Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

domingo, 19 de agosto de 2012

PIEDRECICAS DE LA VIRGEN

Hace unas semanas participamos en el primer muestreo organizado en la laguna de Gallocanta por Biodiversidad Virtual.

Desde el pueblo recorrimos los huertos, los prados de Los Aguanares y, sin prisa, los secanos con rastrojo –aunque ya comenzaban los tractores a labrar aprovechando una reciente tormenta- y con girasoles que lucían su belleza en esa mañana de finales de finales de julio.

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Caminábamos con parte de la atención puesta en las plantas y pequeños animales que encontrábamos, y con la otra en las interesantes conversaciones que surgían con los nuevos amigos. Así, en casi dos hora subimos hasta la ermita de la Virgen del Buen Acuerdo. Un bando de casi un ciento de vencejos sobrevolaba a loma.

Javi Mañas nos contaba que en su infancia, cuando subían de romería a la ermita, los niños se entretenían en recoger lo que llamaban “piedrecicas de la virgen”. Por lo que nos dispusimos a buscarlas en la superficie del terreno. Y dimos con ellas, vaya que sí. Entre las pequeñas almohadillas de musgos terrígenos y los abundantes y retorcidos talos foliosos de color verde grisáceo, aparecían unas pequeñas esferas rugosas. Ahí estaban.

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Como no sabíamos muy bien que eran, aplicando una vieja técnica de análisis y de avance en el conocimiento de los primates, quisimos gustarlas. Un ligero sabor a hongo nos hizo pensar que podían tener alguna relación con los líquenes vecinos. Pero no deja de ser una conjetura. Algunas las pusimos con agua y al cabo de una hora no habían sufrido mucho cambio, aunque ya estaban algo más blandas.

Es interesante pensar que los niños siempre han inventado entretenimientos para disfrutar y divertirse, acercándose a la Naturaleza y llegando a interpretarla a su manera. Esta parte de la cultura popular se está perdiendo, pues casi no hay niños en el campo y por la fortísima competencia de los ingenios tecnológicos.

Aprendiendo algo nuevo nos volvimos a Gallocanta a comer.

miércoles, 15 de agosto de 2012

¿POR QUÉ NO ARDIERON?

El pasado día 12 EL PAÍS publicaba un artículo titulado EL ENIGMA DE LOS CIPRESES IGNÍFUGOS, una interesante reflexión sobre lo que supone un hecho excepcional: la superviviencia de un grupo compacto de algo más de 900 cipreses en el término municipal de Jérica, plantados hace 22 años y una vez asolada la zona por el incendio que barrió del mapa la superficie forestal de varios términos municipales de Valencia y Castellón a finales de junio. Una foto mostraba el cuadrilátero verde, en medio de un paisaje negro de ceniza y desolación.

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Podría tratarse de la casualidad. Podría ser cosa de los caprichos del viento, del relieve, de muchos factores que no controlamos pues no hubo nadie allí para describirlo. Pero lo cierto es que los cipreses siguen en pie, tan sólo algunos de los bordes sucumbieron al fuego.

Es pronto para poder declararlo un aliado contra el fuego en nuestros montes pero… su nombre, Cupressus sempervirens, ya nos da una idea de lo que representa este árbol en el medio natural: siempre verde. Su madera es de muy larga duración, se considera imputrescible y parece ser que no existe ningún insecto que lo ataque. Carece de resina y puede comprobarse: las pantallas que forman en setos y jardines despiden gran frescor y aroma incluso en los días más tórridos del verano. ¿La existencia de esa masa tan importante de arbolado creando su propio microclima (más húmedo y fresco) podría haber atenuado las altas temperaturas y el paso de un fuego rápido? Todo hace indicar que sí.

¿Podríamos imaginar en el futuro pantallas de cipreses rodeando urbanizaciones? ¿O en fajas cortafuegos? Si se investiga, lo que está claro es que habría que establecer qué número y densidad de arbolado y qué anchura haría falta para ejercer una pantalla protectora suficiente en caso de incendio. Su impacto en el paisaje desde luego sería mucho menor que las fajas cortafuegos actuaciones, origen además de una importante escorrentía superficial en muchos casos.

martes, 14 de agosto de 2012

¿MADERA MUERTA EN LAS MONTAÑAS ROCOSAS?

Me encantan los documentales de David Attemborough. En el capítulo “Sobreviviendo” de la serie La vida privada de las plantas hay un pasaje en el que, al mostrar las adaptaciones vegetales a las condiciones climáticas extremas, expone el caso de las coníferas que crecen en la Montañas Rocosas de los Estados Unidos.

