Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

martes, 1 de noviembre de 2016

BUENAS INICIATIVAS EN TURISMO EN GÚDAR-JAVALAMBRE (y II)

Grandes cambios se han producido en las sierras de Gúdar y Javalambre durante los últimos cincuenta años.

El sector agrario, antes la base productiva, se ha desplomado. La ganadería extensiva de ovino se ha reducido, desapareciendo la trashumancia hacia el Reino. En los pastos se está recuperando el matorral y el bosque. La agricultura polifuncional, se especializó en el cereal y, en menor medida en el almendro. Uno y otro está siendo reemplazado por la trufa. Paradojas de la vida, las carrascas volviendo a los campos. Muchos bancales se han abandonado y sus ribazos se han caído. El aprovechamiento forestal actual tampoco es lo que fue en el siglo XX.


Masías y pueblos se han ido vaciando conforme sus gentes terminaban de emigrar hacia la Comunidad Valenciana, el destino natural de los serranos desde el medievo. En dos décadas (60-70) se multiplicó la colonia aragonesa en aquella comunidad. Las gentes mayores y poco más permanecieron en las sierras.


En paralelo, sectores económicos locales y, sobre todo, valencianos iniciaron un desarrollo turístico basado en un nuevo producto: el esquí. Los bosques y pastos de Valdelinares y de Javalambre fueron desfigurados para construir las estaciones invernales. La vida silvestre, el paisaje y otros valores naturales de estas altas montañas fueron barridos en pro de un modelo de desarrollo. En aquellos tiempos, se trataba de ofrecer algo nuevo. Algo complementario al turismo tradicional. El de merendero junto a la fuente, el de aire fresco de pinar, el de fiestas con toro embolado, el de monumentos históricos  y el de caza y pesca. Ese turismo que atrajo a las generaciones enteras de valencianos en las épocas prósperas de la primera mitad del siglo XX.


El esquí, ese nuevo producto, movilizó la construcción en los pueblos. Comenzó la construcción de segundas residencias (urbanizaciones incluidas, casi todas en los arrabales de los pueblos, pero con alguna lamentable excepción, como el Solano de la Vega. En paralelo, se arreglaron cientos de casas viejas para los hijos y nietos de los emigrados. 


Para diversificar el turismo se continúo recuperando monumentos (castillos, ermitas, iglesias, etc.) o conjuntos urbanos, abriendo preciosos museos (Salvador Victoria, Dinópolis-Región Ambarina), rutas senderistas (GR-10, red de PRs), de árboles monumentales o de manantiales. 


Pero, a finales del siglo XX, la mejoría en las comunicaciones en y la mayor capacidad de consumo en España se iban llevando a los cada vez más numerosos esquiadores valencianos a otros destinos con mayor dominio esquiable. 


Había que hacer algo pensaron los gestores públicos. Ampliar las pistas de esquí. Nuevos sacrificios para los valores botánicos y ecológicos de Valdelinares y Javalambre. Y, de paso, el bloqueo a cualquier iniciativa que supusiera la protección de estos ecosistemas, únicos en Europa, que hace tiempo que deberían haber sido declarados parques naturales.

Al mismo tiempo fue creciendo la oferta de alojamientos. Nuevos hoteles y viviendas de turismo rural, de una calidad creciente, que cuidaban cada vez más los detalles, promocionando la gastronomía local y, sobre todo, mejorando el trato, algo clave. La economía se fue orientando al sector terciario. 

Para desestacionalizar el sector, para conservar el patrimonio y para ponerlo en valor se pusieron (se están poniendo) en marcha nuevas iniciativas, auspiciadas desde los programas Leader, los municipios y el sector privado. Inmersos en la sociedad del ocio y del conocimiento había mucho que ofrecer si se sabía hacer bien.

El turismo ornitológico, todavía incipiente, pero con potencial ...


La construcción del Observarorio Astrofísico de Javalambre, la del Centro de difusión y práctica de la Astronomía (Galáctica) en Arcos de las Salinas y los cielos limpios de casi todos estos pueblos está impulsando el turismo astronómico. Con iniciativas sencillas y prácticas, como una red de puntos de observación dotados con paneles ...


y planisferios, como el de El Castellar.


Una buena idea.

En las últimas décadas el equipo de paleontólogos de Dinópolis ha descubierto en el término de El Castellar sesenta yacimientos con restos óseos o icnitas de dinosaurios. Han sido estudiados y protegidos. En revistas especializadas se han publicado las investigaciones derivadas de estos hallazgos dándolas a conocer entre la comunidad científica.

Pero, además, este patrimonio tiene un gran interés para una sociedad que valora cada día más las ciencias de la Tierra y de la vida. Y, al tiempo, tiene unas posibilidades de aprovechamiento para el turismo familiar o escolar. Para musealizar los yacimientos jurásicos y cretácicos de El Castellar, la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel ha ensayado una fórmula diferente a la que ha realizado en los centros satélites de Dinópolis. Más económica y más abierta al campo: el Dinopaseo. 

No pudimos recorrerlo entero por falta de tiempo. Vimos una ruta que recorría las calles del pueblo mostrando réplicas de diversas huellas de dinosaurios, la reconstrucción de un gran dinosaurio carnívoro, un enorme mural de pintura que recrea el ambiente en el que estos reptiles vivieron y, lo que mejor conocimos, el yacimiento de icnitas cercano al pueblo. Nos encantó.


Remontando desde la plaza por un camino asfaltado y bien señalizado, se accede a un barranco en el que se encuentra un yacimiento preparado para su aprovechamiento educativo.


Unos muros desvían las aguas de escorrentía para reducir la erosión y mejorar así la conservación de las icnitas.


Varios carteles informan sobre las especies de dinosaurios que dejaron sus improntas en los sedimentos de aquellos humedales jurásicos. Describen sus hábitos y dan detalles sobre las propias huellas. La icnología es una ciencia en sí misma.

 

Numerosos rastros han quedado impresos sobre las rocas ...


 

En El Castellar se ha seguido el criterio de no delimitar con pintura el contorno de las icnitas. Eso no facilita la identificación. Pensamos que detrás está la intención de no influir en la interpretación de las propias huellas. Sin embargo, se ha instalado una colección de réplicas en metal con la diversa tipología de huellas del yacimiento y que permite reconocer algunas de las huellas mejor marcadas.


También se han instalado una serie de pasarelas que permiten caminar sobre el yacimiento sin deteriorar las icnitas ofreciendo información precisa sobre cada sector del mismo.


El fomento del turismo astronómico y paleontológico son dos buenas iniciativas para el desarrollo de la comarca de Gúdar-Javalambre. 

Y es que, más allá del esquí hay vida ... digo turismo.

Cuando veníamos para casa, nos acercamos a la ermita de la Virgen del Pilar para ver unos árboles y conocer el merendero. Estando haciendo fotos, a lo lejos, oímos el tintineo de esquilas. Pensamos que serían unas vacas paciendo en alguna finca cercana. Al poco, irrumpieron con ganas las ovejas de un gran rebaño de rasa aragonesa que se acercó al abrevadero.


Me terminaron de alegrar la tarde. La ganadería extensiva es fundamental en estas sierras. El turismo es un recurso, pero no el único. No hay que poner todos los huevos en la misma cesta.

Chabier de Jaime Lorén

1 comentario:

Emilio Bobed dijo...

Hola Chavier
Una pena que desaparezca nuestra ganaderia extensiva,que poco la apreciamos..
Otra oportunidad para el territorio desaprovechada
Emilio