Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

martes, 18 de abril de 2017

EL BARRANCO DE LA HOZ DE AGUATÓN

Último domingo de febrero. Mañana de trabajo. Vermú solidario organizado por Plataforma Rural Acoge en Monreal del Campo. Y escapada a Aguatón. Hace semanas que no salimos al campo y queremos aprovechar esa mañana calurosa para dar un paseo y pajarear. No conocemos este pueblo, asomado al Jiloca sin dejarse ver, que atesora rincones de interés para el naturalista. 

Por una estrecha carretera nos internamos primero por el piedemonte de sedimentos cuaternarios y después por los montes calizos de la Sierra Palomera, todos cubiertos por carrascales.


El pueblo, aparapetado tras la sierra, se encuentra en una larga hondonada comprendida entre los peñascos de Palomera y los cercanos cabezos del Campo Visiedo. En el pueblo hay algún coche pero no vemos a nadie. Comemos en los bancos del merendero, en la plaza, tomando un sol radiante. Un magnífico panel del sendero local nos informa de la existencia del sendero local SL-TE-11, del barranco de la Hoz y de la posibilidad de ver cabras monteses, además de otras rutas senderistas repartidas por la comarca Comunidad de Teruel. Allá que nos vamos.


El sendero sale del pueblo buscando en el lavadero al arroyo de la Cañada que desciende por el este y que recoge aguas de los barrancos que bajan de Sierra Palomera y de las suaves lomas que separan del Campo Visiedo. Estas aguas, escasas, han sido magistral y secularmente gestionadas por los habitantes de Aguatón, como veremos a lo largo de la ruta.

En primer lugar, para suministro humano y de sus ganados. El pueblo, recostado en una ladera, se aproxima con prudencia al arroyo. A la distancia justa de evitarse penoso recorridos de acarreo y de verse afectado por las violentas rambladas que esporádicamente suceden. Aguatón está en la parte de la cuenca de recogida de un torrente de suave pendiente pero gran superficie.

A mano izquierda, se levanta un precioso palomar. Las palomas furas (bravías cimarronas) han sido inteligentemente gestionadas por las gentes de estas sierras y páramos para obtener proteína animal en una época en la que las orzas de la conserva empezaban a quedarse vacías. 

Junto al arroyo, el lavadero y un bosquete de chopos cabeceros, el suministro de la madera de obra, otra manera de aprovechar el agua antes de que se escape hacia el valle del Jiloca.


 Seguimos por el camino que sigue en paralelo a una acequia derivada del arroyo ...


En frente, una preciosa masa de álamo cano (tendremos que volver en octubre para disfrutar del rojo de sus hojas) con los árboles tapizados por la densa enredadera ...


Como muy bien explica el panel, el agua de la acequia no era para riego sino para alimentar la balsa del molino ...


.. que llegó a moler grano y, tras la Guerra Civil, producir electricidad y que ahora permanece en ruinas ...


Desconocemos el origen del topónimo de Aguatón. Pero, como en todos los lugares secos, la desarrolladísima cultura del agua debió de tener mucho que ver con el mismo. Este saber popular se va desgranando en varios de los paneles que encontramos a lo largo del sendero. 


A nuestra izquierda se levanta el Cerro del Coro en cuya umbría aún se cultivan buena parte de los bancales. En los ribazos, que ofrece el ambiente fresco y la desaparición del sobrepastoreo, permite el desarrollo de la guillomera, fiel indicadora del ser un terreno de potencial del rebollo. En la parte alta, desaparecen los bancales aprovechándose el terreno como pastos.


El camino va dejando los últimos campos. A mano derecha, colgada sobre una inclinada ladera, nos acompaña la carretera que nos trajo al pueblo, la única, abierta a pico en su día en las calizas y jurásicas y los conglomerados calizos terciarios. A mano izquierda, las vertientes que descienden desde el vecino cerro muestran conglomerados calizos ...


y arcillas ferruginosas ...


Nos sorprende gratamente un panel dedicado al suelo y a la erosión. A los riesgos de la ancestral deforestación, a la cultura del cultivo en terrazas, a la importancia de la cubierta vegetal, sea de aliagas, de guillomeras o de carrascas. 


 Seguimos el curso del arroyo que se remansa en unas pozas ...


