Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

lunes, 10 de octubre de 2016

EL LIMONIO EN FLOR

Viaje a Daroca por carretera. Todas los cerros agostados tras un verano en el que la sequía casi no ha dado tregua, salvo la tronada del día de San Roque. Tonos pajizos o directamente pardos. Quedan las pajicas secas de las gramíneas y las ramas desnudas de las matas. Unas y otras esperan las lluvias de otoño que se demoran.

En este escenario destaca el delicado color violeta de una planta sobre un talud de la carretera.


Es una planta de tallos finos, algunos rectos, otros doblados en zig-zag. Muy ramificados en la base. Muchos de ellos terminan en una espiga de flores violáceas. En conjunto ofrecen un aspecto muy ligero, muy airoso. Propio del género Limonium. A estas alturas de año, las hojas de la roseta basal ya se han secado. 


Làli Picornell y Carlos Fabregat me ayudan en su identificación. Se trata de Limonium viciosoi. Fue dedicado Benito Vicioso, célebre botánico y farmaceútico bilbilitano del siglo XIX.

Nuestra planta es un endemismo de los terrenos margosos y yesosos de los valles del Jalón y del Jiloca. Es decir, su área de distribución mundial es la depresión Teruel-Calatayud. Bueno, una pequeña parte de ella.

Tiene sus mejores poblaciones en el entorno de la ciudad de Calatayud. La población calamochina es la más meridional que se ha encontrado en la actualidad.

Está incluido en la categoría de "Vulnerable" dentro del Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón, recomendándose la redacción de un plan de conservación.


La población calamochina a la que me refiero se encuentra en un talud de la carretera N-234 y muy cerca de una antigua venta. Estos parajes han sido pastoreados desde hace siglos. Suponemos que la ampliación de la carretera también le afectaría. Eso sí, no sabemos cómo. La ganadería extensiva está en rápido declive en la última década. Tampoco sabemos cómo le influirá este cambio al limonio.

Solo hay una manera de saberlo. Haciendo un seguimiento sistemático a las poblaciones. Como el que propone el programa "Adopta una planta" que propone la "Red de seguimiento para especies de flora y hábitats de interés comunitario en Aragón".

viernes, 7 de octubre de 2016

VERANO EN EL GALLINERO

La primavera del gallinero fue llegando a su fin. Nosotros le fuimos cogiendo el punto. Aprendimos que les cuesta tragar los granos grandes de panizo, que prefieren el trigo a la cebada, que los guisantes enteros no los tocan y que las pipas les vuelven locas. Han comido alfaz y pipirigallo, pero casi les gusta más la hierba fresca del huerto.

Las dos castellanas negras y las dos serranas de Teruel ajustaron sus genios. Eso sí, llevando la voz cantante una serrana de ojos amarillos y mirada penetrante a la que llamamos "velociraptor". Esta duerme en el ponedero, dejando los palos al resto de compañeras.

"Velociraptor" marcando el paso de la oca, con su plumaje negro azulado característico.
Y en lo de poner ... pues como un reloj. Tres de ellas, ponen huevos. A una media de 5 huevos por semana. De sobras para casa y alguno para compartir con la familia. Casi siempre por la mañana. Casi siempre en el ponedero. Llevan una vida ordenada.

Decidimos tener con ellas una licencia. Alguna tarde, las dejamos salir al jardín. ¡Cómo disfrutan con el espacio! Se esconden bajo los enebros o las sabinas, rebuscan en la hojarasca bajo los aligustres, escarban en las jardineras ... y la emprenden con los brotes de algunas plantas de flor. Intentas proteger estas últimas, pero no les privas de darles un rato bueno, de vez en vez. Al caer la noche, ellas solicas se recogen a dormir. 

Escarbando bajo los avellanos.
Fue entrando julio y vinieron los calores. Ya habíamos cubierto las cristaleras con una persianillas. 


Pero no era suficiente. Ya me lo había advertido José Antonio, las gallinas padecen más con el calor que con el frío. Así era. En el centro del día se quedaban pasivas y con el pico abierto. Al final pensamos una solución. Cubrimos con una tupida red de plástico una parte del corralico. No era muy estético pero sí funcional. En las horas de calor se ajustaban colocándose exactamente en las zonas sombreadas. 

