Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

lunes, 10 de abril de 2017

OTOÑO EN EL GALLINERO

Comenzamos el otoño con un equipo de once, como los de fútbol. Cuatro gallinas veteranas, tres de dos y una de tres años. Dos de ellas, serranas de Teruel, las otras, castellanas negras. Y siete jovenzanas, seis pollas y un pollo, todas serranas procedentes de Luco y con ancestros en Allepuz.

Eran fáciles de distinguir. Los pollos echaban menos bulto que las gallinas. Por entonces seguían su ritmo de desarrollo. Sin prisa, pero sin pausa. Las escarbaderas, ya eran prácticamente de adulto. Las crestas, en cambio, no terminaban de formarse.


Las gallinas estaban inmersas en la muda. En el suelo del gallinero y del corral, plumas de todo tipo. Corporales y alares. Pero, al mismo tiempo, las partes carnosas de la cabeza (crestas, barbas y orejillas) mantenían su color rojo vivo.

La puesta de huevos comenzaba a decaer. Era mucho esfuerzo, mantener el ritmo de puesta y fabricar pluma nueva. Tomás y Pascual, mis compañeros de trabajo y, a la vez, de andanzas gallineras, ya me lo venían diciendo. Es lo que toca. Pero las del Ajutar parecían mantener el tipo. Entre las tres ponedoras (la cuarta no ponía), juntaban una docena de huevos semanales. Pero, como a todas, les llegó el día. En la segunda semana de noviembre dejaron de poner.

Aunque la convivencia intergeneracional era buena, cada cual tenía sus preferencias. 

Las pollas, generalizo con el plural femenino pues eran mayoría, eran animales inquietos. Osadas, curiosas, movidas. El pollo, aún desgarbado, no terminaba de encajar entre ellas. Otro carácter, otro estar. Aún no terminaba de saber qué papel jugar.

Las jovenzanas estaban cada día más crecidas. Todas tenían el plumaje del cuerpo de color negro y casi todas,  además, las plumas del cuello (el armiño, me enseñó Alicia, ex-alumna del IES Valle del Jiloca y futura veterinaria) y las de la cabeza de marrón dorado. Alguna era prácticamente negra. Y con el iris marrón claro, e incluso amarillo. 

En primer plano las pollas. Al fondo, más garrilargo, el pollo ya crecido.
Muy gregarias. Disponían de tres hermosos palos para dormir. Durante semanas y semanas los ignoraron. Preferían una banasta de plástico para fruta que había instalado por aquello de que en su día, tuvieran dos ponederos por si les venían las ganas de poner a varias a la vez. Así se apelotonaban para dormir juntas en las primeras noches de frío otoñal. Y, por la mañana, aparecía el ponedero perdido de cagadas. Había que hacer algo. Un día que pasaba con el coche por el valle del Pancrudo corté una buena mata de aliaga. Al llegar a casa la coloqué en el ponedero. Asunto resuelto. Ya no han vuelto a dormir en él. Se fueron acostumbrando a los palos. Lo que toca.

Al terminar el verano, el saco de pienso iba bajando. Chico, pensé, para darles soja traída de la otra parte del mundo, mejor guisantes del Campo Romanos. Me costó conseguirlos, pero a través de José Antonio Sánchez me hice con un saco de guisantes secos de la cooperativa de Cereales Teruel en Ferreruela de Huerva. Legumbres ricas en proteína, bien les irá. Pero comprobé, con sorpresa, que no les hacían mucho caso. Pienso que les resultaban duros.


Antonio Torrijo me había comentado que él les da pipas para acelerar la muda y la recuperación de la puesta. Pues vamos a probar, me dije. Fernando, el empleado de la oficina de Cereales Teruel en Calamocha, me avisó que tenía una buena partida de pipas cultivadas en la vega recién cosechadas. Se lo propuse a Tomás y a Pascual. Encargamos entre los tres más de doscientos kilos. A ellos, no les ha convencido mucho la experiencia. A las de El Ajutar, en cambio, les ha encantado. Las comen con ansia, como por aquí se dice. 


