Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

domingo, 16 de julio de 2017

UNA MIRADA GRÁFICA AL VII CURSO DE ORNITOLOGÍA PRÁCTICA DE GALLOCANTA Y TIERRAS DEL JILOCA

El Curso de Ornitología práctica de Gallocanta y Tierras del Jiloca de la Universidad de Verano de Teruel  cumplió esta primavera su séptima edición. Una apuesta de ADRI y, este año, de la Institución Ferial de Calamocha, que ofrece una formación específica y de nivel a las comarcas del Jiloca y de Campo de Daroca. 

Sigue fiel a los objetivos de sus inicios, como son el identificar las aves más comunes, profundizar en la biología y ecología de las aves, promover el estudio y la observación respetuosa de estos vertebrados y mostrar la avifauna y los ambientes de las comarcas de Jiloca y Campo de Daroca para promover el desarrollo económico. Y a la metodología puesta en práctica desde entonces, con una tarde de sesiones teóricas y dos días y medio de trabajo de campo con apoyo de anillamiento científico. Veinticuatro alumnos y catorce profesores o asistentes. Una ratio increíble.


Este año, una vez más, cumplió las expectativas. Las plazas prácticamente se completaron. La evaluación fue muy alta. Y, además, nos lo pasamos muy, pero que muy bien. Pero, cada año, el curso es diferente. Las diferencias no las establecen el tiempo atmosférico o los parajes que visitamos. Las marcan, las marcamos, las personas. Casi todos de los profesores o colaboradores estamos un año tras otro; otros como Esteban Hernández o Carmen Alijarde debutaban este año. La establece, especialmente, el alumnado. Este año teníamos a mucha "gente de casa", amigos y más que amigos, en algún caso, pero también otras personas que, desde aquellos días, ya lo son. Un gran ambiente, como otras ediciones.

En esta, de nuevo, contamos entre los alumnos con grandes fotógrafos. Rosa Pérez (Andorra) y Uge Fuertes (Monreal del Campo) que, además de poner la atención en la observación de aves, recogieron numerosas imágenes que son las que van a ilustrar esta crónica.


Empezamos el viernes con dos conferencias. Una dedicada a centrar la atención en los ecosistemas de la zona que lleva por título "Características del medio natural de las Tierras del Jiloca y Gallocanta: influencia en la comunidad de aves" impartida por un servidor. Otra, dedicada a facilitar el aprendizaje en la identificación de las aves y su registro en el campo, titulada "La identificación de aves en el campo; nociones generales y listados de aves, uso y utilidades" impartida por José Luis Rivas. Este año, a modo de novedad y en el marco de la feria Ambientalia, se organizó la mesa redonda dedicada al "Turismo Ornitológico, un recurso para el desarrollo rural" en el que participaron las empresas Allucant, Birding Teruel y El Vuelo del Buitre.

Y, el sábado comenzamos el campo. En una mañana fría y lluviosa, tras buena madrugada, nos sumergimos en una de las altas estepas de la cordillera Ibérica: la paramera de Blancas. Debutábamos en un terreno difícil, con especies de compleja identificación y en unas condiciones complicadas.


Durante el recorrido, cada uno de los tres grupos realizamos un taxiado para intentar estimar la población de alondra ricotí (rocín)  a partir de los cantos que fuimos registrando en nuestro paseo por la loma.


Poníamos atención a los cantos, pero también a las numerosas especies de aves que pudimos ver. Perdiz roja, milano negro, águila calzada, cernícalo vulgar, sisón (anade rastrojero), alcaraván (chorlito aliaguero), críalo europeo, mochuelo, abubilla (burbura), bisbita campestre, collalba gris y rubia (zurribalbas), chova piquirroja, gorrión chillón (chillandra) y, sobre todo, alaúdidos, que salieron casi todos, como la alondra ricotí (rocín), calandria común (corbatera), terrera común (charreta), alondra común (engañapastores) o la cogujada montesina (moñuda de monte).


El paseo por el páramo nos ofrecía la avanzadilla de la floración primaveral ...


