables o viejas ventanas de nuestras casas, el melancólico canto crepuscular del ruiseñor, cunetas y yermos inundados de margaritas y ababoles son solo algunos ejemplos de la explosión de vida que ahora nos rodea. Pero hay una actividad que para muchos destaca sobre las demás, entre los que muy a gusto me incluyo: levantar piedras.

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Por cuestiones de salud este año no hemos podido prodigar mucho que digamos nuestras salidas al campo, pero ayer tantos días de sofá mirando por las ventanas fueron contrarrestados con una gran alegría. Cogimos la furgoneta, el equipo de naturalista básico (guías de campo, cazamariposas, redes para renacuajos, cámara…) y nos fuimos con idea de llegar hasta Guialguerrero. Pero no hizo falta llegar tan “lejos”. No pasamos del cerro de Santa Bárbara, entre Calamocha y Torralba de los Sisones. Como podemos ver en la primera fotografía, el campo está exuberante. Barrancos secos años tras años ven correr ahora pequeños regatos que no dudan en inundar las hondonadas para formar lagunazos en los que ranas y sapos desovarán.

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Y claro, había que levantar piedras. Por muchas que levantes, la emoción al agacharse y alzar una roca para sorprender a su posible inquilino es tan intensa como si fuera la primera vez. La mayor parte de las veces son las hormigas con sus pobladas colonias las que moran bajo el suelo, no por abundantes menos espectaculares. Otras veces la sorpresa es aún mayor. Escolopendras, alacranes, ratones, sapos, lagartos, eslizones, culebras e incluso víboras pueden esconderse a escasos metros de nuestras ciegas miradas.

Pero en este caso el inquilino era aún más singular: una culebrilla ciega (Blanus cinereus). Son muy escasas las citas de esta especie en la provincia de Teruel, tan solo una del año 1987 en la localidad de Tornos (hacia el pinar de Torralba de los Sisones), otra posterior en el cerro del Poyo (una muda), localidad en la que un vecino encontró (y mató) dos refugiadas debajo de unos ladrillos apilados en un corral y aún hay otra cita en la zona Guilaguerrero-La Zaida.

Lo peculiar de nuestro hallazgo bien merece unas cuantas palabras.

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La culebrilla ciega forma parte de la familia de los anfisbénidos, de distribución básicamente tropical, siendo el género Blanus el único representante europeo. Hasta hace pocos años sólo se reconocía una especie, pero estudios genéticos han separado las poblaciones del suroeste peninsular para formar una segunda especie casi indistinguible externamente.

La culebrilla ciega es un reptil con aspecto de lombriz de tierra. Los que viendo las fotos piensen que “es que es una lombriz” que se fijen con atención en las escamas y diminutos ojos para salir de dudas. Se trata de un animal de hábitos hipogeos, como bien demuestran todas las adaptaciones morfológicas de su cuerpo vermiforme: ojos atrofiados y subcutáneos, ausencia de patas, cabeza robusta y apenas diferenciada del resto del cuerpo para excavar sus galerías. Le gustan los suelos arenosos de ambientes mediterráneos y algo húmedos, no superando con frecuencia los mil metros de altitud, razones por las cuales es tan rara en nuestra provincia. Y no sólo en ella, sino que es escasa en todo Aragón, ausente de la franja norte y con citas puntuales repartidas por la provincia de Zaragoza. En el sur de la península es mucho más común, siendo de hecho una especie endémica de España y Portugal.

Las tres únicas citas que se tienen corresponden a un territorio que coincide con los montes que arrancan en El Poyo del Cid (San Esteban), la sierra de Valdellosa (Santa Bárbara) y los montes de Valdelacasa. Son cuarcitas ordovícicas afectadas por un ombroclima algo fresco. La cuarcita al meteorizarse desprende granos de arena, el sustrato sobre el que prosperan carrascales y rebollares que mantienen la humedad del suelo. Justo el ambiente requerido por la culebrilla ciega: suelos arenosos, frescos y ricos en humus.

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Su alimentación está basada en invertebrados, en especial hormigas y sus larvas, siendo a su vez presa sobre todo de topos, lagartos y culebras debido a sus hábitos hipogeos.

