Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

sábado, 1 de agosto de 2009

MÁS SOBRE LOS INCENDIOS FORESTALES

El tema de los incendios forestales en los países desarrollados del Mediterráneo es un asunto muy complejo y su resolución es muy difícil, si no una quimera.
El fuego es un agente cosustancial en estos territorios y sus ecosistemas han desarrollado estrategias adaptativas diversas y eficaces a diferentes escalas temporales.


El ser humano ha modelado durante siglos un paisaje ganadero que creo, algunos hemos idealizado en lo cultural, pero que no era sostenible. Un paisaje formado por teselas de pastos, cultivos y pequeños bosquetes para abastecer de leña y madera. Un paisaje, sin embargo, que implicaba una fortísima pérdida de suelo, un incremento en la escorrentía hídrica y, por tanto, una menor infiltración lo que reduce la disponibilidad de agua en los vegetales. Una muestra, la expansión del delta del Ebro.
El modelo ganadero fue sustituido por el agrario con las crisis demográficas del XVIII y XIX, lo que redujo aún más la cubierta vegetal, agravando los problemas de erosión. Extensas roturaciones, sobrepastoreo y extracción de leña. Este paisaje agrario es el que recibieron nuestros abuelos a principios del XX.
Entonces no hacían falta sistemas de vigilancia de incendios. ¡Es que no había qué quemar! No podemos mitificar esta situación, por muy llenos que estuvieran nuestros pueblos. Es desolador ver las fotos de época de nuestras sierras. Todo eran cabezos pelados. Una deforestación extrema. No debemos olvidar esto.
La política forestal de posguerra y, sobre todo, los cambios sociales vaciaron nuestros pueblos y los montes han comenzado a levantar cabeza, a pesar de los incendios. Posiblemente la cubierta vegetal esté ahora en su mejor momento desde hace más de un siglo, si no más. Y esto implica inevitablemente incendios, a pesar del enorme esfuerzo económico que suponen los sistemas de prevención y extinción (y lo que supone no invertir en desarrollar otros proyectos).
El fomento de la ganadería extensiva puede ser positivo para reducir las herbáceas y arbustos finos. Pero tampoco es la solución en caso de grandes incendios pues el matorral y el bosque arde igualmente. Salvo que queramos volver a modelos seculares de gestión del monte.
La estrategia de parcelar el monte con redes de pistas y cortafuegos tampoco es la panacea, ya que implica un serio impacto en la biodiversidad y en la pérdida de suelo, además de engullirse grandes presupuestos. Y ante grandes fuegos, también tiene sus límites.
Es posible que sea una quimera el recuperar los bosques maduros climácicos de nuestro territorio. Pero, mientras los lastonares-tomillares se transforman en matorrales, mientras en estos introducen las primeras quercíneas o coníferas, mientras se cierra el monte (algo que no sé si coincide con la idea de "monte sucio") el suelo se reconstruye, la biodiversidad aumenta al igual que la recarga hídrica.
Es inviable tener un monte sin aliagas secas o ramas muertas. Eso funcionaba cuando había miseria en los pueblos y no había otro combustible. Las voces que proponen "limpiar el monte" parecen ignorar que las aliagas y las zarzas brotan tras su corta (o quema), lo que puede hacer el ganado pero asumiendo otros impactos como los citados.
Personalmente coincido con los que piensan que hay que aceptar los incendios como una realidad inevitable si pretendemos recuperar ecosistemas forestales maduros aunque no cejar en el intento de aminorarlos en número y extensión. Aunque los incendios nos retrotraen a las etapas iniciales de la sucesión en ciertos terrenos, son otras muchas las hectáreas que siguen su recuperación.
Tal vez sea ese el paisaje del futuro si no cambia la dinámica económica. Un mosaico de bosques, matorrales y cultivos.
La clave es disponer de vegetación capaz de rebrotar. Bojes, espinos, aliagas, carrascas y rebollos retallarán dentro de unos meses. Algunos pinos y otras plantas germinarán. En quince años, se encontrarán las mismas especies que había antes del incendio. Sin necesitar a nadie.
El impacto emocional del fuego es tremendo y buscamos culpables y soluciones inmediatas. Y los ecosistemas mediterráneos siguen leyes naturales inmutables que queremos ignorar. Nada es sencillo.
Por ejemplo, cada vez parecen más discutibles los beneficios de retirar la madera quemada. Sus ventajas suelen asociarse al modelo imperante de gestión forestal (tras el fuego, a repoblar con pinos y, por tanto, a retirar biomasa muerta) y a la reducción del impacto emotivo y visual del incendio, ya que los ciudadanos prefieren ver una superficie despejada de todo resto antes que los troncos quemados que le recuerdan al bosque inicial. Esto no es un problema ecológico sino psicosocial.



Sin embargo, bajo una perspectiva ecológica la presencia de madera quemada en el monte implica importantes beneficios en el desarrollo de los procesos naturales como la regeneración forestal, el mantenimiento de humedad edáfica, la reducción de la insolación, la protección del suelo, la superviviencia de las plántulas y la biodiversidad de hongos, plantas, insectos y vetebrados.
En fín, sólo señalar que hay mucho debate y que las soluciones no siempre deben ser las mismas para todos los sitios. No hay soluciones simples para problemas complejos.
Lo mismo podría decirse sobre la necesidad de volver a plantar pinos en las antiguas repoblaciones incendidas que vamos a oir dentro de unas semanas en las respectivas mesas....
Son unas ideas que me surgen al calor de un debate muy pasional y emotivo por las dolorsas jornadas vividas en nuestros montes.

2 comentarios:

Fernando J. Feliu dijo...

Felicidades por la reflexión que acabas de hacer a todos los que disfrutamos aprendiendo con "Natura Xilocae".Cuesta hacer entender a la gente de hoy la relación entre el ser humano y la naturaleza.

Un saludo.

Fer dijo...

Lo que haría falta sería actuar ya en muchas zonas: en solanas y zonas de elevada pendiente convendría crear fajinas o empalizadas de madera muerta para evitar la pérdida de suelo con las tormentas veraniegas y con las lluvias de otoño. Para ello no harían falta cortar todos los pies. Otros pies podrían servir de soporte a las fajinas, a la vez de proteger de la excesiva insolación. La cuestión está en crear unidades de trabajo diferenciadas según las características del terreno, orientación, restos de vegetación tras el fuego... etc. Si las tormentas vuelven a la zona, como lo hicieron ayer, las cenizas y el suelo serán arrastrados y la pérdida de suelo será tremenda.