  

Y detalles de la belleza que esconden estos parajes solitarios ...


Confluimos los tres grupos en la paridera donde se habían abierto unas redes japonesas y unos cepos-malla. De las bolsas de tela que tenían preparadas fueron saliendo alondras comunes, cogujadas montesinas y, varias collalbas rubias ...


 una de las cuales había sido marcada en el mismo lugar en otra edición del curso lo que provocó una gran alegría ...


Sin enredar mucho salimos hacia Blancas dirección Monreal del Campo donde queríamos visitar un humedal de origen fluvial. Los manantiales donde se hace río el Jiloca: los Ojos de Monreal.


Allí encontramos algunas especies nuevas, más vinculadas a zonas arboladas, carrizales y sotos, como el carricero común, pito real (picorelincho), las palomas zuritas y torcaz, el avión común, el ruiseñor bastardo (con su conocido reclamo "oye-tú-vete-vete-vete", tal como nos comentaba José Luis Rivas) y común, el mito, el carbonero y el herrerillo común, el mirlo, el mosquitero papialbo, el papamoscas cerrojillo, la oropéndola, la urraza (picaraza), el curvo, el gorrión molinero, el estornino negro (tordo), el triguero (clujidor) y varios fringílidos como el verderón común (verderol), el verdecillo, el pinzón vulgar (nevatero), el jilguero (cardelina), aunque faltaron algunas otras especies que esperábamos ver.

Lo que sí que vimos fueron los severos y extensos desbroces realizados en el carrizal para favorecer el acceso a los manantiales, lo que supone un empobrecimiento ecológico de un espacio natural muy valioso. La proximidad del área recreativa favorece su degradación cuando se gestiona con criterios de jardinería.


Comida en Calamocha y, por la tarde, a recorrer uno de los parajes más singulares de la comarca: el valle del Pancrudo. Un río de montaña con su bosque de ribera ...


dehesas de chopos y sauces centenarios,


densos carrizales y prados altos, aljezares, sabinares (albares y negrales), roquedos, cultivos de cereal ...


y cultivos forestales (chopos híbridos). Todo junto. Todo revuelto.

Nada más llegar, junto el emblemático peirón de Navarrete, revoloteaban una pareja de roqueros rojos ...


Uge se inspiró en este valle ...


y desplegó su sensibilidad para recoger imágenes reales ...


o imaginarias ...


Pero, aunque no lo parezca, también pajareamos e incluso hicimos una estación de escucha, otra técnica para estimar poblaciones de aves en el campo. Algunas especies nuevas sumamos a las de la mañana, como los aguiluchos cenizo y lagunero, el buitre leonado, el alimoche (milopa), el gavilán, el ratonero común (águila topera) y el alcotán, la lavandera blanca, el chochín común, el roquero solitario, el zorzal charlo, la tarabilla común (cagamangos) ...


el colirrojo tizón (culirroyo), la curruca mosquitera, el reyezuelo listado (atraído fácilmente con reclamo), el agateador europeo, el alcaudón común, la alondra totovía, el pardillo común (pajarel) y los escribanos soteños y hortelano (escribecartas). 

Y, para rematar esta maratoniana jornada, pasando por el Pago de Navarrete y sus Tollos ...


nos acercamos al embalse de Lechago. 

Un humedal artificial con una extensa lámina de agua, encajado entre montes poblados por carrascales y pinares carrascos de repoblación y con herbazales y carrizales en su cola, por estas fechas algo retraída por la escasez de lluvias en la cuenca.


Prismáticos y catalejos en mano ...


fueron saliendo el ánade azulón (pato fino), el somormujo lavanco (capucete grande), la garza real, la culebrera europea, el halcón peregrino, la focha común (viuda), el andarríos chico, el fumarel común, el avión roquero y zapador, las golondrinas común y daúrica o la lavandera boera (boyerica). 

Aún sacamos tiempo para conocer la feria Ambientalia donde entre otros muchos puestos, nuestras gentes pusieron atención en el de "Plantas olorosas" y la "Memoria de los Árboles" ... 


del naturalista y divulgador científico Miguel Ortega ...


que atrapó con su palabra y sus piezas a nuestros alumnos ...


