Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

domingo, 11 de agosto de 2013

ECOLOGISTAS EN ACCIÓN-OTUS Y LA LAGUNA DEL CAÑIZAR

Hace ya 271 años de la Promulgación de las “Reales Ordenanzas y Providencias (…) del rio Cella (…) ”[i]

[i]Las “Reales ordenanzas y providencias dadas por Su Magestad y su Real Consejo a los siete pueblos del río Cella, para el buen govierno, distribución de sus aguas, limpias y conservación de sus obras, etc.,” fueron aprobadas el 3 de agosto de 1742. Por si alguien quiere consultarlas, existe una edición publicada en Zaragoza, en 1787, por Juan Ibáñez y una reedición de 1925 (publicada a instancias de la Junta Local de Aguas de Cella), a la que se añadieron los textos de una sentencia del Tribunal Contencioso Administrativo de Teruel, de 16 de mayo de 1879, y un Real Decreto de Alfonso XII, de 1880, refrendado por el Consejo de Ministros de 2 de junio de 1880,  publicado por la imprenta turolense de Arsenio Perruca, en 1925.

otorgadas por el Rey Fernando VI (1713-1759), por las que se establecían las normas de riego y uso de las aguas que afloraban en Cella para los siete municipios del "Alto Jiloca" (Cella, Santa Eulalia, Villarquemado, Torremocha, Torrelacárcel, Alba y Villafranca del Campo), unos pueblos que andaban enfrentados entre sí por el tema del agua, hecho del que tenemos constancia a través de diferentes pleitos y litigios documentados en los años 1750 o 1753, entre otros[ii].

[ii] José Ignacio Gómez Zorraquino (2001), “Aportación al estudio del regadío en los siete pueblos del río Cella (S. XVIII)”, Revista Xiloca, nº 27. Centro de Estudios del Jiloca.

Estas normas tenían el fin por una parte, de producir más alimento (en aquellos años de hambrunas), pacificando los ánimos de enfrentamiento entre municipios, y por otra la de desecar la Laguna del Cañizar, para evitar lo descrito en las Reales Ordenanzas como "corrupción del Ayre que tanto daña la salud de los habitantes circunvezinos" y que a la sazón resulta ser un sinónimo del vocablo italiano "mal ayre" o malaria (paludismo). Una enfermedad cuya vía de transmisión a través de mosquitos no fue descubierta hasta 1898, y que en la época de las citadas Ordenanzas se atribuía a los malos aires u olores provenientes de zonas pantanosas.

Prados y choperas Cañizar 07

A pesar de aquel gran avance científico, todavía queda actualmente en la mente de muchos vecinos de municipios ribereños de humedales mediterráneos, la falsa creencia (transmitida generación tras generación) de lo perjudicial de esos malos aires. En nuestra zona, incluso hay quien define despectivamente los humedales como charcas o "cenagos”, fuentes de enfermedad y focos de mosquitos, infecciones y enfermedades, tanto para el ganado como para las personas.

A consecuencia del paludismo y por diversos proyectos agrícolas, durante todo el siglo XIX y hasta mitad del XX, muchos humedales de toda España fueron desecados, incluso la cercana laguna de Gallocanta sufrió la amenaza de su posible drenaje hasta hace solamente 40 años. La intervención de los primeros "naturalistas" españoles, encabezados por Félix Rodríguez de la Fuente y Adolfo Aragüés, evitaron la desecación de la misma, siendo en la actualidad uno de los espacios naturales más conocidos y visitados de todo Aragón.

En 1964 se declaró España "libre de paludismo" y con el país industrializado e integrado en 1986 en la Unión Europea, muchos antiguos planteamientos agrícola-ganaderos son modificados por la Política Agraria Comunitaria (PAC) y se apuesta por nuevos modelos más respetuosos con el medio ambiente y sus recursos. Estos modelos son reclamados por la ciudadanía europea, que es quien pone los fondos, exigiendo la recuperación de espacios naturales perdidos para su ocio, disfrute y mejora de la calidad de vida. Para ello, se crearon diferentes tipos de ayudas y subvenciones que compensan las posibles pérdidas económicas a la población local, para poder competir en igualdad con aquellos que no tienen limitaciones, y para desarrollar una agricultura y una ganadería comprometidas con el medio ambiente. Estas ayudas siempre son proporcionales al respeto ambiental: debe cobrar más, quien más cuida, y así lo debemos exigir la ciudadanía.

