Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

miércoles, 9 de noviembre de 2016

BADULES. OCHO FIESTAS, OCHO

Un año más el Centro de Estudios del Jiloca, y en esta ocasión, la Asociación de Amigos de Badules y el Ayuntamiento organizaron una fiesta magnífica el sábado 22 de octubre de 2016. Pongo la fecha para que dentro de cien años se pueda tener una visión conjunta.



Ocho ha sido el número de la fiesta:

La fiesta número ocho, esta vez con el río Huerva de acompañante de los chopos cabeceros.



Ocho horas de fiesta, aunque hubo quien la alargó.

Ocho veces saludándonos “los choperos”. Esta vez en la Plaza de Badules, con un día perfecto porque conseguimos lo que pretendíamos: hacer el recorrido y la escamonda sin agua y que luego lloviera, que buena falta hace para la tierra.



Ocho veces en las que Chabier, al inicio de la jornada, remarcó algún aspecto de los chopos cabeceros que siempre hace distinta la fiesta, en esta ocasión nos dio unas pautas de ubicación. El Campo Romanos a 900 metros de altura, con 450/500 litros de precipitación media anual, del enfoque de la fiesta de este año “Árboles en la memoria”, indicando que los chopos cabeceros son testimonio de una época en la que no había límites entre lo forestal, lo agrícola y lo ganadero.



El escenario vital de generaciones, plantados y cuidados por los agricultores; época en la que se resolvían las necesidades y, en concreto, tras la deforestación intensa de los siglos XVII al XIX, se plantaron estos árboles  en forma de cultivo, con lo que también tenía una funcionalidad comercial, además de ser una forma de obtener recursos para la construcción (vigas), alimento para los animales (chopina), sombra (sesteadero) incluso la propia parte muerta del árbol (hogueras festivas) y para mil vivencias personales (lugar de juegos de los niños, paseos, recuerdos, vivencias…) y dentro de esta plurifuncionalidad que habla de una cultura global, la creación de paisajes originales y la aportación a la biodiversidad. ¿Me han salido ocho funciones de nuestros chopos?



Ocho exclamaciones, al menos, sobre lo bonito y lo vivo que está el Huerva en Badules. No caudaloso pero sí con aguas de buena calidad y con un aprovechamiento agrícola que hace que esté en buen estado de conservación. Fuimos por el Camino del Río Bajo en dirección a Villadoz, pisando los rastrojos, haciendo una vuelta circular tras pasar el río.


Ocho vigas grandes, más las pequeñas, que Felipe Ruiz y Miguel Ángel Lázaro escamondaron en la zona cercana al paraje de La Venta. Ocho veces en que dijimos el ¡Ohhhh! cada vez que caía una viga. 


Ocho árboles plantados para preparar una nueva generación, precisamente por niños y niñas que acarrearon el agua y le dieron a la azada. (Igual eran más de ocho, pero como ahí empezó a amenazar lluvia, no sé si los conté bien).



Ocho bichos en el lavadero, obras geniales de José Azul, mezclando herramientas de la vida pasada con piedras y mucha imaginación.


 

Ocho cuadros con las fotos del III Concurso de Fotografía del chopo cabecero, en el lado sur del lavadero, y ocho y muchos más en la otra pared.


Ocho aplicaciones de la miel en la elaboración de los productos que se ofrecían al lado de la carpa: hidromiel, hidromiel con lúpulo a modo de cerveza, miel de romero, de eucalipto, mil flores, hidromiel con más graduación y sabor a vermut, polen y jalea.

Ocho modelos (o más) de artesanía por si alguien se quería llevar un recuerdo, además de la lotería de la asociación ¡que este año toca!.

Y también ocho los litros de agua que se recogieron tras la jornada de campo. Llegó la lluvia sobre unos campos secos y necesitados. Y sobre los arbolicos recién plantados.

No pudimos ver el audiovisual "Árboles en la memoria" elaborado por Fernando Herrero y Pilar Edo porque había mucha luz, pero se colgará en la página del CEJ, en Natura Xilocae y en la página de los chopos cabeceros.