Especie totalmente inofensiva, tiene como es habitual en otros reptiles tres estrategias defensivas principales: la huida, enroscarse para proteger la cabeza y desprenderse de la cola (autotomía), motivo por el cual hay que tener mucho cuidado a la hora de manipularla.

Y para acabar, algunas recomendaciones por si alguien se apunta a este sano club de “vuelvepiedras humanos”:

  1. A la hora de levantar una piedra controlar siempre donde se colocan las manos, nunca por debajo y fuera de la vista.
  2. Hay que tener muy presente que al levantar la piedra podemos descubrir un inquilino de los “grandes”, no sea que del susto dejemos caer la roca y chafemos al pobre animal.
  3. Tras manipular la roca y sus posibles moradores hay que intentar dejar todo como estaba. Como siempre: lo mejor es que no se note nuestro paso y dejemos el menor rastro posible.

Así que ¡adelante!, a disfrutar de esta húmeda primavera.

Rodrigo Pérez (Texto) y Carlos Pérez (Fotos)

miércoles, 12 de junio de 2013

IV CURSO DE ORNITOLOGÍA PRÁCTICA DE LAS TIERRAS DEL JILOCA Y GALLOCANTA

Como en años anteriores, A.D.R.I. Jiloca Gallocanta, continúa apostando por la formación de calidad con la realización de la IV Edición del Curso de Ornitología Práctica de las Tierras del Jiloca y Gallocanta, en el marco de la oferta formativa de la Universidad de Verano de Teruel.

En esta ocasión, el grupo de acción local realizará esta actuación sin contar con ayuda del Programa Leader aunque si departamento de Conservación del Medio Natural del Gobierno de Aragón ha apoyado la iniciativa con medios propios.

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Macho de roquero rojo. Foto: Rodrigo Pérez

Cabe resaltar que los profesores han optado por colaborar desinteresadamente en el curso viendo la necesidad de fomentar este tipo de actividades de alto nivel científico en el medio rural aragonés. Así mismo también han colaborado SEO BirdLife, el Ayuntamiento de Gallocanta y las asociaciones Museo de la Naturaleza de Daroca y Amigos de Gallocanta.

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Macho de aguilucho lagunero. Foto: Rodrigo Pérez

Esta edición del curso comenzará el día 28 de junio, en Gallocanta, con dos ponencias: una primera que sirve para enmarcar el medio natural de las comarcas y su influencia en las comunidades de aves y la otra a cargo del director del curso Javier Lucientes sobre la evolución de la Laguna de Gallocanta.

El sábado 29 de junio, se realizaran salidas de campo por la paramera de Blancas, y por la tarde las lagunas de Gallocanta y Guialguerrero. Se espera realizar anillamientos en estas localizaciones para que los alumnos puedan ver las aves en mano.

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El domingo 30 de junio se visitara las hoces del rio Piedra, y podremos ver tanto rapaces como las aves del bosque de ribera, completándose también con una sesión de anillamiento.

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Esta formación contara con créditos de libre elección y para la formación permanente del profesorado, estando aun en estudio cuantos se obtendrán.

Todos aquellos interesados pueden ponerse en contacto con nosotros a través de la web de A.D.R.I. www.adri.es

lunes, 10 de junio de 2013

SOBRE LA LAGUNA DEL CAÑIZAR …

Lamento que los integrantes de la Plataforma contra la Laguna del Cañizar se sientan sólo perjudicados, pero comprendo que se consideraron no escuchados y no suficientemente informados mientras se realizaron las obras de recuperación de la Laguna.

En muchos proyectos no se ve el resultado a corto plazo, y menos hasta que no se completan. Ahora es cuando la Laguna empezaría a dar frutos si tuviera agua. Se comenzaba a conocer a nivel nacional y estaba siendo un referente ornitológico para observar aves muy difíciles de ver en otros lugares. Ya en foros, webs y publicaciones se destacaban sus valores y mucha gente estaba interesada en visitarla. Se incrementaría el turismo, actuaría como reservorio de agua para el riego, con la protección se conseguirían más ayudas agroambientales …

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Es comprensible que los agricultores crean que puede peligrar su economía pero hay muchos ejemplos de zonas ZEPA, como Gallocanta, donde les ha ido bien. Además, la Laguna brinda otras posibilidades de desarrollo socioeconómico, que han de valorar los pueblos de la zona. Es una joya de su patrimonio natural y no deberían desaprovecharla.

