Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

martes, 19 de abril de 2016

POR LOS HAUTES FAGNES: LAS ARDENAS BELGAS

Mañana del jueves 18 de febrero. Día laborable en Bélgica. Teníamos intención de conocer el Parque Natural de Hautes Fagnes-Eifel situado en la región de las Ardenas. Es un parque natural internacional declarado en 1971 y que se extiende por 72.000 hectáreas por el oeste de Alemania y el este de Bélgica. Nosotros queríamos visitar la zona de Hautes Fagnes ("Altos Páramos"), en el sector belga.

Páramos y turberas de los "Hautes Fagnes" belgas. Foto tomada de Les Vieux Noyers

La idea era conocer este espacio natural incluido en la Directiva Ramsar por su valor ecológico de sus turberas y en la Red Natura 2000 por incluir hábitat valiosos y en buen estado de conservación. Habíamos visto algunas imágenes como estas obtenidas de la magnífica web Les Amis de la Fagne ...




Como el número de visitantes es muy alto, se han instalado pasillos elevados de madera con el fin de conocer desde dentro estos humedales y pastizales. Así que, asumiendo que nos encontrábamos en invierno, encontraríamos y recorreríamos paisajes como estos ...


Esa era la idea. No caímos que en Bélgica también nieva durante el invierno. Sobre todo en el interior, en Valonia.

Salimos de Lovaina temprano y cogemos la autovía a Lieja. Día muy nuboso y frío. El cielo está gris. Mucha gente, mucho tráfico. Y algo de nieve en las umbrías. Nos sorprende pues estábamos a unos escasos 300 m de altitud. Debió de nevar a primeros de semana, según nos cuentan.

Dejamos la región flamenca y entramos en la valona, la francófona. Llegamos a Eupen. La rotulación se encuentra en francés y ... en alemán. Es un pequeño sector de Bélgica de habla alemana y que tiene su propio parlamento. Son belgas y hablan alemán. Y no pasa nada. Se reconocen sus derechos y adelante. No puedo dejar de pensar en Aragón, con dos lenguas propias ignoradas y desprestigiadas desde el poder zaragocica. Una lengua exclusiva dejada morir desde hace cuarenta años (el aragonés) de democracia y otra que sobrevive por su influencia con Cataluña (el catalán). Eso sí, somos campeones en baturrismo.

En Eupen comienza a nevar. Estamos a 400 m de altitud. Ya que estamos aquí no vamos a dejar de subir al páramo. Ascendemos a través de plantaciones de coníferas hasta una planicie donde hay un aparcamiento y paneles informativos (trilingües). 


Esperamos encontrar herbazales y turberas en el alto. No fue así. Extensas plantaciones de píceas y alerces, de pinos y abetos. Plantaciones con árboles de la misma edad y dimensiones. Plantaciones cerradas, sin estrato herbáceo o arbustivo. Vamos ... cultivos forestales. Algo no encajaba con el modelo publicitado de este parque natural.


Seguimos ruta a través de una carretera nevada. Cruzamos una suave elevación, la Signal de Botrange, el lugar de mayor altitud de Bélgica con sus 694 m.s.n.m. junto al que en 1923 se contruyó una escalinata de seis metros de altura con el fin de que al subirla se alcanzarán los simbólicos 700 m. Nos sonreímos al pensar en esto cuando tu entorno habitual (el Jiloca) se encuentra a una altitud media de 1.000 m. Algo así pensarán de nosotros los habitantes del Altiplano Boliviano.

Sigue nevando y fuimos a buscar  el Centre Nature Botrange, el centro de interpretación belga del Parque Natural Hautes Fagnes-Eifel


Un cafecico y a esperar a que escampe... o a volver ligeros si arrecia la nevada pues circulamos sin cadenas. Un centro muy cuidado, aún en construcción en la parte expositiva. Eso sí una magnífica tienda de recuerdos y de libros, así como una preciosa chimenea central. Junto a nosotros, algunas familias con niños y, al rato, un grupo de estudiantes de excursión educativa.


Y un jardín central con invernadero, vivero y comederos para las aves. 