Ocho por dos modelos de instrumentos de vientos pastoriles que nos mostró Luis Martín, “el Churro”, un hacedor de músicas del grupo Gaiteros del Jiloca, que realizó un pequeño taller en la carpa, con sonido de lluvia de fondo (y como él dijo “No cantaba”): pajitas de una y dos lengüetas, flautas de sauquera, flautines de caña, dos flautas hechas con hueso de buitre por José Antonio (el de Bañón), un pito también de hueso, una especie de clarinete acoplando a la flauta un trozo de cuerno, y la dulzaina. 


Ocho ingredientes tenía la lasaña de primer plato que nos sirvió la empresa Selección Calamocha a los doscientos asistentes a la fiesta: carne de cerdo, queso, bechamel; cebolla, calabacín, pimiento rojo, berenjena y tomate.



Ocho ingredientes tenía también el postre de la comida: pan, azafrán, vainilla, frutos rojos, retacía, huevos, azúcar y “nombre”: Torrija al aroma de azafrán del Jiloca, crema de vainilla, frutos royos y reducción de retacía. (El milhojas no tenía ocho).

Ocho fueron las intervenciones después de la comida y el café: La entrega de los premios del III concurso de fotografía; la presentación de Chabier; la entrega del premio Amigo del Chopo Cabecero a Felipe Ruiz;  las noticias sobre los avances que desde la última fiesta se han dado en torno a la conservación e intervención en torno al chopo cabecero; las palabras de Gloria Espinosa en nombre de la Asociación de Amigos de Badules; las de Paloma Ibarra, de la Universidad de Zaragoza; las de Óscar Lorente de la Diputación Provincial de Zaragoza y las de final del alcalde de Badules, Alejandro Espinosa. Cuéntalas, salen ocho.



Vega Latorre, del Centro de Estudios del Jiloca dio a conocer el fallo del jurado del concurso de fotografía siendo las fotografías ganadoras: "Cartas desde mi nido, primer premio", de Chusé Lois Paricio; "Los guerreros de Cucalón", segundo premio, de Laura Lara; "Otoño en el Alto Alfambra", tercer premio, de Chusé Lois Paricio; "En la riera… y luz de luna", accésit, de Dimas Serneguet; "En el río Blanco", accésit, de Luis Gil.

Chabier de Jaime presentó al Amigo del Chopo Cabecero 2016, galardón otorgado a Felipe Ruiz González, joven agricultor que representa a los agricultores que durante años han plantado y cuidado los chopos cabeceros y también a la nueva generación que, como Felipe, aman lo que hacen, saben de monte, tienen ya experiencia y saben trabajar con los árboles, además de valorar su generosidad, que hace palpable año tras año con su participación en la fiesta. Felipe recibió su “chopo” símbolo de la fiesta y lo agradeció con unas palabras preciosas explicando su intención de transmitir a sus hijos los mismos valores que en relación con la naturaleza le transmitieron a él sus padres. Hizo extensivo el reconocimiento a su amigo y compañero de la empresa especializada en la poda de chopos cabeceros, Xiloforest, Miguel Angel Lázaro.

 

Otro momento importante fue compartir con todos los asistentes a la fiesta las mejoras, los avances, las buenas noticias surgidas desde el último año: los esfuerzos de la Asociación Cultural Chismarrako, de Torralba de los Frailes, con su nueva edición de la Jornada del Chopo Cabecero; la labor del Centro de Estudios del Jiloca, en la persona de Emilio Benedicto por su trabajo para lograr la Custodia del Territorio en la Riera de Nueros, afluente del Río Pancrudo y sus ánimos para ensayar propuestas una y otra vez, para “seguir levantándonos”; la labor del Ayuntamiento de Torrijo del Campo que ha arreglado los 127 chopos cabeceros de la entrada del pueblo, con el mismo afán que si fueran una ermita o un peirón. Y por último destacó el avance tan importante como es el inicio de la declaración como Bien de Interés Cultural Inmaterial al cuidado y aprovechamiento del chopo cabecero en Aragón, gestionado en la Dirección General de Patrimonio Cultural, al nivel de la trashumancia, la contradanza de Cetina, el descenso de navatas del Pirineo, la jota y, bien pronto, la cultura en torno al chopo cabecero. Será todo un reconocimiento a los mayores y al trabajo de todas las asociaciones e instituciones implicadas en este movimiento.