Finalizamos en el salón de actos del ferial haciendo balance de las observaciones realizadas en la jornada. Ochenta y cuatro especies. No estaba nada mal.

Domingo 30 de abril. A por la avifauna de los roquedos. A las hoces del río Piedra. Salimos en comitiva desde Gallocanta. Primera parada, en el Royo de Santed a ver la colonia de gorriones morunos. Día frío y con viento. La primavera nos mostraba su lado más desabrido.


En ruta, tras pasar la gasolinera de Las Cuerlas, en esos extensos llanos, vemos un macho de sisón en vuelo. Todos pudimos observar cómo se asomaba entre los trigos, lejos, pero muy bien. El sisón está en severa regresión en la cuenca de Gallocanta. La causa, la imparable intensificación agraria.

Pasamos por Torralba de los Frailes y llegamos al cañón del río Piedra. El cauce seco, como en las últimas ediciones. Nos organizamos por equipos con la finalidad de recorrer el tramo hasta la primera colonia de buitres.

Un equipo remontó un tramo aguas arriba del molino internándose en un bosque de ribera de fresnos, chopos y sauces al que desciende el carrascal desde los montes. El cauce, seco y de sustrato limoso, estaba poblado por un herbazal corto..


En las paredes calizas de la umbría crecen las grandes hiedras. En los depósitos del río, los prosperan jóvenes fresnos cuyas particularidades ecológicas explica con detalle Javier Ruiz ...


Estos árboles y los inmediatos peñascos crean un ambiente nemoral en el que prospera la prímula ...


Otros, subiendo un repecho de acusada pendiente, accedemos hasta los expuestos páramos que asoman a la margen derecha del cañón. Es el dominio de la sabina negral, el erizo, el toyago, la salvia y la guillomera. Por el borde del cantil seguimos el curso del río asomándonos a observar una y otra vez.

Hasta llegar a posicionarnos frente a la colonia de buitres. El viento es intenso y debemos protegernos. Los toyagos van completando su floración.


 Los buitres leonados están terminando la crianza y acompañan a su pollo -ya crecido- esta mañana de viento desapacible.


El alimoche, llegado desde África desde hace unas semanas, no pierde el tiempo y ya está incubando en uno de sus nidos, mientras que su compañero sobrevuela el cañón fluvial.


En la ladera de la margen izquierda, en la umbría, prosperan las guillomeras que muestran su espléndida floración blanca.


El equipo que ha descendido por el fondo del cañón tiene otra perspectiva del roquedo.


Vemos algunas especies nuevas para esta edición del curso. La paloma bravía, el vencejo real, el pico picapinos, el petirrojo, el roquero solitario, las currucas rabilarga, capirotada y tomillera, el mosquitero común, el arrendajo y la grajilla.

El equipo de anilladores nos reservaba un buen número de saquillos con inquietos inquilinos. Uno tras otro fueron saliendo. Tras identificarlos, sexarlos, datarlos y tomar otros datos del plumaje y de su condición física fueron liberados ...


  

 

Al pie del viejo chopo cabecero escamondado por Felipe y Miguel Ángel, a iniciativa de la Asociación Cultural El Chismarrako de Torralba de los Frailes, felicitamos a nuestros amigos de Bucardo Folklore Aragonés en su quinto aniversario ...


Volvimos hacia Bello, donde comimos en El Silo. Por la tarde, con la luz a favor, la idea era recorrer la orilla de poniente de la laguna de Gallocanta y la laguna de Guialguerrero.

Unos comenzaron acercándose a la Balsa de los Prados de Bello. La tarde estaba muy movida y el cielo amenazaba lluvia. Pero sacaba los colores de los prados y las aguas ...


 En la que se vieron las primeras cigüeñuelas (aquí conocidas como sarteneras) y a un chorlitejo chico ...


Los barbechos estaban poblados de cenicillas ...


Hacia los prados que hay bajo La Pardina, lejos,  se vieron las primeras avutardas (aucas) ...


