Hablar de bosques primigenios europeos es una entelequia
que solo puede referirse al bosque de Bialowieza y poco más. El
resto, son bosques más o menos jóvenes, más o menos intervenidos o directamente cultivos forestales. En
la península Ibérica y, en particular, en la cordillera Ibérica,
tres cuartos de lo mismo. Ni los bosques de Muniellos ni la selva de Irati.
Todos son el resultado de una larga historia en la que intervienen dos fuerzas.
Por un lado el aprovechamiento de los recursos por el ser humano a lo que se
añaden perturbaciones de origen natural, sobre todo incendios. Por otro, los
procesos de reconstrucción de la cubierta vegetal siguiendo la sucesión
ecológica, diferente en cada lugar según sustrato y clima local.
Soto de frasnos y chopos negros en el valle del río Nogueta en pleno carrascal silicícola. |
¿Y en las tierras del Jiloca y Campo de Daroca? Pues lo
mismo, con la particularidad de que las características de su clima, con un breve
periodo de temperaturas favorables y, sobre todo, escasez e irregularidad de
las precipitaciones, determinan un periodo de recuperación de la vegetación
mucho más costoso. Al monte le lleva mucho más tiempo recuperarse pues la
mayor parte de los bosques corresponden a especies forestales de crecimiento
lento.
La vegetación actual en este sector de la cordillera Ibérica está constituida por unas masas forestales que no pueden considerarse verdaderos
bosques, ni en la estructura ni en el funcionamiento. Su superficie es un
pálido reflejo de la que fue originalmente. Es el resultado de siglos de deforestación. Lo que nos ha llegado o son los montes vecinales aprovechados históricamente por sus leñas o son pequeñas masas acantonadas en enclaves remotos lejos del fuego ganadero y del diente de la cabra.
Carrascales del monte de Torrijo |
Y, hasta hace tres décadas han sido –aún lo son
en ciertos pueblos- aprovechados para suministrar leña y carbón vegetal.
Mientras tanto, y desde hace casi un siglo, el estado ha desarrollado una
política reforestadora con fines de regulación hidrológica plantando diversas
especies de pinos en parajes en un país en el que no resultan propios.
Pinares de rodeno en Orcajo. |
Los tiempos cambian. En estos últimos treinta años se está
produciendo una lenta pero apreciable recuperación de las masas de quercíneas y
de los escasos sabinares albares. Los pinares de repoblación siguen creciendo
hasta resultar necesarios los aclareos siendo los primeros aprovechamientos de
madera.
Cultivo de pino negral de Austria y de pino royo |
En definitiva, las fuerzas de la Naturaleza, con el
beneplácito de la sociedad, son las que dominan en esta dialéctica.
Pero, ¿todas las masas forestales tienen el mismo valor
ecológico? ¿todas deben ser gestionadas de la misma manera? ¿existen masas
forestales de mayor naturalidad?
Para resolver estas cuestiones, el Servicio Provincial de
Medio Ambiente de Teruel puso en marcha hace quince años una
interesante iniciativa para inventariar los bosques singulares de la provincia
de Teruel. Comenzó por el sector de Gúdar y Maestrazgo publicando a través del
Consejo de Protección de la Naturaleza de Aragón el “Inventario abierto de los
bosques singulares del sector SE de la provincia de Teruel” del que fueron
autores, José Manuel González, Raúl Pérez y Juan Andrés Oria. Años después se extendió al resto de las
comarcas turolenses aunque no llegaron a publicarse dichos valiosos estudios.
Se trataba de recopilar los bosquetes con un mayor grado de
naturalidad, los constituidos por
especies forestales escasas o amenazadas o los que albergan comunidades
biológicas singulares. Estos bosquetes son fundamentales en la recuperación del bosque. Son los puntos de dispersión de las especies de hongos,
invertebrados y plantas que requieren ambientes forestales más maduros. Es importante
conocerlos para evitar su degradación al instalar nuevas infraestructuras o al
conceder aprovechamientos que puedan comprometer su recuperación. No son
bosques maduros, pero es lo más parecido a los bosques maduros. Y son, además,
el embrión de los bosques maduros que deberemos legar a nuestros nietos.
