Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

lunes, 9 de junio de 2014

ANOTACIONES DE UN NATURALISTA DESPISTADO: UN RASGO BIEN SUTIL

¿Quién de nosotros no ha corrido fascinado por el dubitativo vuelo de una mariposa? ¿Quién puede afirmar rotundo que sus magníficos colores no han sido capaces jamás de cautivarle? ¿Quién no se ha maravillado con la longitud de su espiritrompa y el modo en que es extendida para acceder al nutritivo oro floral? Nadie. Las mariposas han despertado siempre en los seres humanos una tierna inquietud que es posible no sólo enlace con las más tempranas épocas de nuestra infancia, en que cualquier estímulo convocaba nuestra atención, sino también con nuestras raíces paleolíticas, nuestra condición de cazadores y recolectores no adscritos a un solo lugar, hechos a la búsqueda de los recursos alimenticios y a desplazarse sin descanso a dónde estos pudieran encontrarse. Quiero creer que esa necesidad de acercarnos al aletear inquietante de las mariposas, ese proceder enfebrecido de seguirlas de flor en flor para admirar sus colores y formas, encuentra su origen en la querencia por esa libertad paleolítica hoy, por desgracia, tan disminuida con nuestra aumentada sedentarización.

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Argynnis pandora a la izquierda de la fotografía y Argynnis paphia a la derecha. Fotos: Diego Colás

Como uno no se puede estar quieto, ni en el monte ni en su domicilio, a las largas mañanas en campo suelen acompañar largas veladas con la vista puesta en clasificar, con precisión, los distintos especímenes que se han tenido, metafóricamente, entre manos. No iba a ser, por supuesto que no, diferente en el caso de las siempre fascinantes mariposas de las que, una vez llega el buen tiempo, no es complicado llevarse más de una fotografía a casa. Con el primero de los especímenes mis pesquisas parecen tener éxito, pues el dibujo y el color en el anverso de la mariposa que pretendo clasificar han encontrado rápidamente coincidente en el libro que consulto, parece ser una nacarada, una Argynnis paphia. En otro lugar leo que las Argynnis son un género de Lepidópteros Rhopalóceros (mariposas diurnas para los amigos) de la familia Nymphalidae que se caracterizan por tener el reverso jalonado, en la mayoría de los casos, de líneas o manchas nacaradas y que describió Carlos Linneo en 1758. Aunque la cosa no termina ahí porque la Argynnis paphia, o nacarada, puede confundirse con la pandora, o Argynnis pandora, según si la zona discal es naranja o roja. Así que me pongo a ampliar la imagen en el ordenador y compruebo que nada de zona discal naranja, que bien de rojo, y concluyo que la mariposa que pululaba en las inmediaciones del pantano de Lechago es una Argynnis pandora y no una Argynnis paphia como parecía en un principio. No sé si sentirme henchido de gozo o de preocupación pues ignoro si alguna vez, la almendra que tengo por cabeza dará de sí (y pequeña no es), para registrar tanta información como parece ser necesario, a juzgar por la sutil diferencia entre ambas especies, para ser resolutivo en estas lides.

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Reverso de Argynnis pandora en que se observa la zona discal roja. Foto: Diego Colás

Peleándome con mis inseguridades, algo que hago más a menudo de lo que me gustaría, recuerdo que tengo más fotografías de mariposas del género Argynnis tomadas, eso sí, lejos del Jiloca, en los Pirineos, en las cercanías de Susín, lugar en la redolada de Sabiñánigo al que subo con cierta frecuencia. En efecto, la zona discal en el reverso de estas mariposas altoaragonesas sí es naranja y son por tanto nacaradas, Argynnis paphia. ¡Jolio qué bien! En un ratico he hecho buen acopio de conocimientos entomológicos y lepidoptéricos de los que seguro hecho mano no tardando mucho. Llegado a este punto, no dudo de la existencia de mariposas muchísimo más atractivas que nacaradas y pandoras, sin embargo son éstas las que me despertarán sentimientos más que entrañables cada vez que me las encuentre por ahí. Todo debido a ese rasgo tan sutil que las diferencia.