Es un tramo en el que antaño fueron plantados chopos canadienses ya aprovechados y que forman rechizos desde sus raíces formando un tallar. Acusan la sequía de las últimas décadas y muchos están puntisecos o desprendiendo ramas. Alguien ha retirado buena parte de las mismas acumulándolas en una parte alta, permitiendo crear hábitat para pequeños vertebrados y, al tiempo, evitando que sean arrastradas en la próxima crecida del barranco ...


Nos aproximamos al carrascal que desciende por los montes próximos. Vamos paseando en el centro del día. No es la mejor hora para observar a la fauna. Sin embargo está ahí. Esperando su momento. Los grandes animales tal vez bajen a beber, o a buscar comida, a la tarde a las pozas del arroyo. Un nuevo panel nos lo recuerda. Vertebrados o invertebrados, plantas, líquenes, hongos ... todos trazan una trama de complejas relaciones. Unos dependen de otros, en mayor o menor medida, como el equilibrio de los montones de piedras. Un buen símil.


Seguimos por el sendero, entre el monte y el arroyo ...


hasta llegar al primer estrecho ...


Y a la Poza ... 


Un nuevo panel informa de la existencia de un antiguo molino (el del "tío Cuco") que ofrecía molienda a los pueblos cercanos del Campo Visiedo. Un molino que fue destruido en una crecida de la rambla. Ante este riesgo advierte la señal en caso de tomar el baño, algo casi irresistible durante el verano. Estos puntos de agua son, a su vez, el único hábitat para algunos organismos en kilómetros. También hay que pensar en ellos. 


Un paso elevado de reciente factura permite el paso. La Comarca de Comunidad de Teruel habilitado cuidadosamente este sendero.


Entramos en el cañón abierto por el arroyo sobre calizas jurásicas dispuestas verticalmente. Son calizas depositadas en ambientes marinos ... y se manifiesta en el registro fósil.


Estamos muy cerca de la falla de Aguatón. Es una fractura producida durante el Holoceno, es decir, al final del Cuaternario. En los últimos tres mil años. En términos geológicos, un tiempo reciente. Se alude a un reciente (1972) evento sísmico en la vecina Bueña. La Tierra está activa en esta comarca.


No termino de comprender a esta falla. En principio, la asociaba a la formación de la depresión del Jiloca. No parece así, pues el bloque hundido deduzco que es el orientado hacia el este. En casa, redactando este texto, imagino que es el responsable de la depresión que aparece hacia el este de la Sierra Palomera, entre Aguatón y Bueña. Tampoco lo parece pues son materiales bastante más antiguos (Paleógenos) que la fractura. Quiero pensar que se ha producido en las propias calizas.


El barranco se estrecha y traza una curva cerrada bajo la carretera. Tras las tormentas, el agua se acelera en ese tramo y es capaz de movilizar incluso bloques. En su salida el valle no es mucho más ancho aunque sí tiene laderas de materiales menos competentes. Funciona como un torrente  ...


aunque no llega a formar un cono de deyección.

Sobre la carretera y bajo unas calizas, una pequeña cueva ...


y un precioso abejar aprovechando el solano y el resguardo del cierzo...


Entre las margas crecen mejor las carrascas que llegan a formar un denso tapiz en las laderas que descienden del Cerro el Coro.


Entre los paneles informativos se intercalan otros con el nombre de los árboles más representativos del paisaje vegetal ...


¡Qué alegría dar encontrar carteles con el nombre que se usa en estos pueblos para llamar a estas plantas! Se nota que los autores, además de conocer el terreno y de haber manejado una abundante documentación conocen bien la cultura local. Es tan cansado encontrar, una y otra vez, los consabidos "quejigo" y "encina" en la apresurada cartelería diseñada desde la ciudad ...

En las margas, sedimentos carbonatados que se forman en ambientes acuáticos cuando esporádicamente llegan materiales detríticos (arcillas), también son comunes  los restos invertebrados. Nosotros no nos pusimos a buscar. Son rocas muy similares a las que afloran en Bueña, donde desde niños hemos rebuscado fósiles muchos de los habitantes del Jiloca.


Sin embargo encontramos una caliza con círculos concéntricos que nos recordaba mucho a los anillos de Liesegang que se forman en las areniscas triásicas del Rodeno de Albarracín. Y, más tarde, en un muro del pueblo dimos con otro trozo de roca, esta vez arenisca con iguales formas ...


El efecto de flujos de disoluciones a través de las rocas asociadas a intercambio de iones, suele decirse para explicarlos. Será.