Entre las pipas aparecía el tabique de la torta del girasol que las separa. Y también unas semillas negras y planas. Semillas de estramonio, planta muy venenosa. Son listas las gallinas, ni las tocaban. Se quedaban siempre en el fondo del comedero.

Pipas, pienso y, sobre todo, trigo fue la base de la dieta otoñal de las cocos.

De siempre, cuando voy a la carnicería a comprar para nosotros, le solemos pedir al carnicero algún chichorro para Lúa, la gata. Los que llevan algo de carne o los trozos de víscera la gata los come bien, pero a los sebos de cordero y los pellejos de pollo, no les hace mucho caso. Al cabo de algunos días de andar rondando en la bandeja donde le dejamos la comida a Lúa, te acabas cansando de verlo. Decidí probar. Los hice en trocicos y se los llevé a las gallinas. Locura. Salió el depredador que llevan dentro (y no solo Velociraptor, que es de cuidado), se lanzan con toda su energía para hacerse con los trozos de sebo. Al fín y al cabo, son animales omnívoros. Viéndolas engullir las pieles de pollo te acuerdas los documentales en los que, en época de penuria, los pollos mayores se comen a sus hermanos pequeños. Canibalismo, vamos.

Las jovenzanas, cogían el día con ganas. Por la mañana, al abrirles la puerta al corralico, eran las primeras en salir. Las gallinas, por contra, emperezaban y se quedaban un buen rato más en su palo de dormir ajenas a las ganas de enredar de las primeras.

Si ya en verano, les dejábamos salir algún rato por el jardín, con la llegada del otoño y una vez que dejaron de poner (por aquello de que no pusieran los huevos por cualquier rincón), fuimos cada vez más tolerantes y las soltábamos casi todas las tardes en las que estábamos por casa. Ese es el terreno de cualquier gallina, pero en especial, de las Serranas de Teruel.

Dos veteranas. En primer plano, la castellana negra ponedora. Al fondo, Velociraptor, la temperamental serrana de Teruel.
Eran felices escarbando bajo las hojas, removiendo la tierra y picoteando las hierbas y gusanos ...


No había problema. El jardín ya estaba terminando el ciclo anual. No hacían mucho rastro. Y se las veía disfrutar. Como aquí, bajo los aligustres ...


Pero un nuevo problema se cernía. Las gallinas terminaron de explorar sus dominios en sus bureos vespertinos. Y descubrieron que, tras un muro de piedra seca, se hallaba otro mundo: el huerto. Una tierra prometida con lechugas, acelgas, escarolas y coles tiernas. Un manjar. Y pasó, lo que tenía que pasar. Comenzó el asalto.

Así, al principio, las iba sacando con un palo y cuatro voces. Pero, los asaltos eran cada vez más frecuentes. Había que hacer algo. La solución la aportó, de nuevo, la malla gallinera. Una red de metal que tiene el nombre muy bien puesto. Como los tomates, los pimientos y las cebollas ya estaban recogidos, les dejamos ese espacio libre a ellas y cercamos la parte de las verduras de hoja. Quedó majo.


Algunas coles quedaron fuera de la valla. No tardaron en emprenderla con ellas. Les puse unas banastas de plástico, a modo de búnker, por el que se filtraba algo de luz. Y ellas, incansables y con todo el tiempo del mundo, discurrían cómo acceder a ese tesoro blindado.


¡Qué limpio fueron dejando esa parte del hortal!

Pero las gallinas (y los gallos) son como los gases. Ocupan todo el volumen que se les ofrece. La siguiente frontera fue la terraza de la casa, que se escapaba de sus visitas por estar separada por unas escaleras. También cayó. Aprendieron a subirlas y, descaradas, las teníamos junto a la cristalera de la cocina curioseando lo que hacíamos dentro ... y ensuciando la terraza de gallinaza. Aceptábamos que lo hicieran en el jardín (estiércol es, al fin y al cabo) pero ... ¡en la terraza! Habían cruzado la línea roja que marcó Carmen. Se solucionó colocando más banastas de plástico. Asunto resuelto.

