Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

domingo, 2 de agosto de 2015

UNA PICARACICA EN EL HUERTO

Vivimos junto a un pequeño hortal. Está separado de nuestro jardín por un muro de piedra seca, del jardín del vecino por un seto de aligustre y una valla metálica, que continúa por el perímetro, y que en de la calle por una tupida madreselva. Esta trepadora la planté hace unos años con la idea de ganar un poco de independencia pues es una calle muy transitada por paseantes. ¡Y vaya que lo conseguí! En quince años de crecimiento se cerró completamente y se elevó hasta el extremo de la verja. No le falta ni agua (la del huerto) ni luz (la de la tarde, muy intensa, al estar elevada sobre la calle).

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Esta madreselva ofrece muchas posibilidades a los pájaros.

Durante el invierno es el dormidero de varias docenas de gorriones molineros. Me encanta escucharlos cuando agitados van entrando a dormir en el crepúsculo. Están seguros. Las ramas forman una maraña impenetrable en donde se acumulan pequeñas ramillas y hojas que acaban creando un microclima algo favorable. 

P. montanus3 Ojos Altos07

También es un lugar en el que ha criado algún año el ruiseñor que, invariablemente y desde que empezaron a crecer los arbustos del jardín, llega en los días en torno a San Jorge y nos acompaña hasta finales de agosto.

luscinia megarhynchos

Este año ha habido una novedad.

Siempre se han dejado ver alguna picaraza por el huerto o el jardín buscando comida. A ver qué cae.

picaraza

Este mes de mayo nos sorprendieron unas fugaces –y discretísimas- entradas y salidas de una picaraza en la madreselva del rincón del huerto. Las dejé hacer. Efectivamente, un globoso y pequeño nido formado por ramas de la trepadora estaba colgado en lo más frondoso de la esquina. Una red de palos secos hacía de tejado. Era un búnker más que un nido. Los adultos tenían que acceder con dificultad necesariamente.

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En junio, entraba y salía, siempre hacia la calle, siempre silenciosa. Nada del sonido vibrante y áspero que les caracteriza. Así de listas.

A finales de junio me asomé por primera vez. Esperaba encontrar un grupo de tres o cuatro pollicos emplumados. Nada de eso. Un solitario huevo. Allí se quedó la cosa.

Me sorprende lo tardano de las fechas y el escaso número de huevos. Tal vez sea una puesta de reposición de alguna pareja que ha perdido la primera nidada.

A los pocos días se abrió dando lugar a un desvalido pollico formando los cañones de las plumas…

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… que ha ido creciendo, algo despacio, a lo largo de este mes de julio.

Hace unos días abandonó el nido. No se deja ver entre las enredaderas donde se oculta de la gata, siempre al acecho de todo lo que se mueve por el huerto. Sus padres aún acuden para terminar de cebarlo. En unos días, si no ya, se lanzará a recorrer la vega del Codujón junto con sus padres.

Si supera estos días puede que llegue al invierno y forme parte de esos grupos de picarazas que se juntan en los árboles del río para pasar la noche. Otro actor (o actriz) más en la función de la vida que se desarrolla en este escenario que es la vega del Jiloca.