Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

lunes, 16 de mayo de 2016

PRIMERAS HORAS DE PRIMAVERA POR LA IBERICA ZARAGOZANA

Sábado 20 de marzo, por la mañana. Apenas han pasado unas horas y oficialmente ya es primavera. Por Zaragoza intenso cielo azul con viento flojo del sureste. Algunas nubes dispersas y ambiente fresco pero agradable, cercano a los 15 grados.

Con la perspectiva de un buen día improvisamos una pequeña excursión incluyendo un pequeño picnic, que con suerte será al calor del sol primaveral.

Esta vez el destino está bien cercano, apenas 1 hora. Pero las nubes y las cortinas de lluvia ya se atisban a lo lejos, en nuestro camino hacia las montañas de la Ibérica Zaragozana, hacia los carrascales del Campo de Daroca.

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La temperatura por aquí ya es más fresca, pero ventanas de luz que se abren entre las nubes dejan entrever un paisaje primaveral precioso repleto de agua que discurre por los arroyos. Las últimas lluvias y nieves tardías se notan este año en el campo.

Bajamos el puerto del Huerva tras cruzar el alto Paniza y entramos en la estrecha carretera que nos lleva hasta Cerveruela. El río Huerva serpentea en el fondo del valle, baja con bastante agua de aspecto marrón, resultado de las lluvias en las cabeceras de los múltiples barrancos que se abren paso entre montes y cultivos.

Los árboles de la ribera lucen desnudos. Falta un mes largo aún para que chopos y sauces luzcan sus primeras hojas al viento de estas tierras. La ribera es, pues, gris corteza de chopo.

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Cruzamos Cerveruela, pequeño pueblo a orillas del Huerva. Su preciosa huerta, aún entre dormida y abandonada. Las nubes vuelven a tapar el cielo y el valle se llena de sombras, pese a ello se recorta la silueta de chimeneas que humean levemente ya de mañana. En las umbrías brilla el verdín, que con las lluvias y la temperatura más templada comienza a cubrir rinconadas y cunetas.

En Cerveruela hay una granja escuela y un albergue rural (El Tío Carrascón). Una buena iniciativa para dar a conocer la naturaleza a los más pequeños, que acuden en su mayoría de la urbe, con escaso contacto con el medio natural , agrícola y ganadero.

Seguimos ruta en coche y entramos en los estrechos del Huerva. Iniciamos una caminata por el barranco de Valdelacebo, en busca de la Fuente del Tío Carrascón.

Entramos en un estrecho barranco entre el carrascal por el que discurre el arroyo. Llama la atención la sinfonía de pajarillos, entre los que destacan un par de petirrojos distanciados entre sí e igualmente escondidos entre el carrascal.

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Seguimos una estrecha senda suave, serpenteante, cruzando el barranco en algún punto y alternando prados encharcados con aguas remansadas con roquedales de roca cuarcita y pizarras por los que corre alegremente el agua. Llegado un punto nos sentamos en las rocas, junto a la pequeña cascada, disfrutando del concierto de aves y agua, de la tranquilidad y belleza del campo, lejos del mundanal ruido de la ciudad. La fuente ya ha quedado atrás, disimulada, discreta… nada de grandes chorros.

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Hacemos unas fotos y recogemos los bártulos. Desandamos camino y nos dirigimos a pie, carretera abajo, hacia un enorme paredón rocoso por donde trepan enormes hiedras, alcanzando alturas superiores a los 20 metros. La ladera es umbría, crecen helechos y ombligo de Venus (Umbilicus rupestris, su nombre ya lo dice todo), unas bonitas trompetillas verdes que asoman de las rocas humedecidas.

