Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

viernes, 4 de junio de 2010

ANILLAMIENTO EN UN MAROJAL DE LA SIERRA DE PELARDA

Una de estas soleadas tardes de primavera le propuse a Antonio Torrijo acercarnos a la sierra de Fonfría para comprobar la cría de la curruca zarcera. Este pequeño pájaro es propio de las orlas espinosas de los bosques eurosiberianos y parece tener una pequeña población en estos montes.

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Como es un ave muy discreta y su canto no es fácil de reconocer, nos animamos a colocar cinco redes japonesas entre el arroyo, los prados y el marojal. A veces, en las redes se recogen pájaros difíciles de registrar de otro modo.

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Hacía casi un año que no abríamos las redes y teníamos ilusión.

Mientras las montábamos se oían petirrojos, mirlos, ruiseñores comunes, escribanos soteños, chochines y currucas capirotadas entre otras especies. Pero sobre todo, petirrojos.

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Las hojas del marojo no habían nacido aún. La flor de la gazpotera aún estaba como yema. Se notaba el retraso en el desarrollo de la vegetación por el largo invierno de este año y el efecto de la altitud.

El acentor común es también un indicador del ombroclima subhúmedo de esta sierra. Se le vio un par de veces al principio de primavera y volvimos para confirmar su presencia. Tras ascender entre unas estepas y prados, en el borde del marojal, allí estaba una pareja de acentores que muy posiblemente hagan su nido en breve. Buena noticia.

El número de capturas fue modesto, como suele ocurrir en estos montes. Siete aves de seis especies. Un petirrojo, un mito, un herrerillo común, una curruca mosquitera y dos ruiseñores comunes.

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Mientras anillábamos a un pájaro mantenemos al resto dentro de una bolsa de tela opaca que colgamos de una rama próxima hasta que les llega el turno. En sendos saquillos había dos ruiseñores comunes. Uno puede pensar que así están incómodos o asustados. Pues bien, de repente uno de ellos comenzó a gorjear todo su repertorio mostrándole a sus vecinos y a su hembra que ni aún en estas condiciones de reclusión el terreno en el que se ha instalado deja de ser suyo. Lo marcamos y liberamos. Se fue volando hasta la sarga inmediata. Allí mismo volvió a proclamar su territorialidad. ¡Qué vigor tienen los ruiseñores durante estas semanas!

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Al caer la tarde, en los márgenes menos encharcados del prado recogimos una docena de magníficos champiñones de dos especies.

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No supimos nada de la curruca zarcera pero fue una tarde deliciosa….

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