Otros fuimos directos al observatorio de La Reguera, en Las Cuerlas. El vaso de la laguna, blanco y seco. Allá lejos, lejísimos, se veían grupos de tarros blancos. Los limícolas que otros años vemos vemos por estas fechas ya deben estar por Noruega, por decir algo.

Directos a la laguna de Guialguerrero. Nos informan de un grupo de gorriones morunos que se dejan ver entre unas zarzas junto a gorriones comunes. Llueve, pero los conseguimos ver. Nos llegamos a la laguna, que también acusa la sequía ... 


Sobrevolaban varias docenas de golondrinas comunes. Y, en el agua, somormujos, algún ánade friso, unas cuantas fochas y el grupo de garza real que cría en los carrizales de enfrente.

Volviendo hacia Gallocanta, Rosa captó la luz haciendo una magnífica serie de paisajes que nos gusta compartir.

Cielos inestables sobre labores y sembrados ...


Cubel, erguido sobre un cabezo, domina su término ...


Arco iris sobre los trigos de Gallocanta ...


La sierra, asomando sobre Berrueco, con su tesela de peñascos, carrascales y labores ...


Los cabezos y los sembrados ...


 Hasta que ya se fue cerrando ...


Finalmente, con una cervecica, hicimos balance de esta segunda jornada. Tan intensa como la primera. Si no más. Noventa y dos especies, de ellas veintiocho nuevas.


Y el lunes 1 de mayo concluíamos con un recorrido monográfico de la laguna de Gallocanta. Frío pero soleado. A darlo todo en la última mañana.

El vaso de la laguna estaba seco ...


pero en los carrizales fueron saliendo más especies, como los carriceros comunes y tordales, los carricerines comunes ....


 y las lavanderas boyeras ...


Alguna aún siguió rebuscando entre los trigos a través del catalejos ...


Y, en otro chopo, nuestro amigo el búho chico sacaba adelante a su prole ...


Imparable el personal, aún buscaban reptiles bajo las piedras encontrando este joven ardacho ...


En fín, que parecía que no teníamos casa. Recogida y nuevo balance. Esta mañana 86 especies, con algunas novedades como el zampullín común, el águila real, el rascón, la grulla, el avoceta, el chorlitejo patinegro, el correlimos común, el archibebe común, la gaviota reidora, la pagaza piconegra, el fumarel cariblanco, el cuco, el vencejo común (que se resistía), el torcecuello, el buitrón, la buscarla unicolor o el zarcero políglota.

Cerrábamos el curso con 124 especies observadas. Algo menos que en otros años. Y con una gratísima sensación de haber disfrutado viendo pájaros por el campo.

¡Hasta la octava!

Chabier de Jaime (texto), Rosa Pérez y Uge Fuertes (fotografías)

martes, 11 de julio de 2017

POR EL VALLE DEL RÍO SANGUSÍN: VACAS, FRESNOS Y ROBLES

Tenía todo un sábado por delante para recorrer el sur de la provincia de Salamanca. El objetivo era ver paisajes, conocer el territorio y, si había tiempo, pasear por algún espacio natural.  Pero había que ir ligero que aquello es muy grande. No sabía si quiera dónde iba a dormir. Poca información previa, tan solo tres referencias: Béjar, la sierra de Francia y Ciudad Rodrigo. 

Y, para hacer una buena ruta naturalista, la mañana ya empezaba mal. Pasaba por Béjar. ¿Cómo no iba a entrar y recorrerla? Mañana fresca, los abuelos y los veraneantes recién llegados con chaqueta y su acento madrileño. Agradable paseo por el casco viejo de esta histórica ciudad, algo venida a menos tras la crisis de la industria textil. Merece la pena callejear a esta hora. Hago acopio de vino, pan, queso y embutido para comer estos días y llevar algún recuerdo. Y de información turística de la zona que pienso visitar. Te alegra ver que el turismo de naturaleza también comienza a arrancar por estas tierras ...