La recuperación del Cañizar ha permitido rescatar un tesoro natural que teníamos perdido, con más de doscientas especies de aves distintas descritas en tan solo cinco años, muchas de ellas con la categoría de especies amenazadas e incluso dos de ellas en peligro de extinción, con una flora y fauna diversa que sorprende no solo a científicos y universidades, sino también al visitante no especializado. No se puede permitir que se vuelva a desecar la laguna como está ocurriendo en la actualidad, ya que, aunque se pudiese volver a recuperar este tesoro, quizás en una futura nueva recuperación nos falten ya muchos elementos de su biodiversidad.

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Estación de anillamiento científico de aves. Verano de 2007

Los diversos factores (algunos de ellos con causas de origen natural) que han conllevado su progresiva desecación, así como la irresponsabilidad de los que la han permitido, vulnerando directivas y normas europeas de conservación de especies así como leyes estatales y decretos autonómicos, no pueden continuar. Hay que buscar soluciones urgentes. Y una de ellas pasa precisamente por tratar de formar un equipo multidisciplinar para investigar y conocer cómo debe gestionarse el agua y los ciclos naturales de esta laguna, teniendo una garantía de que la regulación del agua y el funcionamiento de la laguna del Cañizar, se ajustará a los ciclos naturales lo máximo posible.

Nos encontramos en una situación similar a la de 1742 con pleitos y demandas, pero por motivos completamente diferentes, porque el paludismo ya se erradicó y la agricultura y la ganadería han evolucionado mucho desde entonces, permitiendo obtener beneficios no solo por parámetros productivos, sino también compensatorios, que deben ser utilizados para que no existan perjudicados. Nadie debería preocuparse por un posible "cambio de vida", más bien al contrario habría que pensar que se abren nuevas posibilidades para quien sí que apuesta por el cambio.

Continuar por el camino de pleitos y juzgados, bien por parte de la "Plataforma Antilaguna", las Juntas de regantes, la administración o las organizaciones que nos sentimos afectadas por la pérdida de valores naturales, perjudicará a todos, siendo la naturaleza y el legado que dejaremos a nuestros hijos los que más perderán. No podemos permitirlo.

Sólo queda un camino y es el consenso, un consenso que permita la recuperación definitiva del Cañizar. Hay que escuchar a la población local que se siente afectada, que exponga sus intereses genuinos, y estimular a quien administra y gestiona, a quien “puede hacer”, para que dé solución a los posibles problemas de esa sociedad demandante que, en último término, debe sentirse orgullosa de su recuperación, siendo siempre partícipe de la misma y del futuro de la laguna.

Al rey de las Reales Ordenanzas, Fernando VI, se le conoció como Fernando "El justo" y también "El prudente”. Desde Ecologistas en Acción-OTUS, esperamos que todas las partes implicadas también lo seamos, y tomemos conciencia de la importancia que los recursos naturales tienen para nuestro desarrollo social y económico, y para nuestro bienestar y el de las generaciones venideras. Porque lo importante, siempre, es el interés y el bien general, el de todos. Nuestra asociación, Ecologistas en Acción Otus, va a trabajar en este sentido, y para ello estamos redactando un manifiesto en apoyo de la conservación de la laguna del Cañizar, que esperamos hacer público en las próximas semanas.    

Fco. Javier Martín Gómez (Secretario de Ecologistas en Acción-OTUS)

jueves, 8 de agosto de 2013

CHARLA-TALLER DE PLANTAS MEDICINALES Y COSMÉTICA NATURAL EN BAÑÓN

El próximo sábado día 10 de agosto y dentro del programa “Jornadas de cultura local” organizado por la Comarca del Jiloca y el Centro de Estudios del Jiloca, tendrá lugar en Bañón, a las siete de la tarde, una charla proyección sobre “Las plantas en la medicina popular y tradicional de la comarca del Jiloca”, seguida de un taller de cosmética natural donde se mostrará cómo elaborar productos a base de plantas naturales.

La charla será impartida por Eulàlia Picornell, naturalista, miembro de Biodiversidad Virtual como coordinadora en la provincia de Teruel y de Botica Naturista (empresa familiar dedicada a la “Perfumería y cosmética natural desde 1907”), y Pilar Edo, naturalista y etnóloga. El acto tendrá lugar en el salón del Ayuntamiento de Bañón y la entrada y participación es libre, aunque es recomendable inscripción previa en el Centro de Estudios del Jiloca (secretaria@xiloca.com).

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En la primera parte de la Jornada se expondrá cómo el gran y diverso espacio geográfico que ocupa la comarca del Jiloca, da lugar a que en este territorio y, debido a las diferentes características geológicas, climáticas y biogeográficas, se den diferentes formaciones vegetales donde se localiza una gran riqueza en especies vegetales, algunas de ellas con usos o propiedades medicinales.

