Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

viernes, 10 de agosto de 2012

POR LA SIERRA DEL RINCÓN

En el sector oriental del Sistema Central, entre Somosierra y la Sierra de Ayllón, un conjunto de montañas se proyectan hacia el sur conformando la Sierra del Rincón, también conocida como Sierra Pobre y, que junto con al Alto Lozoya constituyen la conocida Sierra Norte. Está situada en el nororiental de la Comunidad de Madrid, en la zona que limita con Castilla y León (Segovia) y Castilla-la Mancha (Guadalajara).

Hace dos semanas dedicamos un par de días a conocerla de la mano de Ángel Quirós que, además de biólogo, es un agente de protección de la naturaleza y experto conocedor de este espacio natural.

EspañaEspañaRincón

Es un territorio abrupto, dotado con profundos relieves que conectan las cimas (Coto de Montejo, 2045 m.) con los fondos de valle (embalse de El Atazar, 880 m.) aunque en su conjunto predominan los territorios que se encuentran por encima de los mil metros de altitud.

Afloran unas rocas metamórficas de origen paleozoico (Silúrico) que se organizan en el espacio según un gradiente de intensidad, desde los batolitos graníticos de Somosierra y El Berrocal hasta las pizarras que conectan con Ayllón, espléndidamente representadas en el valle de la Puebla, un paisaje espectacular.

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Gneises, esquistos, pizarras y cuarcitas son los componentes de las montañas. Forman relieves de tipo cresta de gran singularidad como le ocurren a los esquistos del puerto de la Hiruela.

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Su erosión ha originado unos mantos de rañas, formaciones sedimentarias compuestas por clastos cuarcíticos empastados por una matriz arcillosa procedente de antiguos abanicos aluviales. 

Estos materiales, tras la orogenia Hercínica quedaron fracturadas en una líneas de debilidad que se reactivaron en la orogenia Alpina y por las que los ríos han abierto los valles principales, el del Lozoya que nace al pie de la vecina Peñalara (2.430 m.) y el del Jarama, que lo hace en la cima de Somosierra (Coto de Montejo).

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El clima es mediterráneo de montaña con tendencia a la continentalidad. Las temperaturas medias anuales oscilan entre los 9 y los 12 ºC, mientras que las precipitaciones medias se sitúan sobre los 700 mm, con un notable reparto entre las estaciones y una sequedad estival aliviada por las tormentas, como pudimos experimentar.

Las aguas son recogidas por una serie de arroyos hacia los ríos Jarama y Lozoya, perteneciendo todo el conjunto a la cuenca hidrológica del Tajo. El Lozoya soporta, dentro y fuera de la sierra, un conjunto de embalses destinados al abastecimiento del área metropolitana de Madrid. Este es, y no otra la prioridad a la hora de organizar el aprovechamiento de los recursos naturales y el desarrollo socioeconómico de este territorio. Proveer de agua a la gran ciudad.

El paisaje vegetal es el resultado de un largo aprovechamiento humano del monte por el ser humano. La agricultura, la ganadería y el bosque cimentaron la economía de la sociedad serrana. Una economía basada en el uso de los recursos naturales en un marco ambiental difícil. Una economía, pobre como recuerda el nombre de la Sierra, que se desmoronó con la emigración asociada al desarrollo de la gigantesca área metropolitana de Madrid y que se aceleró con la construcción de los cinco embalses del Lozoya (Pinilla, Riosequillo, Puentes Viejas, El Villar y, especialmente con el más extenso, el de El Atazar) que ocuparon las pocas tierras fértiles dedicadas a la agricultura e impusieron las plantaciones de pinos (albar, negral y rodeno) en los montes ocupando buena parte de los mejores pastos.

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La agricultura debía extenderse en las laderas de los montes con algo de suelo mediante la construcción de bancales. Cereal (centeno), forrajeras (algarrobas) y plantas textiles (lino) eran los principales cultivos. Hoy tan solo se intuyen las paredes de las terrazas entre los arbustos y prados que hace años colonizaron estas tierras. En las cercanías de los pueblos, irrigados mediante regueras que recogían las aguas desde los arroyos de montaña, pequeños pueblos aún conservan con orgullo la producción de fruta y hortalizas, aunque también muchos hortales están abandonándose.

Muestra de ello son los frutales monumentales que salpican la sierra como el peral de La Hiruela ….