Cojo el coche y tras remontar y dejar el valle del río Cuerpo de Hombre (¡cuidado con el topónimo!) me encuentro con una dehesas de fresnos (Fraxinus angustifolia) claramente trasmochos y en plena gestión, aún cerca de la ciudad de Béjar. Alguna vivienda de segunda residencia en las fincas. El propietario, muy amable, no parece muy vinculado con el aprovechamiento ganadero pero conoce la gestión y el uso de estos árboles. En cambio, no me da razón de los marojos (a los que llama robles) que salpican la dehesa.


Sigo por la carretera. Un par de curvas. Y nueva dehesa de fresnos trasmochos. En realidad, son pastos salpicados de bosquetes y de árboles aislados. Con un gran ganado de vacas negras avileñas descansando sobre el prado, este año precozmente agostado.


Y, un detalle, grupos de marojos (Quercus pyrenaica) podados dejando algunas ramas gruesas dispuestas en distintas direcciones. Gestión activa. Esto se pone cada vez más interesante. No estamos hablando de arqueología etnoforestal. Estamos hablando de una cultura viva.

Para los naturalistas la dehesa es una maravilla pero tiene un gran inconveniente. Suelen tratarse de fincas privadas y cercadas cuyo acceso está restringido. Y, salvo que conozcas a los propietarios, te tienes que quedar viéndola desde fuera. Aún así merece la pena.

Lo tenía claro. Se trataba de coger el primer camino franco y seguirlo. Y no tuve que esperar. Tras superar unos suaves montes descendí a un valle muy abierto: el del río Sangusín. Al poco di con el Camino Real de la Calzada Real de Béjar. Yo no lo sabía, pero era justo lo que iba buscando.


Bajo un dosel de ramas de fresnos me fui internando por el camino ...


Muros de piedra seca construidos con bloques de granito. Muros conservados con detalle, como pude comprobar. Un par de ganaderos dedicaban la mañana a reparar un trozo con ayuda de un tractor.


Muros que ayudan a organizar la gestión del pasto. Pero, al tiempo, muros llenos de vida. Estos kilómetros de muros son, también, un patrimonio construido por generaciones y generaciones de ganaderos. Un monumento que no es recogido en las guías turísticas.

Y es que el granito aflora en estos piedemontes del sistema Central. Bueno en realidad los monzogranitos. Esto es, aquellos granitos que tienen una proporción similar de feldespatos alcalinos y de plagioclasas, además de cuarzo y de mica biotita.


Granito que formaba suaves relieves y, al meteorizarse, liberan cantos y cristales de los minerales que lo componen creando mantos de arenas y limos. Sobre estos materiales sueltos, de origen aluvial y coluvial, prosperarían en su origen marojales y fresnedas, con su corte de arbustos y herbáceas silicícolas. Estos suelos son demasiado poco fértiles para tener un aprovechamiento agrícola. Tienen una clara vocación ganadera. Esto se aprendió muy pronto y en ello se está.

En amplias zonas, el pasto era abierto, desarbolado.


En otras, se agrupaba el arbolado formando bosquetes, sobre todo de fresno pero también de marojo.


Las más de las veces, se intercalaban desordenadamente los árboles entre el pasto.


Algunas vacas pacían en el seco pasto. Tranquilas, ajenas al paso de las horas ...


Las más, sesteaban bajo la sombra de los fresnos ...


Los estorninos negros, con el plumaje mudado, revoloteaban junto a las vacas, sobre todo cuando estas caminaban sobre la hierba. Iban delante de ellas, capturando los insectos que levantaban a su paso los enormes rumiantes.

Y en esas estaba cuando observé a un ganadero que, pozal en mano, estaba junto al muro y al camino. Era la ocasión de saber más. Se llamaba José Antonio y era el propietario, junto con su hermano, de varias dehesas de esta parte del valle de Sangusín. Esperaba encontrar el trato distante de un encargado de finca. Todo lo contrario.

Yo fui a lo mío. La gestión de los árboles trasmochos. Los fresnos eran podados a turnos de veinte años. Los cortaban al final del verano, cuando ya el pasto escaseaba. 