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De sobra es conocido que buena parte de los preparados de farmacopea actuales tienen su base en el uso de plantas naturales con propiedades medicinales holgadamente demostradas. La proyección del sábado hará hincapié en el hecho de que los usos populares de las plantas en nuestros pueblos (tanto a modo de remedios curativos como de protección), poseen características muy concretas y no siempre el uso que se les da a determinadas plantas, coincide con las propiedades atribuidas a las mismas en los manuales o publicaciones científicas.

El estado de las investigaciones en nuestra zona carece de estudios específicos, por lo que buena parte del trabajo que se presenta es fruto de la información recogida en nuestro territorio, a través de un constante trabajo de campo de identificación y fotografía complementado con la consulta de obras especializadas, y de entrevistas a la gente mayor de nuestros pueblos. Ambas labores de necesaria y apremiante realización si queremos rescatar y conservar toda esta sabiduría tradicional entorno al mundo vegetal que, en tiempos pasados, fue tan importante para las sociedades rurales del Jiloca.

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En la charla-proyección se mostrarán algunas de las plantas medicinales de nuestra comarca, así como sus usos y propiedades, concluyendo la Jornada con un taller práctico en el que Eulàlia nos mostrará cómo pueden usarse las plantas, qué tipo de preparados pueden elaborarse, condiciones de recogida, uso y conservación de las plantas y preparados, … mientras nos enseña a elaborar un bálsamo de hipérico, con propiedades cicatrizantes y antiinflamatorias.

Pilar Edo

martes, 6 de agosto de 2013

LA DEHESA DE CASTELLAR DE LA MUELA

La sierra de Caldereros es un conjunto de montes situados en zona central de la cordillera Ibérica, en su vertiente occidental. Se extiende desde Molina de Aragón hasta Hombrados, en plena comarca del Señorío de Molina, en el confín oriental de Castilla.

Presenta un sustrato geológico constituido por areniscas y conglomerados silíceos depositados durante el Triásico: los característicos rodenos del Buntsandstein que afloran en otras amplias zonas de la cordillera.

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Participa en el clima continental frío y seco propio de esta parte de la Ibérica, aunque se beneficia de las masas de aire húmedo del Atlántico que remontan el valle del Tajo por lo que tiene una pluviometría de unos 550 mm., ligeramente superior a la vecina comarca del Alto Jiloca.

La sierra de Caldereros hace de divisoria entre el valle del río Gallo, afluente del Tajo, y el del río Piedra, afluente del Jalón (cuenca del Ebro). Diversos arroyos temporales divergen hacia una u otra cuenca alimentando ambos ríos con caudales marcados por la estacionalidad y la irregularidad interanual.

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La vegetación potencial es un robledal mixto con predominio del marojo (Quercus pyrenaica) sobre el rebollo (Quercus faginea) en las zonas con suelos profundos y matorrales silicícolas de estepa (Cistus laurifolius), biércol (Calluna vulgaris) y cantueso (Lavandula pedunculata) en las zonas más expuestas y con afloramiento rocoso. Estos arbustos y las herbáceas de ambientes abiertos propias de sustratos silíceos se han visto favorecidos por la acción humana al ser transformados los bosques primigenios en tierras de labor, pastos y matorrales.

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El interés geológico, la singular flora y fauna que habita en estos montes, así como la gran belleza paisajística que conforma el conjunto, la han hecho merecedora de que 2.368 hectáreas fueran declaradas Monumento Natural por el Gobierno de Castilla-La Mancha en 2005.

Castellar de la Muela es un pequeño pueblo que se encuentra en la vertiente de solana de la sierra de Caldereros. En las amplias vaguadas comprendidas entre los riscos de arenisca dispone de una dehesa comunal en la que se aprovechan desde hace siglos los pastos y leñas. Hace unos días la visité acompañado por Uge Fuertes, agente medioambiental buen conocedor de sus valores naturales, para conocer los marojos trasmochos que alberga.

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El paisaje es un conjunto formado por amplias praderas frescas y bosquetes de tallares de marojos salpicados por viejos trasmochos en las hondonadas por las que discurren los arroyos de la Dehesa y de los Tormos, y por matorrales heliófilos de estepa, brezo y cantueso en las zonas en las que aflora la arenisca.