Nos llama la atención la abundante documentación ofrecida en la tienda. Mapas, libros, guías de campo, carteles y revistas. En especial una revista monográfica sobre estas tierras que lleva editándose desde 1940. Está claro que para los belgas este es un territorio muy apreciado y sobre el que se lleva investigando desde hace muchas décadas.

En las paredes podemos ver una exposición sobre el gallo lira (Tetrao tetrix), la especie más emblemática del parque natural. Este gallo de monte, que tiene su hábitat en las ciénagas, pantanos, brezales y claros de bosques de abedul, presenta una pequeña población en las Ardenas belgas.  

Macho de gallo lira. Fuente: Wikipedia
Esta especie tiene un área de distribución disyunta en Europa occidental, desde Escocia hasta los Cárpatos, pero mucho más continua en el norte y el este, extendiéndose desde Escandinavia, casi toda Siberia hasta el mar de China.


El gallo lira sufre una continua y acusada regresión en todas sus poblaciones del occidente europeo. En concreto, en Hautes Fagnes la situación es muy preocupante. En una publicación de 2013 se indicaba que tan solo había 14 machos. En los paneles se explicaba la historia natural de esta especie, sus requerimientos ecológicos, su problemática y las medidas de conservación que se estaban desarrollando. 

Tuvimos suerte. Se arrasó el cielo y tuvimos la oportunidad de dar un paseo. Del centro de interpretación surgía un sendero didáctico dotado de una serie de paneles que nos ayudaron a entender la historia del paisaje y las iniciativas puestas en marcha en este espacio protegido.



En su origen estos montes estuvieron poblados por extensos robledales salvo en enclaves en donde la acumulación de agua favoreció el desarrollo de turberas rodeadas de bosques abiertos de abedules. Estos robledales fueron talados desde la Edad Media transformándose en pastos. A finales del siglo XIX estos pastizales fueron transformados en cultivos de coníferas orientados a la producción de madera mientras que las turberas y las landas fueron drenadas transformándose en pastizales secos.


El resultado pudimos verlo sobre el terreno. Cuarteles rectangulares de píceas.




Seguimos el sendero que al tiempo era una pista de esquí de fondo. A los lados del camino surgían otras. Algunas limitaban directamente el acceso incluso durante el invierno. 


Los paneles explicaban el modelo de gestión, sus objetivos y la metodología empleada. 


Conforme las píceas van alcanzando diámetros apropiados para su tala, se cortan todos los árboles del cuartel. Después, el terrenos se laborea, se rellenan los drenajes y se planta algún arbusto o árbol (serbal, abedul) creando formaciones arbóreas muy abiertas ...
  

... persiguiendo la recuperación de las turberas.

Nos gustó cómo se explica a la población la gestión de este espacio natural.


Y pudimos verlo sobre el terreno. Bueno, imaginarlo ... bajo el manto de nieve.






La intención es recuperar los brezales y las turberas ...


La ruta era larga y monótona, entre cuarteles de coníferas. Lucía el sol pero hacía frío. Decidimos volver al centro y reconfortarnos con el calor. Y tomarnos un tazón de caldo de verduras mientras observábamos carboneros comunes, carboneros garrapinos, herrerillos comunes y trepadores azules picotear las semillas de los comederos preparados junto a la cristalera de la cafetería.


Nos compramos un apegallo para el coche con el emblema del parque ...


y, al salir, nos fijamos en el parque infantil poblado de juegos que representaban algunos de los animales de este espacio protegido ...


Volvíamos. Se puso de nuevo el sol. Al pasar junto al restaurante de Baraque Miquel pudimos disfrutar de una panorámica invernal de estas turberas ...


... a las que confiamos en conocer durante el verano.

sábado, 16 de abril de 2016

ANOTACIONES DE UN NATURALISTA DESPISTADO: CAZADORES DE ÁRBOLES


Decía Franco Battiato que el animal que llevaba dentro no le había dejado nunca ser feliz.  El que a mí me habita me ha hecho también la puñeta durante muchísimo tiempo, pero comienza a contribuir a mi felicidad con firme importancia. Sobre todo, desde que he reunido el valor suficiente para escucharlo.