Son famosas las imágenes de estas longevas coníferas, con troncos retorcidos y abundante madera muerta.

La madera muerta procedente de los árboles muertos tiene una difícil descomposición  en las cimas de las montañas pues las bajas temperaturas y el efecto desecante del viento dificultan la acción descomponedora por los hongos sapófitos. Por eso es habitual encontrarla acumulada en estos ambientes extremos.

Como adquiere formas tan sugerentes los fotógrafos de naturaleza les dedican mucha atención por lo que es fácil encontrar  fotos de troncos con la madera surcada por profundas grietas en revistas de viajes…

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…. retorcidas …..

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…. troncos quemados por el sol ….

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…. con tortuosas ramas de formas fantasmagóricas…

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Pero, ….¿es que se cultiva el cereal en las cimas de las Montañas Rocosas? Como ya habrá notado el avispado lector estas imágenes no han sido tomadas en esa lejana cordillera si no mucho más cerca. En los montes de Santa Cruz de Nogueras, en la mucho más modesta cordillera Ibérica.

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No sabemos con certeza a que especie de árbol corresponde. Los restos de corteza de un tono rojizo y el carácter retorcido de tronco y ramas apuntan a algunas variedades antiguas de almendro, planta muy cultivada en la zona.

En estos ambientes mediterráneos tan deforestados, la iluminación y la acción desecante de los rayos solares retarda la descomposición de la madera muerta, en especial cuando esta es muy dura y tiene escasa superficie de contacto con el suelo.

domingo, 12 de agosto de 2012

ÁGUILA CULEBRERA

El águila culebrera europea, águila culebrera o “culebrera” (Circaetus gallicus) es una rapaz grande que en vuelo destaca sobre todo por sus colores claros y sus grandes ojos amarillentos en posición casi frontal, recordando un poco a alguna rapaz nocturna. Como su nombre indica su alimentación se basa fundamentalmente en ofidios, aunque no desprecia tampoco ranas, lagartos y algunas aves e insectos.

Inverna en el África subsahariana entre septiembre y abril. Por el Este se extiende hasta la India, donde se mantiene su presencia durante todo el año.

El verano es una época muy buena para verla en el Jiloca. Durante dos estíos seguidos pude contemplar un ejemplar merodeando un antiguo torreón situado en uno de los farallones rocosos del valle del Pancrudo, aun pude hacerle algunas fotos:

Culebrera Pancrudo

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Estos días atrás, entre los extensos regadíos del Cinca y La Litera, junto a la localidad de Alcolea de Cinca, vi un ejemplar volando a mi alrededor y me permitió hacerle varias fotos.

Culebrera Cinca 

Resulta curiosa la amplitud de ecosistemas de este ave. Más curioso resulta verla entre los extensísimos regadíos del Cinca, aunque sea en un borde próximo ya a Monegros.

viernes, 10 de agosto de 2012

POR LA SIERRA DEL RINCÓN

En el sector oriental del Sistema Central, entre Somosierra y la Sierra de Ayllón, un conjunto de montañas se proyectan hacia el sur conformando la Sierra del Rincón, también conocida como Sierra Pobre y, que junto con al Alto Lozoya constituyen la conocida Sierra Norte. Está situada en el nororiental de la Comunidad de Madrid, en la zona que limita con Castilla y León (Segovia) y Castilla-la Mancha (Guadalajara).

Hace dos semanas dedicamos un par de días a conocerla de la mano de Ángel Quirós que, además de biólogo, es un agente de protección de la naturaleza y experto conocedor de este espacio natural.

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Es un territorio abrupto, dotado con profundos relieves que conectan las cimas (Coto de Montejo, 2045 m.) con los fondos de valle (embalse de El Atazar, 880 m.) aunque en su conjunto predominan los territorios que se encuentran por encima de los mil metros de altitud.

Afloran unas rocas metamórficas de origen paleozoico (Silúrico) que se organizan en el espacio según un gradiente de intensidad, desde los batolitos graníticos de Somosierra y El Berrocal hasta las pizarras que conectan con Ayllón, espléndidamente representadas en el valle de la Puebla, un paisaje espectacular.

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Gneises, esquistos, pizarras y cuarcitas son los componentes de las montañas. Forman relieves de tipo cresta de gran singularidad como le ocurren a los esquistos del puerto de la Hiruela.

