Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

viernes, 7 de octubre de 2016

VERANO EN EL GALLINERO

La primavera del gallinero fue llegando a su fin. Nosotros le fuimos cogiendo el punto. Aprendimos que les cuesta tragar los granos grandes de panizo, que prefieren el trigo a la cebada, que los guisantes enteros no los tocan y que las pipas les vuelven locas. Han comido alfaz y pipirigallo, pero casi les gusta más la hierba fresca del huerto.

Las dos castellanas negras y las dos serranas de Teruel ajustaron sus genios. Eso sí, llevando la voz cantante una serrana de ojos amarillos y mirada penetrante a la que llamamos "velociraptor". Esta duerme en el ponedero, dejando los palos al resto de compañeras.

"Velociraptor" marcando el paso de la oca, con su plumaje negro azulado característico.
Y en lo de poner ... pues como un reloj. Tres de ellas, ponen huevos. A una media de 5 huevos por semana. De sobras para casa y alguno para compartir con la familia. Casi siempre por la mañana. Casi siempre en el ponedero. Llevan una vida ordenada.

Decidimos tener con ellas una licencia. Alguna tarde, las dejamos salir al jardín. ¡Cómo disfrutan con el espacio! Se esconden bajo los enebros o las sabinas, rebuscan en la hojarasca bajo los aligustres, escarban en las jardineras ... y la emprenden con los brotes de algunas plantas de flor. Intentas proteger estas últimas, pero no les privas de darles un rato bueno, de vez en vez. Al caer la noche, ellas solicas se recogen a dormir. 

Escarbando bajo los avellanos.
Fue entrando julio y vinieron los calores. Ya habíamos cubierto las cristaleras con una persianillas. 


Pero no era suficiente. Ya me lo había advertido José Antonio, las gallinas padecen más con el calor que con el frío. Así era. En el centro del día se quedaban pasivas y con el pico abierto. Al final pensamos una solución. Cubrimos con una tupida red de plástico una parte del corralico. No era muy estético pero sí funcional. En las horas de calor se ajustaban colocándose exactamente en las zonas sombreadas. 

El corral es amplio y pensamos que cabía alguna más. Preferíamos serranas de Teruel, que son majas y recias, son de la tierra, están amenazadas y además ... aún ponen. Se lo comentamos a José Antonio que por entonces llevaba entre manos con su (y mi) primo Leopoldo una gran pollada en la incubadora de Luco. Les pedí una pareja para tener relevo de las nuestras y comenzar a recoger algún huevo a finales de año.

Era 24 de julio, domingo. De mañana temprano me llama Leopoldo para decirme que me trae unos pollos. Perfecto. Preparamos unas tablas en el gallinero para aislar a los pollos de las gallinas durante unos días, pues es habitual que las mayores les piquen. Y empeza Leopoldo a sacar pollos de la caja. Uno, dos, tres, cuatro ..... ¡hasta nueve! Unos pollicos negros, algunos con plumas marrones en la cabeza, preciosos. Ya medio criados, movidos y descarados. En seguida se pusieron a comer y a beber con gana. Tenían ganas de vivir. 

Pollicos ... o pollicas, que por entonces ni Leopoldo ni nosotros sabíamos distinguirlos.

Con dos días fue suficiente. Levantamos el separador y comenzaron a convivir. Las gallinas, como era de esperar, se quitaban de en medio a los pequeñajos, que estaban por todas partes. Eso sí, la jerarquía en la comida funcionaba implacablemente. Las gallinas primero, los pollos después. Pero no había que tenerles duelo pues sabían buscarse la vida.

Mientras tanto había comprado un saco de pienso para pollos en una fábrica de Caminreal. Cebada, soja (transgénica) y panizo (también transgénico) para complementar al trigo que me había proporcionado José Antonio. Locos con el pienso. La torta de soja parece encantarles. 

El gran invento fue la hierba del huerto. Con la fresca, arrancaba las hierbas que crecían entre las tomateras, coles o judías. Cada mañana una banasta. La primera comida. Ningún año he tenido que entrecavar tan poco el hortal. Ningún año he sujetado tan bien a la hierba.

Si se rompía alguna hoja de acelga o de lechuga, para ellas igualmente. Los restos vegetales de la cocina, pues también. Pelarzas y pepitas de melón, calabazas que se han hecho demasiado grandes, trocicos de pan duro refritos con el aceite usado, algún tomate pasado ... 