A todas horas él susurra en los abismos de mi espíritu.  Cuando el viento del noroeste agita las farolas en el grisáceo panorama de la capital.  Cuando salgo a correr por los escarpes, me penan ya los músculos tras más de una hora en el esfuerzo y no veo la hora de regresar.  Cuando tomo el autobús el viernes por la tarde, casi sin comer, para escapar de la amarga cotidianidad que la ciudad impone.

Despoblado de Las Dueñas

Lo hizo, igualmente impetuoso, hará un par de semanas, cuando nos hallábamos perdidos en las abruptas soledades del Teruel fronterizo, en el extremo sur del país.  La senda apenas reconocible en el agitado mar de enebros y sabinas de bajo porte y la ladera desplomada, como enormes y vigorosos paquidermos venidos a menos, nos aconsejaban regresar a Hoya de la Carrasca, donde habíamos dejado el auto.  Costaba creer que apenas unas décadas atrás aquel matorral inexpugnable hubiera sido tierras de labor ávidas del sudor del labriego como las caravanas, en la Ruta de la Seda, del agua superviviente del oasis después de semanas sumergidas en la arena insondable.  La gran carrasca se resistía a entregarse.

Habíamos llegado aquella mañana, Deme y yo, a Arcos de las Salinas con el propósito de visitar la que será, quizás, la sabina albar con mayor perímetro de tronco de toda la península.  Siete metros, ahí es nada.  Sus doce de altura despuntaban nítidos en las cercanías del despoblado de Las Dueñas, ya con sus viviendas desbaratadas sobre el piso y con su torre eclesial como único, y magnífico, resistente a los implacables meteoros y al paso inclemente del tiempo obstinado.  Para sorpresa nuestra, los bancales que circunscribían las casas dormidas habían sido labrados y buena prueba daba de ello el aladro depositado en uno de los costados de la aldea.  La circunstancia permitía admirar el porte del árbol en toda su magnitud. 

Sabina albar de Las Dueñas

Ya puestos, decidimos llegarnos hasta una pequeña aldea llamada Hoya de la Carrasca, pues sabíamos de la existencia de una centenaria encina en sus inmediaciones.  Regresamos a Arcos de las Salinas y solicitamos información de la gran quercínea.  Al parecer, se encontraba ésta a unos dos kilómetros de las últimas casas de la minúscula aglomeración rural y la senda estaba casi perdida.  Si bien, nuestros informantes nos hicieron partícipes de la existencia de una pista forestal que descendía hasta el gran árbol.  De hecho, fue el itinerario que nos aconsejaron encarecidamente.  Por supuesto, como no iba a ser de otra manera, optamos por la senda.  Con menuda gymkhana habríamos de ir a dar.
Extraviados en la garriga inexpugnable, sin noticias de la senda y con el paisaje cortado a cuchillo como si de un pastel de cumpleaños se tratase, a pocas estuvimos de desandar lo andado.  Y fue cuando allá, azotado por un cierzo vespertino y la cortante firmeza de los enebros, el animal inició impetuoso su susurro y la senda apareció nítida a mis ojos como acumulaciones de grullas en la laguna de Gallocanta a mediados de febrero: sinuosa se recortaba contra las grandes rocas del desplome. 

La sirga

Las peripecias para nosotros, al contrario de lo que pudimos pensar ilusos en un principio, no tocaron a su fin una vez hubimos superado los considerables peñascos. Unos centenares de metros más adelante, una sirga nos daba la confianza suficiente para superar una pequeña barranquera a la que las lluvias y lo deleznable de sus materiales habían dejado sin sendero que recorrer.  Más tarde, cuando la carrasca ya se expandía maravillosa a nuestros ojos, los muretes supervivientes de los bancales nos obligaban a prestar cuidadosa atención a nuestros pasos para ir bajando, de faja en faja, sin sufrir el mínimo percance.  Aunque en la Hoya de la Carrasca las casas permanecen en pie, los campos están del todo abandonados a su suerte.  La circunstancia, al contrario de lo que habíamos presenciado en Las Dueñas, restaba a la gigantesca encina, al menos desde la distancia, cierta grandilocuencia.  Con todo, aquel árbol resultaba, a todas luces, portentoso.