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Cuando acaba el paredón rocoso se abre un extenso carrascal, en una ladera igualmente húmeda, donde reconocemos por sus curiosos frutillos al rusco (Ruscus aculeatus), que salen directamente de lo que parece ser la hoja, aunque realmente es un tallo modificado. Sus hojas son de verde vivo, duras y con la punta bien afilada. En cierto sentido esas "hojas" me recuerdan al mirto mediterráneo, una de las plantas que tuve que clasificar en el visu de botánica de la carrera. Pero no huele ni mucho menos igual. El mirto olía fantásticamente, pura colonia, una dulzura de los montes y ramblas de la costa mediterránea que acompaña a la colorida y también olorosa adelfa.

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Aquí el monte huele a tomillo, al de toda la vida. Y se mezcla con el olor a río revuelto, una mezcla de agua y barro que se desprende junto al frescor de las aguas de la lluvia y el deshielo en los páramos y altos de estas sierras…

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Comemos por el monte y volvemos a Cerveruela. Disfrutamos de un cafecito al sol primaveral en la terraza del albergue. Un paseo por allí y vemos como las primeras flores ya han florecido entre los roquedos y las eras del entorno, como las vistosas caléndulas…

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Y nos maravillamos nuevamente del ombligo de Venus, mucho más accesible que en los grandes paredones rocosos de la mañana…

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Nos damos una vuelta por el pueblo, saludamos a sus moradores más fieles…

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Y volvemos a casa al caer la tarde, habiendo disfrutado del campo en este primer día de primavera.

viernes, 13 de mayo de 2016

GALLINAS

Me rondaba en la cabeza desde hace tiempo. Tenía que superar algún pequeña reticencia familiar y, sobre todo, saber cómo construirlo, pues las manualidades no es lo mío. El problema era más el segundo que el primero.  

Como tantas veces, la revista Quercus me dio la solución. En el número de marzo de este año, entre los diversos anuncios de libros, prismáticos y otros productos que ofrece su bazar aparecía un gallinero modelo Lyon la mar de tuno de 1,98 x 75 x 103 cm. Tan contento estaba que me llevé al trabajo la revista para enseñársela a Pascual, que también andaba con los mismos planes y alguna que otra duda. Nos escuchó Tomás, otro compañero que tiene un gallinero en su huerto y mucha mano para el bricolaje. Y me propuso ayudarme a construir uno. En un momento emborronó un croquis sobre un papel. Yo no veía ni por dónde se entraba pero confiaba ciegamente en Tomás. 

Se puso en marcha la maquinaria organizativa. Objetivo: un gallinero y un pequeño corral. La orientación estaba clara, al mediodía, y el lugar también, protegido del cierzo por los enebros, el rebollo y la sabina. Nos pusimos manos a la obra una tarde de mediados de abril. 

Primero fue construir el gallinero con tablas, postes de madera, muchas puntas y la motosierra. Le hicimos alizaces para los postes y una pequeña regata de cemento para no ponérselo fácil ni a la uina ni al ratón. 


Después lo cerramos con red metálica y le hicimos un tejado con unas viejas tejas árabes que tenía por casa. Y colocamos los postes del corralico a los que clavamos la red metálica. Ya iba cogiendo forma.


Un palo de sargatillo para que duerman. Una caja de zapatos para que se despiojen con ceniza de la estufa. Y una vieja caja de fruta como ponedero. 

Varias tardes nos llevó pero para San Jorge ya estaba. Para limpiarlo mejor, les puse hojas secas de rebollo en el gallinero y de chopo en el corral. Así se entretendrían escarbando. Se trataba de tener todo preparado para la llegada de las futuras inquilinas. 

Las primeras vinieron el 24 de abril desde Bañón. José Antonio nos preparó dos preciosas y negras gallinas de la raza Serrana de Teruel, una variedad muy rústica, ponedora de huevos de color crema, propia de las masías del Maestrazgo, Cuencas Mineras y Gúdar y que se está recuperando tras casi desaparecer hace unos años. 


Tres días más adelante Antonio nos trajo desde Caminreal dos gallinas de la raza negra Castellana, variedad muy antigua y muy bien definida, productora de huevos blancos. Eran igualmente muy recias y de color de plumaje similar, aunque bien diferentes de las serranas ...