A los pocos días tuvimos el primer percance. Uno de ellos, y no el más menudo, mostraba heridas en los cañones de las alas. No le picaban las gallinas grandes, lo hacían sus compañeros, sus hermanicos. Y cuanto más sangre mostraba, con más saña le encorrían. Me recordaba a algunas dinámicas crueles que algunas veces se establecen entre los adolescentes para acosar desde la fuerza del grupo. Me dijeron que había que separarlo cuanto antes. Y curarlo. Lo metimos en una vieja jaula de canarios y empezó a recuperse. Nos cogió de viaje y se lo volvió a llevar Leopoldo. Funcionó bien.

Durante nuestro viaje de verano, diez días, Chabi se hizo cargo de los cuidados del gallinero. Eficaz y cariñoso a la vez: a nuestra vuelta los pollos habían crecido y las gallinas estaban lozanas.

Agosto fue un buen mes. Crecieron hasta ponerse desconocidos. Y empezamos a descubrir que de los ocho, siete eran pollas y uno era un pollo. ¡Vaya sex ratio!


Algunas tardes, les abríamos las puertas para que comieran por el jardín. ¡Qué contentas salían! ¡Como los chavales al patio de recreo! Si aún era pronto, se escondían bajo la sombra de los arbustos. Si ya no hacía calor, a recorrer el territorio en grupo y, de vez en cuando a echar algún vuelo. ¡Planean como las perdices! Al fín y al cabo son gallináceas ....


Explorando cada rincón ...


ganando perspectivas ...


hasta descubrir ...


... ¡¡¡el huerto!!!. Cosa que hizo la más pequeñeja y negreta de las pollicas. Se acabó la paz del hortelano. Desde entonces, sacar a las gallinas solo podía hacerse si se tenía algo que hacer por el jardín.

Por la noche se imponía igualmente la jerarquía. Velociraptor en el ponedero ...


Las otras tres gallinas en los dos palos ...


Y las jovenzanas todas amontonadas en un banasto de fruta ...


De piojuelo no ha habido gran problema. Procuramos renovar la cama, poniendo hojas secas de platanero o chopo, y últimamente serrín. Creo que en todo el verano no he visto solo un parásito. Les puse un arenero para que se bañaran, pero prefieren la tierra suelta.

En Septiembre ha comenzado la muda de la pluma de las gallinas. Sin embargo, no ha afectado a la puesta, que todavía no ha disminuido. Las pollicas cada día está más majas. Se acentúa el color marrón del plumaje de la cabeza que contrasta con el negro de las plumas corporales. Alguna lo tiene casi rubio ...


El pollo ya gallea. Tiene más carácter, una pose más erguida, pero aún está por madurar ... 


como esos adolescentes que han dado un estirón y el cuerpo aún no ha terminado de armonizarse con su desarrollo mental. Unas patas desproporcionadas para ese cuerpo. De cantar, de momento, nada.

Otra sorpresa. Una noche se quedó una pollica a dormir en el suelo. Me extrañó. A la mañana siguiente apareció muerta. Sin saber por qué.

Termina el mes. La puesta de las gallinas parece que decae un poco. El plumaje de las pollicas muestra un buen lustre. Cada día más majas. 


Hoy hay otra novedad ...


Una pollica ha comenzado a poner. De menos de 2 cm de longitud, un huevecico crema ha aparecido sobre la paja del ponedero. Otra etapa. Empiezan a ser gallinicas.

Encaramos el otoño con curiosidad por ver cómo completan su desarrollo. Desde luego, es un entretenimiento que compensa por el trabajo de sus cuidados. Por los huevos y por los buenos ratos que te dan. ¡Son un fenómeno estas "cocos"!

11 comentarios:

Jesus Lechon dijo...

Pues deja que venga el invierno.

¡Qué gran navidad te espera!,… Gallo al ajillo, gallo con cebolla, tomate y pimiento… ¡cuantos y que buenos recuerdos! Leyéndote.

Si has de perdonar al gallo, lo mejor sería que te hicieses con una gallina “inglesa”, de esas nanas, para que cuando se eche culeca, le pongas los huevos de las de turolenses, las cuales, supongo, no se “sentaran” que dirían las abuelas.