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… o el cerezo de la Puebla, apuntalado para impedir su caída ….

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Pero la ganadería era el motor económico. Las razas autóctonas de oveja (Rubia del Molar) y de cabra (de Guadarrama) aprovechaban los extenso pastos de estos montes dejando como testimonio un paisaje deforestado y salpicado de tinadas, pequeños corrales de altos muros construidos para guardar los ganados ….

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muchas veces concentrados el salientes rocosos para integrar el peñasco en la construcción pecuaria …..

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Hoy la ganadería tradicional está muy venidas a menos, aunque hay proyectos en marcha nuevos pobladores para su recuperación. En cambio, es más común encontrar ganado vacuno en régimen extensivo dentro de fincas cercadas con pastor eléctrico o alambre espino.

El bosque fue el otro soporte económico tradicional. En cierto momento, el consumo de carbón vegetal para las calefacciones y cocinas de los hogares madrileños activó su producción a partir de los tallares de roble marojo (Quercus pyrenaica) que se reservaba cada aldea. En La Hiruela se ha recreado una carbonera junto a la dehesa ….

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El paisaje vegetal actual es el resultado del manejo tradicional humano del territorio, las intensas repoblaciones de pino iniciadas a finales de la década de 1950 y de los procesos de sucesión ecológica puestos en marcha tras el tremendo éxodo rural que ocurrió simultáneamente.

En las zonas altas, los antiguos centenales están poblados por piornales y otros matorrales silicícolas de montaña, pero mayormente sirvieron para implantar cultivos de coníferas con finalidad de regulación hidrológica (frenar la colmatación de los pantanos) y de producción de madera. Estas plantaciones se extendieron, además en los pastos y cultivos de zonas más bajas (área potencial del marojo) y son actualmente las formaciones forestales más representativas. Sería deseable una gestión que forestal propiciara la recuperación de la vegetación potencial.

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Aún así, los robledales aún muestran parte de su antiguo esplendor …..

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siendo mayoritariamente de roble marojo (o melojo) …

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… en menor medida de roble albar (Quercus petraea).

Corresponde a los tallares de monte bajo que eran dedicados para producir leña y carbón ….

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…. y a las dehesas donde pacía el ganado de labor gestionadas mediante escamondas para proveer de forraje (hoja) invernal y de leña para los hogares serranos.

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Este modelo tradicional de gestión forestal, que pudimos conocer en las dehesas de La Hiruela y en La Puebla de la Sierra, ha permitido la creación de un conjunto de árboles trasmochos de extraordinario valor cultural, paisajístico y ecológico.

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Son árboles robustos y vigorosos …..

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conformados por un grueso tronco del que surgen numerosas ramas …

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… en ocasiones todas ellas a una misma altura ….

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… y en otras con ramas de nacen a diferentes alturas del tronco al ir dejando en el centro alguna rama a modo de prolongación de aquel …

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En esta imagen puede verse que la falta de pastoreo está favoreciendo el desarrollo de un matorral de estepa o jara negra (Cistus laurifolius) que tan bien conocemos en los montes silíceos del Jiloca y Campo de Daroca.

Era habitual la poda dejando una rama horizontal o de escasa inclinación (horca) y otra más o menos vertical (pendón) para mantener una zona del árbol con actividad fotosintetizadora que proveyera de nutrientes orgánicos a las raíces y que ya vimos en las hayas de Bértiz (Navarra) y de Aiako Harria (Guipúzcoa).

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En nuestro paseo un reclamo inusual nos advirtió de la presencia de un jovenzano de pico menor, una aves forestal característica de estos montes y que nos causó una grata sorpresa.

Ejemplar joven de pico menor (Dendrocopos minor). Foto: Consejería de Turismo de Castilla –La Mancha.

Para nuestra alegría hemos comprobado que aún se mantiene la gestión en algunas zonas realizándose podas para producir leña …..

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y por el deseo de prolongar la vida de estos árboles ….

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La escamonda se realizaba también sobre otras especies de árboles planifolios como el fresno común….

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el abedul …..

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el aliso ….

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o el arce moscón ….

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e incluso en las viejas hayas de Montejo de la Sierra, la joya de la corona para el público madrileño por tratarse de una especie emblemática y por ser uno de los hayedos más meridionales, se aprecian huellas de escamondas…..

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o en alguno de los acebos ….