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Su erosión ha originado unos mantos de rañas, formaciones sedimentarias compuestas por clastos cuarcíticos empastados por una matriz arcillosa procedente de antiguos abanicos aluviales. 

Estos materiales, tras la orogenia Hercínica quedaron fracturadas en una líneas de debilidad que se reactivaron en la orogenia Alpina y por las que los ríos han abierto los valles principales, el del Lozoya que nace al pie de la vecina Peñalara (2.430 m.) y el del Jarama, que lo hace en la cima de Somosierra (Coto de Montejo).

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El clima es mediterráneo de montaña con tendencia a la continentalidad. Las temperaturas medias anuales oscilan entre los 9 y los 12 ºC, mientras que las precipitaciones medias se sitúan sobre los 700 mm, con un notable reparto entre las estaciones y una sequedad estival aliviada por las tormentas, como pudimos experimentar.

Las aguas son recogidas por una serie de arroyos hacia los ríos Jarama y Lozoya, perteneciendo todo el conjunto a la cuenca hidrológica del Tajo. El Lozoya soporta, dentro y fuera de la sierra, un conjunto de embalses destinados al abastecimiento del área metropolitana de Madrid. Este es, y no otra la prioridad a la hora de organizar el aprovechamiento de los recursos naturales y el desarrollo socioeconómico de este territorio. Proveer de agua a la gran ciudad.

El paisaje vegetal es el resultado de un largo aprovechamiento humano del monte por el ser humano. La agricultura, la ganadería y el bosque cimentaron la economía de la sociedad serrana. Una economía basada en el uso de los recursos naturales en un marco ambiental difícil. Una economía, pobre como recuerda el nombre de la Sierra, que se desmoronó con la emigración asociada al desarrollo de la gigantesca área metropolitana de Madrid y que se aceleró con la construcción de los cinco embalses del Lozoya (Pinilla, Riosequillo, Puentes Viejas, El Villar y, especialmente con el más extenso, el de El Atazar) que ocuparon las pocas tierras fértiles dedicadas a la agricultura e impusieron las plantaciones de pinos (albar, negral y rodeno) en los montes ocupando buena parte de los mejores pastos.

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La agricultura debía extenderse en las laderas de los montes con algo de suelo mediante la construcción de bancales. Cereal (centeno), forrajeras (algarrobas) y plantas textiles (lino) eran los principales cultivos. Hoy tan solo se intuyen las paredes de las terrazas entre los arbustos y prados que hace años colonizaron estas tierras. En las cercanías de los pueblos, irrigados mediante regueras que recogían las aguas desde los arroyos de montaña, pequeños pueblos aún conservan con orgullo la producción de fruta y hortalizas, aunque también muchos hortales están abandonándose.

Muestra de ello son los frutales monumentales que salpican la sierra como el peral de La Hiruela ….

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… o el cerezo de la Puebla, apuntalado para impedir su caída ….

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Pero la ganadería era el motor económico. Las razas autóctonas de oveja (Rubia del Molar) y de cabra (de Guadarrama) aprovechaban los extenso pastos de estos montes dejando como testimonio un paisaje deforestado y salpicado de tinadas, pequeños corrales de altos muros construidos para guardar los ganados ….

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muchas veces concentrados el salientes rocosos para integrar el peñasco en la construcción pecuaria …..

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Hoy la ganadería tradicional está muy venidas a menos, aunque hay proyectos en marcha nuevos pobladores para su recuperación. En cambio, es más común encontrar ganado vacuno en régimen extensivo dentro de fincas cercadas con pastor eléctrico o alambre espino.

El bosque fue el otro soporte económico tradicional. En cierto momento, el consumo de carbón vegetal para las calefacciones y cocinas de los hogares madrileños activó su producción a partir de los tallares de roble marojo (Quercus pyrenaica) que se reservaba cada aldea. En La Hiruela se ha recreado una carbonera junto a la dehesa ….

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El paisaje vegetal actual es el resultado del manejo tradicional humano del territorio, las intensas repoblaciones de pino iniciadas a finales de la década de 1950 y de los procesos de sucesión ecológica puestos en marcha tras el tremendo éxodo rural que ocurrió simultáneamente.

En las zonas altas, los antiguos centenales están poblados por piornales y otros matorrales silicícolas de montaña, pero mayormente sirvieron para implantar cultivos de coníferas con finalidad de regulación hidrológica (frenar la colmatación de los pantanos) y de producción de madera. Estas plantaciones se extendieron, además en los pastos y cultivos de zonas más bajas (área potencial del marojo) y son actualmente las formaciones forestales más representativas. Sería deseable una gestión que forestal propiciara la recuperación de la vegetación potencial.

