Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

sábado, 19 de marzo de 2016

DESDE EL PUENTE

Fría mañana de Reyes. Ribera del río Pancrudo en el puente de San Miguel (Torre los Negros). No hay nadie en el campo. Un petirrojo se mueve entre las retamas que plantaron en el talud durante la última reforma carretera. Silencio en el valle. Me acerco a la orilla. El río es casi un arroyo. Como casi siempre. Acusa la escasez de lluvias del seco diciembre.

Paso bajo el viejo puente. Una obra robusta. Sus sillares calizos firmemente asentados, su notable altura y su gran longitud ... Sabiamente proyectado para soportar el embate de las violentas avenidas del Pancrudo, también llamado "matapanizos" en la vega del Jiloca.


Entre los juncos asoma algo. Una bolsa de basura reventada tras su caída desde el puente.


Analizo el contenido. Trapos, botes, tablas ....

Quiero imaginar lo ocurrido. 

Un coche de paso. Procedente, tal vez, de algún pueblo cercano, pues nadie lleva una bolsa de basura mucho rato en su coche. Posiblemente de vuelta hacia la ciudad por la carretera N-211. Fin de semana en el pueblo. Latas y botellas de bebidas, seguramente compradas en la ciudad. Ropas viejas de descarte tras la penúltima revisión del armario de la casa de los abuelos. Tablillas de madera sobrantes de algún trabajo doméstico. Una linterna con placa solar fabricada en China y que ya no funciona comprada en alguna gran superficie para el corral-transformado-en-jardín ....


Aivá la basura. Que se nos ha olvidado echarla al contenedor al salir del pueblo. Para en ese desvío. Desde el viejo puente, en la soledad del Teruel Frío, como dice José Antonio Sánchez, al río. Como toda la vida. 

Tras décadas de educación ambiental. Tras más de un siglo de escuela pública y de fomento del civismo. Seguimos igual. No podemos esperar a llegar al pueblo siguiente donde todo el mundo sabe que hay contenedores de basura ... y de envases ... y de botellas. Da igual. 

Lo de separar los residuos, considera ...

Por encima de la valla del puente ... al río. Ya se lo llevará el agua. Y si no, pues ahí se queda. Total esto es un secarral ...

Eso sí, que no nos falten la Shandy Zero y la Coca-Cola Cherry en nuestras vidas.

miércoles, 16 de marzo de 2016

MANZANOS EN ESPALDERA EN EL ALTO JILOCA

Alto Jiloca o cuenca de las lagunas de Villarquemado. Las suaves rampas que descienden desde Peña Palomera han sido dedicadas a la producción de cereal y, en menor medida y recientemente, girasol de secano. 

Algunos propietarios ensayan nuevos cultivos. En las últimas décadas, pequeñas parcelas de trufera forman curiosos cultivos de carrasca y rebollo con jóvenes árboles alineados. Cambios en los mercados. Cambios agrarios. Cambios sociales. Si lo vieran los abuelos que con tanto esfuerzo arrancaron carrascales ...

Pero los cambios no cesan. Nuevos cultivos de plantas leñosas, en concreto manzanos. Cultivos intensivos se están implantando ahora de la mano de nuevos empresarios. Primero colocando altos postes sobre los que se apoyarán los alambres que mantendrán el peso de la fruta, incapaz de ser soportado por las ramas de estos árboles de estructura modificada.


Las primeras generaciones ya están en marcha. Se habla de 120.000 árboles en 50 hectáreas. De tres millones y medio de kilos de manzana ... 


¿Quién sabe si solo es el principio de un cambio en la agricultura del Alto Jiloca? ¿Será una rápida adaptación a un nuevo marco climático? ¿Será la avanzadilla del traslado de la vega frutera del Bajo Jiloca hacia tierras más altas?

Los tiempos están cambiando. También en este rincón de la cordillera Ibérica.

domingo, 13 de marzo de 2016

POR LOS BESKIDES CHECOS

Los Montes Beskides es una alineación de macizos montañosos que recorren el este de la República Checa, el norte de Eslovaquia, el sur de Polonia y el oeste de Ucrania. Tiene una longitud de 600 km y una anchura de 70 km. En realidad, forman parte de los Cárpatos occidentales. Su cima es el Babia Góra, está situada entre Polonia y Eslovaquia.