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Como amante de la naturaleza, he disfrutado con la recuperación de la Laguna. Ya antes conocíamos la zona y en los años húmedos se encharcaba un pequeño enclave con carrizos donde acudían aves acuáticas. Ha sido espectacular su renacer a medida que ganaba extensión. En los meses de migración, se han observado especies valiosas que encuentran alimento y refugio en ella y siguen su largo periplo. En pocos años, se han reproducido numerosas anátidas y todos los ardeidos de España, lo que no ha ocurrido en ningún humedal español y muestra la valía del lugar. Era un espectáculo observar con prismáticos los trasiegos de las especies, el aporte de ramas a los nidos, las crías…

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Como turolense, me congratula que tengamos en la provincia un ejemplo de recuperación de un humedal. Además, en una provincia donde se invierte poco y menos en materia de medio ambiente, donde conservamos aún grandes valores, no siempre reconocidos de forma apropiada.

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Como profesora de educación secundaria en Teruel, he mostrado con orgullo a mis alumnos la riqueza de flora y fauna de la zona y su importancia. Les he inculcado la necesidad de proteger el medio ambiente y, por supuesto, los humedales. Tienen una elevada biodiversidad, son reservorios de agua para usos humanos, poseen un alto valor paisajístico y de recreo, son sumideros de dióxido de carbono, actúan como filtros verdes que depuran el agua, son un recurso económico…

Como ciudadana de una sociedad en la que prima el dinero y el egoísmo, admiro a las personas que con gran dedicación y a costa de un gran esfuerzo personal, son capaces de impulsar proyectos, en principio, loables.

Espero, que el Departamento de Medio Ambiente y Confederación Hidrográfica, cojan las riendas y hagan una gestión adecuada. Informen de las actuaciones, escuchen a todos los sectores, recojan sus aportaciones y mejoren el proyecto. En la sociedad española, hemos tardado años en valorar y proteger nuestro patrimonio cultural. Nos falta también ser conscientes del valor de nuestro patrimonio natural y preservarlo.

Carmen Liberos Saura

sábado, 8 de junio de 2013

COLLALBA NEGRA EN EL PANCRUDO

Al valle del Pancrudo en su tramo próximo a Navarrete del Río yo le llamo el “valle de las tarabillas”. Y es que cuando llega la primavera paso muchas tardes disfrutando de la riqueza ornitológica de estas riberas, que es enorme. Y entre escribanos, trigueros, buitrones, roqueros, oropéndolas, carpinteros, collalbas y un largo etcétera, las tarabillas son las que más se dejan notar, en especial los relucientes machos primaverales.

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Macho de oropéndola. Foto: Rodrigo Pérez

Sin embargo, esta historia relacionada con los afloramientos de yesos me lleva hacia otra especie de gran singularidad: La collalba negra. Estaba yo paseando entre las ruinas de las antiguas yeseras un mes de mayo cuando me salió un adulto de esta especie, tan escasa en nuestra comarca, a toda pastilla y en el último momento. Señal inequívoca de que su prole no andaba lejos.

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Collalba negra con ceba. Foto: Rodrigo Pérez

Una buena noticia para realzar aún más el valor natural de este tramo del Pancrudo.

Rodrigo Pérez Grijalvo

miércoles, 5 de junio de 2013

LOS DÍAS DEL CURA CORBATÓN

En estos días en los que el cierzo va amainando y las temperaturas remontan poco a poco se ha dejado ver uno de los elementos más curiosos y conocidos del saber popular en cuanto a meteorología se refiere: el cura Corbatón o “curica Corbatón”.

DSC_8490 Cura Corbatón desde la cuenca de Gallocanta. Foto: Chabier de Jaime

Desde hace muchos siglos las gentes del campo han mirado al cielo con recelo, más aun llegada esta época, en la que la cosecha de todo el año estaba en juego en los valles y tierras altas de Teruel. Ya sabemos que vivimos en el territorio más tormentoso peninsular y eran frecuentes las grandes tormentas con abundante precipitación, descargas eléctricas e incluso el más temido de todos: el pedrisco.