En 2003, Raúl Pérez
consiguió la beca de investigación Xiloca para realizar un inventario de los
bosques singulares de las comarcas de Campo de Daroca y de Jiloca. Terminado el
trabajo de campo y entregado el informe, que puede consultarse en la sede del
Centro de Estudios del Jiloca, fue publicado un resumen del mismo en el número 42 de la revista Xiloca. se trata de un artículo que lleva por título “Inventario de los bosques singulares de las comarcas aragonesas de Jiloca y Campo de Daroca" y que puede consultarse pulsando en el enlace. Algo que recomendamos vivamente a quien quiera conocer el medio natural de estas comarcas.
Xiloca, una revista imprescindible |
Resaltamos la idea de la "oportunidad de gestión de nuestras más valiosas masas forestales donde prime el respeto y la coservación de lo singular sobre la productividad material. Con innegables beneficios sociales para todos. una marca de calidad para nuestro territorio comprometido con el desarrollo sostenible y armónico".
El cuerpo del artículo consiste en la descripción de las comunidades boscosas y sus bosques singulares.
Comienza con los bosques de coníferas, destacando los pinares albares de la sierra Pelarda y los de rodeno de la sierra de Herrera, los sabinares de Olalla, El Villarejo y Rubielos de la Cérida, las repoblaciones de pino carrasco de Daroca y de pinsapo en Orcajo.
Sabinar de Rubielos de la Cérida |
Continúa con los bosques de frondosas. Destaca los marojales del barranco de la Pimienta en la sierra de Santa Cruz y los de la sierra Pelarda (Val de Villarejos, Hoya del Collado, el rebollar de Fonfría). Entre los carrascales sobresale el bosquete de El Colladico y el barranco de los Tenajos (Castejón de Tornos) mientras que entre los rebollares lo hacen el de la Modorra de Bádenas, el de la Peña Modorra o del Castellar en Cucalón y el barranco Paniza de Cerveruela.
Rebollar de Bádenas |
Hay otra serie de árboles con presencia más dispersa y que son propios de zonas menos secas y que forman bosquetes de escasa extensión pero de gran importancia biogeográfica. Son los que el autor denomina árboles de montaña.
Entre ellos son citadas las masas de acere (Acer monspessulanum) de Las Capillas (Rubielos de la Cérida) y las hoces del río Piedra (Torralba de los Frailes). O los acebales de El Colladico-Muela de Anadón, la Peña Modorra de Cucalón o de Peñatajada. O los avellanares de El Colladico y de Bea. O los bosquetes de tajo (Taxus baccata) de la Peña Modorra de Cucalón.
Concluye el inventario con un apartado dedicado a los bosques de ribera. Destacando la singularidad de los bosquetes de álamo blanco (Populus alba) de Ferreruela de Huerva, las choperas de álamo negro (Populus nigra) sin desmochar de Atea-Acered o con su forma de chopo cabecero (valle del Pancrudo, las frasneras (Fraxinus angustifolia) del río Nogueta o de las hoces del Piedra, las de álamo cano (Populus canescens) de El Poyo del Cid, Nombrevilla y Barrachina.
Álamos canos en la ribera del Jiloca a su paso por El Poyo |
En el artículo son descritos brevemente los más bosques singulares más destacables. Sin embargo, en el último capítulo aparece una breve descripción de los 68 que se han inventariado en este estudio.
Un vez más el Centro de Estudios del Jiloca, en este caso a través de las Becas de Investigación y de las páginas de Xiloca promueve el conocimiento y la conservación de la naturaleza de nuestras comarcas. En este caso un artículo fundamental para cualquier naturalista de este rincón de la cordillera Ibérica.
Pero, como toda asociación radicada en el medio rural -y más cuando trasciende de lo local- su empuje y vitalidad requiere del apoyo comprometido de sus gentes. De las gentes del Jiloca y de sus sierras. Sobre todo, cuando somos tan pocos.
Por ello te animamos a hacerte socio del Centro de Estudios del Jiloca.
Como decía José Antonio Labordeta "...entre todos hay que levantar".
Chabier de Jaime
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