Tras felicitarnos todos por esas buenas noticias, tomó la palabra Gloria Espinosa, de la Asociación de Amigos de Badules quien agradeció la asistencia de los participantes en la fiesta, a la Junta Directiva de la Asociación y a las familias por apoyar, dar ánimo y trabajar para que la fiesta saliera adelante y para retomar esas “raíces de las que estamos hechos”. Agradeció especialmente al Centro de Estudios del Jiloca “por darnos a conocer lo valiosos que son los chopos de nuestro río Huerva, algo desconocido para nosotros” y le hizo entrega de un plato de cerámica con el logotipo de la Asociación, el Pairón de la plaza, “para que sepas que puedes contar con todos nosotros”. 



Chabier, en nombre del CEJ, agradeció el detalle y el trabajo realizado por la Asociación y entre risas recordó que su padre venía desde Calamocha hasta aquí en tren, “a ligar”, así que “he venido a mi casa”.

Paloma Ibarra, profesora de Geografía Física de la Universidad de Zaragoza destacó los valores patrimoniales, ambientales, culturales, históricos y paisajísticos de los chopos cabeceros y la importancia de conocerlos y valorarlos. “La ciencia y la academia vamos detrás, pero aquí estamos para apoyar esta causa”. Directora de la tesis de Chabier, lo definió como magnífica persona y profesor, científico e investigador, comunicador y transmisor de valores ambientales. Terminó su intervención manifestando que queda poner a nivel científico internacional estas iniciativas para que tenga mayor repercusión.



Óscar Lorente, diputado provincial en la DPZ por la demarcación en que se integra Badules, agradeció al Centro de Estudios del Jiloca, al Ayuntamiento y a la Asociación Amigos de Badules y destacó la importancia de reconocer desde el punto de vista del patrimonio natural y cultural el trabajo realizado y la forma de luchar por la vida de los pueblos pequeños contra la despoblación. Felicitó a la organización por dar el premio Amigo del Chopo Cabecero a Felipe Ruiz, una persona que une la agricultura y el medio ambiente.


Cerró las intervenciones el alcalde de Badules, Alejandro Espinosa, que manifestó su alegría por haber podido contar con tan alta participación de asistentes y por el trabajo desarrollado por la organización, citando al concejal, José Antonio, que ha sido el coordinador. Felicitó a Felipe Ruiz y al CEJ y citó el trabajo institucional que queda pendiente, de la CHE y otros organismos, para remover y remozar los chopos facilitando las podas.

Y llegó el momento del “Somos”, la canción de José Antonio Labordeta que se ha convertido en el himno de la fiesta, cantada por todos los asistentes (seguro que salieron ocho gallos, pero no se notó).


Terminamos la jornada disfrutando con "Los Gaiteros del Jiloca" ...



que nos hicieron bailar de lo lindo ...


¡Y con esto y un bizcocho, hasta el año que viene ... a las ocho!


Pilar Sarto Fraj (Centro de Estudios del Jiloca)
Fotos: Rosa Pérez, Gaspar Ferrer, Fran martín y Fernando Herrero 

sábado, 5 de noviembre de 2016

PASEOS XILOCA. EN OTOÑO ... POR SIERRA MENERA

Sierra Menera es una cadena montañosa enclavada en el Sistema Ibérico compartiendo dos comunidades autónomas, Aragón con su provincia de Teruel y Castilla la Mancha con Guadalajara. Posee una extensión de unos 25 km de largo por 15 de ancho y su mayor altura será el Cerro de San Ginés con 1601 m de altitud. En la parte que nos ocupa de nuestra actividad, Sierra Menera de Ojos Negros, nos adentraremos en el territorio de las Antiguas Minas de Sierra Menera que cesaron su actividad en 1986. Quedan restos de las infraestructuras mineras (cocherones, talleres, cargadero de Montiel) todos en estado muy deficiente de abandono y ruina y sobre todo y en lo que nos centraremos, nos quedan los taludes naturales, excavaciones, hoyos, minas y lagunas que darán sentido a nuestra actividad.