Con los primeros calores se inicia la convección y es época en que las lluvias primaverales y la existencia de tapiz vegetal muy extenso mantiene muy bien la humedad atmosférica en días de poco viento. Esto, unido a la todavía existencia de aire frío en capas altas, facilita la formación de las clásicas nubes de tormenta primaverales y de comienzos de verano en buena parte de los sistemas montañosos, especialmente en la ibérica de Teruel y Zaragoza.

Imagen 006 Las tormentas siempre han despertado temor y respeto en las gentes del campo. En la inscripción, cerca de la localidad de Blancas: Marco Sanche y Prieto de edad de 16 años fue muerto de un rayo a 8 de julio de 1867 RIP

Antaño, sin servicios de predicción meteorológica a corto ni largo plazo, la observación de los fenómenos atmosféricos y su relación con el tiempo y los meteoros debió de ir constituyendo un amplio fondo de sabiduría  popular que pasaba de generación en generación, en un sociedad que vivía fundamentalmente de su propia producción agrícola y ganadera. Se trataba en su mayor parte de observaciones y localismos (“Si San Ginés se pone montera, ha de llover aunque no quiera” o “Si San Ginés asoma el gorro y Palomera la montera, pastores y labradores a la paridera”), muy enfocadas al tiempo en un lugar determinado. En general, determinadas pautas atmosféricas eran interpretadas como síntomas de cambio de tiempo.

Como en todo, a medida que la población se fue dirigiendo más a las ciudades y abandonando esa dependencia directa del campo, este tipo de información se fue perdiendo, aunque bien es cierto que perdura en parte gracias al refranero popular, muy pródigo en frases sobre el tiempo o el clima. Pero en general, las observaciones del tiempo entre la gente han quedado más bien para conversaciones de ascensor.

En el campo, incluso en el mundo rural actual, sigue siendo un elemento fundamental que rige el quehacer cotidiano. Y algunas de esas creencias no han desaparecido, este es el caso del cura Corbatón.

Hace unos años abrí un tema en un conocido foro de meteorología (antaño Meteored, hoy tiempo.com) en el que lanzaba algunas preguntas sobre esta denominación con el objetivo de localizar casos similares, o gente que lo conociese en primera persona. Efectivamente, comenzó a opinar gente que lo había oído, pero la sorpresa es que no todos eran del valle de Jiloca, donde estábamos muy acostumbrados a oírlo: en aquel foro se habló de tierras más lejanas e incluso comunidades limítrofes.

En 2006 (22 de julio) uno de esos días de cura Corbatón confirmado por un hombre  mayor me decidí a sacar cábalas del por qué de ese nombre. ¿Era cosa del pueblo? ¿vivió algún día un cura de Corbatón? ¿quizá era el aspecto de las nubes?. Mediante un sencillo plano con las imágenes de Modis de ese día crucé las visuales de algunos lugares en los que me habían confirmado su conocimiento. El resultado fue muy sorprendente, quizá fruto de la casualidad, pero muy curioso:

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Las nubes de ese día se distribuían en una línea regular que comprendía las visuales desde todos estos lugares, todas ellas pasaban por Corbatón con una gran precisión. La cosa era muy singular, sin duda. Pero todo apunta a pura casualidad.

Preguntando a amigos y conocidos también salieron varios lugares más o menos cercanos: Ferreruela de Huerva, Cariñena, Aguarón, Molina de Aragón, Gallocanta, Torremocha… incluso algunos otros mucho más lejanos ya como Medinacelli, en Soria. Muchos de estos lugares ya no cuadraban con la asombrosa teoría.

A la vez en el foro fueron saliendo otras explicaciones a partir de observaciones de gentes del terruño. En el Alto Jiloca parece ser que decían que el “cura Corbatón” existió en realidad y que el dicho puede ser perfectamente del siglo XIX. Al parecer, el cura en cuestión era de armas tomar y era famoso por la zona por su carácter, lo que empezó a asociarse (en este caso su figura) con el aspecto de las nubes de tormenta que aparecían por el este, y desde siempre se habla del cura Corbatón cuando los grandes cumulonimbus hacen acto de presencia hacia levante. También se les llamaba “torrejones”.