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El interés cultural y el valor ambiental de los árboles trasmochos de la sierra del Rincón es impresionante.

Este patrimonio, pensamos que no está suficientemente reconocido entre los gestores, al menos por lo visto en los paneles informativos, en los folletos, en la página de este espacio o en el centro de interpretación de Montejo. Estas dehesas son museos etnobotánicos al aire libre, de docenas y docenas de hectáreas, pero unos museos que reúnen el saber popular de la difícil gestión sostenible de los recursos y que además construyen unos paisajes únicos.

Para aquellos que no terminan de comprender el valor ecológico de estos árboles, solo un dato. Un estudio sobre los coleópteros que viven de/en la madera muerta  en el hayedo de Montejo de la Sierra realizado por investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos dio una estimación de cerca de trescientas especies. Un número superior al de aves nidificantes en la península Ibérica. Los árboles trasmochos ofrecen estructuras propicias para los organismos propios de los bosques maduros, tan escasos en la actualidad, además de abundante madera muerta para su descomposición.

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Se están preparando unas jornadas para dar a conocer y para fomentar el manejo tradicional y el aprovechamiento de los árboles trasmochos en esta sierra y que tendrán lugar el próximo otoño. Os mantendremos informados pues merece la pena conocer la sierra y sus espléndidos árboles.

Los valores naturales y culturales de la sierra del Rincón la han hecho merecedora de ser declarada en 2005 “Reserva de la Biosfera”. En esta interesante página se puede encontrar mucha información.

Al dejar la sierra por el valle de la Puebla pudimos ver los montes oscuros poblados por estepares (jarales) ….

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jara pringosa (Cistus ladanifer) …

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.. que con la compañía de la mejorana (Thymus mastichina) y del cantueso (Lavandula pedunculata) y en plena canícula del mediodía creaban una atmósfera saturada de esencias.

El espectacular anticlinal (en cuyas repisas se ha instalado una colonia reproductora de buitre leonado) y que ha sido abierto por la erosión fluvial y el bosque de galería de sargatillos (sargas negras) …..

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….junto a la imagen de golondrina daúrica, que junto a otros dos hirundínidos (avión roquero y avión común) sobrevolaban nuestras cabezas y que nos dejó el sabor mediterráneo de estos ásperos y bellos montes. Poco después, la dejamos al llegar a Robledillo de la Jara, donde las recién creadas urbanizaciones nos recordaron el modelo de ordenación territorial y de desarrollo programado por la administración regional para esta tierra.

miércoles, 8 de agosto de 2012

ALGUNAS PLANTAS DEL BARRANCO DEL REAJO

Hace unas semanas recorrí con Pilar el tramo inferior del barranco del Reajo, afluente de la margen derecha del río Cámaras (en el noroeste de la cuenca del Aguas Vivas). Es un conjunto de montes prácticamente deforestados en donde se cultiva el cereal y el almendro en aquellos terrenos en donde hay algo de suelo (glacis y fondos de valle), y que se dedicaba al pastoreo –hoy perdido- los terrenos más peñascosos, estando hoy estos cubiertos por matorrales ralos de aliaga y tomillo.

Es un paisaje duro y áspero de andar. Sin concesión. No es apto para amantes de los paisajes-postal. Sin embargo, esconde una belleza -que cambia con las horas y los meses- y que alberga pequeños secretos para el naturalista.

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Llegamos bien entrada una mañana de julio. Los rayos de sol, que recalentaban las cuarcitas y las pizarras, ya habían evaporado el agua del chubasco de finales de junio. La intensa transpiración terminó de secar el suelo. A pesar de ello, las plantas que florecen entrado el verano tenían más lustre y mayor desarrollo. Estaban espléndidas, forzando su actividad antes de que sus raíces terminen de agotar las reservas de agua retenida.

La ruda (Ruta chalepensis ssp. angustifolia), aún sin pisarla, llenaba de su intenso aroma la atmósfera y multiplicaba la sensación de mediterraneidad. Esta planta vivaz, de hojas muy divididas y erguidos tallos florales con racimos de flores amarillas, goza de gran tradición en la medicina y en la veterinaria popular. Hay que ir con cuidado con ella pues es planta venenosa. Incluso solo para cogerla pues tiene principios fotoactivos que al impregnar la piel producen manchas permanentes al exponerla. Hay tradición en la comarca de uso como planta protectora de los hogares, encontrándose hasta hace poco incluso debajo de los colchones en algunos hogares.