El corral es amplio y pensamos que cabía alguna más. Preferíamos serranas de Teruel, que son majas y recias, son de la tierra, están amenazadas y además ... aún ponen. Se lo comentamos a José Antonio que por entonces llevaba entre manos con su (y mi) primo Leopoldo una gran pollada en la incubadora de Luco. Les pedí una pareja para tener relevo de las nuestras y comenzar a recoger algún huevo a finales de año.

Era 24 de julio, domingo. De mañana temprano me llama Leopoldo para decirme que me trae unos pollos. Perfecto. Preparamos unas tablas en el gallinero para aislar a los pollos de las gallinas durante unos días, pues es habitual que las mayores les piquen. Y empeza Leopoldo a sacar pollos de la caja. Uno, dos, tres, cuatro ..... ¡hasta nueve! Unos pollicos negros, algunos con plumas marrones en la cabeza, preciosos. Ya medio criados, movidos y descarados. En seguida se pusieron a comer y a beber con gana. Tenían ganas de vivir. 

Pollicos ... o pollicas, que por entonces ni Leopoldo ni nosotros sabíamos distinguirlos.

Con dos días fue suficiente. Levantamos el separador y comenzaron a convivir. Las gallinas, como era de esperar, se quitaban de en medio a los pequeñajos, que estaban por todas partes. Eso sí, la jerarquía en la comida funcionaba implacablemente. Las gallinas primero, los pollos después. Pero no había que tenerles duelo pues sabían buscarse la vida.

Mientras tanto había comprado un saco de pienso para pollos en una fábrica de Caminreal. Cebada, soja (transgénica) y panizo (también transgénico) para complementar al trigo que me había proporcionado José Antonio. Locos con el pienso. La torta de soja parece encantarles. 

El gran invento fue la hierba del huerto. Con la fresca, arrancaba las hierbas que crecían entre las tomateras, coles o judías. Cada mañana una banasta. La primera comida. Ningún año he tenido que entrecavar tan poco el hortal. Ningún año he sujetado tan bien a la hierba.

Si se rompía alguna hoja de acelga o de lechuga, para ellas igualmente. Los restos vegetales de la cocina, pues también. Pelarzas y pepitas de melón, calabazas que se han hecho demasiado grandes, trocicos de pan duro refritos con el aceite usado, algún tomate pasado ... 

A los pocos días tuvimos el primer percance. Uno de ellos, y no el más menudo, mostraba heridas en los cañones de las alas. No le picaban las gallinas grandes, lo hacían sus compañeros, sus hermanicos. Y cuanto más sangre mostraba, con más saña le encorrían. Me recordaba a algunas dinámicas crueles que algunas veces se establecen entre los adolescentes para acosar desde la fuerza del grupo. Me dijeron que había que separarlo cuanto antes. Y curarlo. Lo metimos en una vieja jaula de canarios y empezó a recuperse. Nos cogió de viaje y se lo volvió a llevar Leopoldo. Funcionó bien.

Durante nuestro viaje de verano, diez días, Chabi se hizo cargo de los cuidados del gallinero. Eficaz y cariñoso a la vez: a nuestra vuelta los pollos habían crecido y las gallinas estaban lozanas.

Agosto fue un buen mes. Crecieron hasta ponerse desconocidos. Y empezamos a descubrir que de los ocho, siete eran pollas y uno era un pollo. ¡Vaya sex ratio!


Algunas tardes, les abríamos las puertas para que comieran por el jardín. ¡Qué contentas salían! ¡Como los chavales al patio de recreo! Si aún era pronto, se escondían bajo la sombra de los arbustos. Si ya no hacía calor, a recorrer el territorio en grupo y, de vez en cuando a echar algún vuelo. ¡Planean como las perdices! Al fín y al cabo son gallináceas ....


Explorando cada rincón ...


ganando perspectivas ...


hasta descubrir ...


... ¡¡¡el huerto!!!. Cosa que hizo la más pequeñeja y negreta de las pollicas. Se acabó la paz del hortelano. Desde entonces, sacar a las gallinas solo podía hacerse si se tenía algo que hacer por el jardín.

Por la noche se imponía igualmente la jerarquía. Velociraptor en el ponedero ...


Las otras tres gallinas en los dos palos ...