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En Xiloca se cuenta que en Mainar se conoce a la nube como un sacerdote natural del Campo Romanos destinado en Corbatón, y que cuando "asoma" por encima de la Sierra de Cucalón representa al mosen echando un vistazo a su tierra. Un gran cumulonimbo en fase de crecimiento y los monaguillos a los lados (otros dos CB menores, en fase de crecimiento y a menor altura).

Por otro lado, en tierras de Molina contaban otra teoría, menos sugerente pero quizá más adecuada: parece ser que se le llama "cura corbatón " a los Cb Capillatus (capillatus en latín, pelo largo), la nube de tormenta por excelencia. Puede llegar a ser la más grande, ocupando todos los niveles de la troposfera en altitudes entre los 600 o 1.000 metros, y la parte superior puede alcanzar los 8.000, 10.000 e incluso 12.000 metros en nuestras latitudes, con su característico yunque blanco aplanado. Bajo la gran nube un amplio repertorio de fenómenos meteorológicos: viento, lluvia, granizo o pedrisco, rayos y truenos. ¿Y por qué esta nube? porque la base es negra o muy oscura (como la sotana del cura) y el yunque es blanco (como el alzacuello o “corbatón”). ¿Curioso, no?

Lo que parece claro es que se trata de un fenómeno propio de este sector del Ibérico. Curioso es también el hecho de que tenga el mismo nombre tanto en Castilla como en Aragón, lo que para algunos autores sugiere que el nombre puede ser anterior a la división política del territorio que conocemos actualmente.

Bueno pues resulta que la famosa nube o conjunto nuboso salió por el horizonte este la tarde del día 3 de junio. Y hoy las precipitaciones tormentosas han sido cuantiosas en buena parte del Jiloca – Gallocanta.

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Lo que está claro es que estas formaciones nubosas tienen mucho que ver con el desarrollo del tiempo atmosférico días después. Nuestros antepasados así lo vieron y efectivamente, en una gran cantidad de casos su aparición en la lejanía del este indican lluvias, generalmente tormentosas.

El curica Corbatón, una vez más, no falló en estas tierras.

domingo, 2 de junio de 2013

LA GESTIÓN DE LOS TALLARES MADUROS: UNA OPINIÓN PARA EL DEBATE

La vegetación original de los montes del Jiloca y del Campo de Daroca estaría mayoritariamente compuesta por bosques de carrasca (Quercus ilex), en las zonas más secas y de peor suelo, y de rebollo (Quercus faginea) y marojo (Quercus pyrenaica), en las zonas más frescas.  La ocupación humana de estas tierras fue acompañada de talas, roturaciones e incendios con el fin de conseguir tierras de labor y pastos. En la actualidad los únicos vestigios forestales de los bosques primarios que pueden encontrarse son tallares de aquellas planifolias, es decir, las masas formadas por rebrotes de cepa sometidas a periódicos turnos de corta que producen ciertas especies arbóreas, como le ocurre a las pertenecientes a la familia Fagáceas.

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El ser humano aprovechó desde muy pronto esta cualidad. Para proveerse de leña para los hogares y pequeñas industrias locales, así como para producir carbón vegetal para la venta, cada pueblo reservó dentro de su término algunos parajes en los que los carrascales, rebollares o marojales no llegaron a desaparecer, manejándose con turnos de corta de quince o veinte años, en muchos casos, en forma de cuarteles. Estos tallares eran el almacén de leña de la comunidad aunque también los había privados.

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Estos extensos arbustedos han sido durante décadas los últimos ambientes forestales en la mayoría de los términos municipales, hasta que alcanzaron desarrollo los fustes de los pinos plantados en la segunda mitad del siglo XX. Eran sistemas muy inestables, poco maduros, ya que los turnos cortos de corta dificultaban la entrada y conservación de las especies de hongos, plantas e insectos propios de las fases maduras de estos bosques. Su función creadora de suelo también estaba muy limitada, al desaparecer el dosel protector cada pocos años quedando el escaso mantillo al descubierto, vulnerable ante las tormentas.