Carrasca de Hoya de la Carrasca

Medimos su perímetro y aprovechamos nuestra visita para medir el de dos formidables sabinas cercanas.  Los resultados fueron escalofriantes, todas las medidas superaban los cuatro metros.  Amenazaba lluvia y no estaba el camino de vuelta para grandes dispendios.  Dimos un fuerte abrazo a la extraordinaria carrasca y regresamos, Deme y yo, en absoluto silencio a la aldea que nos había servido de punto de partida.  Era la despedida de la admirada amistad lejana que no sabes si volverás a abrazar.  Sin serlo completamente, el retorno fue más relajado.  En ningún momento perdimos la senda que tanto nos había costado alcanzar en la ida.  El animal que llevo dentro, sin embargo, no supo callarse ni un instante.  Como yo, puede que se anduviese preguntando cuál sería el próximo reto.
 
Quién te cerrará los ojos.

Diago Colás (texto y fotos)

jueves, 14 de abril de 2016

EXCURSIÓN POR LAS HOCES DEL RÍO MESA

La Asociación de Amigos de la Laguna Gallocanta nos propone una jornada para descubrir uno de los espacios naturales más sobresalientes de la cordillera Ibérica aragonesa: las Hoces del río Mesa.
Tendrá lugar el próximo sábado día 16 de abril.

La época del año es perfecta para recorrer este tipo de cañones calizos pudiéndose disfrutar paisajes espectaculares y descubrir numerosas aves y una flora singular propia de estos ambientes mediterráneos. Todo ello de la mano de Jordi Pérez, un auténtico experto y buen conocedor de ese espacio natural, que trasmitirá la pasión por su trabajo y por los paisajes de este rincón de la Comarca Comunidad de Calatayud.


Las Hoces del Mesa están declaradas Espacio de Interés Turístico en Aragón. Poseen una rica avifauna rupícola (buitre leonado, alimoche, halcón peregrino, búho real…), además de otras especies propias del río (nutria, martín pescador o mirlo acuático); incluye también importantes manifestaciones culturales como el santuario rupestre de la Virgen de Jaraba, apriscos rocosos o pinturas rupestres levantinas, etc.

Lugar y horas de encuentro:

- Allucant (Gallocanta): 9 h.
- Frente a la farmacia (Jaraba): 10.30 h.

Recordad: calzado cómodo, prismáticos, agua y comida de morral, pues comeremos en el campo.

Asociación Amigos de la Laguna de Gallocanta

lunes, 11 de abril de 2016

CONTRA EL VIENTO DEL NORTE

Viernes por la tarde. Escapada a la laguna de Gallocanta.  Tarde luminosa con algunas nubes altas. Nos acercamos al observatorio de los Lagunazos de Tornos. Nueve grados y un cierzo intenso que azota las praderas de Agropyron pungens hasta doblarlo, al modo de las sabinas y los pinos que viven en ambientes costeros muy venteados. 


No es buena la luz a esta hora para ver aves en este paraje. No hay otra. Encontramos más agua de la esperada en este sector de la laguna, sin duda procede del barrido de la lámina del Lagunazo Grande por el viento. Hay también agua en los respectivos ojos. No mucha, pero suficiente para concentrar algunas aves acuáticas.

Empezamos por lo grande. Hacia la Loma de Berrueco, un bando de grullas descansa y come sobre unos campos. Sin prisa por volver al norte.