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Crece en roquedos, como estas cuarcitas de la imagen, laderas en solana y matorrales abiertos de escaso suelo.

Sobre sustratos todavía más someros y en zonas intensamente iluminadas, prosperaba la uña de gato (Sedum sediforme), también en plena floración. Esta planta, propia de rellanos de paredes rocosas, sustratos arenosos y pastos pedregosos, consigue evitar el estrés hídrico acumulando agua en sus hojas carnosas (suculentas). 

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Menos conocida nos resultó una planta herbácea que crecía entre las junqueras y los herbazales del arroyo, esos días aún con agua, y que en esta imagen os mostramos:

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Las hojas carecían de peciolo y nacían en grupos de tres de un mismo punto (verticiladas), como puede verse en esta otra imagen que, a la vez, muestra muy bien su ambiente ecológico.

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Se trataba de Lysimachia ephemerum, la lisimaquia roja. Su presencia en el barranco del Reajo, nos sorprendió por tener un caudal muy irregular.

Cerca de su desembocadura en el Cámaras encontramos un paraje en el que afloraban unas cuarcitas de color vino que habían sido intensamente pulidas por las aguas. 

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Bajo un extraplomo, al abrigo de la intensa luz, crecía una próspera población de culantrillo de pozo (Adiantum capillus-veneris), helecho propio de roquedos y taludes casi siempre húmedos y habitualmente rezumantes.

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Es una planta de distribución cosmopolita, de carácter termófilo y óptimo tropical. En la zona la hemos visto en el Aguallueve de Anento y Ferrer la encontró en los Baños de Segura, siendo esta la tercera cita que conocemos.

Los arroyos y los roquedos, ambientes de escasa extensión y menor presión humana, pueden albergar especies vegetales de requerimientos muy específicos, algunas de las cuales pueden llegar a ser escasas o relícticas.

lunes, 6 de agosto de 2012

DOLICHOVESPULA SYLVESTRIS EN BAÑÓN

Este año una avispa hizo el nido en un porche de una casa  en mi pueblo, Bañón. Era un avispero muy grande, de unos 6 cm. de diámetro y la avispa también era mucho mayor de las habituales por esta zona, casi el doble de tamaño.

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Como pensábamos que podría tratarse del avispón asiático, me puse en contacto con la Sociedad Entomológica Aragonesa (SEA) que me remitieron con Leopoldo Castro, especialista en Himenópteros, a quien envié las fotos para su identificación.

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Este entomólogo me comentó que la imagen corresponde a una de las avispas sociales europeas, Dolichovespula sylvestris, que cuelga sus bonitos nidos habitualmente de ramas de arbustos o árboles pero también de estructuras humanas como aleros, vigas, etc., y está bastante extendida por Teruel y la mitad norte de la Península, siendo más rara en la mitad sur.

Esta avispa es social, lo que quiere decir que tiene dos tipos de hembras, fértiles y estériles, y pertenece a la subfamilia Vespinae; como es habitual en los Vespinae, la hembra fundadora (reina) es bastante más grande que las obreras, por eso nos tenía que sorprender su tamaño.

Me dijo que el avispón europeo occidental (Vespa crabro) tiene una coloración bastante diferente y es mucho más grande. Las obreras de V. crabro son tan grandes como las reinas de Dolichovespula sylvestris, y las reinas de V. crabro miden normalmente entre 2'5 y 3'3 cm de largo. Los nidos de V. crabro son más bien amorfos y desde luego son muchísimo mayores que los de D. sylvestris. En cuanto al avispón asiático, la coloración es aún más diferente  y su tamaño está entre el avispón europeo occidental y D. sylvestris.

José Antonio Sánchez

viernes, 3 de agosto de 2012

PIZARRAS SILÚRICAS EN EL ALTO CÁMARAS

El Silúrico es uno de los seis periodos en los que se divide la era Primaria o Paleozoico. Comienza al terminar el Ordovícico (hace 430 millones de años) y concluye al empezar el periodo siguiente, el Devónico (hace 390 millones de años).

Por entonces la disposición de los continentes era muy diferente a la situación actual. Y fue cambiando en función de la tectónica de placas capaz de abrir océanos separando masas continentales al crearse dorsales (fases extensivas) o de cerrar océanos favoreciendo la unión de continentes (y produciéndose cordilleras en la zona de colisión) durante las fases compresivas.