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Reverso de Argynnis paphia con la zona discal naranja. Foto: Diego Colás

Diego Colás

sábado, 7 de junio de 2014

DE PUERTOMINGALVO AL RÍO LINARES: TURISMO ORNITOLÓGICO EN LA SIERRA DE GÚDAR

Nos lo habían contado y no llegaba la ocasión. Hablamos del recorrido comprendido entre Puertomingalvo y el río Linares. Era el mes de abril y teníamos unos días de vacaciones. Y allí que nos fuimos. Queríamos conocer la cascada del Arquero y un paisaje espectacular, al tiempo que observar aves e incrementar nuestra lista para El Gran Año.

El río Linares, a la altura del Molino Viejo, ofrece unos paisajes completamente diferentes a los que predominan en el término de Puertomingalvo. Comparte, sin embargo, rasgos con los abruptos cañones de Els Ports de Morella, así como el beneficio del aire templado y húmedo, que remonta por los valles desde el mar Mediterráneo.

La propuesta recomendable es seguir el PR-TE 25 que recogió Rodrigo Pérez en el capítulo 134 del libro “150 paseos en familia” (Ed. Prames) y que sigue el recorrido que realizaban los vecinos de El Puerto para llevar sus cargas de grano al Molino Viejo, el más importante del término. Esta ruta resuelve los más de quinientos metros de desnivel atravesando docenas y docenas de bancales construidos sobre la abrupta ladera del Tormorroyo, y acercando a las mases de La Carrera, La Penilla, La Solana y el de Gil, antes de alcanzar el cauce del río. Nosotros decidimos hacer un tramo del recorrido en coche y el resto caminando por el sendero.

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Salimos del pueblo por el Portal Alto dejando a un lado un peirón a pie de carretera.

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Al llegar a la ermita de Santa Bárbara y el cementerio tomamos una pista asfaltada que asoma al valle del Linares pero sin dejar ver el fondo. Al poco dejamos el PR que baja y pasa junto a una granja. Nosotros seguimos por la pista.

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Alegra comprobar que aún se cultivan algunos bancales, los más amplios y de mejor acceso. Sobre uno de de los sembrados comían unas cabras. La mayor parte se han abandonado y sobre ellos se despliega la sucesión ecológica. Herbáceas anuales, herbáceas vivaces (lastón), tomillos, aliagas y, salpicados, algunos enebros y pinos negrales.

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La pendiente es acusada y las altas paredes de los bancales han comenzado a desmoronarse en puntos de debilidad bajo el peso del suelo retenido, sobre todo, tras episodios de recarga hídrica tras las nevadas que favorecen la creación de superficies de despegue y la aparición de deslizamientos a escala métrica.

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Las sabinas negrales prosperan en los peñascos tras la desaparición de los rebaños de ovejas y cabras.

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Son días apropiados para la observación de aves. Bandos de abejarucos y de golondrinas remontan hacia el norte en paralelo con la cresta que separa la sierra de Gúdar y Els Ports.

Entre las ramas de un arbusto se deja ver y oír una curruca zarcera.

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Curruca zarcera. Foto: Rodrigo Pérez

Pequeños grupos de pajareles recorren los pastizales secos. En el extremo de una sabina negral reclama el colorido macho de un roquero rojo, suponemos que recién llegado a su territorio de cría.

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Roquero rojo. Foto: Rodrigo Pérez

Desde la distancia llega la potente voz del cuco. Tal vez desde alguno de los densos matorrales que crecen junto a los pequeños arroyos que descienden hacia el río. Junto a los peñascos que asoman bajo el Alto del Pellejero sobrevuela un cuervo solitario.

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Buscamos sin éxito a la collalba negra y al roquero solitario. En su lugar, son comunes los escribanos montesinos y las totovías.

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Escribano montesino, Foto: Rodrigo Pérez

La vegetación potencial de buena parte de esta montaña corresponde a la carrasca (en solanas y zonas de suelo menos profundo) y al rebollo (en umbrías y vaguadas). Aún se encuentran ejemplares añosos en los ribazos de algún bancal o entre los pastizales.