El sendero va llegando a su fin pues termina en la carretera, cada vez más próxima. Pero, antes de terminar, nos reserva una sorprendente historia: la de la construcción de la carretera y del puente que salva el barranco de la Hoz. y no es una historia de romanos. Es una historia del tiempo de nuestros padres o de nuestros abuelos.


Es la historia de un pueblo penosamente comunicado con el cercano valle del Jiloca hasta los años '50 del pasado siglo. Es fácil comprender la mayor vinculación de este pueblo con otros del Campo Visiedo, como Argente o Camañas que con Villafranca del Campo o con Torremocha.

Es la historia de las penurias económicas de la posguerra y de la falta de inversiones estatales en las zonas no estratégicas. Es la historia de uno más de los muchos puentes, una más de las muchas carreteras que habitualmente recorremos durante nuestros viajes. Es la historia de un esfuerzo colectivo.

La información de este panel es, como en el resto de ellos, rigurosa, abundante y precisa. Es como si nos acompañara un experto, en este caso un ingeniero de caminos o un veterano caminero.


Con un magnífico sabor de boca desandamos el camino. No hemos visto nuevas especies de aves, tampoco paisajes espectaculares o plantas escasas, pero nos llevamos en la memoria un paseo en el que hemos comprendido muchas de las claves necesarias para comprender el paisaje.

A mano derecha nos queda un bosquete de álamos canos a media ladera que parece señalar algún manantial ...


Y, poco a poco, vamos alcanzando el pueblo en esa soleada tarde de domingo que nos ha permitido pasear por un rincón del Jiloca tan encantador como desconocido. 


Celebramos la inversión realizada por la Comarca Comunidad de Teruel en difundir los valores naturales y culturales de su dilatado territorio. Y, felicitamos a los autores de la ruta y de su cartelería.

Mientras tanto, el pueblo tiene mil detalles en los que observar. Desde el trinquete, los detalles de arquitectura popular, el mirador, la iglesia de reconstruida torre, el circuito de Chapaland de los niños veraneantes ...




o el monolito dedicado a los combatientes de la guerra de Cuba ...


Ninguna mención a los largos meses de frente en Aguatón durante la Guerra Civil Española en cuyos montes se posicionaron los soldados republicanos ni a las numerosas bajas y prisioneros que se produjeron cuando, desde Argente, los envolvieron las tropas del bando sublevado.

Volvemos por la carretera vemos ya de otra forma. Damos las últimas revueltas antes de salir al valle y, contra la línea del horizonte, entre las carrascas asoma un rebaño de ovejas ...


que pasan junto a nosotros acompañadas por un altivo choto ...


Aún con eritrocitos marroquíes, el corazón de la Sierra Palomera aún late ....

sábado, 15 de abril de 2017

CAMPOS DE EIVISSA

Ibiza/Eivissa es turismo. Playas, acantilados y calas con aguas claras. Hoteles, urbanizaciones, apartamentos y puertos deportivos. También discotecas, bares, tiendas de recuerdos. Es cultura autóctona, administración del estado, turismo europeo, inmigración peninsular y de medio mundo. Jóvenes obreros que se dejan sus ahorros en una semana escuchando música electrónica y consumiendo sustancias que proveen las mafias inglesas. El mito de los hippies de finales de los '60. El boom inmobiliario y la crisis del ladrillo. El control político durante décadas por la familia Matutes. Jubilados, españoles en temporada baja y europeos en todo tiempo. Y sol, mucho sol.

Pero esta isla esconde con dificultad su reciente pasado rural. Tan pronto te alejas del litoral asoma el campo. Un campo de rabioso secano. Un campo en el que predominan los cultivos de especies leñosas de óptimo mediterráneo.

Como el algarrobo (o garrofera) ....


o el almendro ...


Sus frutos, la algarroba (garrofa) o la almendra suponen la mayor parte de la producción del exiguo sector primario ibicenco.

También pueden encontrarse el olivo (olivera) ...


 la higuera (figuera) ....


y la viña ..

.
Por aquellas fechas, muchos de estos campos ya habían sido laboreados para eliminar la cubierta de plantas herbáceas que compiten con los árboles por el agua almacenada en el suelo.

 

Pero, en otros muchos casos, se formaban densas y coloridas praderas de plantas arvenses ...


Como puede verse en las anteriores imágenes, una buena parte de los cultivos son mixtos. Es decir, en una misma parcela se plantan y aprovechan diferentes especies que pueden ser leñosas como en la imagen anterior, la vid y el albaricoquero.