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Los marojos trasmochos son abundantes. Tal vez haya un par de cientos. Abundan los de menor talla pero también son comunes los árboles grandes, e incluso los hay de dimensiones monumentales, tanto por el diámetro de tronco como por su altura. Muchos tienen el tronco hueco y es habitual que tanto su corteza como su ramaje esté colonizado por líquenes crustáceos, claro indicador de la influencia de la criptoprecipitación asociada a las nieblas.

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Desconocemos la historia de su aprovechamiento. Los árboles han perdido el turno de poda al menos hace cincuenta años no apreciándose signos de escamonda. Los vecinos no tienen memoria de ello. Se observan tocones no muy antiguos en algunas zonas.

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Muchos árboles y bastantes tallares se muestran puntisecos. Acusan las sequías de las últimas décadas. El marojo se encuentra en su límite ecológico pluviométrico. También manifiestan el abandono de la escamonda, capaz de rejuvenecer el ramaje.

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La razón de ser de estos viejos árboles se ha debido a que proporcionaban alimento (bellota y hoja), además de sombra, a los ganados de vacas, ovejas y cabras propiedad de este monte comunal. En menor medida también aportarían leñas, aunque estas provenían fundamentalmente de los tallares.

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Hay zonas en las que la dehesa tiene un alto grado de naturalidad. Grandes y jóvenes árboles, de diferentes dimensiones, con abundante madera muerta, con un estrato arbustivo bien trabado … seguramente al haber cedido la presión humana.

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Esta dehesa conserva un aprovechamiento de pastos para vacas que se mantiene en vigor. Es lo mejor que le puede ocurrir a los viejos trasmochos, que se mantenga una población de ungulados. Este uso del monte es cada vez más escaso en estas sierras bajas de la cordillera. Tiene un gran interés ecológico, histórico, cultural y paisajístico en sí mismo.

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Por otro lado, la concentración de marojos trasmochos de la Dehesa de Castellar de La Muela resulta completamente extraordinaria en esta parte de la Ibérica. Su número, sus dimensiones, los aprovechamientos asociados, la vida silvestre que albergan y el valor escénico que aportan debieran haber sido tenido en cuenta para incluirla dentro del Monumento Natural en cuyos límites se encuentra. Sorprende el escaso reconocimiento concedido por los responsables en la conservación del medio natural del gobierno castellano manchego.

domingo, 4 de agosto de 2013

PEQUEÑOS GRANDES CAMBIOS

Durante años el sistema de ortofotografía del Instituto Geográfico Nacional se ha ido actualizando a través del programa PNOA, que tiene como objetivo la obtención de ortofotografías aéreas digitales con resolución de 25 ó 50 cm y modelos digitales de elevaciones (MDE) de alta precisión de todo el territorio español, con un período de actualización de 2 ó 3 años, según las zonas. Se trata de un proyecto cooperativo y cofinanciado entre la Administración General del Estado y las Comunidades Autónomas.

Hace pocas semanas se actualizaron las imágenes con ortofotos del año 2012, aunque SITAR permite la consulta de las anteriores ortofotos, en este caso que vamos comentar del año 2009.

El caso es que permiten ver cambios en el paisaje que de otra forma pasarían prácticamente desapercibidos. En este caso os queremos mostrar la concentración parcelaria de Lagueruela.

En la RESOLUCIÓN de 12 enero de 2009, del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental, por la que se adopta la decisión de no someter a evaluación de impacto ambiental el proyecto de concentración parcelaria de Lagueruela (Teruel), promovido por el Departamento de Agricultura y Alimentación del Gobierno de Aragón. (Nº Expte. INAGA/5002 01/01B/200 8/02790) se exponía lo siguiente:

“El objeto del proyecto es la mejora de las condiciones y la rentabilidad de los cultivos de secano del municipio mediante la reducción del número de parcelas, el aumento su cabida y la mejora de las infraestructuras agrarias existentes o la ejecución de nuevas. La superficie de concentración parcelaria es 1.493,45 hectáreas (el 56,78 % del término municipal). Se ha excluido el dominio público forestal, el caso urbano, eras y parcelas próximas al casco urbano y otras zonas forestales o agrícolas de importante pendiente.”

Tras las obras pertinentes estos son los cambios en el paisaje:3

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Como puede apreciarse en muchos barrancos y pequeñas ramblas se ha eliminado toda superficie vegetal y se han incorporado directamente a la superficie de cultivo. Esto supondrá barranqueras seguras tras episodios de lluvias torrenciales o muy intensas. Se ha eliminado prácticamente toda la vegetación situada en ribaceras y en definitiva el ambiente agrícola ha hecho desaparecer por completo todo atisbo forestal, ese paisaje de “bocage” que tanta importancia tiene en los ambientes agrícolas y que constituye la elección más sostenible desde el punto de vista agroforestal, pues asegura la convivencia de especies animales y vegetales propias de ambos ambientes.