Hacia el oeste, a lo lejos, tarros blancos y azulones. Pero que muy lejos. Un grupo de gaviotas reidoras descansan en una de las playas. Cualquiera busca con este viento (y sin trípode para el catalejos que vamos) alguna gaviota rara. Las cigüeñuelas caminan elegantes entre herbazales inundados más cercanos. De vez en cuando asoma alguna avefría. Al fondo, unas avocetas picotean entre el zanago, siempre con la cabeza hacia el viento. Como casi todas las aves en esta tarde de cierzo frío. Siempre contra el norte. Otras muchas aves pequeñas las acompañan, sobre todos limícolas y otros patos. pero no las vemos bien con esta luz y el movimiento del observatorio. Carmen observa un zorro merodear entre los prados situados a media distancia. Nos parece un elefante en la sabana. Se acerca hacia las gaviotas pero reconoce sus escasas posibilidades.

De repente una hembra de aguilucho lagunero sobrevuela los herbazales secos para posarse en un claro. Nos favorece la luz. Nos observa curiosa, con esa mirada de velociraptor que tienen algunas rapaces. ¡Qué grata es la observación de aves cuando las ves bien! Junto a ella, hace volantines el macho, quizá para sorprender a algún topillo y ofrecérselo.

Macho de aguilucho lagunero. Foto: R. Pérez
La laguna de Gallocanta ofrece buenas condiciones de tranquilidad para la fauna. Pero ... ¡qué pocas facilidades concede al naturalista! No es raro que el interés del público general se centre en las aves grandes, las grullas. Abundantes, espectaculares, hermosas y ruidosas. La enorme distancia entre los (pocos) observatorios existentes y las pequeñas aves acuáticas provoca decepcionantes impresiones entre las personas que se inician en esta actividad. Y, no olvidemos, que las afición a la observación de aves (y la sensibilidad por su conservación) se fomenta mediante vivencias positivas. Tal vez hayamos pecado de garantistas a la hora de diseñar y organizar los accesos de los visitantes en este extenso humedal. A ver qué tal funciona el nuevo observatorio de Gallocanta, que parece seguir una nueva estrategia.


Va cayendo la tarde y no queremos volver de noche a casa. Nos acercaremos a la laguna de Carabejas, aquí cerca, en Torralba de los Sisones. Por el camino, cerca de la paridera de Amado (en Bello) vemos una collalba gris . Es siempre una alegría observar la primera zurribalba. Es la señal de la llegada de la primavera. Algo así como como el sonido de la primera grulla otoñal.

Macho de zurribalba. Foto: R. Pérez
Las cebadas están altas. Va bueno el año. A ver como viene la primavera. 


Estamos llegando a la laguna y ahí está. Blanca luminosa sobre un cielo azul. Con su característico antifaz. Inmóvil como una cometa tensa de su hilo.

Águila pescadora. Foto: C. Pérez
Colgada sobre la lámina de agua observando los movimientos de las carpas. Igual tiene suerte y hay cena. Se descuelga rápida y cae entre el carrizal. No la ha habido. Vuelve a su posición. Inmóvil en el cielo, como una cometa contra el viento. Contra el viento del norte, como el título de la reconocida novela de Daniel Glattauer. Al rato se pierde en la distancia. Mañana seguirá en su ruta hacia tierras escandinavas ...

Nos acercamos a la laguna. Está preciosa con la luz de la tarde.



Un pareja de ánades frisos, ahora sí, bien vistos, nos sorprenden y alegran ...

Macho de ánade friso. Foto: C. Pérez
Entre las junqueras destaca el brillante amarillo nupcial del macho de la boyerica ...

Lavandera boyera. Foto: R. Pérez
Nos volvemos de Carabejas con un buen sabor de boca. 


Con la luz de la tarde y con la imagen de la preciosa águila pescadora retenida en la memoria mientras volvemos hacia casa en silencio.

viernes, 8 de abril de 2016

SÁBADO SANTO EN PEÑA PALOMERA

La excursión la habíamos programado con antelación. Planificando los días de vacaciones en Calamocha hablé con Emilio Benedicto, mi compañero de andadas vacacionales, para saber su disponibilidad los días de la Semana Santa. Al saber que se quedaba en Calamocha, pensamos salir un día de excursión.