Antaño con hacha y sobre la cabeza del árbol, hoy en día con motosierra, las más de las veces desde el suelo y empleando ya una pértiga para acceder a la rama. Como en nuestra tierra, los mayores sostienen que la cadena de la máquina quema la rama dificultando el posterior rebrote. El corte se hace aquí sin apurar a la cabeza del árbol, dejando un par de dedos para que haya corteza joven con yemas para formar nuevas ramas. Pero sin dejar más rama vieja, pues generalmente se seca ese tramo largo y, al descomponerse su madera, favorecen la podredumbre de la cabeza del árbol. 

Me contaba José Antonio que el corte debía dejar una superficie ligeramente convexa para favorecer que el agua escurriera y evitar así la entrada de hongos por la superficie de corte. Es más, él suele realizar un corte plano a unos 30 cm por encima de donde desea dejar el corte definitivo. Y, ya sin la molestia de la rama, dar el segundo corte, este con la curvatura convexa, produciendo tras ello un tarugo. 


Se trataba, a toda costa, de evitar la descomposición del duramen del fresno. De evitar que se "cariara". 

Me decía que eran árboles muy antiguos. Me mostraba un fresno de unos 60 cm de diámetro normal de tronco asegurándome que tendría unos 400 años. No lo sé. Él no había observado cambio alguno en el diámetro en sus cincuenta años de vida. 

La madera tenía mala salida. Las ramas de veinte años ya tienen cierto diámetro y ya contienen algo de madera. A pesar de ello, no conseguían resultar de interés para los maderistas, ni -de momento- para la industria del pellet. Él las aprovechaba como combustible doméstico, ofreciendo la restante a los vecinos.

Le concedía una gran importancia a los fresnos trasmochos. No eran un relleno en el paisaje. Un ornamento en la finca. Era consciente de que habían formado parte del sistema de producción desde hace siglos y así debía seguir ocurriendo en el futuro. Y, también reconocía que estos árboles no se improvisan, que había que cuidarlos y podarlos con esmero para mantenerlos en el tiempo.


Se lamentaba de la penalización que recibía la presencia de árboles en las subvenciones a la superficie de pastos diseñada por la Política Agraria Comunitaria. La proyección de la copa de los árboles queda excluida como superficie de pasto a efecto de las ayudas. Los burócratas que definen las políticas agrarias europeas desconocen que, aunque menos, el pasto crece bajo los árboles y, además, lo hace unas semanas después que a cielo abierto, algo muy importante en entornos mediterráneos donde el pasto se agosta rápido. Pero, además, parecen ignorar que el ramaje aporta un forraje de gran interés. Y, por supuesto, el gran valor ambiental -por no decir el cultural- que presentan estas formas ancestrales de gestión de los montes.


Se lamentaba, sobre todo, de que los políticos castellano-leoneses no supieran defender estos argumentos en Bruselas.

En un año normal, la hierba se siega al final de primavera y se recoge para el invierno. Este año ha venido muy malo por la acusada sequía. No se ha llegado a segar. El heno se aprovecha a diente sobre el campo. Este año, habrá que comprar el forraje.

Criaba unas vacas de capa marrón rojizo, de raza para mí desconocida. Otras eran charolesas, de color blanco. Pero las más eran negras avileñas. Las que producen el famoso chuletón de Ávila. 

Me hablaba con pasión de la gran calidad de la carne que producía y se interesaba por el vacuno que consumíamos en Aragón. Vengo de un pueblo de Teruel donde las vacas de carne son una rareza y se crían en intensivo. Se interesaba por abrir nuevas líneas de comercialización. Teruel no es el mejor mercado, estamos cuatro y el de la guitarra, y tenemos un excelente cordero, además del porcino. Ellos suministran a varias carnicerías selectas de la ciudad, esas que pagan bien por la carne de calidad. Pero estas no son suficientes para dar salida a toda su producción. Algunos años las han vendido a Mercadona, pero esta cadena compra a unos precios bajos para la calidad del producto, vendiendo esta ternera junto a carnes de una calidad muy inferior. Si pueden, ya no repiten.