La pérdida de biodiversidad de nuestros campos es imparable. La producción agrícola se impone frente a la sostenibilidad de los agroecosistemas y las concentraciones parcelarias siguen llenando de silencio nuestros campos tras el paso de las enormes máquinas.

Algún día nos daremos cuenta de todo ello. Quizá la falta de especies cinegéticas en estos ambientes rurales sea el primer gran aviso… pero será demasiado tarde.

miércoles, 31 de julio de 2013

UNA TARDE EN LA LAGUNA DE LA ZAIDA

La laguna de Gallocanta es una singularidad hidrológica. Sus dimensiones, la composición química de las aguas, el carácter fluctuante, su desconexión de la red fluvial, la situación entre las cuencas del Ebro y del Tajo y el ocupar el fondo de una amplia planicie en plena cordillera Ibérica, a mil metros de altitud, le otorgan un gran interés geográfico.

Otro de los rasgos de este humedal es que no está aislado. Forma parte de un conjunto de más de veinte encharcamientos superficiales, el más abundante de toda la cordillera, en el que se da una gran variedad de tipos de lagos: extensos, medianos o pequeños, dulces, salobres o saladas, ocasionales o permanentes, de recarga (endorreicas) o de descarga (manantiales), profundas o someras…. asociadas a múltiples situaciones geológicas y a una notable diversidad de respuestas de los sistemas ecológicos.

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Un solo dato aportado por el profesor Francisco Comín: en ellas pueden encontrarse el 70% de las especies de crustáceos de la península Ibérica propias de lagunas fluctuantes.

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En su mayor parte se distribuyen en los sectores occidentales de la gran cuenca endorreica, repartiéndose en dos zonas. En la parte suroeste, a caballo entre Castilla y Aragón (La Yunta, Campillo de Dueñas y Odón), aparece un conjunto de pequeñas células endorreicas en las que el sustrato arcilloso ha permitido la formación de una docena de lagunas semipermanentes. En la parte noroeste, las calizas mesozoicas son el origen de depresiones kársticas en cuyo fondo aparecen algunas de las mayores lagunas. Entre ellas, la segunda en extensión de todo el complejo: la laguna de La Zaida.

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Ocupa el fondo de una cubeta de dos kilómetros de diámetro. Tiene aguas dulces y una profundidad máxima de un metro. En sus márgenes resaltan las calizas cretácicas formando escarpes y suaves lomas.

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En el fondo se acumulan limos y gravas aportados por el arroyo que la alimenta al recoger aguas de la sierra de Santa Cruz. En realidad, se trata de un polje activo que tiene su sumidero en la parte sur. Sus márgenes presentan unas playas de limos y arenas, aunque actualmente están muy modificados por la actividad agrícola.

La Zaida posee su propia cuenca endorreica. Sin embargo, desde el siglo XVI tiene un régimen de inundación regulado por los ayuntamientos de Used y de Gallocanta mediante la construcción de una presa de mampostería (La Parada) con una compuerta, así como un canal de evacuación (la “Acequia Nueva”) hacia la inmediata cuenca endorreica de Gallocanta a cuya laguna desemboca a través del arroyo de La Cañada, bajo la Loma de la Virgen. En este acuerdo se estableció que la compuerta tendría un régimen de apertura en años alternos.

Así, su cierre supone que las aguas de escorrentía procedentes de Used se desvían hacia la laguna de Gallocanta dejando seco el fondo de la cubeta de La Zaida lo que permite su puesta en cultivo que se reparte entre los vecinos mayores de dicha localidad en pequeñas y alargadas parcelas.

El año siguiente, en el mismo día (a mediados de agosto), la compuerta se abre permitiendo que las aguas puedan inundar el fondo de la depresión y que pueda formarse la laguna de La Zaida. Esto ocurrirá en el caso de que sea un año húmedo. Si las lluvias son muy abundantes puede alcanzar una extensión máxima de 215 hectáreas y una profundidad media de un metro. Pero esto no es lo habitual. En años de pluviometría menos generosa, la superficie inundada puede ser mucho menor llegando a mostrarse completamente seca, con los rastrojos del año anterior a la vista en no pocos casos.

Al año actual le correspondía abrir la compuerta. Y además ha sido un año con un otoño, un inverno y una primavera lluviosas. Este final de primavera, la laguna de La Zaida se mostraba como en algunos de sus mejores años.