Estábamos apurando nuestro viaje estival por Chequia y, antes de volver a Praga, quisimos acercarnos a los montes Beskides desde las llanuras del sur de Moravia. Conforme nos aproximábamos desde el suroeste asomaban unos montes oscuros de escaso relieve de los que no sabíamos casi nada. 


En el capítulo República Checa (de cuatro páginas) de la guía "Dónde ver aves en Europa" encontramos un párrafo sobre la avifauna de estas montañas entre las que destacan las especies forestales como el pico dorsiblanco, la cigüeña negra, el águila pomerana, el cárabo uralense, mochuelo alpino y mochuelo boreal. Como ya habrán imaginado los lectores habituales de este blog, no vimos ninguna de estas seis especies. Dedicamos el día y poco que nos quedaba a comprender el paisaje vegetal y los usos del territorio. Y mereció la pena. 

Definimos una excursión por uno de los muchos senderos marcados para ciclistas y caminantes, dos diversiones muy populares en el país, en la zona de Vsetín, localidad con un notable desarrollo situada industrial en un entorno montañoso. Nos recordaba a algunos valles del País Vasco.


Nos llamó la atención el sistema de gestión forestal tan intensivo. Parcelas de límites regulares siguen turnos de corta a matarrasa. Casi todos los árboles de cada parcela tienen dimensiones y edades similares. Vamos el modelo de las escuelas forestales centroeuropeas de mediados del siglo XIX.

En la foto de satélite que ofrece Google Map se aprecia claramente la influencia de este modelo de gestión forestal en el paisaje.


Nos encaminamos por una pista que remontaba unos boscosos montes. Predominaban las coníferas (píceas comunes y, en menor medida, abeto común) pero conforme ascendíamos los hayedos se hicieron cada vez más presentes.

Las píceas comunes ... 


formaban masas densas ...


en las que la luz no alcanzaba ni las ramas bajas, que acababan secándose, y en cuyo suelo se almacenaba las acículas formando una capa de mantillo.


Las píceas comunes se intercalaban en algunas zonas con los abetos, más viejos y con mayores diámetros y alturas, así como con diferentes turnos de corta. 


Nos llamaron la atención los hayedos. Los árboles tenían troncos muy rectos y muy altos ...

 

Unos fustes muy valiosos para la industria tradicional de la madera de la región.  

Las cortas a matarrasa formaban unas masas densas de jóvenes árboles ...


.. que nos recordaban a las de algunas zonas del Moncayo.

Por la tarde, di un corto paseo por los alrededores del alojamiento, cerca de Liptal, en un entorno de prados, cultivos y bosques. Un paisaje en mosaico de piezas muy regulares. 


Era un pequeño y reciente hotel de montaña orientado al turismo checo, en expansión con el rápido crecimiento económico del país en las dos últimas décadas.


Predominaban las coníferas, sobre todo las píceas comunes ...


con escaso sotobosque y numerosos hormigueros ...


 

También había algún alerce y, sobre todo, pinos royos ...


A diferencia del bosque de la mañana, la variedad de árboles caducifolios era mucho mayor. Es cierto que también predominaban las hayas ...


pero también eran comunes los robles y los arces blancos ...

 

olmos y tilos ...

 

carpes y serbales ...

 

En los claros se veían diversas especies de herbáceas en plena floración ...



entre las que libaban algunas mariposas como la vanesa ...


En aquellos cuarteles en donde se talaban las píceas ...


se desarrollaban altos herbazales  ...


entre los que prosperaba la belladona ...


 ... formando sus brillantes y negros frutos.

Con este paseo de atardecer ....


me despedí de los bosques y campos de los Beskides de Chequia. 

jueves, 10 de marzo de 2016

REFORESTACIÓN EN MONREAL DEL CAMPO

Como desde hace más de 20 años, este invierno también se va a realizar la plantación de árboles y arbustos autóctonos en los linderos y eriales de los montes de Monreal del Campo. Una iniciativa municipal que persigue reducir la erosión, aumentar la producción agrícola, mejorar los pastos, fomentar la diversidad biológica, la riqueza cinegética y la calidad paisajística, así como favorecer la implicación social local en el medio ambiente. 