Las juntamos unas y otras. Y, con sus manos y sus menos, ahí las tenemos compartiendo el gallinero.

Sobre todo comen trigo y panizo. Y vamos probando a darles avena, centeno y guisantes. 


Les encanta el pipirigallo verde y la mielga, el alfaz silvestre. El primero lo consigo en las cunetas de las carreteras locales y de caminos, para lo que llevo un saco y una hoz en el coche. La otra, en el descampado que tenemos junto a la casa. Les encanta aunque creo que las he saturado.


Se comen casi todos los restos vegetales de la cocina. Pelarzas de patata, las hojas duras de lechuga, el radigón de la manzana o aquella naranja que se ha pasado en el rincón del frutero. Cada vez llegan menos residuos domésticos al compostador.

Como les da mucho solazo, les hemos colocado unas persianas viejas en el gallinero. En fin, que están más que mimadas. Como unas reinas.


Y nosotros encantados. Cuando volvemos del trabajo, antes de preparar la comida, lo primero que hacemos es acercarnos a ver a las "cocos", como familiarmente e indistintamente llamamos a las gallinas y a los huevos, por si han puesto alguno. Hay días de uno, otros de tres como hoy domingo que igual hemos bajado a verlas más de media docena de veces. Son tan majas. 


En cualquier caso, siempre es una sorpresa. Una pequeña fiesta. 

Me viene al recuerdo el gallinero de mi abuela Paca y las eternamente largas tardes de verano infantiles en las que me sentaba esperando a que la gallina terminara de poner el huevo para subírselo a la cocina aún caliente. Ese "ggggggggggg" largo que emiten las gallinas cuando están tranquilas y que forma parte de tu infancia.

La primera docena de huevos fue para Zaragoza, a casa de la familia de Carmen. Hacemos como los padres de antes, que en cada viaje a la ciudad llevaban alimentos a los hijos, con la ilusión de que los disfrutaran, con la ilusión de haberlos producido uno mismo. Esa sensación placentera de compartir con los tuyos lo mejor que puedes ofrecer. Y que cuando hemos sido nietos (y a veces hijos) no hemos sabido entender en su verdadero significado y alcance. En fin, que nos hacemos mayores y vamos comprendiendo mejor las cosas de verdad. Las que salen del corazón.

Y así estamos, asomándonos a la ventana a ver qué hacen. Lo de siempre. Escarbar y escarbar, buscando alguna lombriz o alguna piedrecilla en el suelo cubierto de hojarasca. 

Como casi siempre, en todo esto hay un perdedor. Bueno perdedora. En este caso Lúa, la gata, que anda muerta de celos y que nos sigue y llama nuestra atención cuando bajamos a verlas. Se debe preguntar, ¿qué tienen de especial esas gallinas que no tenga yo?


En fin. Pequeñas cosas que pasan en las casas de los pequeños pueblos.

martes, 10 de mayo de 2016

EL HECHO (CLIMÁTICO) DIFERENCIAL

En la comarca del Jiloca el clima es uno de los rasgos del medio físico que determina en mayor medida el funcionamiento de los ecosistemas, incluyendo la actividad humana.

Ha sido registrado desde hace décadas por los meteorólogos y estudiado por los geógrafos quedando caracterizado en artículos publicados en publicaciones como Xiloca (Antonio Oliva y Pascual Rubio) y Geographicalia (Javier del Valle). Una síntesis de todos ellos puede encontrarse en una voz de Xilocapedia, como no podía ser de otra manera.

En lo tocante al termoclima destacan las bajas temperaturas medias anuales, muy inferiores a lo esperable por altitud y latitud, el esporádico rigor de las mínimas extremas y lo regular de las heladas tardías en primavera, como muy bien apuntaba el profesor Rubio.