Al caer la tarde, las gallinas se recogían solicas entrando en el gallinero para buscar su palo preferido. Como las personas, las primeras en irse a dormir eran las viejas. Cansadas del día, se metían tan pronto dejaban de ver el sol. Las jovenzanas, apuraban la tarde hasta última hora. Como esos jóvenes que no tienen hora para volver a casa ... ¡Ay, la juventud!

Y llegaron los fríos de noviembre. En el IES Valle del Jiloca llevamos entre manos un proyecto educativo en torno al frío. El Departamento de Matemáticas había organizado un concurso de fotografía matemática relacionada con el tema, para el alumnado y para el profesorado. Había que pensar algo. Las aguadas de noviembre me dieron la solución. 


Las gotas de agua condensaban en el tercer y el cuarto cuadrante del eje de coordenadas. Había que ponerle un título: "Condensación cartesiana en el gallinero", me sugirió Carmen. El jurado popular formado por los alumnos no lo premió, pero ... ¿a que la foto es maja? Puedes ver más fotografías matemáticas sobre el frío y otras actividades en el blog de la "Semana Matemática" de nuestro Instituto.

Y llegaron los hielos de diciembre. Y las rosadas. El bebedero, dentro del gallinero, comenzaba a aparecer helado. José Antonio nos había dicho que las gallinas aguantan mucho mejor el frío y el calor. Como en el fondo somos unos mascoteros más, pensamos que estarían mejor si les forrábamos el gallinero por dentro. Eso sí, aplicando el principio de las 3 R. Con unos cartones recios y unas mantas viejas, bien clavados con grapas sobre las tablas de madera, cubrimos el interior. Como decía mi padre ... ¡feo está pero está firme!


Pero mientras el ambiente exterior se iba enfriando día a día ... el interior, de repente, comenzó a calentarse. Las hormonas terminaron de hacer su trabajo. ¡Y de qué manera! A finales de noviembre el pollo ya no era un pollo sino un gallo de lo más flamenco.


Y las pollas, ya eran unas hermosas y jóvenes gallinas. Y pasó lo que tenía que pasar. Llegó el sexo al gallinero. Al principio, el joven gallo comenzó a montar a las jóvenes. Con el pico las sujeta de la cresta y, tras una rápida cópula, se baja. Ellas, ahuecan el plumaje y siguen a lo suyo. Y, dos semanas después, probó suerte, igualmente con éxito, con las gallinas viejas. Lo mismo. El gallinero empezaba a animarse y, tras el sexo, vinieron ... ¡los primeros huevos!


Coincidió con el solsticio de invierno. Eran los primeros huevos de las pollas. Eran los primeros huevos tras cinco semanas de descanso en las que nos daba pereza comprar huevos en la tienda.

Entrábamos en el invierno pero la actividad volvía al gallinero. ¡Lo que son las hormonas!

sábado, 8 de abril de 2017

LA GANADERÍA LIZAMA-ROYO, PREMIO INTEROVIC A LA SOSTENIBILIDAD Y LA CALIDAD

La Asociación Interprofesional del Ovino y Caprino de Carne (Interovic) convocó la primera edición de un concurso con el fin de evidenciar las sostenibilidad de este sector, su efecto integrador en el medio rural y su dimensión socioeconómica. Estaba dirigido a ganaderos a título individual, cooperativas o empresas cuya actividad principal es la producción de ovino y/o caprino en España.

El jurado realizaba una preselección de tres finalistas que fueron invitados a presentar sus proyectos en el marco de las II Jornadas Territorios Pastoreados, un espacio de encuentro, reflexión e intercambios sobre la situación y el futuro de la ganadería extensiva, que se celebraba los días 27 y 28 de marzo en Zaragoza. Pues bien, uno de los tres finalistas era la explotación ganadera de ovejas de la familia Lizama Royo, de Bello.