O la vid y el almendro ...


el olivo y el algarrobo ...


 o incluso tres árboles diferentes, como en este caso, olivo, algarrobo y almendro ...


Cuando la distancia entre los árboles era mayor, era habitual encontrar cereal sembrado, generalmente avena ...


que comenzaba a ser segada ....


sin cosechar en remos para recogerla y empacarla para su secado. Supusimos que para alimentación del ganado, tal vez caballos de recreo, o para la fabricación de piensos.

Estamos ante una variante de "cultivo promiscuo", la fórmula agrícola que extendieron los romanos a lo largo del mediterráneo. Sistemas de aprovechamiento que entraron en crisis ante la falta de rentabilidad en el marco de los modelos agrícolas intensivos del siglo XX. Sistemas que aún se mantienen en ciertas regiones de Europa, como es el caso de Eivissa.

Es cierto que nos movimos sobre todo por las zonas costeras, pero en los tres días que recorrimos la isla no vimos ningún rebaño de vacuno, ovino y caprino pastando en extensivo. Las únicas ovejas, unas blancas que supusimos de raza ibicenca, estaban tras unos cercados y formaban parte de un alojamiento de agroturismo, una modalidad alternativa al modelo de hotel o apartamento que comienza a extenderse en el interior de la isla. Pastaban las hierbas que crecían bajo los almendros, garroferas y oliveras. Como si fuera una dehesa extremeña.


Nos contaban que es constante el declive de la agricultura en la isla a pesar de las ayudas de la PAC. Que la mayor parte de los campos son cultivados son propiedad de personas que tienen otra actividad profesional y que mantienen el cuidado de sus fincas, más por sentimentalismo que por rentabilidad. Pero que, poco a poco, crece el número de agricultores y ganaderos y la superficie dedicada a producción ecológica.

Pero también vimos muchos campos semiabandonados. Campos en los que se practicaban las labores mínimas para frenar la entrada de los arbustos. O campos directamente abandonados. Sobre todo aquellos situados en entornos sometidas a la presión urbanística, como son los próximos al litoral y a la zona sur de la isla.


Nosotros nos llevamos el recuerdo de unos paisajes agrícolas salpicados de bosque, en los que la roca caliza y las tierras rojas forman el soporte de viejos y jóvenes algarrobos, almendros, higueras, olivos y viñas, sembradas igualmente de avena. Una dehesa muy singular.

lunes, 10 de abril de 2017

OTOÑO EN EL GALLINERO

Comenzamos el otoño con un equipo de once, como los de fútbol. Cuatro gallinas veteranas, tres de dos y una de tres años. Dos de ellas, serranas de Teruel, las otras, castellanas negras. Y siete jovenzanas, seis pollas y un pollo, todas serranas procedentes de Luco y con ancestros en Allepuz.

Eran fáciles de distinguir. Los pollos echaban menos bulto que las gallinas. Por entonces seguían su ritmo de desarrollo. Sin prisa, pero sin pausa. Las escarbaderas, ya eran prácticamente de adulto. Las crestas, en cambio, no terminaban de formarse.


Las gallinas estaban inmersas en la muda. En el suelo del gallinero y del corral, plumas de todo tipo. Corporales y alares. Pero, al mismo tiempo, las partes carnosas de la cabeza (crestas, barbas y orejillas) mantenían su color rojo vivo.

La puesta de huevos comenzaba a decaer. Era mucho esfuerzo, mantener el ritmo de puesta y fabricar pluma nueva. Tomás y Pascual, mis compañeros de trabajo y, a la vez, de andanzas gallineras, ya me lo venían diciendo. Es lo que toca. Pero las del Ajutar parecían mantener el tipo. Entre las tres ponedoras (la cuarta no ponía), juntaban una docena de huevos semanales. Pero, como a todas, les llegó el día. En la segunda semana de noviembre dejaron de poner.

Aunque la convivencia intergeneracional era buena, cada cual tenía sus preferencias. 

Las pollas, generalizo con el plural femenino pues eran mayoría, eran animales inquietos. Osadas, curiosas, movidas. El pollo, aún desgarbado, no terminaba de encajar entre ellas. Otro carácter, otro estar. Aún no terminaba de saber qué papel jugar.

Las jovenzanas estaban cada día más crecidas. Todas tenían el plumaje del cuerpo de color negro y casi todas,  además, las plumas del cuello (el armiño, me enseñó Alicia, ex-alumna del IES Valle del Jiloca y futura veterinaria) y las de la cabeza de marrón dorado. Alguna era prácticamente negra. Y con el iris marrón claro, e incluso amarillo. 