Según los datos de Calamocha que aporta La Garita del Jiloca el pasado invierno ha sido el menos frío de la serie 1994-2016 con temperaturas medias de 6,5ºC muy superiores a la media (4,4 ºC) de dicha serie. Pero, la primavera jilocana ha vuelto por sus fueros. Doce días con heladas en marzo, siete días en abril.

Los rebollos, siempre tan prudentes, siempre tan tardanos, producen sus hojicas por estos días.


Cuando parecía que ya salíamos del frío, el pasado lunes 2 de mayo se alcanzaron los -3,4 ºC.

El hielo ha desgarrado el parénquima clorofílico de las hojas, prácticamente desprotegido de cutícula y esclerénquima. Las células, cargadas de agua y carentes de estructuras protectoras, se han desgarrado y los brotes  han quedado completamente dañados ...


El árbol tendrá que recurrir a sus reservas. El crecimiento del leño lo acusará.

A la flor no sé qué tal le habrá ido. Las femeninas no se dejan ver. Las masculinas, agrupadas en amentos, se han quedado secas. Me parece que este año habrá menos bellota de rebollo. 


Este roble produce su hoja y su flor antes que la carrasca. Debe aprovechar las reservas hídricas del suelo antes de que las consuman otras plantas, sobre todo herbáceas, con las que compite antes de que llegue la sequía estival . Esta precocidad le pasa factura.

¡Qué difícil es sortear todas las presiones del medio!

domingo, 8 de mayo de 2016

LLEGA LA COLZA

Colza es una palabra que en España se asocia a un síndrome tóxico que causó de la muerte a más de mil personas y graves secuelas a varias docenas de miles en 1981 por el consumo, según versión oficial, de aceite extraído de esta planta y que tenía destino industrial, desnaturalizado por la adición de anilinas.

La colza es una planta herbácea, anual o bienal, perteneciente a la familia de las Brasicáceas (antes Crucíferas) que tiene raíz profunda, amplias hojas, flores amarillas agrupadas en racimos y alargados y estrechos frutos que almacenan una veintena de semillas esféricas.



Se cultiva para producir alimento para el ganado (21% de proteínas), la extracción de aceite para consumo humano (49%) y, recientemente, para su empleo como materia prima en la industria de producción de biodiésel tras la obtención de variedades híbridas. Tras la soja y la palma, es la tercera oleaginosa a nivel mundial, por delante del girasol.

La Unión Europea es el mayor productor del mundo, empleándose fundamentalmente para la elaboración de piensos y para la obtención de aceite para uso doméstico, destacando la producción de Francia, Alemania y Reino Unido. Otros productores muy importantes son Canadá, China e India, donde ocupa el 13% de su superficie agraria.

La colza está extendiéndose como cultivo también en España dentro de la rotación cerealista. El girasol supone el 90 % de la superficie de cultivos de plantas oleaginosas, aunque se aprecie un ligero retroceso. La colza, aún poco significativa en términos de superficie, ha cuadriplicado desde la campaña 2008-2009 la extensión superficial cultivada siendo la actual la mayor en los últimos 20 años (Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente) y el doble que la última 2014-2015.

Hace un mes, cerca del Pinar de Tornos, me llamó la atención un cultivo que hasta ahora no había visto por estas tierras.


Me acerqué a ver las plantas. Parecían coles pero no podía ser tratándose de secano. Todo apuntaba a la colza que la habíamos visto por doquier en Francia y Bélgica.


Pregunté a una alumna de Tornos cuyo padre es agricultor y me lo confirmó. Era colza.

En un viaje hacia Teruel, al pasar por El Poyo, me sorprendió el intenso color amarillo de las flores de unas plantas cultivadas de color verde glauco.

La semana pasada volví hacia Tornos. Los campos que en su día encontré ofrecían este aspecto ...


Flores de un amarillo tan brillante, tan rabioso, que casi dañaba a la vista ...


Otros campos de colza se acercaban al núcleo urbano. 


Este paisaje, con el castillo de Tornos al fondo, posiblemente sea nuevo. Y es que los paisajes cambian.