En Sierra Menera nos vamos a encontrar con una sucesión de hitos geológicos de gran interés. Los colores ocres, amarillos, negros, pardos, rojizos se combinaran para dotar a este espacio de una belleza natural única, en gran parte provocada por la actividad minera ancestral, que se unirá a la quietud y silencio que reina en la zona roto por la rotación de las aspas de los numerosos aerogeneradores del parque eólico que se distribuyen por la "sKy line" de la Sierra.


Las minas de Sierra Menera,  extraían fundamentalmente minerales de hierro (goethita y limonita) acompañados de calizas y dolomías de nulo valor comercial. Las minas eran "a cielo abierto" provocando hoyos, grandes hondonadas y taludes en los que con la ayuda de barrenos se trataba de localizar las vetas que contenían más mineral de hierro. Este tras ser extraído se acumulaba en campas para su secado, previa la carga de los trenes mineros que lo llevarían a los Altos Hornos de Sagunto en un trayecto de poco más de 200 km, recorrido que hoy en día es conocido como la Via Verde de Ojos Negros, habilitada en gran parte de su recorrido y a falta de hacerlo desde santa Eulalia a las Minas de Ojos Negros, origen de la citada vía férrea.

En cuanto a la fauna que podremos avistar, diremos que en estas fechas de noviembre muchas de las aves primaverales han dejado ya estas tierras por la emigración. Sierra Menera es un buen lugar para ver circulación de rapaces, buitre común, águila real con cría en la zona, milano real, azor, gavilán, cernícalo común y en  época de cría podremos ver culebrera europea y aguililla calzada. En los terraplenes se verán abundantes collalbas grises (en esta época ya no) y hasta hay citas de roquero rojo. Cuervos, grajillas y chovas piquirrojas pondrán sonido en cualquier mes a nuestros recorridos.


Los mamíferos estarán igualmente presentes no siendo dificil ser sorprendidos por algún corzo cruzando la pista, o algún ciervo con abundante población en los cercanos Montes Universales y rastros de jabalí veremos por doquier.


Recorrido recomendado (inicialmente)

Saliendo de la localidad de Ojos Negros por la carretera del Molino de Viento que conduce a Villar del Salz, llegaremos al Barrio del Hospital del poblado minero. Dejando el primer camino a la derecha , cogeremos el segundo que nos adentrará a la zona de las minas. El recorrido en total puede extenderse a 15-20 km, podremos hacerlo andando o con coche, ya que las pistas, conduciendo con cuidado, no están mal del todo. 

Llegaremos a dos naves a la izquierda que eran garajes de maquinaria. Haremos una primera parada aquí y caminando a la izquierda de las naves iremos a localizar una depresión del terreno donde veremos la Mina Menerillo con un lago muy característico y fotografiado (en el mapa letra A). Seguiremos ascendiendo, dejando otra pista que sale a la izquierda, y continuaremos recto hasta que el camino dibuje una pronunciada curva. Pasada ésta cogeremos el camino de la izquierda que nos llevará al corte Filomena (en el mapa letra B) donde veremos uno de los mayores huecos de todas las minas. 


Al fondo allá abajo veremos la boca de dos túneles y el lugar asomándonos con cuidado, es impresionante. Al regresar a la pista principal a la izquierda veremos una curiosidad geológica, El Peñón, de rojizos colores que contrastarán con el negro pizarroso circundante (en el mapa letra C). Siguiendo a continuación, la pista principal, unos indicadores nos llevarán a dos magníficos miradores, el Cerro del Lobo (en el mapa letra D), a la izquierda o el Mirador de la Marajosa (en el mapa letra E), a la derecha pero en una largo recorrido. La vista desde cualquiera de los dos miradores es impresionante. Veremos todo el Valle del Jiloca, pueblos como Ojos Negros, Pozuel, Monreal del Campo, El Pedregal.... Peña Palomera y hasta la Sierra de Santa Cruz y la Laguna de Gallocanta. Si vencemos la cresta de la Sierra hacia la otra vertiente (ya en provincia de Guadalajara) avistaremos a lo lejos la laguna de Setiles y el pueblo...y por buena pista podremos llegar a otro corte de la mina, Castilla, de los últimos que tuvieron actividad minera. Por las mismas pistas podremos regresar a nuestro punto de partida.

José Mª Cereza (texto y fotos)

Recorrido definitivo. ¡Importante!