Las ovejas de Amado pastan en los prados salinos, en los secanos cerealistas y en las lomas y carrascales de Bello y de Las Cuerlas, en el entorno de la laguna de Gallocanta ...


... y de la ZEPA Paramera de Blancas-Torralba de los Sisones.


Cualquiera que conozca un poco la laguna de Gallocanta sabrá que los prados que orlan este humedal tienen una aptitud más ganadera que agrícola pues el aprovechamiento de los pastos en extensivo es más compatible con la conservación de sus valores naturales. También sabrá la importancia que tienen los barbechos pastoreados en los agrosistemas, pues ofrecen hábitat a multitud de organismos, entre ellos, aves esteparias cada vez más amenazadas por la intensificación y los monocultivos agrícolas. Por otro lado, sabrá de las dificultades que tiene el sector, por la vida sacrificada que supone y por la competencia con otras carnes de cordero, generalmente de menos calidad, venidas de la otra parte del mundo y, especialmente, con las carnes de cerdo o pollo producidas en granjas intensivas con precios muy económicos. 


Y también sabrá que las lomas de Blancas, Torralba, Odón, Torrijo del Campo o Torralba de los Sisones son Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) por el modelado de la vegetación que ha realizado la ganadería extensiva de ovino durante siglos. El hábitat de la turra (ganga ortega), el chorlito aliaguero (alcaraván), el sisón (anade rastrojero) o el rocín (alondra ricotí), por citar alguna especie conocida, está en estas parameras por el pastoreo.

Amado Lizama presentó un proyecto que se fundamenta en estos argumentos y en la aplicación de una carga ganadera compatible con el mantenimiento de la cubierta vegetal espontánea de estos pastizales afectados por un clima seco, frío y continentalizado en los que la recuperación es muy lenta.

Y en una explotación ganadera con una larga trayectoria en el tiempo (cinco generaciones) pero, al tiempo, produciendo Ternasco de Aragón con Denominación de Origen y comercializado dentro de en un grupo cooperativo competitivo y con futuro (Grupo Pastores).

Finalmente, la explotación ganadera Lizama-Royo recibió el Premio "Modelos de Producción Sostenible u Calidad 2017"...


y Amado Lizama lo recogió en persona ...


¡Nuestra enhorabuena!

miércoles, 5 de abril de 2017

VENTE A LOS MARES PALEOZOICOS DE SANTA CRUZ DE NOGUERAS CON EL CEJ

En este Paseo Xiloca nos adentramos en una de las pocas rutas señalizadas en la Comarca del Jiloca, recogida como sendero local dentro de la Red de Senderos de Aragón con el número SL-TE-15. La señalización se realizó en el año 2015 por parte de la institución comarcal, como forma de reforzar la apuesta turística de la localidad complementando al Museo de los Mares Paleozoicos. Se trata de una ruta que conjuga patrimonio natural, cultural, minero y geológico de pocos kilómetros y asequible para un público familiar.

Nevera: Se trata de un pozo circular excavado en la roca y cubierto con bóveda por aproximación de hiladas
El recorrido de 8,80 km. comienza en el núcleo urbano de Santa Cruz de Nogueras. Hay que desplazarse en primer lugar hasta la ermita de San Bartolomé, para coger una senda que se adentra en la falda de la montaña, atravesando una interesante zona de carrascal.


Ascenderemos durante 2 km. por el antiguo camino de Luesma, hasta atravesar un interesante punto geológico conocido como el paso de los mineros. Las rocas que podemos contemplar son de edad paleozoica, “el tiempo de los animales antiguos”, hace 400 millones de años. Nuestra región era entonces un área cubierta de un extenso mar y algunas de las rocas conservan los restos fosilizados de muchos de los animales que vivieron en aquellos mares. A partir de aquí, siguiendo una pista forestal más transitada, daremos la vuelta al cerro del castillo, pasando por los desmontes y aterrazamientos de una antigua mina de plomo abandonada. Se conservan los restos de las instalaciones mineras, aunque no es conveniente acercarse a los pozos por los riesgos de desprendimientos.