Estos trabajos hicieron del Ayuntamiento ser merecedor en 2014 del Premio Medio Ambiente Aragón en la categoria de Administraciones locales. Fue el reconocimiento a su apoyo incondicional a un proyecto medioambiental que se extiende a lo largo de los años; también es un reconocimiento a todas las personas y colectivos que año tras año, han colaborado en las plantaciones de árboles y arbustos en linderos y en fincas: los centros educativos, los miembros de Atadi, la sociedad de cazadores, asociaciones ecologistas, científicos… y a todos los vecinos que han creído como propio este proyecto y la recuperación de su monte.


Toda esta labor, única en Aragón, no habría sido posible sin el impulso motor de Julio Sánchez,l Agente Medioambiental, que ha sabido dieñar el proyecto de organización de parcelas, convencer de los beneficios ambientales, aunar inquietudes, limar asperezas, gestionar presupuestos escasos e involucrar e ilusionar a todo un municipio que mira a su entorno y a su monte con verdadero orgullo.

Animaros a participar y acudir el 13 de marzo a Monreal del Campo.

lunes, 7 de marzo de 2016

UNA GAVILANA EN EL HUERTO

Este invierno, a pesar de ser benigno, hemos vuelto a alimentar los pajaricos del huerto. En un comedero colgante, en una caja de porespán y sobre una teja, estas últimas elevadas sobre unas sillas metálicas, vamos poniendo semillas de girasol, linaza, nabo o alpiste, así como restos de sebo que no quiere Lúa, nuestra gata.

  

No se lo ponemos fácil. Los comederos están en la terraza, junto a la cristalera, para poder verlos desde la cocina, mientras comemos.


Los pájaros están algo estresados por la proximidad a la vivienda y, sobre todo, por la presión de la gata, siempre atenta. Para darles ventaja, hemos puesto los comederos en alto y sobre las sillas metálicas, lo que les protege notablemente de la felina. 

Lo hacemos por disfrutar de su cercanía y por intentar atraer alguna especie para El Gran Año que realizamos también a nivel doméstico. Más por entretenernos que por que razones conservacionistas. Las bajas invernales por hambre en las poblaciones de estas especies se suplirán con el reemplazo de los jóvenes que nazcan en la próxima primavera. No nos preocupa. No nos mueve la política de salvar al "pajarico", tan del gusto del animalismo en boga ...


Bueno. El hecho es que desde hace semanas tenemos carboneros comunes (chichipanes), gorriones comunes y molineros, pinzones vulgares (nevateros) y herrerillos comunes acercándose a los comederos. Los páridos, vienen, cogen la semilla y se van a comérsela a los arbustos del jardín. Un visto y no visto. Los gorriones y los pinzones se quedan y van comiendo las semillas, una tras otra, mientras vigilan la presencia de Lúa o repelen a los competidores que los quieren desalojar del comedero. En fin, que la actividad no cesa. La terraza es un bullir de actividad pajaril. La nevada multiplicó la afluencia, pero fue temporal. Entre ellos, un ejemplar de pinzón real.

Carbonero común. Foto: C. Pérez

Herrerillo común. Foto: C. Pérez
El otro día llegó la primera sorpresa. Desde una ventana vi alejarse de los comederos a un gavilán que se posó sobre un ciruelo seco cercano. No llevaba nada entre las patas. Sin prismáticos me apreció un macho. Unos días antes, Rodrigo me contó que un gavilán entró en el pipero que tiene en su jardín, bien conocido por los pájaros de su barrio y al que acuden numerosas especies, entre las que destaca por estas fechas, los lúganos. Algo que nosotros no conseguimos. 

El gavilán común es un invernante habitual durante la invernada siendo común en los núcleos rurales e incluso los urbanos. Hace un par de años ya comentamos el caso de Bañón.

Pensé que la presencia del gavilán en nuestro huerto sería un hecho aislado. No fue así. Al menos no del todo.