Y las jovenzanas todas amontonadas en un banasto de fruta ...


De piojuelo no ha habido gran problema. Procuramos renovar la cama, poniendo hojas secas de platanero o chopo, y últimamente serrín. Creo que en todo el verano no he visto solo un parásito. Les puse un arenero para que se bañaran, pero prefieren la tierra suelta.

En Septiembre ha comenzado la muda de la pluma de las gallinas. Sin embargo, no ha afectado a la puesta, que todavía no ha disminuido. Las pollicas cada día está más majas. Se acentúa el color marrón del plumaje de la cabeza que contrasta con el negro de las plumas corporales. Alguna lo tiene casi rubio ...


El pollo ya gallea. Tiene más carácter, una pose más erguida, pero aún está por madurar ... 


como esos adolescentes que han dado un estirón y el cuerpo aún no ha terminado de armonizarse con su desarrollo mental. Unas patas desproporcionadas para ese cuerpo. De cantar, de momento, nada.

Otra sorpresa. Una noche se quedó una pollica a dormir en el suelo. Me extrañó. A la mañana siguiente apareció muerta. Sin saber por qué.

Termina el mes. La puesta de las gallinas parece que decae un poco. El plumaje de las pollicas muestra un buen lustre. Cada día más majas. 


Hoy hay otra novedad ...


Una pollica ha comenzado a poner. De menos de 2 cm de longitud, un huevecico crema ha aparecido sobre la paja del ponedero. Otra etapa. Empiezan a ser gallinicas.

Encaramos el otoño con curiosidad por ver cómo completan su desarrollo. Desde luego, es un entretenimiento que compensa por el trabajo de sus cuidados. Por los huevos y por los buenos ratos que te dan. ¡Son un fenómeno estas "cocos"!

martes, 4 de octubre de 2016

JORNADAS DEL YESO TRADICIONAL DE TERUEL

El yeso o aljez es una roca de tipo sedimentario que está constituida por cristales de sulfato de calcio hidratado. Tiene su origen en la precipitación por evaporación de las sales disueltas en masas de agua, más o menos aisladas. Está formado por cristales blancos que suelen estar acompañados de otros minerales (arcillosos, calcita, óxidos de hierro, etc.) que en ocasiones le confieren otros colores.

En la cordillera Ibérica hay dos tipos de yacimientos que se diferencian por las condiciones y momentos de formación. 

Los más antiguos corresponden a depósitos formados hace unos 210 millones de años (Triásico Superior) en un ambiente sedimentario litoral extremadamente árido e invadido por aguas salobres que, al evaporarse, precipitaban sales y sobre ellas se depositaron limos transportados por el viento. Como ocurre en la actualidad en el Golfo Pérsico. En nuestra comarca, estas arcillas de colores abigarrados (Keuper) afloran en el fondo de la laguna de Gallocanta, en el fondo del valle de El Colladico, en las salinas de Ojos Negros, en Monforte de Moyuela, en Villalba de los Morales o en Rubielos de la Cérida. Son esas tierras, de color entre rosa y violáceo, habitualmente asociadas a manatiales salobres y, en muchos casos, a cristales de yeso.

Venas de yeso espejuelo entre arcillas del Keuper
También se han formado depósitos de yeso mucho más recientemente. Hace tan solo unos 14 millones de años (Mioceno, Cenozoico) en una serie de depresiones formadas a lo largo de la cordillera Ibérica se formaron amplios lagos endorreicos en los que precipitaron carbonatos y sulfatos. Como en la actual laguna de Gallocanta. A mayor escala ocurrió en el fondo de la Depresión del Ebro. Y a menor, en la zona de Calatayud y en la de Teruel. En nuestra comarca, se originó un lago en el actual valle del Pancrudo en el que durante los periodos de aridez se depositaron las calizas y los aljezares de Navarrete del Río, Cutanda, Barrachina y Torre los Negros.


El yeso es una roca que tradicionalmente ha tenido un intenso aprovechamiento como material de construcción. Canteras y hornos aún salpican el paisaje.

 


En Bañón, nos contaba José Antonio, hasta hace muy poco se llevaban camiones de yeso para la cementera de Santa Eulalia desarmando los aljezares y su valiosa flora. Eso sí, la empresa regalaba unos quesos para el concurso de guiñote.