Paso de los mineros: Un estrecho desfiladero excavado por los mineros en el que se puede contemplar, de forma muy explícita, la geología de la zona

Siguiendo el camino durante un par de kilómetros, la ruta abandona los caminos forestales y se adentra por una zona de carrascal y roble, descendiendo lentamente siguiendo una antigua rambla. Merece la pena detenerse a contemplar una carrasca monumental. A partir de este punto se recupera un nuevo camino forestal que nos llevará de vuelta a la localidad de Santa Cruz.

Otros puntos de interés son:

Ermita de San Bartolomé: Construcción de pequeñas dimensiones, pero muy bella en su juego exterior de volúmenes. Tiene planta de cruz griega con todos los brazos en semicírculo y cúpula sobre el crucero.

Rocas fosilíferas: En el término de Santa Cruz de Nogueras encontramos numerosas rocas fosilíferas originadas en ambientes marinos durante la época paleozoica. Los restos más abundantes son los briozoos y cefalópodos.

Minas de plomo: Mina de galena de la que se extraía mineral de plomo. Empezó a explotarse a finales del siglo XIX, cerrándose definitivamente en la década de 1980.

Carrasca monumental. Ejemplar aislado de carrasca centenaria, en una zona forestal bastante deteriorada en el último siglo.

Y ... el Museo de los Mares Pelozoicos, ese lujo científico desconocido por la mayor parte de los vecinos de la comarca del Jiloca. ¡De esta vez no pasa!

PD.- Para inscribirse llamar al 978730645 o a través de la página web del Centro de Estudios del JIloca en este enlace.

sábado, 1 de abril de 2017

PORTINATX

Un puente de San Jorge, hace casi un año, nos fuimos a conocer Ibiza. Sin multitudes, sin discotecas, con todos los gremios movilizados para preparar la temporada y con la primavera desperezándose nos acercamos a esa isla. Tan pequeña, tan transformada, tan bonita.

Como no sabíamos prácticamente nada de ella, preguntamos en información turística por alguna ruta senderista que nos permitiera conocer algún acantilado y alguna cala. Portinatx, en el extremo nordeste. 



Comenzamos el paseo junto a la cala de Es Portitxol, completamente tomada por hoteles y chiringuitos. 


De ahí, arrancaba un sendero que se dirige hacia el faro de Portinatx cogiendo suavemente altura sobre el mar por una ladera rocosa por la que desciende el pinar .... 


La senda aproxima a los acantilados. A los pies, el mar en el paraje de Aigua Blanca que hoy está en completa calma. Sin embargo, en esta zona tan expuesta al oleaje, durante las tormentas la erosión litoral debe resultar muy activa. Los desprendimientos, que resultan de la acción socavante en la base de los acantilados, se manifestaban hasta en las partes más altas de estas abruptas laderas. 

A escala métrica ...


O a escala hectométrica, originando enormes caos de bloques.


Los estratos calizos buzaban hacia el sur, creando viseras sobre el acantilado y alejándose del mar.

En superficie estas rocas modeladas por las aguas creaban superficies muy ásperas y fisuradas. Más que un lapiaz parecía un malpaís volcánico. Sobre estas laderas poco expuestas a los temporales, crecían las olivardas y poco más ...


Poco a poco fuimos alcanzando la punta des Moscarter, la zona más septentrional de la isla. Y, junto a ella, el faro de Portinatx, que se levanta airoso sobre el peñasco sobre el suelo. 


Cincuenta y dos metros sobre su base y algo más de ochenta sobre el mar.


Este faro reciente fue levantado en 1975. Está completamente automatizado, por lo que no hay vivienda para el farero. Cuando observas la activa erosión de la costa y la proximidad del faro al borde del acantilado, te preguntas por su estabilidad y su duración en el tiempo.