Macho de gavilán común. Foto: C. Pérez
El pasado viernes 12 de febrero caía la tarde. Estaba hablando por teléfono mientras miraba el huerto a través de la ventana. De repente un gavilán se posó sobre el muro de piedra seca del huerto. Se trataba de una hembra, de buen tamaño y de plumaje marrón. Seguí hablando al teléfono pero cogí los prismáticos. Lo pude ver bien. Se le veían los brillantes ojos de amarillo iris, el plumaje del pecho con listas blancas y marrones, el dorso y los flancos marrones, como la cabeza aunque esta presentaba unas plumas blancas. Y unas delgadas garras amarillas. Miraba inquieta, aquí y allá.

El huerto de casa está cerrado por una valla metálica cubierta por una tupida madreselva.


Es una maraña de ramas enreligadas que intento controlar para que no sombree en exceso al huerto. Una maraña perfecta para algunas aves pues en ella encuentran un refugio perfecto ante los depredadores. Así, me consta de la nidificación de, al menos, la picaraza y el ruiseñor. Pero también es un refugio invernal. Cuando termina el periodo de cría, hace de dormidero para los gorriones comunes y, en menor medida, para los gorriones molineros.

Gorrión molinero. Foto: C. Pérez
Este invierno, por ejemplo, una cincuentena larga de gorriones comienzan a juntarse al caer la tarde y no cesan en sus gorjeos hasta bien entrada la noche. No sé qué se cuentan, pero no callan. También se suma una docena de estorninos negros. Unos y otros, tan pronto sale el sol, prosiguen con sus charroteos hasta marchar a buscar comida. Pero, vamos, que casi todo el día hay gorriones en la madreselva.

Machos de gorriones comunes en un jardín. Foto: C. Pérez
Y la gavilana parecía saberlo bien.

Al poco, se encaramó sobre la propia madreselva. Lucía su precioso plumaje. Sobre las ramas, inmóvil, estaba bien atenta a la posible entrada de algún gorrión. Era la hora apropiada. El silencio era total en la maraña, algo inusual. De repente, vino desde el sur un pequeño grupo y, en el momento de entrar al refugio, se percató de la presencia de la rapaz siguiendo de largo. Como un muelle, la gavilana salió tras un gorrión perdiéndose sobre la carretera. ¡Menos mal que no pasaba ningún camión!. Lance fallido. Volvió de vacío. Ahora, a otear desde el muro de piedra seca, más bajo, para atacar por sorpresa. Allí permaneció unos minutos hasta que casi dejó de verse. Entre la penumbra se marchó la gavilana.

Cuando puedo, me asomo a ver si vuelve ...

Chabier de Jaime (texto)
Carlos Pérez y Chabier de Jaime (fotos)

viernes, 4 de marzo de 2016

PAISAJES: LOS CHOPOS CABECEROS DE TORRIJO DEL CAMPO

Torrijo del Campo es un pueblo localizado en el fondo del valle del Jiloca, a orillas del río. La carretera general N-234 pasa a menos de un kilómetro del núcleo urbano quedando unida por una carretera. 


Unos viejos chopos cabeceros sombrean durante el verano esta vía. Son unos chopos muy apreciados por sus vecinos por lo que mantienen el turno de escamonda y presentan ramaje saludable, a pesar del diámetro y de los huecos de los troncos. 


Hace unos años este desvío se transformó en un paseo construyendo sendas aceras y colocando farolas y bancos. Los chopos cabeceros fueron respetados dejando un alcorque en torno a cada árbol. Y la arboleda que había junto a la carretera N-234 se convirtió en un parque público. 


Lejos de plantar los consabidos y anodinos aligustres del Japón o los cedros exóticos que proporcionaba la Diputación, como se hizo en otros muchos pueblos, los torrijanos aprovecharon unos árboles notables, robustos y hermosos que ya les daban sombra y que habían plantado sus abuelos. Una idea práctica, pues eran unos árboles que, además, les proporcionaba leña para la calefacción. Una idea moderna, ahora que vuelve a reivindicarse el papel paisajístico, cultural y ecológico de los árboles junto a las carreteras.


Este invierno el Ayuntamiento ha considerado que llegaba el momento de escabezarlos de nuevo. Antes de que caiga alguna rama, antes de que pierdan vigor las yemas, ya se han puesto a ello, tirando vigas, arreglando los viejos chopos.




Que recordemos, tal vez sea una de las arboledas de chopos cabeceros dispuesta en torno a una carretera más notable que conocemos. ¡Enhorabuena torrijanos!