El paisaje en los aljezares tiene rasgos propios. El yeso aparece entre arcillas. Sustrato blando. Valle abiertos por la erosión hídrica. El sulfato en tan altas concentraciones resulta tóxico para la mayor parte de las plantas. Tan solo unas cuantas especializadas la toleran. La flora gipsófila. Es tan singular que, por sí misma, ya es suficiente para que estos aljezares sean declarados Lugares de Interés Comunitario. 


Pero estos aprovechamientos humanos también son toda una cultura. Sacar la piedra, colocarla en el horno, preparar la leña, cocer los cristales .... Era un yeso muy apreciado por los albañiles.

La semana próxima el Centro de Estudios del Jiloca programa una actividad que lleva por título "Jornadas del yeso tradicional de Teruel". Una serie de charlas técnicas vendrá complementada con el montaje y cocción de un horno de yeso tradicional.

Este es el programa:

Etnología, arquitectura, materiales, patrimonio ... y jornadas prácticas.

Inscripciones y más información en este enlace.

domingo, 2 de octubre de 2016

AZAROLLAS MENUDAS

Termina Septiembre. Van cayendo por goteo las azarollas. Este año son menudas. Pero sabrosas. Con ese sabor dulce y delicado. Un sabor que desconocen ya varias generaciones de niños por haber desaparecido de los fruteros de las casas. Por la irrupción del lácteo y del pastelito en el postre. Por el abandono del viejo azarollo que aguanta en el bancal perdido una vez se fue el abuelo. 


Hastiados por la fruta de producción intensiva y forazada, habrá que recuperar los sabores y olores de las frutas que enveran como deben. En su sitio. En su momento. Ya están llegando esos tiempos.

jueves, 29 de septiembre de 2016

HACIA EL CAP GROS: UN PASEO POR ACANTILADOS DEL OESTE DE IBIZA

Puente de San Jorge. Escapada a Ibiza. De la isla sabíamos poco. Los tópicos que conoce cualquiera y poco más. Había poco tiempo para organizarlo y decidimos coger un alojamiento en Sant Antoni de Portmany. En la costa oeste. Estará más tranquila que la otra, donde está la capital. Llegamos de noche al aeropuerto y tras tomar el coche de alquiler nos acercamos a nuestro destino.

Un complejo turístico con hoteles, apartamentos, bares y tiendas. Por la hora, casi todo ya estaba cerrado. Nos guardaban una cena fría en un comedor que parecía grande. Cenamos solos pensando que al estar en temporada baja habría pocas personas alojadas. Error.


Por la mañana madrugamos. Desde la habitación vimos a una gaviota sobrevolar las terrazas del hotel, completamente vacías a esa hora. Era una gaviota de Audouin. Una de las gaviotas más raras del mundo. Uno de los iconos de la conservación de la naturaleza de los años '80 por su delicada posición tras décadas de presión humana sobre sus huevos. Sabíamos que su población se había recuperado en el Mediterráneo occidental pero no tanto como para verla en las residencias turísticas en buen número.
Adulto de gaviota de Audouin. Fuente: SEO-Birdlife
En el comedor una legión de entusiastas pensionistas jubilados del Inserso, tan mudadicos, tan contentos, daban buena cuenta de las muchas posibilidades del abundante buffet libre del desayuno. Hacía fresco en aquella mañana gris. Nuestros vecinos, prudentes por la edad y por la experiencia, almorzaban en el interior del comedor. Nosotros, recién llegados, decidimos sacar nuestros platos a una mesa de la terraza junto a la de una pareja de alemanes. Llevamos, los cubiertos, la servilleta y, un plato con un par de filetes de jamón york. Y volvimos al interior a preparar el pan, los cafés y todo lo demás. Cuando salimos de nuevo escuchamos un gran alboroto cerca de nuestra mesa. El encargado del comedor y los alemanes agitaban los brazos a una gaviota de Audouin que se alejaba con el filete de fiambre aferrado a su pico. Era toda una metáfora de la vida en la isla.

Dedicamos el día a ver la capital de la isla, conseguir información y a descansar en una playa de la costa este. Y a preparar la excursión del día siguiente. Lo teníamos fácil. Descubrimos que había un sendero que partía de Sant Antoni y permitía recorrer las calas y acantilados de la costa hasta Cala Salada. Esta era la ruta.