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En el marco del 4º Curso de Ornitología Práctica de la Universidad de Verano de Teruel que organiza A.D.R.I. Tierras del Jiloca y Gallocanta la tarde del sábado 29 de junio fuimos a visitar La Zaida. Estaba espléndida. Desde el mirador situado junto a la carretera hacia Cubel desplegamos media docena de catalejos, una veintena de prismáticos y las habituales ganas de aprender, compartir y disfrutar que caracterizan a este curso.

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En las orillas se concentraban las cigüeñuelas.

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Cigüeñuela. foto. Rodrigo Pérez Grijalvo

Un par de cientos, al menos, entre adultos y jóvenes. La Zaida ejerce el papel de zona de concentración de ejemplares tras el periodo reproductor. La comunidad de invertebrados bentónicos que se desarrolla de forma explosiva durante la primavera ofrece alimento a estas limícolas en las orlas inundadas de la profundidad adecuada.

En cambio, sin poder dar una explicación, las avocetas eran mucho más escasas.

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Avoceta. Foto: Rodrigo Pérez Grijalvo

Entre las jóvenes plantas de girasol encontramos un pollo de avefría, tan inválido como vulnerable ante la pléyade de depredadores que merodeaban por el entorno del humedal. Sus padres se afanaban en buscar pequeñas presas en las laboreadas playas. Aún siendo común, la población de avefría era discreta estando los adultos muy repartidos, aquí y allá.

En los herbazales de las orillas y entre los ribazos de los campos próximos las lavanderas boyeras terminaban la temporada de cría ….

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Adulto de lavandera boyera. Foto: Rodrigo Pérez Grijalvo

Hacia la orilla de saliente, los adiestrados ojos de José Luis Rivas, Javier Ruiz, Fernando Salas, Marco Escudero y Antonio Torrijo junto con los de las alumnas y alumnos del curso, iban encontrando un gran número de especies de anátidas, limícolas, garzas, rapaces y gaviotas. Y allá que nos fuimos, donde encontramos a José Miguel Pueyo que también se había acercado a disfrutar de una tarde pajarera por este humedal.

En los linderos de las estrechas y largas parcelas de cultivo del fondo de las cubetas crecen herbazales que se van desdibujando conforme aumenta la profundidad. También son sistemas ecológicos inestables, que deben adaptarse a la periódica inundación, a la sequedad y al periódico laboreo de su entorno. Estos estrechos ribazos ofrecen oportunidades para el descanso, la alimentación y, especialmente, la nidificación de las aves acuáticas de La Zaida.

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En las aguas libres había alguna pareja de somormujo lavanco y de zampullín cuellinegro.

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Pareja de somormujos lavancos. Foto: Rodrigo Pérez Grijalvo

Sin encontrarse en grandes concentraciones podían verse diversos patos, tanto de superficie como son el azulón, el ánade friso, el cuchara, el tarro blanco o la cerceta carretona, como buceadores como son el porrón común y colorado. Algunos de ellos estaban acompañados de paticos (cuchara, tarro blanco y azulón), otros son ejemplares no reproductores. El número de especies nidificantes de la cuenca de Gallocanta se enriquece especialmente estos años de aguas altas en los que se animan a criar varias especies que lo hacen con de forma irregular, lo que incrementa su interés ornitológico.

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Grupo de tarros blancos. Foto: Rodrigo Pérez Grijalvo

Pero también se veían diversas ardeidas. La escasa salinidad de las aguas y la abundancia de precipitaciones favorecen a las poblaciones de presas (crustáceos, insectos y anfibios) y las de depredadores, como la garza real, la garceta grande y la garceta común.

Las gaviotas reidoras criaban en los ribazos y en las orillas, aunque mantienen un intercambio permanente con la población de Gallocanta, a donde van y vienen de forma continua.

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Pareja de gaviotas reidoras en plumaje nupcial. Foto: Rodrigo Pérez Grijalvo

Sin ser muy numerosas, las fochas ultimaban la cría de sus pollos ya volanderos en las aguas libres del humedal.

Incansables trazan sus acrobáticos vuelos algunos fumareles cariblancos, así como las níveas pagaza piconegras siempre atentas a los movimientos de libélulas y otros insectos que sobrevuelan la lámina de agua.

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Pagaza piconegra sobre los cielos de La Zaida. Foto: Rodrigo Pérez Grijalvo

Unos prismáticos, una guía de aves y un par de horas ofrece muchos buenos ratos para cualquier aficionado en cualquier tarde de este verano tormentoso y fresco.