Este cultivo tiene su límite ecológico en estas tierras. No tolera temperaturas inferiores a -2ºC desde su germinación hasta la formación de la roseta, por lo que le dañan las heladas de septiembre y octubre. Y requiere precipitaciones superiores a los 400 mm con buen reparto estacional.

En términos agroecológicos no sé muy bien qué consecuencias tendrá. Son comunes las plagas de insectos por lo que es probable que, al menos a largo plazo, suponga un aporte de insecticidas al medio agrícola, algo poco habitual en los secanos del Jiloca. Sin embargo, pude encontrar muchas más especies de plantas arvenses que en los campos cultivados de girasol o en los de cereal lo que hace pensar que al menos no usa herbicidas para plantas de hoja ancha.

    
Cardelinas, pajareles, verderoles y pinzones, desde luego, van a tener abundante alimento en los rastrojos durante el verano ....

En cualquier caso, como en el del girasol, nos ofrece unos paisajes de mayo con un colorido amarillo que complementa al verde vivo de las cebadas y los trigos.

La colza ha llegado. De momento es una avanzadilla, como los individuos que prospectan nuevos territorios para conocer su aptitud con el fin de asentarse y criar. El tiempo dirá si se consolida y reemplaza al girasol o si, por el contrario, es tan solo un ensayo de cultivo. 

viernes, 6 de mayo de 2016

GINESTAS EN EL RIBAZO

Río Herrera a mediados de abril. La primavera comienza a desperezar tras la nevada de finales de febrero. El suelo, el otro gran centro de la actividad vegetal, dispone de agua pero debe comenzar a entibiarse.


Me gustar pensar que estamos en el límite entre el piso mesomediterráneo, que asciende desde la cuenca del río Cámaras, y el piso supramediterráneo, el hegemónico en las comarcas de Campo de Daroca y de Jiloca. En esa indefinida línea en la que desaparecen el olivo y otras plantas frioleras que no toleran las heladas tardías y el rigor del invierno. Donde desaparece la ginesta (Retama sphaerocarpa), también conocida como ginestra o escobizo.

Este arbusto prospera en las zonas abiertas, sobre todo tras desaparecer el fuego del pastor y la presión ganadera. La encontramos entre los campos, en los ribazos ...


frenando la erosión al sujetar suelo con sus largas raíces ....


con las que bombea el agua de niveles profundos del suelo hacia la superficie permitiendo su aprovechamiento por las herbáceas, cultivadas o silvestres.

Frena el viento y sombrea el suelo tenuemente con su flexible y abierta copa ...


Junto a su compañero de hábitat el espino, ofrece refugio a la perdiz en el hueco que forma el correoso tronco ...


Cumpliendo funciones ecológicas en los secanos de la montaña mediterránea. Ahí está la ginesta.

miércoles, 4 de mayo de 2016

PENSAR EN LAS AVUTARDAS

Dicen que “estar pensando en las avutardas” es estar ensimismado o distraído, hasta el punto de no contestar acorde a lo que se dice o pregunta, pero nosotros estábamos pensando en las avutardas, cómo verlas y dónde…

Rosa tenía esta faena en su lista de cosas que hacer y el sábado 16 de abril consiguió su propósito: ¡Vimos 13 avutardas!. Pensarás que es mal número pero es que en el mismo día vimos 33 especies de aves en la Laguna de Gallocanta.



No tener ni idea de pajaricos y llamarlos así si son pequeños y “aves” si son más grandes, eran los conocimientos previos que yo llevaba al llegar allí, después de una buena madrugada para “estar a tiempo”. Ir con José Antonio Sánchez y con Chabier de Jaime, hace que cuando te los localizan, los ves con los prismáticos o el catalejo, te los enseñan en el libro en vuelo, en quieto, en macho y hembra, en colores y te dan detalles, seas capaz de identificarlos y hasta de entender la información y aparentemente almacenarla…



Luego, en el viaje de vuelta a Andorra con Rosa, seguíamos utilizando casi las mismas valoraciones iniciales (pajarico-ave) cuando veíamos uno, pero con una sensación estupenda fruto de un día magnífico.