Me invitó a entrar a la finca para mostrarme mejor los árboles y sus cuidados. 

Me hablaba de la belleza del paisaje de la dehesa. "Somos privilegiados por trabajar aquí" apuntaba ...


Me llevó a visitar el cubierto donde se criaban los terneros. Lo había construido este año. "Siempre hay que hacer inversiones", me apuntaba. Traslucía satisfacción y orgullo por su trabajo.


Eran los terneros que, tras seis meses de alimentarse de la madre, engordaban a base de harina de cebada, maíz y soja antes de ser vendidos para su sacrificio. 

Le pregunté si aún realizaban la trashumancia. Me comentó que ellos no la hacían. Esa práctica era más habitual entre los ganaderos de los pueblos altos de la sierra de Béjar pues allí los pastos se cubrían por la nieve en los meses de invierno.

Volvimos a mi terreno. Le pregunté por la poda de los marojos. En rigor, no eran árboles trasmochos pero sí árboles de poda ("working trees", que dice Ted Green). Tenían la misma utilidad que los fresnos trasmochos. Se tiraban las ramas para ofrecer hoja a las vacas en épocas de necesidad. Pero seguían diferente manejo. Se cortaban todas las ramas salvo dos o tres vigorosas, tanto de posición vertical como horizontal, desde las que crecían nuevos brotes, cortándose con el tiempo el extremo de las ramas mantenidas.


Me comentó que a los guardas forestales no les gustaba esta poda, lo que contrariaba a los mayores de la zona que lo venían haciendo desde hace siglos. Desvinculaba la presencia del "gusano grande y blanco que vive en la madera y arruina a los robles" con la poda. La plaga de Cerambyx cerdo y de C. welensii que afecta a encinas y robles en las dehesas castellanas. Él reconocía que a los robles no les conviene hacer cortes de gran diámetro, pues favorecen la pudrición y la entrada del gusano.


Mientras tanto, y al calor de la incidencia de la plaga de estos coleópteros, hay un encendido debate sobre las ventajas y los inconvenientes de la poda de los robles en Castilla y León entre los gestores, los ganaderos y los conservacionistas.

Las abubillas y, sobre todo, los rabilargos eran comunes en esta dehesa. Me hablaba José Antonio de "un pájaro azul, la carraca le llaman, que cría en los huecos de los árboles. Teníamos en la finca una pareja pero ya no se ve desde hace cuatro años". Lo decían con pena, sentido.

Llevábamos casi una hora hablando pero para mí fue un instante. Él tenía quehaceres y se hubiera quedado gustoso. Yo, que viajar hacia el oeste. Y también me hubiera quedado más rato. ¡Cuánto alimenta aprender de estos maestros!

Me ofreció seguir en la finca, dejando la puerta bien cerrada. Estuve un poco más y marché. El sol estaba muy alto. No daba tregua. Las vacas buscaban refugio. No era el mejor momento del día para andar la dehesa. Era el momento de marchar.


Volví tomando fotos al ritmo de un par de senderistas que iban recorriendo el Camino Real. Al poco de incorporarme a la carretera y tomar dirección hacia la sierra de Francia, me crucé con la Cañada Real Soriana Occidental ...


Una vía pecuaria que conecta la cordillera Ibérica en su sector de Soria con las dehesas del norte de Badajoz, pasando por Segovia, Ávila, Salamanca y Cáceres recorriendo la cara norte del Sistema Central al que, precisamente, cruza a su paso por Béjar. En este mapa tomado de Wikipedia, es la ruta número 8 (en morado)


Uno entiende el fuerte vínculo cultural que se ha trabado entre los castellanos a través de este viaje que, cada año, realizaban dos veces ganados y ganaderos desde el siglo XII.

Me subí al coche, pensando en estos paisajes, en estos viejos árboles, en estos ecosistemas, en esta sabia cultura que ha producido alimento sin deteriorar sustancialmente los recursos.