Amaneció de nuevo otra mañana gris y fresca. Tomamos un camino que pasaba junto a chalets de forma cúbica pintados de tonos claros, al estilo de las casas de campo tradicionales. Pero, a diferencia, cada cual con su jardín cercado poblado de plantas procedentes de la otra parte del mundo. A nuestra izquierda, la costa. Una planicie rocosa alterada por la erosión del oleaje y poblada por plantas propias de los litorales con sustratos nitrificados y salinos, como la malva.


Nos acercamos a la línea de costa. Un costa rocosa formada por conglomerados con matriz arcillosa y angulosos clastos calizos procedentes de la inmediata montaña de Sa Talaia. Todo ello muy bien cementado. Junto al camino la roca mostraba su aspecto por la activa erosión y el trasiego humano. En la costa, la roca se ennegrecía por la colonización por algas y líquenes. Algunas pozas se formaban en las depresiones por la acumulación tras el último temporal. Ya en el mar, praderas de algas se mecían por las suaves olas ...

 


A nuestra derecha, los matorrales abiertos nitrófilos y halófilos comenzaban su floración ...


en la orla de un pinar de carrasco con estepa, enebro y romero que crecía dentro de una parcela que, no tardará mucho en ser urbanizada ...


Volvimos la vista. Los apartamentos turísticos de Sant Antoni y su paseo marítimo asomándose al Caló des Moro.


El camino terminó en la Punta des Dalt d'en Portes y tomamos un sendero que se elevaba sobre un pequeño cantil formado por la erosión marina sobre unas margas plegadas y posteriomente cubiertas por otros conglomerados. Se veía bien la discordancia angular. Al fondo, el penúltimo hotel ...


y, en frente, Cap Blanc con unas aguas claras y tranquilas ...


Y, hacia el oeste, al otro lado de la bahía de Sant Antoni, el suave relieve de la isla Conillera ...


Una recia sabina resistente a la sequía y a la insolación, se aferraba a la desnuda roca sobrellevando el azote del viento cargado de salitre ...


...cercano al Acuarium construido aprovechando la Cova de Ses Llagostes, también cerrado.

Al doblar el cabo dimos con la Cala Gració con sus pequeños cantiles ...


  y su pequeña playa también vacía ...


en cuyo margen se veían las construcciones donde se guardan las barcas, antes de pescadores hoy recreativas, y el cercano monte salpicado de más chalets.

En un recodo apareció  Cala Gracioneta, una calita prácticamente ocupada por un chiringuito. Y, cerca de la Punta de Cala Gració, las amplias y cercadas instalaciones del Gasoducto Insular de Ibiza gestionadas por Endesa Gas Transportista. El gas, una de las fuentes energéticas de la actividad turística.

Tomamos una carretera que, entre un pinar, nos acercó a un restaurante asomado sobre el mar. En este sector son numerosos los chalés.

 

 

Todos cercados. Todos con vigilancia para evitar robos durante las largas ausencias de sus propietarios. Todos con su jardín. Casi todos con sus piscinas. Y, eso sí, todos con su urbanización (calles asfaltadas, iluminación, contenedores, etc.).


Entraban las máquinas trayendo tierra para crear jardines, sonaban los martillos y los taladros de los carpinteros ... Empleo. El empleo que por estas fechas comienza a incrementarse en las costas españolas. No solo en la hostelería, en otros muchos más sectores productivos. El empleo que prepara las instalaciones de unos turistas o de unos propietarios que por estas fechas estarán en cualquier rincón de la próspera Europa.

 

Desde Cap Negret podíamos ver hacia el norte unos abruptos acantilados en primer término, el extremo de Punta Galera y, al fondo, la Punta des Vent. Y, hacia poniente, un mar profundo y oscuro. Impresionante.


Pusimos atención al mar. A lo lejos se veían grandes bandadas de pardelas baleares que, invariablemente se dirigían hacia el sur. Tal vez hacia la isla Conillera. Más cerca, descansaba un tranquilo cormorán moñudo ...


sobre un acantilado de cincuentas metros de caída.