En primer plano las pollas. Al fondo, más garrilargo, el pollo ya crecido.
Muy gregarias. Disponían de tres hermosos palos para dormir. Durante semanas y semanas los ignoraron. Preferían una banasta de plástico para fruta que había instalado por aquello de que en su día, tuvieran dos ponederos por si les venían las ganas de poner a varias a la vez. Así se apelotonaban para dormir juntas en las primeras noches de frío otoñal. Y, por la mañana, aparecía el ponedero perdido de cagadas. Había que hacer algo. Un día que pasaba con el coche por el valle del Pancrudo corté una buena mata de aliaga. Al llegar a casa la coloqué en el ponedero. Asunto resuelto. Ya no han vuelto a dormir en él. Se fueron acostumbrando a los palos. Lo que toca.

Al terminar el verano, el saco de pienso iba bajando. Chico, pensé, para darles soja traída de la otra parte del mundo, mejor guisantes del Campo Romanos. Me costó conseguirlos, pero a través de José Antonio Sánchez me hice con un saco de guisantes secos de la cooperativa de Cereales Teruel en Ferreruela de Huerva. Legumbres ricas en proteína, bien les irá. Pero comprobé, con sorpresa, que no les hacían mucho caso. Pienso que les resultaban duros.


Antonio Torrijo me había comentado que él les da pipas para acelerar la muda y la recuperación de la puesta. Pues vamos a probar, me dije. Fernando, el empleado de la oficina de Cereales Teruel en Calamocha, me avisó que tenía una buena partida de pipas cultivadas en la vega recién cosechadas. Se lo propuse a Tomás y a Pascual. Encargamos entre los tres más de doscientos kilos. A ellos, no les ha convencido mucho la experiencia. A las de El Ajutar, en cambio, les ha encantado. Las comen con ansia, como por aquí se dice. 


Entre las pipas aparecía el tabique de la torta del girasol que las separa. Y también unas semillas negras y planas. Semillas de estramonio, planta muy venenosa. Son listas las gallinas, ni las tocaban. Se quedaban siempre en el fondo del comedero.

Pipas, pienso y, sobre todo, trigo fue la base de la dieta otoñal de las cocos.

De siempre, cuando voy a la carnicería a comprar para nosotros, le solemos pedir al carnicero algún chichorro para Lúa, la gata. Los que llevan algo de carne o los trozos de víscera la gata los come bien, pero a los sebos de cordero y los pellejos de pollo, no les hace mucho caso. Al cabo de algunos días de andar rondando en la bandeja donde le dejamos la comida a Lúa, te acabas cansando de verlo. Decidí probar. Los hice en trocicos y se los llevé a las gallinas. Locura. Salió el depredador que llevan dentro (y no solo Velociraptor, que es de cuidado), se lanzan con toda su energía para hacerse con los trozos de sebo. Al fín y al cabo, son animales omnívoros. Viéndolas engullir las pieles de pollo te acuerdas los documentales en los que, en época de penuria, los pollos mayores se comen a sus hermanos pequeños. Canibalismo, vamos.

Las jovenzanas, cogían el día con ganas. Por la mañana, al abrirles la puerta al corralico, eran las primeras en salir. Las gallinas, por contra, emperezaban y se quedaban un buen rato más en su palo de dormir ajenas a las ganas de enredar de las primeras.

Si ya en verano, les dejábamos salir algún rato por el jardín, con la llegada del otoño y una vez que dejaron de poner (por aquello de que no pusieran los huevos por cualquier rincón), fuimos cada vez más tolerantes y las soltábamos casi todas las tardes en las que estábamos por casa. Ese es el terreno de cualquier gallina, pero en especial, de las Serranas de Teruel.

Dos veteranas. En primer plano, la castellana negra ponedora. Al fondo, Velociraptor, la temperamental serrana de Teruel.
Eran felices escarbando bajo las hojas, removiendo la tierra y picoteando las hierbas y gusanos ...


No había problema. El jardín ya estaba terminando el ciclo anual. No hacían mucho rastro. Y se las veía disfrutar. Como aquí, bajo los aligustres ...


Pero un nuevo problema se cernía. Las gallinas terminaron de explorar sus dominios en sus bureos vespertinos. Y descubrieron que, tras un muro de piedra seca, se hallaba otro mundo: el huerto. Una tierra prometida con lechugas, acelgas, escarolas y coles tiernas. Un manjar. Y pasó, lo que tenía que pasar. Comenzó el asalto.