El sitio lo tenía claro desde que leí en Natura Xilocae la que habían hecho mi hermano Chabier y mi sobrino Chabi a la Peña Palomera hace unos meses. Y es que pasando y repasando continuamente por la carretera, al contemplar una vez y otra la mole blanca y poderosa de esta sierra, desde hacía años deseaba conocerla. Éramos unos críos cuando mi hermano Chesús cogió un día el autobús de línea en Calamocha, paró en Torremocha y se subió chino-chano desde la misma carretera a la cima. Después deshizo el camino y en otro coche de “Zuriaga” se volvió a Calamocha. Desde entonces he querido hacer esta excursión.



Trato con Emilio de buscar el mejor día para hacerla, pues entre procesiones y reuniones queda poco tiempo. Decidimos hacerla el sábado a primera hora de la tarde. Yo tengo la mañana ocupada desmontando el paso de la procesión con los hermanos de la Cofradía del Santo Sepulcro de Calamocha. Luego tenemos la Junta en el reservado del Bar León y, al final, nos tomamos un buen almuerzo. Dos huevos fritos con papada, regados con buen vino. No está mal la reunión.

Con el bocado en la boca, me cambio de ropa y preparo lo imprescindible para el paseo pues hemos quedado a las 3 de la tarde en la plaza frente a la iglesia. Lo imprescindible es agua, porque el estómago está bien lleno y no necesita más comida.

Con la puntualidad que lo caracteriza, llega Emilio con el coche a la cita. Él se ha preocupado por el itinerario pues ninguno de los dos ha hecho nunca esta marcha. Salimos de la autovía en Torrelacárcel y enfilamos por un camino arreglado hacia la ermita de la Virgen del Castillo, buscando el collado que atraviesa la sierra por la parte más baja. Pasamos un “ajipe” o algibe y, siguiendo un rato el curso de la rambla, llegamos por fin a la explanada que hay frente a la ermita.

La construcción es sólida y parece por fuera bien conservada. Lo mismo que otras pequeñas edificaciones anejas. Dejamos el coche y la ropa de abrigo, pues hace muy buena tarde. Nada de frío. Comenzamos la andada, de momento en suave ascenso. Pasamos por varias parideras. Alguna que le han arrancado las tejas parece condenada a muerte a corto plazo. Las demás no correrán mucha mejor suerte a medio.

Vamos charlando de nuestras cosas de rato en rato, aunque con Emilio no son raros los silencios. Tampoco se está mal callado. ¡Y lo que vamos a callar!, sobre todo cuando iniciamos un ascenso brusco por una senda que se abre a la derecha del camino entre los árboles. Se trata de subir y subir por un sendero muy empinado. El cielo se oscurece de repente, pues el sol ha quedado al otro lado de la sierra. Por momentos me quedo sin resuello y tengo que hacer algunas paradas para recuperarme.



Emilio, que me oye jadear, me sigue detrás en silencio. No dice nada. Sin aliento, pienso en los huevos fritos, en los kilos que peso de más, en los 63 años que tengo … ¿No será mucha cuesta para mí?

Subir, subir y subir. No es el momento de recular. Por fin, parece que la senda quiere llegar a su fin. La cresta no parece estar muy lejos. 


Otro esfuerzo más y llegamos arriba. ¡Por fin! No hemos llegado a la cima, pero al menos hemos alcanzado la suficiente altura para contemplar al un lado todo el valle del Jiloca y al otro el del Alfambra. Un trago de agua de la cantimplora y a seguir subiendo, pero ahora por una senda menos empinada. Aquí y allá hay todavía manchones blancos de pasadas nevadas.

De momento aparece una bandada de buitres o de águilas de buen tamaño. Renuncio a reconocer la especie y decido que se trata de “rapaces” sin más. Me da igual lo que piensen los ornitólogos del concurso turolense de “El Gran Año". Por cierto, hablando de águilas recuerdo una vieja anécdota que debió contarme mi padre. El premio que habían dado los ganaderos de la zona en tiempos pasados, a quien consiguiera coger los huevos del nido de águilas que había en esta misma Peña Palomera, en un risco en lo más alto y abrupto. Parece que lo consiguió cierta persona que pudo descolgarse de lo alto con una cuerda, aprovechando que las águilas adultas habían abandonado momentáneamente el nido.