Desde la organización de Paseos Xiloca se ha cambiado el primer itinerario del folleto, planteado en coche. Tras las lluvias otoñales los caminos que recorren las minas pueden estar impracticables para los turismos. Realizaremos todo el recorrido a pie, unos 7 kilómetros en un paseo circular. Ponerse buen calzado. Visitaremos en primer lugar la ermita del Santo Cristo de Herrera, donde explicaremos las antiguas explotaciones mineras abiertas en época medieval. Ascendiendo por una interesante y salvaje senda, sorteando una rambla y carrascal, subiremos hasta la nave de clasificación del mineral. Aquí cogeremos el camino interior que comunicaba todas las minas abiertas en el siglo XX, llegando a las explotaciones a cielo abierto de Filomena y el Menerillo. Bordearemos esta última mina, convertida en lago, para adentrarnos por los marojales que rodean las explotaciones mineras. Siguiendo por una senda descenderemos hasta la antigua línea de ferrocarril, convertida en este tramo en una vía verde. Ascenderemos por la línea férrea hasta volver al barrio del Hospital, donde acabaremos nuestra excursión.

Para su inscripción pulsa en este enlace

martes, 1 de noviembre de 2016

BUENAS INICIATIVAS EN TURISMO EN GÚDAR-JAVALAMBRE (y II)

Grandes cambios se han producido en las sierras de Gúdar y Javalambre durante los últimos cincuenta años.

El sector agrario, antes la base productiva, se ha desplomado. La ganadería extensiva de ovino se ha reducido, desapareciendo la trashumancia hacia el Reino. En los pastos se está recuperando el matorral y el bosque. La agricultura polifuncional, se especializó en el cereal y, en menor medida en el almendro. Uno y otro está siendo reemplazado por la trufa. Paradojas de la vida, las carrascas volviendo a los campos. Muchos bancales se han abandonado y sus ribazos se han caído. El aprovechamiento forestal actual tampoco es lo que fue en el siglo XX.


Masías y pueblos se han ido vaciando conforme sus gentes terminaban de emigrar hacia la Comunidad Valenciana, el destino natural de los serranos desde el medievo. En dos décadas (60-70) se multiplicó la colonia aragonesa en aquella comunidad. Las gentes mayores y poco más permanecieron en las sierras.


En paralelo, sectores económicos locales y, sobre todo, valencianos iniciaron un desarrollo turístico basado en un nuevo producto: el esquí. Los bosques y pastos de Valdelinares y de Javalambre fueron desfigurados para construir las estaciones invernales. La vida silvestre, el paisaje y otros valores naturales de estas altas montañas fueron barridos en pro de un modelo de desarrollo. En aquellos tiempos, se trataba de ofrecer algo nuevo. Algo complementario al turismo tradicional. El de merendero junto a la fuente, el de aire fresco de pinar, el de fiestas con toro embolado, el de monumentos históricos  y el de caza y pesca. Ese turismo que atrajo a las generaciones enteras de valencianos en las épocas prósperas de la primera mitad del siglo XX.


El esquí, ese nuevo producto, movilizó la construcción en los pueblos. Comenzó la construcción de segundas residencias (urbanizaciones incluidas, casi todas en los arrabales de los pueblos, pero con alguna lamentable excepción, como el Solano de la Vega. En paralelo, se arreglaron cientos de casas viejas para los hijos y nietos de los emigrados. 


Para diversificar el turismo se continúo recuperando monumentos (castillos, ermitas, iglesias, etc.) o conjuntos urbanos, abriendo preciosos museos (Salvador Victoria, Dinópolis-Región Ambarina), rutas senderistas (GR-10, red de PRs), de árboles monumentales o de manantiales. 


Pero, a finales del siglo XX, la mejoría en las comunicaciones en y la mayor capacidad de consumo en España se iban llevando a los cada vez más numerosos esquiadores valencianos a otros destinos con mayor dominio esquiable. 


Había que hacer algo pensaron los gestores públicos. Ampliar las pistas de esquí. Nuevos sacrificios para los valores botánicos y ecológicos de Valdelinares y Javalambre. Y, de paso, el bloqueo a cualquier iniciativa que supusiera la protección de estos ecosistemas, únicos en Europa, que hace tiempo que deberían haber sido declarados parques naturales.