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Sin embargo, también son comunes los pinos, en general, jóvenes. Tanto el pino royo (o albar) …

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como el negral (o laricio), este último bastante afectado por la procesionaria en este invierno escaso en hielos.

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Sobre los pinos y los arbustos merodeaban buscando insectos algunos inquietos carboneros garrapinos.

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Carbonero garrapinos. Foto: Rodrigo Pérez

Y, no lejos, en un afloramiento de areniscas blancas, crecían también algunos pinos rodenos.

Los cercados con pastor eléctrico y, más tarde, las esquilas nos advierten de la presencia de vacas. El abandono de la agricultura y los incentivos de la PAC han favorecido la ganadería de vacuno de carne también en estas sierras. Unas vacas de capa roya y de testuz cornijunta nos observaban tranquilas nuestro paso.

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Al atravesar los bosquetes de carrascas vemos algún arrendajo y oímos al petirrojo.

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Petirrojo. Foto: Rodrigo Pérez

Pasamos junto a la Masía de Chaparro. Desde allí se contemplan cercanos cantiles …

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Y la Masías de las Juncosas (de Abajo y de Arriba). Se confirmo el modelo de aprovechamiento disperso del territorio de los mases: tierras de labor, pastos y bosques en una misma propiedad.

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Y se reconocen algunas fallas de cizalladura, testimonio de la gran actividad tectónica que se produce en estas sierras.

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Tras dejar varios bosquetes de carrasca y de pino negral, prados con vacas blancas y muchos bancales con aliagas, la pista nos acerca a la Masía de la Solana, en obras de acondicionamiento que parece de segunda residencia. Algo cambia. Balsas de goma, tubos, vallas metálicas y truferas. Inversiones posiblemente al rebufo económico de los pueblos cercanos a la Plana de Castelló.

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Ahí dejamos el coche y retomamos el sendero que cruza la pista. Se nota la menor altitud en la vegetación. Coscoja, pino carrasco y romero nos advierten que estamos entrando en el piso mesomeditarráneo. En los peñascos de la margen derecha del río afloraban unos estratos de areniscas rojas que parecían del Trías, algo que se antoja imposible en un territorio en el que todas las rocas son del Cretácico. Entre las peñas y el bosque pastaba un rebaño de cabras monteses. Una hembra recorría estas crestas con una soltura pasmosa obligándole a su pequeña cría a seguirle y a adquirir destreza en este territorio vertical. Sobrevolándoles los aviones roqueros bien querenciosos en su territorio.

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A través de la calzada vamos descendiendo con rapidez. Los bancales están cubiertos por romero y las abejas zumban tranquilas visitando las primeras flores. La mariposa podalirio también es común en este matorral heliófilo.

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Podalirio. Foto: Rodrigo Pérez

Dejamos a un lado el Mas de Gil y, tras atravesar una ladera formada por arcillas violáceas algo acarcavadas, llegamos al Molino Viejo.

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Algo nos parece extraño. El edificio carece de tejado, sin embargo se observan detalles de haber recibido cuidados recientes. Incluso hay enseres de cocina y juguetes modernos. Es como si se hubiera abandonado súbitamente. Por la noche, en el pueblo, nos dieron más información. Al parecer el Molino Viejo de Puertomingalvo tuvo bastante resonancia entre los jóvenes inconformistas del los años ’70. Entre los hippies, vamos. Era un punto caliente en el mundillo alternativo al que acudían gentes de todo origen a hacer cursos o para pasar temporadas. Evidentemente, esto era la dijenda en el pueblo. Según nos contaron, los más se fueron y algunos se integraron quedándose en El Puerto.

Cruzamos el río por una palanca en dirección de la cascada.

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El río Linares, con un modesto caudal y aguas cristalinas, disponía de un dosel arbolado formado por sargas y arces. Nos sentamos un rato por si pasaba el mirlo acuático. Sin éxito.

Los troncos de la palanca tenían unos firmes anclajes, evidencia de la violencia que pueden tener las avenidas en ciertos momentos en estos ríos de montaña con fuerte desnivel en su curso.

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Un viejo chopo crecía junto a un bloque de caliza pugnando en el desarrollo de la base por cubrir este pétreo obstáculo.