¡Recomendable ir a sitios tan bonitos con pajareros!. Nosotras pusimos también parte, Rosa las fotos y yo la crónica, que ahora ponemos en común.

Comenzamos buscando avutardas, que es a lo que venimos, hace un día muy adecuado, nublado a ratos y con poco viento, es el día perfecto.



 Además es la época en la que todos los machos reproductores de una amplia zona se reúnen en un área concreta del territorio, que se usa año tras año para desarrollar las espectaculares paradas nupciales o “ruedas”, el aparatoso cortejo para atraer a las hembras que consiste en hacer una especie de bola inflando el plumaje y mostrando sus plumas. Es el “lek” que vamos buscando.

“Aquéllos inflan el plumaje de modo que todas las plumas blancas son puestas bien de manifiesto. Las alas caen entreabiertas hasta que casi tocan el suelo, al principio con la punta de las negras primarias y después, levantando éstas hasta casi tocar el nacimiento de la cola, el vértice flexor es el que se acerca más al suelo. Las plumas cobertoras alares se adelantan, la cola desplegada en abanico se eleva hasta formar una vertical con el suelo y la cabeza se encoge entre los hombros, hinchando el saco de la garganta en toda su extensión. Este saco o bolsa que sólo posee el macho adulto durante la reproducción, es un ensanchamiento abierto bajo la lengua que se extiende hacia abajo por el cuello hasta alcanzar una longitud no inferior a 20 cm. En conjunto el pájaro con el plumaje así erizado recuerda más una bola de plumas blancas y observado desde lejos parece en una primera impresión una oveja, no viéndosele apenas las patas, tan hinchado está el pecho que casi toca el suelo y las plumas que forman el bigote quedan casi verticales. A la vez sacude con languidez las entreabiertas alas y gira lentamente en «la rueda» de hembras que le contemplan. Normalmente cada macho se dirige a una determinada hembra delante de la cual parece tener más interés en realizar su cortejo. A partir de los primeros días de abril ya pueden verse los machos diseminados en los campos españoles ocupados en estas muestras espectaculares del celo. Empiezan pronto por la mañana, entre las 7 y las 8 horas y las representaciones pueden durar pocos segundos o varios minutos, permaneciendo a veces con el plumaje erizado inmóviles junto a las hembras, con mucha frecuencia mientras éstas se muestran indiferentes. El cortejo se repite otra vez a partir de las 4 de la tarde y aunque se ha dicho que lo interrumpen al anochecer existen numerosas observaciones en noches de luna”
(Sacado de la web “Pajaricos”, que aunque utilizan el mismo término que nosotras, saben un montón, como nuestros pajareros: http://www.pajaricos.es/a/a1/mas/avutarda.htm)

Una característica de los “pajareros” es que no se cansan y otra que no se frustran aunque no encuentren lo que buscan a la primera, así que vamos disfrutando de todo lo que vemos y pillamos “al vuelo”. El incansable clujidor (o triguero), por ejemplo, siempre sobre la zarza ...



el cagamangos (o tarabilla común) ...



o la zurribalba (o collalba gris), siempre sobre las piedras ...



Estamos en la laguna de Gallocanta, viendo las pagazas o gaviotas de mar, gaviotas cabecinegras y gaviotas reidoras, como si estuviéramos en San Sebastián, la misma sensación que cuando vemos el tractor  abriendo surcos en la tierra ....



¡Nos encuentran tres avutardas a lo lejos!