En este sector los conglomerados estaban muy disgregados. Parece una zona muy afectada por el viento de poniente, Viento cargado de un aerosol de agua marina que alcanza la roca y facilita su meteorización. Viento que igualmente deposita la sal sobre las plantas más expuestas, como este pino carrasco ...


... que tenía afectadas las ramillas más expuestas.

Hasta el borde del acantilado alcanza el matorral mediterráneo formado por brezo, romero y estepa ...


que ya estaba comenzando la floración ...


o fructificando ...


al igual que otras plantas que aprovechan precozmente el agua acumulada en el esquelético suelo ...

 

... para terminar su ciclo biológico.

Al asomar sobre la costa, destacaba la serena belleza de Punta Galera ...


en la que los estratos calizos habían retrocedido formando una rasa litoral y un pequeño acantilado de una veintena de metros.

A la vuelta, no nos sorprendió encontrar a una muchacha haciendo yoga en este precioso paraje en aquella tranquila mañana.

Para descender hasta la playa de Sa Galera tuvimos que atravesar una zona con desprendimientos y de paso difícil ...


cuyas arcillas recién exhumadas estaban colonizadas por plantas halófilas como el limonio o el perejil de mar ...

 

que deben adaptarse a colonizar estos inestables ambientes.

La cala era diminuta. Y la playa aún más, una veintena de metros. Era una playa de cantos rodados en la que se acumulaban grandes cantidades de restos vegetales también transportados por el oleaje durante las tormentas. Florecían las compuestas entre los cantos ...


Dejamos la cala y seguimos por la costa sobre unos estratos calizos, los mismos que los de Punta Galera, sometidos a desprendimientos al perder la base por la erosión del oleaje y recubiertos por conglomerados. Se apreciaba muy bien la discordancia ...


... y las palmeras de uno de los chalés. 

El camino deja la costa. Los acantilados son muy altos. Hay que internarse en el bosque. Antes de hacerlo no nos resistimos a disfrutar de las hermosas vistas. Al fondo, de nuevo, la isla Conillera.



Dejamos la costa con pena. Es un ejemplo de litoral privatizado. Las fincas privadas llegan hasta casi el borde. El camino sale a una carretera. En realidad a una calle, el Carrer 3 de Punta Galera. Los viales, que alcanzaban el propio borde del acantilado, llenaban de costurones el pinar ...


Seguimos por el Carrer 6 y el 7 entre chalés, suponemos que de millonarios. Todo nuevo. Todo lujo. 

 

 

Mucho dinero fresco. Observando las imágenes de Google Maps se apreciaba que algunos chalés incluso tenían campos de tenis. Justo en el borde del acantilado. Imaginamos que no irán a buscar la pelota cuando salga por encima de la valla hacia el mar ...


Dejamos el asfalto y descendimos hacia un barranco que nos dejó en Cala Salada. 


Encajada entre los abruptos acantilados del sector sur, por el que vinimos, formados por estratos horizontales de arcillas y de conglomerados de clastos calizos ...


 y los suaves montes del sector norte, a cuyos pies se abre la pequeña Cala Saladeta y su playita ...


Sedimentos detríticos de diferentes tamaños se ordenaban en la playa de Cala Salada. Los más finos, formaban la mayor parte de la playa. La más cercana al litoral. Algo hacia adentro asomaban los cantos rodados depositados en alguno de los últimos temporales ...


Y en algunos sectores concretos se concentraban los restos de las algas y de las fanerógamas marinas que forman las praderas de las zonas someras de la cala ...


En Cala Salada encontramos turistas. Casi todos llegaban por la carretera que allí aboca. En verano debe ser una playa muy concurrida, a juzgar por la superficie del aparcamiento. El restaurante ya estaba abierto. Decidimos tomarnos una cerveza en la terraza mientras saboreábamos el azul del mar en aquella fresca mañana de cielo gris. Delante de nosotros, unos jubilados ingleses almorzaban su consabido sandwich disfrutando igualmente de lo mismo. De repente aterrizó una gaviota de Audouin acercándose a nuestros vecinos con la intención de conseguir una parte de su almuerzo ...


Me acordé de la gaviota del hotel. Y de la metáfora de la isla y sus visitantes. Los turistas ... somos la última civilización que arriba a Ibiza.