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A través de un bosquete de arces (Acer opalus) y de frutales abandonados llegamos a la Cascada del Arquero. Mitos, chochines y currucas capirotadas se movían entre las ramas de los aligustres, majuelos y cornejos.

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Macho de curruca capirotada. Foto: Rodrigo Pérez

La ausencia de coscoja y romero en el fondo del valle nos hizo pensar que no deben ser raros los procesos de inversión térmica y la formación de nieblas que mantienen temperaturas inferiores a las que se dan a media ladera.

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Un edificio de tobas calcáreas es colonizado por musgos, helechos y otras plantas higrófilas que se organizan en el espacio según su tolerancia al impacto, a la saturación del sustrato y al empuje del agua durante los episodios de lluvias abundantes.

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El agua tiene tu caída por una zona muy localizada pero en otro momento debió tener más caudal o estar más repartido a juzgar por la extensión del edificio tobáceo. Las raíces de las vecinas carrascas y la erosión que ha socavado la base del edificio han provocado desprendimientos.

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Volvemos remontando el sendero. Esto nos permite observar mejor algunos detalles geológicos de estos cantiles, como el sinclinal asociado a una falla normal.

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Unas parejas de chovas piquirrojas revoloteaban el peñasco multicolor.

Alcanzamos el coche y remontamos la ladera. Cuando ya casi salíamos a la carretera a Villahermosa, vimos de cerca una pareja de águilas calzadas en sus vuelos nupciales.

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Águila calzada en fase clara. Foto: Rodrigo Pérez

Y en el páramo, en muros de piedra seca y los pastos secos con erizón, vimos la primera collalba gris de la temporada. Y poco, después, aprovechando las horas centrales del día, el blanco plumaje de una culebrera europea …

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… nos dejó la última vivencia ornitológica de una jornada en la que pasamos del territorio del pino carrasco, al del rodeno y negral, para terminar en el del pino royo. Una síntesis biogeográfica de estas sierras.

jueves, 5 de junio de 2014

EL PREMIO “ARAGÓN” DE MEDIO AMBIENTE PARA EL AYUNTAMIENTO DE MONREAL DEL CAMPO

Hoy, 5 de junio, día Internacional del Medio Ambiente, en la Sala de la Corona del Edificio Pignatelli, ha tenido lugar la entrega de premio “Aragón” de Medio Ambiente” que otorga el Departamento de Agricultura y Medio Ambiente de Aragón. En esta ocasión la distinción en el ámbito de la Administración Local ha recaído sobre el Ayuntamiento de Monreal del Campo.

El proyecto premiado ha tenido como principal impulsor a Julio Sánchez Plumed (Agente de Protección de la Naturaleza), que, con el apoyo y el respaldo del Ayuntamiento, ha sabido aunar las voluntades de sectores económicos y sociales tan variados, como son agricultores, ganaderos, cazadores, ecologistas, científicos y, a la población de Monreal del Campo en general.

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En el año 1994, los terrenos públicos del monte se reparcelaron, creándose fincas más grandes y por lo tanto, más rentables para el cultivo, separadas entre sí por ribazos de tres metros de anchura, pasos para el ganado e islotes en las zonas desechadas para el cultivo, en los que se plantaron árboles y arbustos autóctonos.

La creación de estos corredores y estos islotes ha favorecido la creación de unos ecosistemas agrarios más variados, complejos y estables. Funcionan sirve como hábitat para la vida silvestre, como reservas de humedad y además ejercen efectos beneficiosos para los cultivos al crear microclimas favorables..

Este entramado de fincas, estos refugios de fauna y flora, han ido configurando un paisaje y una biodiversidad única que ha sido reconocida por multitud de expertos en el tema medioambiental.

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A lo largo de esto años se han generado 33 Km de setos arbolados, 60 bosquetes, 136 islotes, 12 km. de pasos de ganado, se han creado balsas, se han plantado más de 167.000 árboles y 55.000 arbustos…

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Este premio al Ayuntamiento de Monreal del Campo, es el reconocimiento a su apoyo incondicional a un proyecto medioambiental que se extiende a lo largo de los años; también es un reconocimiento a todas las personas y colectivos que año tras año, han colaborado en las plantaciones de árboles y arbustos en linderos y en fincas: los centros educativos, los miembros de Atadi, la sociedad de cazadores, asociaciones ecologistas, científicos… y a todos los vecinos que han creído como propio este proyecto y la recuperación de su monte.