Seguimos avanzando por el borde del acantilado dejando el faro tras nosotros. Y seguimos encontrando indicios de desprendimientos. Los estratos de arcilla que se intercalan entre los de caliza, al empeparse tras lluvias copiosas, deben actuar como superficies de despegue favoreciendo el deslizamiento al disminuir la fricción entre los materiales.


El sendero desciende y acerca, poco a poco, a la línea de costa entre los peñascos. 


Las aguas que se recogen en los temporales de lluvia y que no se infiltran en las calizas se organizan en arroyos temporales que desembocan en el Caló de Ponent, al resguardo de la Punta des Gat. Bidones y troncos traídos por el oleaje se mezclan con los cantos calizos mal rodados tras su corto y tumultuoso viaje.


 Las calizas tenían vetas de calcita pura y en algunas grietas formaban geodas.

 

El sendero llanea por la rasa litoral de la Punta des Gat ...


... y accede a una de las zonas más hermosas de la ruta. 


Se trata de una suave ladera de unas calizas muy meteorizadas que acumulan arcillas de decalcificación en sus depresiones, a modo de rocalla. Hay una magnífica población de un limonio, cuya especie desconozco. Los limonios son plantas propias de ambientes salobres que tienen una gran tendencia a diversificarse formando especies de distribución muy restringida, por lo que muchos son endemismos, casi siempre, de óptimo iberolevantino. En este caso, el acceso de los aerosoles de agua de mar aporta la salinidad que limita a otras plantas intolerantes al cloruro de sodio. Es una comunidad, prácticamente, monoespecífica.

Al doblar la Punta des Gat aparece a la vista la Punta Sa Penya quedando ambas conectadas por un escarpe de escasa caída ...


Es una zona muy venteada, las sabinas negrales y los pinos carrascos que están cerca del escarpe prácticamente no levantan del suelo ...


Entre los peñascos, al abrigo del viento y de la salpicadura del aerosol marino, empieza la floración de los caméfitos o geófitos ...

 


A través de la maquia seguimos por el sendero en paralelo a la costa. Pino carrasco, romero, brezo, lentisco, tomillo, sabina negral, coscoja formaban un matorral alto ...


Y, tras una revuelta, nos asomamos a la pequeña bahía  en cuyo fondo se ocultaba la Cala d'en Serra ...


Y, a nuestra espalda, el mar abierto más allá de la Punta d'en Serra, brillante y pacífico en aquella mañana de abril ...


Seguimos por el sendero a través del pinar y sin perder altura hasta asomarnos a la cala. Un par de playicas de cantos rodados de caliza quedaban cerradas por unos cantiles y por grandes bloques desprendidos. 


Sobre ella, una muestra del urbanismo turístico habitual en la isla, supusimos que algún hotel con algún problema legal pues estaba completamente abandonado ...


Bajamos a la playa. Algunas parejas tomaban el tibio sol de aquella tarde de abril. Aún nos animamos a bañarnos. 


El agua estaba muy clara y muy fría. O al menos a nosotros así nos lo pareció. Y bien que lo lamentamos aquel baño, pues el catarro posterior fue de los buenos. 

Los peñascos sumergidos era todo un mundo de organismos bentónicos como las anémonas ...



los erizos de mar ...


las algas pardas y rojas...

 

o las pequeñas medusas ...


Tras un pequeño escarpe había una pequeña playa completamente natural. Realmente era la desembocadura de un barranco, con su lecho de cantos rodados de caliza blanca colonizados por siemprevivas, que estaban en plena floración ...


Cuando se acentúa la influencia del salitre marino predominaba el hinojo de mar ...


En las zonas donde el oleaje se frenaba flotaban restos de plantas acuáticas ...


que también se acumulaban en la propia playa ...


En definitiva, una playa viva en la que los procesos naturales se producen sin perturbación. 

Al menos, en aquel mes de abril ...