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Aún así, los robledales aún muestran parte de su antiguo esplendor …..

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siendo mayoritariamente de roble marojo (o melojo) …

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… en menor medida de roble albar (Quercus petraea).

Corresponde a los tallares de monte bajo que eran dedicados para producir leña y carbón ….

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…. y a las dehesas donde pacía el ganado de labor gestionadas mediante escamondas para proveer de forraje (hoja) invernal y de leña para los hogares serranos.

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Este modelo tradicional de gestión forestal, que pudimos conocer en las dehesas de La Hiruela y en La Puebla de la Sierra, ha permitido la creación de un conjunto de árboles trasmochos de extraordinario valor cultural, paisajístico y ecológico.

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Son árboles robustos y vigorosos …..

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conformados por un grueso tronco del que surgen numerosas ramas …

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… en ocasiones todas ellas a una misma altura ….

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… y en otras con ramas de nacen a diferentes alturas del tronco al ir dejando en el centro alguna rama a modo de prolongación de aquel …

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En esta imagen puede verse que la falta de pastoreo está favoreciendo el desarrollo de un matorral de estepa o jara negra (Cistus laurifolius) que tan bien conocemos en los montes silíceos del Jiloca y Campo de Daroca.

Era habitual la poda dejando una rama horizontal o de escasa inclinación (horca) y otra más o menos vertical (pendón) para mantener una zona del árbol con actividad fotosintetizadora que proveyera de nutrientes orgánicos a las raíces y que ya vimos en las hayas de Bértiz (Navarra) y de Aiako Harria (Guipúzcoa).

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En nuestro paseo un reclamo inusual nos advirtió de la presencia de un jovenzano de pico menor, una aves forestal característica de estos montes y que nos causó una grata sorpresa.

Ejemplar joven de pico menor (Dendrocopos minor). Foto: Consejería de Turismo de Castilla –La Mancha.

Para nuestra alegría hemos comprobado que aún se mantiene la gestión en algunas zonas realizándose podas para producir leña …..

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y por el deseo de prolongar la vida de estos árboles ….

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La escamonda se realizaba también sobre otras especies de árboles planifolios como el fresno común….

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el abedul …..

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el aliso ….

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o el arce moscón ….

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e incluso en las viejas hayas de Montejo de la Sierra, la joya de la corona para el público madrileño por tratarse de una especie emblemática y por ser uno de los hayedos más meridionales, se aprecian huellas de escamondas…..

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o en alguno de los acebos ….

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El interés cultural y el valor ambiental de los árboles trasmochos de la sierra del Rincón es impresionante.

Este patrimonio, pensamos que no está suficientemente reconocido entre los gestores, al menos por lo visto en los paneles informativos, en los folletos, en la página de este espacio o en el centro de interpretación de Montejo. Estas dehesas son museos etnobotánicos al aire libre, de docenas y docenas de hectáreas, pero unos museos que reúnen el saber popular de la difícil gestión sostenible de los recursos y que además construyen unos paisajes únicos.

Para aquellos que no terminan de comprender el valor ecológico de estos árboles, solo un dato. Un estudio sobre los coleópteros que viven de/en la madera muerta  en el hayedo de Montejo de la Sierra realizado por investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos dio una estimación de cerca de trescientas especies. Un número superior al de aves nidificantes en la península Ibérica. Los árboles trasmochos ofrecen estructuras propicias para los organismos propios de los bosques maduros, tan escasos en la actualidad, además de abundante madera muerta para su descomposición.

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Se están preparando unas jornadas para dar a conocer y para fomentar el manejo tradicional y el aprovechamiento de los árboles trasmochos en esta sierra y que tendrán lugar el próximo otoño. Os mantendremos informados pues merece la pena conocer la sierra y sus espléndidos árboles.

Los valores naturales y culturales de la sierra del Rincón la han hecho merecedora de ser declarada en 2005 “Reserva de la Biosfera”. En esta interesante página se puede encontrar mucha información.

Al dejar la sierra por el valle de la Puebla pudimos ver los montes oscuros poblados por estepares (jarales) ….

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jara pringosa (Cistus ladanifer) …

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.. que con la compañía de la mejorana (Thymus mastichina) y del cantueso (Lavandula pedunculata) y en plena canícula del mediodía creaban una atmósfera saturada de esencias.