El supercontinente Gondwana, se extendía desde zonas ecuatoriales hasta el mismo Polo Sur. Siberia, Norte de China, Laurentia  y Báltica eran continentes menores situados en latitudes más bajas.

Esta sería la situación durante el Ordovícico.

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El final del Ordovícico y el inicio del Silúrico coinciden con una glaciación generalizada en el planeta y la segunda mayor extinción que se conoce. La causa, al parecer, se debe a la llegada del gran continente al Polo Sur (efecto congelador global) y a la intensa retirada de dióxido de carbono atmosférico durante el Ordovícico y su depósito como sedimentos carbonatados (calizas ordovícicas) de amplia extensión. Durante este episodio frío, en la plataforma continental de Gondwana, donde se ubicaría la plataforma Ibérica, continuaron depositándose sedimentos arenosos que, tras su metamorfismo originarían cuarcitas. Las masivas que afloran entre Santed, Berrueco y El Poyo del Cid, así como en Ojos Negros y Villar del Salz, en el núcleo de Sierra Menera.

Al avanzar el Silúrico, Gondwana sufre un lento desplazamiento hacia latitudes tropicales lo que favoreció la llegada de aguas cálidas en buena parte de sus plataformas continentales, los ambientes oceánicos donde se concentran la mayoría de los seres vivos y, a la vez, los grandes ambientes sedimentarios. Esto propició el desarrollo de extensos arrecifes coralinos que han quedado de manifiesto como calizas silúricas, de amplia distribución geográfica.

En este marco, ¿cuál era la posición de la actual Iberia? Por entonces, estarían sumergidas formando parte de una amplia plataforma continental de Gondwana y situadas a unos 30º latitud sur. Puede observarse la silueta de la actual península Ibérica sobre la palabra “Africa”, en la parte inferior.

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Sin embargo, estas calizas son muy escasas entre las rocas de origen silúrico localizadas en la actual península Ibérica. En su lugar, son muy comunes –con espesores que superan los 1300 metros- unas pizarras negras muy pobres en fósiles. Estas pizarras son las que afloran en el Macizo del Tremedal (Sierra de Albarracín) y entre las sierras de Oriche y de Herrera (Alto Cámaras, cuenca del Aguas Vivas). ¿Cuál pudo ser la causa?

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Los geólogos proponen que la explicación estaría en la falta de oxígeno de las aguas. El proceso de fragmentación de la placa de Gondwana produciría hundimientos de bloques creando un relieve submarino muy irregular en la plataforma ibérica. Es decir, una zona en la que los fondos someros se distribuían entre zonas con mares profundos. Esta situación no favorecería la circulación de las corrientes marinas ni tampoco la movilidad vertical de las aguas de estas cubetas. En sus fondos irían acumulándose arcillas y restos de organismos planctónicos en un ambiente pobre en oxígeno que impediría la descomposición aerobia de la materia orgánica. Estas arcillas, tras recibir el sobrepeso de otros sedimentos en periodos posteriores, originaron las pizarras silúricas que afloran en la cuenca del barranco del Reajo (o Regajo), entre Loscos y Nogueras.

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Estas pizarras suelen presentar láminas ferruginosas que les confieren un color rojizo a las superficies de exfoliación.

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Las condiciones ambientales de estas cuencas sedimentarias resultaban muy hostiles para los seres vivos que vivirían en el fondo por lo que son muy escasos los restos fósiles de organismos bentónicos, los más abundantes y susceptibles a la hora de fosilizar.

Con el paso del tiempo y tras la orogenia Alpina estos paquetes sedimentos –y otros que se depositaron sobre ellos- quedaron expuestos a la intemperie tras la intensa acción erosiva sobre esta parte de la cordillera Ibérica.

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La descompresión y la acción atmosférica (oscilaciónes térmicas y gelifracción) promueven su meteorización mecánica produciéndose fragmentos de variadas formas.

Unos son laminares ….

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… otros son alargados y con los extremos afilados, en zonas con una unos tamaños muy homogéneos….

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y en otras dimensiones muy desiguales.

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¿Cuál puede ser la explicación de estar variedad en los fragmentos desprendidos? Como dice nuestro amigo Antonio, habrá que estudiar más…