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Atardecer en La Zaida. Foto: Carlos Pérez Naval

Y unos crepúsculos espectaculares.

martes, 30 de julio de 2013

LAS BALSAS DE FONFRÍA

La Sierra de Fonfría es un espacio donde el agua brilla por su ausencia. No hay cursos de agua permanente, sin embargo, existen unos pequeños lagunazos repartidos por toda la sierra, que suponen una importante fuente de vida, tanto para la fauna que vive en los humedales, como para la que hace uso de ella para abrevar.

El año 2008 estaba siendo especialmente seco. Desde el comienzo de la primavera, las lluvias comenzaron a escasear y el nivel de agua embalsada iba disminuyendo a marchas forzadas. A finales de la primavera, varias balsas estaban completamente secas, sólo las más profundas resistían el estiaje.

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Los anfibios, que viven estrechamente ligados a los humedales, también estaban padeciendo esta sequía. Esta claro, que si no había agua en los humedales, no había anfibios. Ni siquiera en las balsas con agua habíamos conseguido ver una sola ranita de San Antón, una especie protegida. Era cosa de extrañar, pues el año anterior nos había deleitado con su presencia e incluso nos ofreció unos graciosos poses para fotografiarla.

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Un día del caluroso mes de julio, descubrimos una balsa que se encontraba muy bien camuflada, bien rodeada de vegetación arbórea. La sorpresa al acercarnos a ella, es que allí se encontraban decenas y decenas de ranitas de San Antón. La mayoría de ellas eran tan pequeñas como la yema del dedo.

Los anfibios, a pesar de las amenazas que les rodean, tienen una gran capacidad de supervivencia. Aunque parezcan frágiles, son capaces de recorrer largas distancias hasta lugares apropiados. En este caso, suponemos que la ranita de San Antón fue capaz de recorrer varios kilómetros hasta alcanzar una balsa con agua y rodeada de árboles, pues como su nombre científico indica (Hyla arborea) es una rana arborícola.

Tere Bellido

domingo, 28 de julio de 2013

CURSO DE ORNITOLOGÍA Y ANILLAMIENTO DE AVES EN GALLOCANTA

Entre los próximos días 8 y 10 de agosto tendrá lugar en Gallocanta el curso de “Ornitología y anillamiento de Aves” que impartirá Rafael. Es una ocasión de conocer de cerca la avifauna estival de los bosques, campos y lagunas de este espacio natural.

Os animamos a participar especialmente este año ya que los humedales de la cuenca de Gallocanta están con un nivel de agua que hace años no se conocía tras las abundantes precipitaciones de invierno y primavera y las reciente tormentas veraniegas.

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Merece la pena conocer la Gallocanta estival y disfrutar con los atardeceres sobre sus playas. Una experiencia diferente.

Más información en este enlace.

miércoles, 24 de julio de 2013

(MICRO) PAISAJE GANADERO EN GODOS

Paseo matutino a primeros de julio por las ramblas de Godos, en la solana de la sierra de Pelarda y Fonfría. En este pueblo aún quedan unos pocos ganados, tal vez menos que parejas de águilas calzadas, como diría Uge Fuertes. Las ovejas aprovechan los abundantes pastos y rastrojeras de estas tierras frescas, modelando la vegetación con su diente pero también cincelando el relieve con sus pezuñas.

Cerca de una paridera en activo, nos llamó la atención esta imagen.

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Al fondo se intuye, un campo poblado de ababoles, tal vez un barbecho, y a su derecha una ribacera llena de espiguilla, gramínea nitrófila. A la derecha, una mata de escaramujo, con más desarrollo vertical que lateral, tal vez por el mordisqueo de la oveja durante sus idas y venidas hacia la próxima paridera por la orilla de la riera poblada de chopos cabeceros. En frente, dos pináculos de roca arcillosa, separados por una hendidura abierta por el trasiego de las ovejas, que han marcado sus huellas recientes incluso sobre la arcilla seca.

Es un paisaje de otro tiempo. Un paisaje propio de los tiempos en los que estas sierras mantenían grandes cabañas ganaderas. Hace tan solo un par de décadas. Muchos y medianos rebaños que andaban los montes, que lamían los ribazos, que controlaban a los espinos y los enebros, con ayuda de la cerilla del pastor. Ganados que reducían el avance del matorral, que favorecían a la fauna de ambientes abiertos (incluso esteparios) y limitaba a la propia del bosque y su orla espinosa, que dispersaban las plantas nitrófilas por el monte, que aminoraban el volumen de combustible y de incendio en la terminología de los gestores forestales. Pero que ….. suponía una intensa e inasumible erosión, fenómeno que hoy parecemos olvidar.