Hoy el aprovechamiento de leñas ha decaído tras el éxodo rural y el uso de otros sistemas de calefacción doméstica. Los tallares van madurando. Pies más gruesos y más altos, mayor cobertura de suelo, mayor sombreado del estrato herbáceo, masas más cerradas, suelos más humíferos, creación de microclimas húmedos y atemperados bajo la copa que favorecen a las especies propias de las etapas más maduras de la sucesión ecológica del bosque ….

Lo pudimos comprobar este largo otoño con la riqueza de hongos forestales en los carrascales.

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O la de plantas herbáceas delicadas que necesitan buenos suelo y un ambiente nemoral, como la prímula (Primula veris)….

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o la celidonia menor (Ranunculus ficaria)….

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Los tallares de marojal son escasos en nuestras comarcas ya que esta fagácea tiene una reducida área de distribución, al exigir suelos silíceos y precipitaciones superiores a los 550 mm anuales. Encontramos al marojo en Sierra Menera, las umbrías de Valdelacasa (Gallocanta) y sobre las rañas de las sierra de Pelarda y de Cucalón.

Hace unas semanas recorríamos el monte de El Ortigal (Olalla). Es uno de los marojales de mayor extensión y desarrollo de la contornada ya que prospera sobre unos terrenos sueltos, frescos y de suaves relieves, algo poco habitual.

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Ese día los prados y el bosque estaban saturados por las lluvias y nieves invernales, los arroyos corrían con alegría, la primavera entraba con prudencia en estas tierras altas … ajenas a las nevada que estaba por llegar cuatro días después.

Conocimos hace unos años este marojal y desde entonces nos gusta recorrerlo y mostrarlo por ser uno de los enclaves forestales más interesantes de la comarca. Este invierno ha habido cambios, periódicos, pero cambios para como lo conocíamos. Se ha realizado un aprovechamiento de leña….

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por toda una amplia ladera, con zonas más abiertas …

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y otras con más pies conservados …

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en las que se han cortado fustes que ya tenían un buen grosor y edad….

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… y edad.

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En definitiva, lo que se hizo en el monte del Ortigal no es más que continuar el manejo tradicional para aprovechar un recurso natural y renovable como fuente de energía (biomasa). Es decir, la gestión que ha llevado desde hace décadas, tal vez siglos, y que ha mantenido esta masas hasta nuestros días.

Esta primavera las cepas brotarán produciendo múltiples rechizos. Con los años se seleccionarán quedando unos cuantos palos por tocón. Los pies conservados, tomarán ventaja al reducirse la competencia y prosperarán, tal vez alcanzando el porte arbóreo que ahora no tiene.

El marojal de El Ortigal de Olalla está incluido en el Catálogo de Bosques Singulares de la provincia de Teruel confeccionado por el Departamento de Medio Ambiente. Su estado de valoración se califica como “Muy Bueno” destacando como valores la población de avellano (Corylus avellana), muy escaso en las sierras del entorno y todavía más habitando dentro de un marojal.

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Por otra parte, sería conveniente ir pensando en crear una red de bosquetes bien conservados en los que se garantizara su conservación favoreciendo el proceso de sucesión ecológica hacia estadíos de mayor madurez. Estas reservas de biodiversidad ejercerían como puntos de difusión de especies hoy aún escasas hacia zonas menos conservadas del entorno. No se necesitaría nada más que dejarlas tranquilas. Tal vez podrían explorarse fórmulas de gestión tipo custodia del territorio con los propietarios, que suelen ser los ayuntamientos, o en algunos casos fomentar su conocimiento, sobre todo entre los vecinos.

Los bosques –más bien bosquetes- singulares de estas tierras suelen tener dimensiones modestas. Hay otros muchos montes con carrascal o rebollar de menor valor ecológico que también son susceptibles de aprovechamiento de sus leñas. Por no  hablar de los amplísimos pinares de repoblación en los que el aclareo es imprescindible y cuya madera podría ofrecerse como leña para los vecinos en tiempos en los que el precio del gasoil sigue creciendo.

La idea fundamental es que la cosecha de biodiversidad en estos montes es más valiosa que la de madera.