Al mismo tiempo fue creciendo la oferta de alojamientos. Nuevos hoteles y viviendas de turismo rural, de una calidad creciente, que cuidaban cada vez más los detalles, promocionando la gastronomía local y, sobre todo, mejorando el trato, algo clave. La economía se fue orientando al sector terciario. 

Para desestacionalizar el sector, para conservar el patrimonio y para ponerlo en valor se pusieron (se están poniendo) en marcha nuevas iniciativas, auspiciadas desde los programas Leader, los municipios y el sector privado. Inmersos en la sociedad del ocio y del conocimiento había mucho que ofrecer si se sabía hacer bien.

El turismo ornitológico, todavía incipiente, pero con potencial ...


La construcción del Observarorio Astrofísico de Javalambre, la del Centro de difusión y práctica de la Astronomía (Galáctica) en Arcos de las Salinas y los cielos limpios de casi todos estos pueblos está impulsando el turismo astronómico. Con iniciativas sencillas y prácticas, como una red de puntos de observación dotados con paneles ...


y planisferios, como el de El Castellar.


Una buena idea.

En las últimas décadas el equipo de paleontólogos de Dinópolis ha descubierto en el término de El Castellar sesenta yacimientos con restos óseos o icnitas de dinosaurios. Han sido estudiados y protegidos. En revistas especializadas se han publicado las investigaciones derivadas de estos hallazgos dándolas a conocer entre la comunidad científica.

Pero, además, este patrimonio tiene un gran interés para una sociedad que valora cada día más las ciencias de la Tierra y de la vida. Y, al tiempo, tiene unas posibilidades de aprovechamiento para el turismo familiar o escolar. Para musealizar los yacimientos jurásicos y cretácicos de El Castellar, la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel ha ensayado una fórmula diferente a la que ha realizado en los centros satélites de Dinópolis. Más económica y más abierta al campo: el Dinopaseo. 

No pudimos recorrerlo entero por falta de tiempo. Vimos una ruta que recorría las calles del pueblo mostrando réplicas de diversas huellas de dinosaurios, la reconstrucción de un gran dinosaurio carnívoro, un enorme mural de pintura que recrea el ambiente en el que estos reptiles vivieron y, lo que mejor conocimos, el yacimiento de icnitas cercano al pueblo. Nos encantó.


Remontando desde la plaza por un camino asfaltado y bien señalizado, se accede a un barranco en el que se encuentra un yacimiento preparado para su aprovechamiento educativo.


Unos muros desvían las aguas de escorrentía para reducir la erosión y mejorar así la conservación de las icnitas.


Varios carteles informan sobre las especies de dinosaurios que dejaron sus improntas en los sedimentos de aquellos humedales jurásicos. Describen sus hábitos y dan detalles sobre las propias huellas. La icnología es una ciencia en sí misma.

 

Numerosos rastros han quedado impresos sobre las rocas ...


 

En El Castellar se ha seguido el criterio de no delimitar con pintura el contorno de las icnitas. Eso no facilita la identificación. Pensamos que detrás está la intención de no influir en la interpretación de las propias huellas. Sin embargo, se ha instalado una colección de réplicas en metal con la diversa tipología de huellas del yacimiento y que permite reconocer algunas de las huellas mejor marcadas.


También se han instalado una serie de pasarelas que permiten caminar sobre el yacimiento sin deteriorar las icnitas ofreciendo información precisa sobre cada sector del mismo.


El fomento del turismo astronómico y paleontológico son dos buenas iniciativas para el desarrollo de la comarca de Gúdar-Javalambre. 

Y es que, más allá del esquí hay vida ... digo turismo.

Cuando veníamos para casa, nos acercamos a la ermita de la Virgen del Pilar para ver unos árboles y conocer el merendero. Estando haciendo fotos, a lo lejos, oímos el tintineo de esquilas. Pensamos que serían unas vacas paciendo en alguna finca cercana. Al poco, irrumpieron con ganas las ovejas de un gran rebaño de rasa aragonesa que se acercó al abrevadero.


Me terminaron de alegrar la tarde. La ganadería extensiva es fundamental en estas sierras. El turismo es un recurso, pero no el único. No hay que poner todos los huevos en la misma cesta.

Chabier de Jaime Lorén