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Sobre el microcerro de la izquierda, resistente, una mata de tomillo. Tal vez se trate de Thymus zygis. Con sus profundas raíces bombea la escasa agua que retienen estas arcillas, seguramente a varios decímetros de profundidad. Con las superficiales, mantiene el escaso suelo frenando el completo desmoronamiento del pináculo.

Impresionante la adaptación de estas pequeñas matas a estos ambientes imposibles. Pisoteo y ramoneo del ganado, efecto desecante del viento sobre unas raíces expuestas al aire, intensa insolación, escasez de agua en el suelo ….

Es un micro paisaje propio de otro tiempo. Que nos une a los paisajes ganaderos de Anatolia, en el Mediterráneo oriental o a las magrebíes, en el orilla sur de nuestro mar.

Y que tal vez debieran incluir los ingenieros que diseñan el Parque de las Arcillas de la ciudad de Teruel como testimonio del paisaje histórico de estas tierras.

lunes, 22 de julio de 2013

LOMAS DE BLANCAS: BUENA COSECHA, POCAS AVES.

Loma de Blancas. Madrugada del último sábado de junio. Primera jornada de campo del curso de Ornitología Práctica de las Tierras del Jiloca organizado por la Universidad de Verano de Teruel y A.D.R.I. Jiloca-Gallocanta. Reencuentro con viejos amigos (y amigas). Ocasión para crear nuevas amistades. 

Mañana luminosa y fresca. Como en años anteriores, nos subdividimos en pequeños grupos y comenzamos a surcar la paramera en dirección noroeste, dejando el sol a nuestra espalda.

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Terreras comunes, calandrias y alondras comunes surcan incansables el cielo, marcando territorios invisibles a nuestros ojos, a la vez que nos crean sensaciones sonoras que se suman a la del fresco matinal y el olor de la ajedrea que pisamos en la loma.

Castro

Alondra común. Foto: R. Pérez

A media distancia, un mochuelo sobre un montón de piedras, una collalba rubia sobre la vara seca de un gamón, la burburica que levanta la cresta antes de levantar el vuelo ….

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Mochuelo. Foto. R. Pérez

A lo lejos, ahora una pareja de turras, después un macho de sisón … más tarde un pequeño grupo de chovas piquirrojas.

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Sisón. Foto: R. Pérez

Y otras muchas observaciones, casi todas similares a las de otros años, pero con sorpresas como la de el águila calzada que, delante de nosotros, se lanza a por una alondra que escapa de milagro, o la del alcotán que abandona su nido para cazar en estas lomas.

En el monte nos llama la atención el desarrollo de la vegetación, tan austera en otros años.

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Desde las caberuelas (jarillas) en plena floración ….

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al esplendor de la selvia (salvia), que le da para su crecimiento y para el de la cuscuta que le infesta de forma agobiante ….

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el suave mecerse de los airosos plumeros de Stipa con la brisa de la mañana …

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Pero lo que me llama la atención son las cosechas de estas duras tierras. Es cierto que en las hoyas se acumulan arcillas de decalcificación y, en ocasiones, restos de humus del bosque primitivo. Pero …¡es tan permeable este karst!

Habitualmente, estas tierras dan muy pobres cosechas dedicándose de formar tradicional a sembrar centenos y algún pipirigallo.

Este año no es así.

Se veían unos trigos preciosos ….

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campos de alfaz con las plantas bien crecidas y apretadas que sorprendían con su verdor en el pardo habitual de la loma ….

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e incluso cultivos de guisantes  ….

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con unas semillas gordas y lustrosas …

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El lluviosos otoño, las nevadas invernales y el fresco mes de mayo han traído una de las mejores cosechas que recuerdan los viejos. Incluso en las lomas de Blancas.

Al hacer balance entre todos los grupos al final de la mañana, José Luis Rivas destacaba que el número de aves observadas (y anilladas) había sido notablemente inferior al del año pasado. Es cierto que la hacíamos un mes más tarde, con las aves acabando la reproducción y con los jóvenes ya volanderos. Una jornada es una muestra reducida y no se pueden sacar muchas conclusiones. Pero, siendo un año de tal producción vegetal … ¿cuál podía ser la causa de la (aparente) escasez de aves?

Seguramente, la copiosa nevada de abril que cubrió la paramera con casi todas las nidadas en marcha a las que debió malograr.

Un mismo factor puede favorecer a los productores de un ecosistema y a la vez perjudicar a los consumidores, al menos a los secundarios y, eso sí, a corto plazo.