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Toda esta labor, única en nuestro país, no habría sido posible sin el impulso motor del Agente Medioambiental Julio Sánchez, que ha sabido aunar inquietudes, limar asperezas, gestionar presupuestos escasos e involucrar e ilusionar a todo un municipio que mira a su entorno y a su monte con verdadero orgullo.

domingo, 1 de junio de 2014

LAS HIEDRAS DEL RÍO PIEDRA

A su paso por Torralba de los Frailes, las Hoces del río Piedra tienen dos ambientes muy distintos.

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Los grandes acantilados, tan del gusto de las aves rapaces y de naturalistas y escaladores, los encontramos aguas abajo del molino, en un paseo que puede realizarse por el fondo del valle o por el borde del cañón. La intensa deforestación histórica es la causa de la desaparición del bosque de ribera, a excepción de algunos chopos lombardos y de jóvenes fresnos que comienzan a salpicar los prados.

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Sin embargo, si en el molino remontamos el valle entramos en otro ambiente. Es un cañón fluvial de relieves más modestos pero que, en cambio, conserva una vegetación de ribera mucho más desarrollada, tal vez por la menor presión del ganado y por la existencia de unas condiciones más umbrías que se asocian a la mayor angostura del estrecho.

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Pegadas a las paredes calizas prosperan unas viejísimas hiedras de gruesas ramas. Son monumentales.

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Algunos ejemplares tienen pocos troncos que se ramifican progresivamente…

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Otros ejemplares tienen numerosos tallos que surgen desde el suelo y parecen formar un enreligado tallar de ramas ….

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En ocasiones, los desprendimientos del cantil arrancan algunas ramas y reactivan puntualmente el crecimiento. En otros casos, se entrecruzan ramas diferentes …

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A veces se superponen, en otros casos se conectan sus vasos.

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Unas y otras, con su sombra, mantienen el frescor en estas rocas poco soleadas ofreciendo hábitat a currucas y petirrojos. Y entretenimiento a los naturalistas, siempre curiosos, siempre indagadores …

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La hiedra prospera especialmente bien en este paraje.

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Desde las paredes calizas se extiende tapizando el suelo hasta alcanzar la base de los troncos de los árboles.

A veces son los escasos chopos, robustos cabeceros pasados de escamonda pero muy sanos y hermosos …

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Aunque las más de las veces lo hacen sobre los jóvenes fresnos que crecen crecen espigados bajo el peñasco. Y, junto a ellos, también lo hacen las hiedras que, tras tapizar el suelo, remontan los troncos … 

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El desarrollo del fresno y de la hiedra es simultáneo. Los troncos de uno y otra se engrosan a la vez, pero la hiedra invierte más energía en hoja y menos en leño. El fresno alcanza más altura, sombreando a la enrededera, que asciende más lentamente.

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Ahora bien, bajo la fronda de la hiedra no hay rama verde de fresno. Es implacable.

Con los años la superficie foliar de la hiedra se multiplica y la fronda adquiere una densidad que recuerda a la de los hayedos.

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Las finas ramas de la hiedra se desprenden de las ramas mayores, como en una pared, que están bien agarradas a las ramas del fresno. Pero el peso puede acabar con unas y otras. Entonces la hiedra muere de éxito.

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Y no solo le puede ocurrir a una rama. También puede tronzarse un fresno completo .…

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En los bosques ocurren complejas relaciones interespecíficas. Algunas, como la depredación, son espectaculares por su velocidad y dinamismo. Otras son más lentas y calladas, pero no menos dramáticas. Como la pugna por la luz entre la hiedra y el fresno y su fatal desenlace.

Pero la vida sigue. El fresno terminará sus días pero veremos cómo termina esta historia la hiedra. Este documental se rueda a velocidad lenta.