Por fin vemos en lo alto de una loma vecina el mojón que señala la cima final. Es entonces cuando contemplamos lo más bonito del paseo. Majestuosas, cresteando la misma cima, una docena de cabras monteses desfilan tranquilas ante nuestro asombro. Sacamos a toda prisa las cámaras para fotografiarlas aunque están algo lejos. En cualquier caso es un momento mágico, de gran belleza. En silencio aparecen y en silencio se marchan entre las rocas.


Seguimos el ascenso, unas pocas rampas más y estamos ya en lo alto de Peña Palomera. Bueno, en lo alto hay un gran mojón de varios pisos al que se accede por una escala de hierro. ¡Que suba arriba del todo quien quiera! La altura impresiona y no tenemos ganas de correr riesgos. Me siento a descansar mientras Emilio hace fotos. Hemos empleado una hora justa en el ascenso.


Tras un breve descanso iniciamos el descenso por otro lado. Parece menos pronunciado el desnivel por aquí, pero claro, no es lo mismo subir que bajar. 


Al poco rato estamos de nuevo en el camino que nos lleva a la ermita. Cae la tarde sin hacer todavía frío. En la ermita no hay rastro del castillo que pudo haber y al que le debe el nombre la Virgen del Castillo.

Un corto paseo para ver unas ruinas que resultan de una paridera y vuelta a casa en el coche. Nuevas fotos en el “algipe” y, enseguida, estamos de nuevo en Calamocha. Ha sido una bonita excursión, pero a mí me gustan más las que no tienen ascensos tan pronunciados. Planeamos ya las del próximo verano: ¿la Modorra de Bádenas?

José Mª de Jaime Lorén

martes, 5 de abril de 2016

UN SELLO POSTAL PARA CELEBRAR LOS MIL ARTICULOS DE NATURA XILOCAE

Hace casi ocho años que nos embarcamos en la andadura de poner en marcha Natura Xilocae. Un blog donde recoger las observaciones naturalistas realizadas en las comarcas del Jiloca y del Campo de Daroca. En el que difundir las cada vez más abundantes iniciativas medioambientales. Y con el que promocionar los valores ecológicos y paisajísticos de este rincón de la cordillera Ibérica. Siempre con el objetivo de favorecer su conservación. 

Contamos con un espacio natural de enorme interés científico y ecológico aunque no suficientemente comprendido y valorado por nuestras gentes (las lagunas de la cuenca de Gallocanta). Contamos también con un ramillete de espacios naturales igualmente valiosos pero mucho menos conocidos y todavía menos estudiados que están incluidos entre los Lugares de Interés Comunitario o las Zonas de Especial Importacia para las Aves (Red Natura 2000). Y, además, una amplia superficie de agrosistemas y otros ambientes gestionados por el ser humano desde hace milenios que mantienen comunidades biológicas valiosas, donde se desarrollan procesos naturales de interés y donde habitamos varios miles de ciudadanos que disfrutamos a diario de todo ello.  

Y aquí estamos, semana a semana, publicando vivencias, reflexiones o noticias. Poniendo en el mapa a estas tierras tradicionalmente de paso, estos parajes austeros y hermosos, estos campos y montes que merecen respeto y aprecio, no solo por lo que nos aportan sino, sobre todo, por ser el hábitat de numerosos seres vivos. Animales, plantas, hongos, algas ... casi siempre discretos a nuestros ojos. Pero que están aquí, entre nosotros.

Hay una idea que nos anima en esta tarea. Acabar con la opinión de que estos parajes carecen de valor por tratarse de secarrales, por su escasa naturalidad, por no ser paisajes espectaculares ... Hay que acabar con ella por tres razones. Una por que no es cierta. Dos por que este es el argumento para acometer desmanes ambientales que nadie osaría realizarlos dentro de los espacios protegidos. Y tres por que conocer es el camino para proteger. Y en ello estamos.

Año a año, nos estamos aproximando a la edición del artículo número 1000. Un número redondo. Estamos muy contentos y queremos celebrarlo editando un recuerdo: un sello postal.