El espectacular anticlinal (en cuyas repisas se ha instalado una colonia reproductora de buitre leonado) y que ha sido abierto por la erosión fluvial y el bosque de galería de sargatillos (sargas negras) …..

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….junto a la imagen de golondrina daúrica, que junto a otros dos hirundínidos (avión roquero y avión común) sobrevolaban nuestras cabezas y que nos dejó el sabor mediterráneo de estos ásperos y bellos montes. Poco después, la dejamos al llegar a Robledillo de la Jara, donde las recién creadas urbanizaciones nos recordaron el modelo de ordenación territorial y de desarrollo programado por la administración regional para esta tierra.

miércoles, 8 de agosto de 2012

ALGUNAS PLANTAS DEL BARRANCO DEL REAJO

Hace unas semanas recorrí con Pilar el tramo inferior del barranco del Reajo, afluente de la margen derecha del río Cámaras (en el noroeste de la cuenca del Aguas Vivas). Es un conjunto de montes prácticamente deforestados en donde se cultiva el cereal y el almendro en aquellos terrenos en donde hay algo de suelo (glacis y fondos de valle), y que se dedicaba al pastoreo –hoy perdido- los terrenos más peñascosos, estando hoy estos cubiertos por matorrales ralos de aliaga y tomillo.

Es un paisaje duro y áspero de andar. Sin concesión. No es apto para amantes de los paisajes-postal. Sin embargo, esconde una belleza -que cambia con las horas y los meses- y que alberga pequeños secretos para el naturalista.

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Llegamos bien entrada una mañana de julio. Los rayos de sol, que recalentaban las cuarcitas y las pizarras, ya habían evaporado el agua del chubasco de finales de junio. La intensa transpiración terminó de secar el suelo. A pesar de ello, las plantas que florecen entrado el verano tenían más lustre y mayor desarrollo. Estaban espléndidas, forzando su actividad antes de que sus raíces terminen de agotar las reservas de agua retenida.

La ruda (Ruta chalepensis ssp. angustifolia), aún sin pisarla, llenaba de su intenso aroma la atmósfera y multiplicaba la sensación de mediterraneidad. Esta planta vivaz, de hojas muy divididas y erguidos tallos florales con racimos de flores amarillas, goza de gran tradición en la medicina y en la veterinaria popular. Hay que ir con cuidado con ella pues es planta venenosa. Incluso solo para cogerla pues tiene principios fotoactivos que al impregnar la piel producen manchas permanentes al exponerla. Hay tradición en la comarca de uso como planta protectora de los hogares, encontrándose hasta hace poco incluso debajo de los colchones en algunos hogares.

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Crece en roquedos, como estas cuarcitas de la imagen, laderas en solana y matorrales abiertos de escaso suelo.

Sobre sustratos todavía más someros y en zonas intensamente iluminadas, prosperaba la uña de gato (Sedum sediforme), también en plena floración. Esta planta, propia de rellanos de paredes rocosas, sustratos arenosos y pastos pedregosos, consigue evitar el estrés hídrico acumulando agua en sus hojas carnosas (suculentas). 

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Menos conocida nos resultó una planta herbácea que crecía entre las junqueras y los herbazales del arroyo, esos días aún con agua, y que en esta imagen os mostramos:

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Las hojas carecían de peciolo y nacían en grupos de tres de un mismo punto (verticiladas), como puede verse en esta otra imagen que, a la vez, muestra muy bien su ambiente ecológico.

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Se trataba de Lysimachia ephemerum, la lisimaquia roja. Su presencia en el barranco del Reajo, nos sorprendió por tener un caudal muy irregular.

Cerca de su desembocadura en el Cámaras encontramos un paraje en el que afloraban unas cuarcitas de color vino que habían sido intensamente pulidas por las aguas. 

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Bajo un extraplomo, al abrigo de la intensa luz, crecía una próspera población de culantrillo de pozo (Adiantum capillus-veneris), helecho propio de roquedos y taludes casi siempre húmedos y habitualmente rezumantes.

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Es una planta de distribución cosmopolita, de carácter termófilo y óptimo tropical. En la zona la hemos visto en el Aguallueve de Anento y Ferrer la encontró en los Baños de Segura, siendo esta la tercera cita que conocemos.

Los arroyos y los roquedos, ambientes de escasa extensión y menor presión humana, pueden albergar especies vegetales de requerimientos muy específicos, algunas de las cuales pueden llegar a ser escasas o relícticas.