Así, al principio, las iba sacando con un palo y cuatro voces. Pero, los asaltos eran cada vez más frecuentes. Había que hacer algo. La solución la aportó, de nuevo, la malla gallinera. Una red de metal que tiene el nombre muy bien puesto. Como los tomates, los pimientos y las cebollas ya estaban recogidos, les dejamos ese espacio libre a ellas y cercamos la parte de las verduras de hoja. Quedó majo.


Algunas coles quedaron fuera de la valla. No tardaron en emprenderla con ellas. Les puse unas banastas de plástico, a modo de búnker, por el que se filtraba algo de luz. Y ellas, incansables y con todo el tiempo del mundo, discurrían cómo acceder a ese tesoro blindado.


¡Qué limpio fueron dejando esa parte del hortal!

Pero las gallinas (y los gallos) son como los gases. Ocupan todo el volumen que se les ofrece. La siguiente frontera fue la terraza de la casa, que se escapaba de sus visitas por estar separada por unas escaleras. También cayó. Aprendieron a subirlas y, descaradas, las teníamos junto a la cristalera de la cocina curioseando lo que hacíamos dentro ... y ensuciando la terraza de gallinaza. Aceptábamos que lo hicieran en el jardín (estiércol es, al fin y al cabo) pero ... ¡en la terraza! Habían cruzado la línea roja que marcó Carmen. Se solucionó colocando más banastas de plástico. Asunto resuelto.

Al caer la tarde, las gallinas se recogían solicas entrando en el gallinero para buscar su palo preferido. Como las personas, las primeras en irse a dormir eran las viejas. Cansadas del día, se metían tan pronto dejaban de ver el sol. Las jovenzanas, apuraban la tarde hasta última hora. Como esos jóvenes que no tienen hora para volver a casa ... ¡Ay, la juventud!

Y llegaron los fríos de noviembre. En el IES Valle del Jiloca llevamos entre manos un proyecto educativo en torno al frío. El Departamento de Matemáticas había organizado un concurso de fotografía matemática relacionada con el tema, para el alumnado y para el profesorado. Había que pensar algo. Las aguadas de noviembre me dieron la solución. 


Las gotas de agua condensaban en el tercer y el cuarto cuadrante del eje de coordenadas. Había que ponerle un título: "Condensación cartesiana en el gallinero", me sugirió Carmen. El jurado popular formado por los alumnos no lo premió, pero ... ¿a que la foto es maja? Puedes ver más fotografías matemáticas sobre el frío y otras actividades en el blog de la "Semana Matemática" de nuestro Instituto.

Y llegaron los hielos de diciembre. Y las rosadas. El bebedero, dentro del gallinero, comenzaba a aparecer helado. José Antonio nos había dicho que las gallinas aguantan mucho mejor el frío y el calor. Como en el fondo somos unos mascoteros más, pensamos que estarían mejor si les forrábamos el gallinero por dentro. Eso sí, aplicando el principio de las 3 R. Con unos cartones recios y unas mantas viejas, bien clavados con grapas sobre las tablas de madera, cubrimos el interior. Como decía mi padre ... ¡feo está pero está firme!


Pero mientras el ambiente exterior se iba enfriando día a día ... el interior, de repente, comenzó a calentarse. Las hormonas terminaron de hacer su trabajo. ¡Y de qué manera! A finales de noviembre el pollo ya no era un pollo sino un gallo de lo más flamenco.


Y las pollas, ya eran unas hermosas y jóvenes gallinas. Y pasó lo que tenía que pasar. Llegó el sexo al gallinero. Al principio, el joven gallo comenzó a montar a las jóvenes. Con el pico las sujeta de la cresta y, tras una rápida cópula, se baja. Ellas, ahuecan el plumaje y siguen a lo suyo. Y, dos semanas después, probó suerte, igualmente con éxito, con las gallinas viejas. Lo mismo. El gallinero empezaba a animarse y, tras el sexo, vinieron ... ¡los primeros huevos!


Coincidió con el solsticio de invierno. Eran los primeros huevos de las pollas. Eran los primeros huevos tras cinco semanas de descanso en las que nos daba pereza comprar huevos en la tienda.

Entrábamos en el invierno pero la actividad volvía al gallinero. ¡Lo que son las hormonas!