Para ello, Ricardo Polo, nuestro diseñador, ha preparado una preciosa ilustración con el logotipo de la bitácora, muestro querido mochuelo, sobre la X de Xiloca, la publicación de referencia del Centro de Estudios del Jiloca. El árbol del que crece esta bitácora.

Borrador del sello postal

Correos posibilita editar sellos postales a entidades o particulares. Sellos que pueden emplearse en envíos postales convencionales, como los que se adquieren en sus oficinas o en los estancos. El precio de estos sellos promovidos lógicamente debe incluir el valor facial y los gastos de edición. Tienen interés para coleccionistas y, sobre todo, valor afectivo o como recuerdo.

El Centro de Estudios del Jiloca va a editar este sello. Y lo va a hacer sobre pedido pues Correos solicita el número de ejemplares a editar antes de su elaboración. Una vez impresos ya no tendrá lugar una nueva reedición. El precio de cada sello va a ser de 1,50 €. Y se van a editar en pliegos de 25 sellos.

Por ello, quien desee quedarse algún pliego o algunos sellos como recuerdo personal, para su envío o para regalo conviene que se ponga en contacto con el Centro de Estudios del Jiloca (978730645 o secretaria@xiloca.com) indicando los ejemplares que encarga. Una vez sean editados su recogida y pago tendrá lugar en la sede del CEJ en Calamocha.

A por el nº 1000 ...

lunes, 4 de abril de 2016

LAND ART EN EL AJUTAR

Cualquiera que haya acompañado a nuestros padres o abuelos durante sus trabajos en el campo recordará la sensación de satisfacción con la que terminaban sus tareas. Satisfacción tanto por concluirlas como por que tuvieran una buena factura. Pero en muchos casos, la satisfacción era también estética. Por la belleza de lo construido. Un ejemplo claro son los huertos domésticos o la poda de una viña.

En las pasadas navidades Felipe escabezó una quincena de chopos cabeceros en el Codujón. Aprovechamos las vigas para usarlas como combustible para la estufa doméstica. El pasado Viernes Santo estuve toda la mañana haciendo tarugos con la motosierra y el caballete. 

Brmmmm ... brmmmm. Viga tras viga. Corte tras corte. Colocando los tarugos en el leñero. Bien ordenados en varias filas.


Iba viéndolas crecer lentamente.

Tenía la impresión de estar construyendo algo hermoso. 

Una sencilla obra de arte hecha con trozos de madera de unos chopos centenarios. Arte efímero pues permanecerá hasta que se vayan consumiendo los tarugos en la estufa.


Ese día tenía la sensación de estar haciendo Land Art en el Ajutar. 

sábado, 2 de abril de 2016

PLANTAMOCHA: PLANTAR FUTUROS ÁRBOLES Y COMPRENDER LA EVOLUCIÓN DEL PAISAJE VEGETAL

La Peña La Unión de Calamocha es una prestigiosa asociación que desde hace más de cuarenta años viene organizando una buena parte de la vida festiva de la juventud de esta localidad del Jiloca. Últimamente son cada vez más frecuentes y más repartidas en el calendario las actividades culturales que programa. Culturales, y también ambientales, fruto de la creciente sensibilidad ecológica entre la gente joven. Una de ellas es Plantamocha. Una jornada organizada para reforestar que, si no llevamos mal la cuenta, va por su sexta edición y que es digna de apoyo por ser desarrollada por jovenzanos.

A la organización de Plantamocha en este año se han sumado a la iniciativa de la Peña La Unión, tanto el Ayuntamiento de Calamocha, el Club 4 x 4 Calamocha y la Cofradía Santa Bárbara. Tendrá lugar el domingo 3 de abril siendo el punto de encuentro los locales de la Peña a las 9 horas.


Tras la plantación está programado realizar un paseo por el entorno para interpretar la vegetación y sus cambios en el tiempo a cargo de Miguel Ángel Lázaro, ingeniero de montes y gestor forestal.

Ya lo sabes, el domingo 3 .... ¡¡¡Plantamocha!!!