Eso o darle matarile, o te veras obligado a atarle las patas al gallo, para que no coja a las gallinas y te las “abandone”… Vas a estar entretenido. Ya nos contaras

Mi abuela siempre tenía por casa un bote de “pachuli” rojo, que iba de corral en corral, para curar, y untar a las gallinas y pollos, que recibían las picadas de los demás… a escape se sacaban las tripas a base de picotazos…Y zotal para el piejuelo o simplemente cal

Nada si se portan mal, unos días a base de maíz entero… y veras que antes de se dejan morir de hambre, pero los últimos huevos tendrán las yemas más rojas…

Recuerdos

Pascual Royo dijo...

Ya veo que te diviertes con las gallinas. Es entretenido ver como actúan. yo me divierto con ellas. Observando qué tipo de comida les gusta más. A las mías, sobre todo la lechuga romana, mas que la col o la escarola. Les encantan las pepitas de melón, riñen por ellas. Las pipas también. Las mías aún no han fallado en la puesta. Tengo siete y todos los días 6, algunos hasta siete. Hace unos días uno pequeño como de 3 cm. (¿?).
Espero conseguir alguna serrana de esas de mala leche, las dos que tengo de Teruel, son mas furas que las otras compradas, pero nos las jefas.
Estos días que empiezan a cosechar las pipas, habrá que coger alguna torta de las que se quedan en el campo para darles un capricho a estas mascotas productivas.
Pronto habrá que pensar como poner el agua para que no se hiele.
Salud.

Rosa dijo...

Qué genial la crónica. La hemos leído en familia y se ha abierto el debate de poner gallinero

Fer dijo...

Me ha recordado cuando teníamos gallinas, allá en barrio junto a la cooperativa. Desde bien pequeño conviví con ellas, me llegué a hacer "pastor de gallinas", las sacaba, les daba una vuelta para que comiesen hierba y otra vez de vuelta al gallinero. Nos conocíamos cada una de ellas, todas tenían un aspecto, por pequeño que fuese, que las hacía diferenciable de las demás. Pico corto, cresta pequeña, culeca... era genial!!

Un día leímos que lo bueno que tienen las gallinas que viven con tanto terreno es la posibilidad de comer insectos silvestres. De ahí vienen esos huevos tan sabrosos!!!

Un investigador de la familia nos contaba un dia que una gallina joven, sin seleccionar genéticamente, teóricamente debería poner un huevo cada tres días. Actualmente la media es superior, y es que se han ido seleccionando razas más ponedoras...

Naturaleza en Bañón dijo...

Mis pollos de serrana de Teruel en casa les llamamos las aguilas ( sin acento en la primera a ) se tiran como los buitres,se comen todo todo todo y con buena gana,una pasada de majos

Irene Bello dijo...

En la página web joaquinselar.com encontraréis la mejor tienda de piensos ecológicos por su relación calidad-precio,y con portes gratis a partir de 2sacos de 35kg cada uno.Os recomiendo entrar en dicha tienda para investigar sobre razas de gallinas y ponederos.A disfrutar con estas encantadoras "mascotas" que tantas alegrías nos dan!

JOSE MARIA DE JAIME dijo...

No sé que me sorprende más si la crónica de Chabier o los comentarios de la peña de gallinistas. ¡Jolines como os lo pasáis con los pollos y las pollas!
¿Y tú que le das de comer a tu gallina ...? -¿Yo?, ¡Gránulos Diana! ¡Y como me ponen! -Eso es porque no has probado a darle titos. -Las mías tienen catarro. -Pues nada les das un antibiótico. Perdón, quería decir Polvos de la Madre Celestina. Mira se hace así: -Cógele polve, ábrele boque, métele polve y cátale morte.
¡Menudos estáis hechos ...!

Emilio Bobed dijo...

Muy buen relatos de tus gallinas
La verdad esque se aprende mucho observando a nuestros vecinos ,en este caso las gallinas.Ha veces las hacemos de menos y son maravillosas Y encima nos enseñan su explendida naturaleza y lo sabias que son.
Merecen ser rescatadas del olvido y recuperar sus razas
Y las sumamos patatas de Bello salen unas tortillas...
Un saludo Chabier me encantan tus relatos

Chabier dijo...

Muchas gracias, Rosa. Gracias también, Emilio. Las gallinicas son ... ¡un gran entretenimiento!

Paco del Campo dijo...

Esas gallinicas y sobre todo sus güevecicos merecen otra visita por tierras turolenses.

Chabier dijo...

Habrá que venir a Calamocha a probarlos ... o llevarlos a la sierra de Albacete!