Hay que hacer un esfuerzo y Rosa las acerca con el teleobjetivo de la máquina… pero nos vemos recompensados en nuestro empeño porque de repente tenemos sobre nuestras cabezas una bandada de trece, moviéndose con las grandes alas abiertas, casi blancas, bien marcados los bordes negros, con el cuello estirado. Nos dicen que pueden alcanzar grandes velocidades (hasta 80 km/hora), como lo han iniciado sobre nuestras cabezas, van lentas.



Increíble que semejante bicho (entre 8 y 17 kilos, leemos) pueda volar así, como quien no quiere la cosa.

La cuarta especie es la corbatera o calandria ... 



y a continuación vemos una turra o ganga ortega… una vez más es el sonido, la onomatopeya, la que da el nombre popular “turrull o turra” por el sonido que hace, lo mismo que sucede con la abubilla, “burbuz” o “burbut”.

Hay pajaricos que son una belleza, por ejemplo la lavandera boyera o “boyerica”. 



Y los hay especiales, por ejemplo las golondrinas que “vuelven a cubrir de nidos los balcones” y que nos traen la primavera. Eso sí que sabemos, distinguirlas de los aviones.

Nos acercamos a la laguna La Zaida, en el término de Used “laguna con doble personalidad” y nos explican la alternancia de cultivo y laguna que mantiene la tradición basada en una riqueza que se reservaba a los ancianos, en uso comunal y que permite que esté mucho más fertilizada en el año que toca cultivo. Allí bajan los arroyos de la sierra de Santa Cruz que unos años cubren la laguna y otros se desvían para dejar el cultivo. Allí vemos machos de aguilucho lagunero, tarros, cornejas negras, estorninos, cuervos…



Nos pasamos a la laguna de Guialguerrero, en Cubel, el lugar más alto de la provincia de Zaragoza porque estamos a mil metros y ahí es una gozada, vemos de todo, siendo especial el somormujo lavanco, con su cepillo/gorro negro en moñetes y el zampullín chico o capucete tan bonito como el nombre. 

El fumarel cariblanco es muy celebrado por Chabier porque es difícil encontrarlo. 



Las garzas reales nos miran desde la orilla entre carrizos. Vemos aviones zapadores, fochas, patos cuchara, un ejemplar de cigueñuela común, un ánade friso y avefrías.

Nos encantan los nombres, por ejemplo el ánade real, también llamado azulón o pato fino; el mosquitero papialbo; la curruca carrasqueña… ¡un mundo!

Nos vamos encontrando joyas, por ejemplo un antiguo ingenio hidráulico, bello en su abandono ... 


 

y Rosa sabe encontrar y fotografiar la mezcla de colores y formas, de cosas que pasan desapercibidas pero que por su ojo fotográfico quedan plasmadas para el recuerdo.






Ya es la hora de comer y quedamos con Carmen, nosotros hemos estado viendo y contando aves, ella ha estado en la Olimpiada Matemática, números en cualquier caso. Comemos estupendamente en El Silo (Bello) ...


y de postre nos han preparado un regalo, un nido de búho chico, vemos las orejitas y parece que te viene de golpe la infancia. 



Se pone de llover y qué bien huele… pasamos por los distintos miradores y seguimos nuestro recorrido viendo al mirlo, al verdecillo o a la avoceta, al escribano o escribecartas...



Vemos la ermita de la Virgen del Buen Acuerdo, el punto más alto de la laguna. Hay una vista preciosa. Las fotos de Rosa casi permiten oler la humedad y sentir el viento peinando las hierbas de los campos. Los cielos están “de foto” y así terminamos el día.



¡He apuntado y citado 34 aves!, también hemos visto un zorro y cuatro corzos, pero eso es para contar otro día.

¡Hay que ver lo bonita que es nuestra tierra, lo variada y lo desconocida! ¡Y lo que hemos disfrutado!.

Os invito a los cursos de “pajareros” en que gente tan estupenda como nuestros guías os enseñen a conocer un poquico más las aves… ¡aunque no veáis avutardas y sólo penséis en ellas de vez en cuando!

Pilar Sarto Fraj (texto) y Rosa Pérez (fotos)