En los restaurantes nunca he sido muy de chuletón, esa pieza de carne que parece reservada a los hombres muy hombres y que hay que pedir enfáticamente al camarero: 

- Yo, un chuletónnnnnnn .... Si, así, con varias enes.

Pero, después de este viaje, debo reconocer que cuando vea un chuletón lo haré con otros ojos. Con los ojos de lo aprendido con José Antonio, el amable ganadero del valle del Sangusín y con el del paisaje único que encierran estas dehesas de fresno y roble. Eso sí, si lo pido, lo haré con una ene.

sábado, 17 de junio de 2017

PREMIO PALMIRA PLÁ PARA EL ESTUDIO DEL CIERVO VOLANTE

Palmira Plá fue una brillante pedagoga, maestra y política nacida en 1914 en Cretas/Queretes (Matarranya). Una mujer de una interesantísima trayectoria personal, fruto de su trabajo y su vocación docente en medio de la convulsa época que le tocó vivir. Tras el desempeño de su labor como maestra en Aragón, tuvo que exiliarse al cabo de la Guerra Civil Española, primero a Francia y después a Venezuela. Allí, aplicando los principios pedagógicos de la Escuela Libre de Enseñanza fundó en Maracay, junto a su esposo, el Instituto Calicanto, un centro de un gran prestigio. Con el final del franquismo retornó a España volviendo a su escuela, primero en Valdealgorfa (Bajo Aragón) y después en Almassora (Castellón), por cuya provincia fue diputada en las Cortes Generales entre 1977 y 1979.


Creó varias fundaciones a las que destinó dinero de la venta del Instituto Calicanto, fomentando así la formación de niños y jóvenes. Primero, de estudiantes venezolanos en la Universidad Carlos III (Madrid) y después de niños de la escuela rural en varias provincias españolas, especialmente en la de Teruel. La Fundación Palmirá Plá dota anualmente de medios económicos a varios centros innovadores del medio rural turolense. Y, en paralelo, instituyó el Premio Palmira Plá "Patrimonio Cultural y Natural" que en 2017 llegaba a su sexta edición. El objetivo de este premio es estimular las acciones educativas sobre temas patrimoniales en la provincia de Teruel entre los centros de Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato. Este premio se establece mediante un protocolo de colaboración entre el Servicio Provincial del Departamento de Educación, Cultura y Deporte de Teruel y la Fundación Palmira Plá.


El pasado miércoles se hizo la entrega de VI edición de los premios en la localidad de Andorra (Teruel). Fue un acto al que asistieron los responsables del Servicio Provincial del Departamento de Educación en Teruel, el secretario de la Fundación Palmira Plá, el director del Instituto y la alcaldesa de dicha localidad.

Resultó un acto muy emotivo y en él participaron los alumnos y profesores del IES Pablo Serrano que recogieron el Primer premio por un proyecto de reforestación realizada durante el presente curso en el término municipal de Andorra. El CRA Alto Maestrazgo, formado por los colegios de Cantavieja, Fortanete, Pitarque, La Iglesuela del Cid y Villarluengo, obtuvo un segundo premio por un trabajo de investigación sobre el patrimonio cultural material (esculturas, forja ...) y el inmaterial (tradiciones ...).

El trabajo "Siete años estudiando el ciervo volante en Calamocha" presentado por el IES Valle del Jiloca de Calamocha fue merecedor de un accésit. En el mismo, se describe el trabajo realizado por varias promociones de estudiantes en el que se ha intentado estimar la población de este conocido coleóptero, su tendencia en este periodo, así como la fenología aplicando una técnica basada en la realización de transectos con una metodología pautada (método Pollard) y contrastable con otros estudios similares. Así mismo, se incluyó la difusión del estudio en jornadas científicas y a través de internet, y también la incidencia que este trabajo ha tenido en la vida académica del centro y en su entorno social.


Desde este blog queremos dar la enhorabuena a los catorce alumnos que han participado en el seguimiento, que han difundido su interés ambiental entre sus compañeros, que no han dudado dedicar su tiempo libre (a pesar de las picaduras de mosquitos y de ortigas) y que han elaborado este estudio.